Capítulo 2

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Después de crear ese perfil falso, lo armé perfecto: nombre de mierda, bio inocente pero con un toque zorra, y empecé a subir fotos mías tal cual lo había planeado. La primera fue un leggings negro superapretado, de esos que se me clavan entre los cachetes y marcan cada curva de mi culo enorme. Me puse de espaldas, un poco agachada, con la luz del pasillo dándome justo para que se viera cómo se me separaban los globos. Nada desnuda… pero lo suficientemente puta para que cualquier pajero se quedara mirando.

Apenas la subí, en menos de dos minutos ya tenía el primer me gusta de él. El corazón me dio un vuelco y el coño se me mojó al instante. Sabía que era él. Sabía que estaba al otro lado de la pared, en la misma casa, mirando mi culo sin tener ni puta idea de que era yo.

Empecé a subir más. Fotos de mis tetas pequeñas asomando por escotes profundos, ángulos desde abajo donde se me veía el canalillo y un poquito de pezón asomando. Pero sobre todo fotos de culo: shorts cortísimos que apenas me cubrían la mitad de los cachetes, vistas desde atrás mientras “me agachaba a recoger algo”, leggings transparentes que dejaban ver el hilo de la tanga metido entre mi raja… siempre con cuidado de elegir ángulos y fondos que no delataran que estábamos en la misma puta casa.

Cada vez que subía una, él le daba like en segundos. A veces incluso dos o tres veces seguidas. Y la sensación era enfermiza de lo rica que era. Saber que el mismo hombre que vivía conmigo, que dormía al lado, que me cruzaba en el pasillo todos los días… estaba en su habitación o en el baño que yo acababa de dejar, con la verga dura en la mano, pajeándose mirando mis fotos. Me imaginaba que salía del baño todavía con olor a mi vagina y a mi culo sudado en el aire, se encerraba, abría mi perfil y empezaba a sacudirse la polla mirando cómo se me marcaba el culo en esas fotos.

Muchas veces no aguantaba. Apenas escuchaba que él entraba al baño después de que yo saliera, ya estaba en mi pieza con las piernas abiertas, metiéndome los dedos hasta el fondo mientras me tocaba el clítoris hinchado. “Está pajeándose con mi culo… está eyaculando pensando en mí”, me repetía, y me corría como loca, mordiendo la almohada para no gemir. La vagina me chorreaba tanto que dejaba manchas en las sábanas. A veces me tocaba tres o cuatro veces al día solo por eso.

Ya estaba clarísimo: le encantaba mi culo. Le obsesionaba. Daba like a todas las fotos donde se me veía grande, redondo, provocador. Y yo cada vez subía cosas más atrevidas: un short tan corto que se me veía el comienzo de la raja, una foto sentada en cuatro con las rodillas abiertas para que se notara cómo se me marcaba todo… siempre disimulando el fondo para que no se diera cuenta de que era la misma casa.

Así pasaron las semanas. Él dándome like a mi culo como un pajero desesperado, y yo masturbándome compulsivamente cada vez que veía la notificación. El morbo era tan fuerte que ya no me alcanzaba con los dedos: empecé a usar el mango de un cepillo, imaginando que era su verga metiéndose en mi culo mientras dormía con mi mamá al lado.

Después de varias semanas de este juego enfermo, se volvió relativamente habitual. Casi todos los días subía una foto nueva —culo en leggings, culo en shorts, culo agachado, culo de lado— y él le daba like en menos de un minuto. A veces incluso comentaba con un emoji de fuego o un simple 🔥. Yo ya vivía esperando esa notificación. Apenas sonaba el teléfono, el coño se me contraía y tenía que correr a mi pieza o al baño a meterme los dedos mientras imaginaba su verga dura latiendo por mí en la habitación de al lado.

Hasta que un día subí una foto distinta.

Me senté en el borde de la cama, con las piernas dobladas hacia atrás, las plantas de los pies bien abiertas y apoyadas en el colchón. Mi culo gordo descansaba justo encima, aplastado contra mis propios talones, los cachetes desparramados y la tanguita negra metida tan profundo que se veía cómo se perdía entre la raja. La foto era desde atrás y un poco desde arriba, con la luz del atardecer marcando cada curva. No pensé que fuera nada raro… solo quería mostrar más culo. Pero esa imagen bastó.

A los tres minutos exactos llegó el mensaje privado:

“Hola”

El corazón me explotó. Me puse nerviosa de verdad. Por un segundo pensé “me reconoció, sabe que soy yo, todo se acabó”. Las manos me temblaban mientras abría el chat. Y entonces llegó el segundo mensaje:

“Necesitaba hacerte saber que ese culo enorme que tienes y esos pies tan deliciosos me están haciendo sacar mucha leche.”

Me quedé mirando la pantalla con la boca abierta y el coño chorreando al instante. “Mucha leche”. O sea, se estaba pajeando fuerte, eyaculando pensando en mí. En mi culo y en mis pies.

No podía parar de imaginarlo. ¿Qué le había gustado tanto? ¿La forma en que mi culo gordo se aplastaba contra las plantas de mis pies? ¿Cómo se veían mis talones redonditos y morenos sosteniendo todo ese peso? ¿O se imaginaba agarrándome de las caderas, abriéndome la raja y metiéndome la verga hasta el fondo mientras yo seguía sentada así, con los pies expuestos para que los oliera, los lamiera o se los frotara en la cara?

Pensé mil cosas sucias en segundos:

Que me cogiera el culo en esa misma posición, con mi propio peso aplastándome los pies mientras él me reventaba por detrás.

Que me metiera la lengua entre los dedos de los pies, chupando el sudor mientras me follaba la concha.

Que se corriera encima de mis plantas y luego me obligara a frotar su leche caliente contra mi propio culo.

Que oliera mis pies sudados después de un día entero y se pajease hasta llenarme la raja de semen espeso.

Pero no pude escribir nada de eso. Solo logré contestar con las manos temblando:

“No sabes cuánto me alegra saber eso.”

Envié el mensaje y me quedé ahí, con el corazón latiéndome en el clítoris. Sabía que él estaba al otro lado de la pared, probablemente con la verga todavía en la mano, leyendo mi respuesta y sacándose más leche por mí.

Siendo la puta de mi padrastro

Siendo la puta de mi padrastro (Real)