Capítulo 4
- Enseñándole a mi esposo a ser un buen cornudo
- Enseñándole a mi esposo a ser un buen cornudo II
- Enseñándole a mi esposo a ser un buen cornudo III – Final
- Pervirtiendo al cornudo de mi esposo
Y cuando pensé que todo era perfecto asi como estaba, Ana decidió dar un paso más, tal cual es su forma de ser, no se podía quedar quieta, así que decidió redoblar la apuesta.
Esa noche, que había sido la primera noche que Javier (mi amigo de toda la vida) se había cogido a mi esposa y le había llenado todos sus agujeros de leche, no terminaría asi como parecía.
Después de coger como toda una puta con mi amigo, Ana volvió a la habitación donde estaba yo, se acostó a mi lado y me preguntó si había visto todo.
– Si mi amor, pude ver todo y me encantó lo puta que sos… cómo él te hizo gozar esta noche, fue algo increíble… pero hay algo en tu mirada distinto…
Yo le decía esto, mientras ella me tomaba de la mano, y la acercaba a su conchita llena de leche.
– Mirá cornudito, sentí toda la leche que me dejó adentro tu amigo…
– Te dejo llena de leche, es un hijo de puta… ¡me encanta!
– Yo se que esto te encanta, pero quiero saber hasta qué punto te encanta.
– No entiendo mi amor, me encanta, adoro que te llene de leche.
– Bueno, de eso hablo… estoy repleta de leche…
Y mientras me decía eso, pasó su mano por atrás de mi cabeza, y tomándome de la nuca, comenzó a hacer presión para que yo bajara, la misma presión que ejercen los hombres cuando agarran a una mujer por la nuca para que bajen a chuparles la pija… Recuerdo que pensé eso mismo, y me sentí por un momento la putita de mi esposa, como si Ana me estuviera convirtiendo en su putita personal.
Dejé de resistirme y comencé a acompañar el movimiento de su mano, que guiaba mi boca indudablemente hasta su conchita empapada de leche. Y así fue, cuando mi boca estaba a la altura de su concha, ella dejó de hacer presión sobre mi nuca y cambió la posición del agarre de sus manos. Ahora ella me tomaba de los costados de mi cabeza, y me empujaba contra ella.
Yo no podía evitarlo, quizás no quería, hoy me lo pregunto y no se la respuesta, pero en ese momento me sentí extraño. Tenía frente a mi cara la concha de mi esposa, esa que tantas veces había chupado, pero esta vez era distinto, porque, por un lado, la pija de mi amigo terminaba de estar ahí adentro, y por otro, su concha estaba llena de leche… la leche que su macho le había dejado hace apenas unos minutos.
Yo no estaba tan caliente ya, me había masturbado varias veces esa noche, pero de alguna manera esa situación era más fuerte, y el morbo se fue apoderando despacio de mis acciones.
No se si tarde 10 segundos o 10 minutos en comenzar a hacer mi trabajo de cornudo.
– Siiii chúpame la conchita… y déjamela limpita mi amor… tomate toda la leche que me dejo mi macho… esoooooo asiiiiii siiiiiiiiii asiiiiiiiii.
Era raro, pero comenzaba a gustarme mi nuevo rol de limpiador de concha, ya no era solo el marido pajero y cornudo, también comenzaba a sentirme más atado a mi esposa… atado de una manera casi necesaria diría yo. Ella necesitaba un marido que le limpie su conchita después de que su macho se la deje llena de leche.
– Daleeee, seguí asi cornudito que me encanta… seguí chupando, seguí chupando… Ahhhhh Siiiii, asiiii asiiiii, comete toda su leche papi, me encanta que me limpies asi…
Cuando terminé de limpiarle la conchita a Ana, noté que ella estaba re caliente, pero me di cuenta de que aun no había terminado, ya que recordé que Javier también le había llenado el culo de leche, asi que como pude, levanté un poco su cadera y comencé a lamerle el culo, lo más profundo que pude.
Realmente me sentía su putita, su esclavo personal… era algo que evidentemente llevaba en las venas, ya que nadie me lo tuvo que enseñar, era como si yo siempre supiera a la perfección lo que tenía que hacer. Como si yo hubiera nacido para ser su esclavo sexual.
– Siiiii chúpame el culo papi… asiiii dale, me encantaaaaaa, seguí asi que acabo… acabooooooo
Y diciéndome esto, Ana tuvo un orgasmo, uno de tantos esa noche, pero se lo había generado yo, solo con mi lengua, y con mis ganas de sentirme su esclavo.
A la mañana siguiente, desperté y pude notar que Ana no estaba a mi lado, me incorporé y caminé sigilosamente hasta la habitación de Javier.
Podía escuchar gemidos y susurros, y a medida que me iba acercando, podía distinguir sus voces hablando, interrumpidas a veces a causa de los gemidos de mi esposa.
– ¿Vos estas segura de lo que me estás diciendo?
– Si, vos confiá en mí, no sabés con que ganas se tomaba tu leche directamente de mi concha anoche tu amigo.
– No me lo hubiera imaginado nunca…
– Ahhh Siiii… yo hace un tiempo tampoco me lo hubiera imaginado a Hugo pajeándose al verme como un macho me cogía delante de él, y sin embargo eso es lo que pasa, tu amigo se excita mirando como se cogen a su esposa… Ahhh Siiiii asiiii
– No se puede pedir una mejor esposa que vos… Hugo realmente se debe sentir el marido mas cornudo y feliz del mundo.
Yo los escuchaba hablar (y gemir) mientras los miraba… Ana estaba acostada boca abajo, estirada totalmente de pies a cabeza, y Javier estaba acostado, al igual que ella, boca abajo, mientras la ensartaba despacio, de a ratos él se movía despacio, y por momentos se frenaba y seguían charlando como si se estuvieran tomando un café entre amigos, hasta que mi esposa hacía algún movimiento para recordarle que la siga cogiendo.
Javier se levantó repentinamente, sacando su enorme verga de adentro de la conchita mojada de Ana, posiblemente para cambiar de posición, pero se interrumpió cuando al girar, me vio parado en la puerta de la habitación, con mi pijita en la mano, masturbándome mientras los miraba coger.
– Hola Hugo ¿cómo estas amigo? ¿Hace mucho que estás ahí espiándonos?
– Hola mi amor, no te había visto, me levanté temprano y fui al baño, y al pasar por acá no me pude resistir al verlo acostado y desnudo a Javier. Una cosa fue llevando a la otra, y terminamos hablando de lo que paso anoche, de como me chupaste la concha con tantas ganas después de que él me la llenó de leche.
– No te preocupes Hugo, es normal en todos los cornudos eso, les encanta tomarse la leche del macho de sus esposas, incluso hasta desean chuparle la pija al hombre que las hace gozar realmente en la cama.
Y mientras Javier me decía esto, se mantenía parado de pie, al lado de la cama. Ana se incorporaba y al sentarse, quedó al lado de la pija de Javier, la tomo con una mano y se la llevó a la boca. Estiró la otra mano apuntando hacia mí, manteniéndola extendida, en señal de que yo agarre su mano. Di un paso hacia ella y tomé su mano, y ella suavemente me atrajo hacia ella. Me senté a su lado, quedando a centímetros de la enorme pija de Javier.
Ella se sacó esa hermosa pija de la boca y la acercó hasta dejarla a escasos centímetros de la mía. Yo mantenía mis labios cerrados, pero al igual que la noche anterior, sabía muy adentro mío que mi rol era abrir la boca y chupársela al macho de mi esposa, como lo había visto tantas veces en algunos videos, o como lo había imaginado tantas veces también.
Ana comenzaba a dar golpecitos con esa enorme barra de carne sobre mi boca cerrada, instándome a abrirla para recibir la herramienta con la que su macho la llenaba.
– Dale Hugo, comete mi pija, yo se que en el fondo lo estas deseando.
– Abrí la boca amor, vas a ver que es un viaje de ida, después de esto, nunca mas vas a poder estar en una cama a mi lado, sin chupársela a mi macho.
Abri mis labios y enseguida sentí la presión de la pija intentando entrar, abri la boca lo mas que pude y cuando quise darme cuenta, Javier me la había enterrado hasta la garganta. Lógicamente, me dieron arcadas, ya que Javier no me la sacó rápido, sino que la dejó unos segundos mas.
– No seas asi Javier, es la primera vez que tiene una pija en la boca, no te abuses de él, pobrecito.
Javier retiraba su pija de mi boca, podía notarse una sonrisa un tanto irónica en sus labios, le gustaba hacer eso.
– A mi a veces me hace lo mismo, la tiene muy grande y no me deja respirar.
Pero mientras mi esposa trataba de excusarse por la maldad de su macho, yo tomaba ese enorme pedazo de carne con ambas manos y comenzaba a mamarlo como a mi me gustaba hacerlo, pasando mi lengua todo a lo largo del tronco, para llegar hasta el glande y metérmelo apenas en la boca, jugar con la punta de mi lengua unos segundos, y volver a sacarla de mi boca, para pasar mi lengua por su tronco nuevamente, hasta llegar a sus huevos.
– Aprende rápido tu marido.
– Que hijo de puta. Me parece que eso no lo aprendió hoy.
– Lo haces muy bien… seguí asi.
– Nunca me imaginé que te gustaría tanto chupar una pija mi amor, pero debo confesarte que me calienta mucho eso. Ahora podemos ser las putitas de Javier. ¿Qué te parece?
– Siii, que bueno que es tener dos putitas para mí solo, asiiii Seguiiiii asiiii
– Mi amor, no sabés como me calienta verte a mi lado, chupándole la pija a tu amigo, ¡estoy más mojada que nunca!
– Siempre quise someter a un matrimonio y tenerlos a los pies, así como están ahora ustedes dos, mis putitas…
– Me encanta que seamos tus putitas, y no dejo de asombrarme lo rápido que mi esposo entro en el juego. ¿Te gusta mi amor?
– Si Ana, me encanta…
Y ni bien terminé de decirle esas palabras a mi esposa, me volví a meter la pija de Javier en la boca, y la seguí chupando como si de eso dependiera mi vida.
En un momento, Javier me la saco de la boca y fue hasta donde estaba Ana. No me había dado cuenta de que mi esposa ya no estaba sentada a mi lado, chupándole la pija a mi amigo conmigo. Estaba tan entusiasmado que no la escuche levantarse y ponerse en 4 en el otro lado de la cama. Javier dio unos pasos hasta quedar atrás de ella, y se la apoyo en la entrada de la conchita.
Pude ver como se deslizaba despacio, pero sin parar ni un segundo hasta el fondo. Ana gemía de placer al sentirla nuevamente adentro, como hace apenas unos minutos, antes de que yo los interrumpa y me sume.
Javier se la cogía con ganas, era una verdadera máquina, era ese macho que Ana realmente necesitaba, que la llenaba por completo y la dominaba como quería.
– Hugo, parate y anda a donde esta Ana, acostate debajo de ella, como haciendo un 69.
Yo obedecí como todo cornudo hace con el macho alfa.
Mientras entraba debajo de Ana, Javier paro de bombearla, esperando a que yo esté en la posición correcta.
Cuando finalmente estaba colocado, quedé a escasos centímetros de la concha de mi esposa, y de la pija de mi amigo, que comenzaba nuevamente a moverse, taladrándole la conchita toda mojada de mi esposa, que pedía más y más.
Esa posición era la gloria, no solo tenía a pocos centímetros míos la acción, sino que con cada empujón que Javier le daba a mi esposa, yo lo sentía en mi cara.
Sacaba mi lengua y trataba de darle placer a Ana, pero Javier se movía muy rápido, y no podía nada para impedirlo.
Para mi suerte, cada tanto, Javier sacaba la pija de la conchita de Ana y la metía en mi boca.
Yo podía sentir el gusto de los jugos de mi esposa, mientras mamaba esa belleza hecha de carne.
Él la retiraba de mi boca y la volvía a meter en su conchita. De a ratos la sacaba, la apoyaba en la entrada del culo de mi esposa, hacía un poco de presión, y la volvía a meter en su conchita.
Entendí la indirecta. Comencé a trabajarle el culo a mi esposa, con mis dedos y mi lengua al servicio de mi amigo, que hoy era su macho, su Bull, su toro…
Después de un rato, Javier saco su verga de la conchita de Ana, la metió en mi boca, para que le quede bien ensalivada.
Apoyo el glande en la entrada del agujerito dilatado de mi esposa y presiono un poco. Yo podía ver como su cabecita comenzaba a ser devorada por el culito glotón de Ana.
– Ay que placer… me está rompiendo el culo tu amigo papi… me encanta!
– Que culo divino que tenes hija de puta! Como me gusta cogerte por el culo! Sos una puta divina!
– Siii papi… cogeme duro, rompémelo, dame toda tu lechita…
– Preparate que ahí viene la descarga, te voy a llenar el culo de leche.
– Siii papi, llenamelo de leche, dámela toda.
– Siiii aahhh Siiii… toma putaaaa, Ahhh Ahhhhhh
Yo podía ver en primerísimo plano como esa hermosa pija latía adentro del culo de mi esposa, llenándoselo de leche. Se quedaron quietos unos segundos, hasta que Javier saco despacio su pija del culo de Ana.
Junto con su pija, comenzó a salir toda su leche, era hermoso ver como brotaba ese manantial blando desde el culo de mi esposa.
Sin perder ni un segundo, traté de estirarme lo más que pude, hasta alcanzar ese manantial de placer, y guiarlo a través de mi lengua, hasta el fondo de mi garganta.
– Que cornudo divino sos Hugo, me encanta que me chupes el culo así, me vuelve loca papi… tomate toda la leche ¡es tu recompensa!
– La verdad es que hacemos un buen equipo en la cama los tres, no les parece – Dijo Javier, mientras se recostaba al lado de Ana.
– A mí me encanta, ¿Qué más puedo pedir? Tengo un macho que me coge excelente y me llena con su pija hermosa, y un marido que me apoya y se toma toda la leche de mis agujeros… esto es mejor que el paraíso.
Y así nos quedamos un rato más, en silencio, disfrutando de nuestros pensamientos.
De más está decirles que las cosas cambiaron entre nosotros. Javier viene a casa una o dos veces por semana. A veces participo y otras no. Pero eso sí, siempre duermo en la habitación de nuestro hijo cuando viene Javier, ya que a mi amigo le gusta pasar la noche a solas con Ana.
Por otra parte, más de una vez mi esposa nos encontró comenzando sin ella, o sea, Javier con la pija parada, metida entera en mi boca. No me puedo resistir a ese enorme pedazo de carne, y mi esposa me entiende, porque ella tampoco lo puede resistir.
¿Quién se resistiría a eso?
FIN