Así me cogí a Ghost
Seguramente ya me conocen, me llamo Claudia, y esto pasó cuando Cay, me pidió que cuidara a su perro solo para darle comida y cambiar su tazón de agua durante los tres días que estaría fuera de la ciudad, la primera noche, cuando entré a su casa para ver los encargos que tenía para Ghost, no imaginaba como iba a terminar. Llegué pasaditas las siete de la tarde. El silencio de la casa me ponía nerviosa, pero también emocionada porque tendría un rato para descansar y estar lejos de todas mis responsabilidades y pendientes del trabajo y la casa. Ghost me recibió como si yo fuera su dueña de siempre: cola enloquecida, sus ojos clavados en mí. Le di de comer, luego lo saqué al patio y cuando volví, vi la puerta de la habitación entreabierta, y Ghost pegó la carrera y se trepó a la cama de Cay, de un salto se puso en pose de juego arriba de la cama, yo no tenía ganas de jugar, solo iba para cambiar su tazón de agua y a alimentarlo, no a atender TODAS sus necesidades!
Bueno, intenté atraerlo hacia su patio con su pelota, con engaños pero él estaba muy cómodo en la cama se su dueño… Sabía que me esperaba trabajo extra para quitar todo el pelo que quedará en el edredón, cansada y resignada me senté junto a él:
—¡Qué guapo estás, Ghost…! —susurré, acariciándole las orejas. Él lamió mi mano con su lengua caliente y húmeda, yo reí nerviosa, y le rasqué el cuello. Él me subió las patas delanteras a los muslos y me acercó el hocico a su cara, sentí el corazón acelerarse. Sin pensarlo, Acercó el hocico a mi cara y yo… no sé qué me pasó Ghost sacó la lengua rosada y larga y me lamió los labios despacio, luego más profundo, jamás me habían besado así. Estaba empapada en segundos. sin duda él estaba contento y jugueteando y lo demostraba con ese gesto de cariño, el asunto es que abrí la boca y sin intención su lengua entró en mí, era caliente, húmeda, rugosa y me gustó la textura al tocar la mía. Dejé que siguiera “el juego” y unos segundos después, ya le estaba dando un beso francés a Ghost, bestial, baboso, obsceno. Su lengua me llenaba la boca, y la mía giraba contra la suya, yo gemía bajito mientras mis manos temblaban acariciando su pelaje, ese beso duró varios minutos. Cuando nos separamos, un hilo de saliva nos unía. Ghost jadeaba, y yo sentía que mi tanga ya estaba empapada. Bajé la mirada y vi la punta roja del pene del husky entre sus patas, brillante y goteando, instintivamente extendí la mano y lo toqué. Ghost hizo un ruidito y empujó las caderas hacia adelante.
—Tranquilo, bonito… déjame cuidarte —murmuré.
Lo masturbé despacio al principio: sentir su funda peluda entre mis dedos era excitante, movía la mano de atrás hacia adelante rodeando el nudo que empezaba a hincharse, subiendo y bajando por el eje caliente y palpitante. Ghost jadeaba con la lengua afuera, empujando con fuerza contra mi mano, aunque solo le salía una parte de la verga y el nudo se quedó dentro de su fundita, su verga era muy grande, en verdad me encantaba… aceleré, apretando más fuerte, sintiendo cómo el nudo y el pene entero crecía bajo mis dedos, y cada vez se ponía más rígido y viscoso. El perro gruñó de placer y echó chorros gruesos, transparentes y blancos, muy calientes que salpicaron mi muñeca, mi brazo y hasta el borde de la cama. Yo seguí jalándole la verga hasta que el último espasmo pasó, estaba fascinada por la cantidad de semen. Disfrutaba mucho de la privacidad y anonimato que la casa de Cay me hacía sentir…
Estabamos súper calientes para ese entonces, ya sin pensar en consecuencias me quité los pantalones y las bragas casi arrancándomelos. Me tiré de espaldas en la cama, abrí las piernas y Ghost no esperó. Metió el hocico entre mis muslos y empezó a lamerme el coño como si fuera su última comida. Esa lengua larga entraba, salía, subía al clítoris, volvía a entrar. Me corrí en menos de un minuto, gritando, apretando las sábanas, convulsionando. Pero él no paró.
Subió sobre mí. Sentí las patas delanteras a cada lado de mi cintura, el peso de su cuerpo peludo. La punta caliente buscó mi entrada pero estaba lejos de poder meterla, aunque eso solo me hacía sentir una mezcla de vergüenza y deseo, no sabía qué es lo que estaba haciendo o cómo es que llegué a este momento donde tenía la necesidad de ser empalada por un perro… la calentura se apoderó de mí y baje las piernas hasta el pasillo enfrente de la cama dejando mi cintura al borde, ghost al fin se bajó posicionándose entre mis piernas lamía mi vulva y alternaba trepando como en posición de misionero sobre mí haciendo movimientos de vaivén queriendo meterme su poderosa verga, Qué rico era sentir solamente el roce de la punta echando chorritos, la verdad es que pensé que no iba a pasar de ahí porque éramos incompatibles, aunque me encantaba la sensación de tener su pecho peludo en mi vientre y sus lengüetadas, El no se detuvo, era muy persistente, lo que quería era preñarme! Hasta que en una de las embestidas y de un empujón brutal, me la metió hasta el fondo. Grité… se sentía enorme, ardiente, resbaladiza. Empezó a bombearme con una velocidad animal, profundo, sin piedad. Yo le abrazaba el cuello, le clavaba las uñas en el lomo, gemía como loca: “Sí… así… métemela toda, Ghost… fóllame…”.
Su verga y nudo empezaron a crecer dentro de mí. Se hinchó, se hinchó, hasta que me bloqueó por completo. Y me dolía. Dolía muchísimo. Me sentía partida en dos, estirada al límite, pero al mismo tiempo nunca había estado tan llena su enorme tranca me tocaba lugares que yo misma no había explorado. Ghost seguía empujando, atrapado por mi concha, y entonces sentí los espasmos de los chorros: calientes, espesos, interminables. Me llenaba el útero, me inundaba. Chorros y chorros durante minutos enteros. El semen me salía por los bordes, me chorreaba por el culo. Lágrimas me corrían por las mejillas del dolor y del placer. No podía moverme. Estaba anudada, destruida, abierta como nunca. Me tuvo ensartada quizá durante unos 10 minutos cuando finalmente el nudo se empezaba a contraer, salió con un sonido vulgar, obsceno, me quedé tirada allí, jadeando. Mi coño estaba rojo, hinchado, palpitante, chorreando esa mezcla de mis jugos y su semen espeso que se escurría hacia mí ano por la posición en la que estaba. Me dolía horrores incluso solo al tocarme, pero nunca me había sentido tan satisfecha, tan corrida, tan usada y tan feliz al mismo tiempo, con la cabeza dando vueltas por lo surreal de lo que estaba haciendo y por la oleada de orgasmos que me había hecho tener… Como pude me arrastré a gatas hacia la cabecera, quedé boca abajo suspirando, ansiosa, deseosa de más a pesar de tener tan maltrecha mi parte, quería tener más de ese rico falo, así es que ésta vez empecé yo: Ghost subió a la cama después de lamerse y limpiar su verga para mí una vez más, y también dejé que me lamiera el coño y el culo como quisiera. Su lengua entraba por todos lados. Lo jalé hacia mí para acomodarlo quedando ahora viendo hacia arriba acostada debajo de él, viendo su majestuosa verga caliente cerca de mi cara, yo se la jalaba con una mano y lo acariciaba con la otra que alternaba con mi conchita estaba encantada con ese tacto viscoso, su tronco rojo ya fuera del capuchón colgaba a milímetros de mi boca, sé la chupé un poquito, no del todo solo me la metí un poco a la boca por curiosa—. mientras Ghost eyaculaba en mí, los chisguetes que me llenaban la cara, la boca y me chorrearon por el cuello, me sentía la más puta del mundo… me puse de rodillas, culo en pompa, en la cama otra vez, me montó con más fuerza. Esta vez, el nudo entró más rápido, me bloqueó más profundo. Me dolió más que la primera vez, pero el placer de sentirme llena de semen animal, chorro tras chorro, me hizo correrme mientras estaba atada a él. Quedamos pegados no sé cuánto tiempo pero sí mucho, sus patas peludas rozándome las nalgas, lo caliente de su panza en mi espalda, me recordaban que era un perro el que me estaba penetrando y mi excitación crecía con cada chorrito que aventaba en mis adentros, mi vulva se estremecía con cada espasmo, brindándome un placer que solamente con él podía haber sentido… Cuando se desanudó, mi coño estaba aún más destruido: labios hinchados, semen chorreando sin parar. Me dolía caminar, pero sonreía como una loca. Ghost se acostó a mi lado, me lamió la cara con cariño, como agradeciéndome, yo sonreí exhausta y le dije:
—Que buen chico… Mañana volveré. Y pasado mañana también. Tu perra está muy, muy contenta…
Cuando Cay regresó esa noche, yo ya había cambiado las sábanas, limpiado todo y me había duchado. Le di un beso inocente en la puerta y le dije con la sonrisa más dulce:
—Todo perfecto, amor. Ghost se portó de maravilla. Lo cuidé como si fuera mío.
Él me miró a los ojos y sonrió, sospechando algo pero sin preguntar. En mi cabeza solo pensaba: “Si supieras cuánto me destrozó tu perro… y cuánto lo repetiremos la próxima vez que te vayas”. Ghost, a mi lado, movía la cola con ese ojo azul y ese ojo almendra mirándome como quien guarda un secreto. Yo ya era su perra para siempre.