Capítulo 4

Alejandra decidió dar marcha atrás con sus ganas de quedar embarazada, le puso un punto final a la historia y ya no iba a obsesionarse con la idea.

Por lo que decidimos viajar unos días a Tandil, una ciudad hermosa de la provincia de Buenos Aires, aprovechando que su hija Florencia se iba de viaje unos días con su padre, es decir, el ex marido de Ale.

Elegimos Tandil en búsqueda de su agradable clima, de sus imponentes sierras y su gastronomía excelente.

Previamente hicimos reservación y cuando llegamos al hotel nos dimos cuenta que nos hospedaríamos en el mismo lugar donde un contingente de alumnos de un colegio secundario estaban de viaje de estudios.

Nos dirigimos a la habitación que nos asignaron y a medida que nos acercábamos mi deseo de tener unos días de relax se desvanecieron, ya que veía adolescentes por todos lados y prácticamente todo el piso estaba ocupado por ellos, el hotel estaba completo.

Más allá de eso, a pesar de estar fatigados por el viaje los dos estábamos ansiosos por salir, así que nos pegamos un baño, nos alistamos y decidimos ir pasear.

Capitulo 1: Los jóvenes admiradores de mi mujer

Cuando ingresamos al ascensor estaba ocupado por dos estudiantes que nos saludaron amablemente. Quedamos ubicados delante de ellos dándoles la espalda. De repente oigo que se sonreían, por lo que me di vuelta y vi que los dos estaban deleitándose con la cola de Ale.

No era para menos, ella llevaba puesto un pantalón de vestir color beige súper ajustado que dejaba ver el contorno de la diminuta tanga que tenía debajo. Pensé que cuando vieran que yo me daba vuelta, por respeto a una persona mayor ellos cambiarían de actitud, pero no fue así, los maleducados siguieron mirándole el culo como si yo no existiera.

_Algun problema?_ les pregunté.

_No señor, nada, me respondió uno de ellos.

_Perdone si la miramos a su esposa, lo que pasa que es hermosa, respondió después sin quitarle los ojos de encima a Alejandra.

Ale reaccionó en modo opuesto a mí. En vez de molestarse, muy gentil les agradeció con una sonrisa.

Llegamos a la planta baja y bajamos nosotros y los chicos atrás. Noté que mientras caminábamos mi señora había parado la cola un poco más de lo habitual y la meneaba con sensualidad, su típica reacción cuando sabe que está estimulando a alguien.

Por supuesto como era de esperar, los estudiantes nos siguieron como por inercia por el espectáculo que les estaba dando mi rubia de pelo lacio que ese día optó por un flequillo para cubrir su frente, algo que le otorgaba un look más juvenil.

Entonces uno de ellos se nos acercó y me preguntó: _Perdón señor, llegaron hoy?_ mientras caminaba a mi lado.

_Si, hace un rato_le respondí

_Ustedes vinieron solos? Les preguntó Alejandra.

_No señora, estamos con compañeros de curso_ le dijo el otro que ya estaba a la par de ella.

_Me imagino deben estar disfrutando de estar en Tandil?_ les preguntó.

_Y más o menos, hace dos días que llegamos y estamos un poco aburridos.

_Por qué aburridos?_ les preguntó ya más entrada en confianza.

_Lo que pasa es que nos llevan a excursiones a museos y cosas por el estilo y en nuestro curso no hay chicas, y la única mujer que vino con nosotros es la profesora de Geografía, tiene casi 60 años y a la noche no nos dejan salir_ le expresó el que estaba a mi lado y parecía el mas extrovertido.

_Me imagino, comentó Ale riéndose, pensando en un montón de adolescentes sin ninguna mujer, mientas el muy descarado no dejaba de mirarla de arriba a abajo.

Entonces decidí darle un stop a la conversación, los saludamos y tomamos asiento en el hall del hotel.

_Como cambiaron los tiempos, los chicos de ahora no muestran respeto por los mayores!.

_Ay Toto no seas así, lo que pasa que a esa edad deben vivir en celo_ me respondió riendo.

_Y para peor vos con tu culo enorme los dejaste locos. Te dije que no era buena idea que te pongas un pantalón tan elastizado.

Ella no me contesto, pero yo sabía que la situación la excitaba.

_Por lo menos estos dos esta noche se van a hacer dos pajas cada uno pensando en vos y tu retaguardia_ agregué sabiendo que eso la iba a acelerar más de lo que ya estaba.

_Uf, no te soporto más con tus escenas de celos!_ fue todo lo que dijo.

Yo cambié de tema para que ella se calmara, pero debo reconocer que lo recién vivido me había puesto hot.

Luego salimos a recorrer la ciudad y nos la pasamos todo el día afuera como buenos turistas.

Cuando decidimos regresar al hotel ya era muy de noche, ya no había prácticamente nadie en el lugar y nos dirigimos al ascensor.

Al llegar a nuestro piso había algunos estudiantes sentados en el pasillo entre los que se encontraban los chicos con los que habíamos estado hablando.

Al vernos se hizo un silencio sepulcral.

Alejandra al verlos paró automáticamente el culo y desfiló adelante de todos que la miraban desde abajo embobados.

_Buenas noches señora, le dijo el que se había tomado atribuciones por la mañana cuando nos encontramos.

_Ya se van a dormir?_preguntó.

_Si, y ustedes deberían hacer lo mismo_ les dije un tanto fastidiado por verlo.

_Lo que pasa que no tenemos sueño, dijo mientras se tocaba disimuladamente por arriba del pantalón mientras la miraba a mi señora que metía la llave para abrir la puerta de la habitación.

_Señora… no quieren jugar a las cartas con nosotros?

_No gracias_ dije yo.

_Dale amor, juguemos un ratito con los chicos que yo tampoco tengo sueño!!_ me pidió Alejandra mordiéndose el labio.

No sé cómo hizo pero juntó fuerzas tras la propuesta a pesar de que estaba toda transpirada, con los pies cansados y con el culo tan caliente que emanaba un calor similar al de un radiador después de tanto andar de aquí para allá durante todo ese día.

Yo estaba seguro que eso estaba mal, que no traería nada bueno pero estaba tan excitado por ver a esos chicos tan calientes con mi señora que acepté la invitación.

Pasamos a la habitación y todos enseguida se sentaron en la cama con una soltura increíble.

_Venga acá señora, le dijo uno de ellos, haciéndole lugar a su lado.

Ella se sentó al lado de ese chico que lideraba al grupo, se sacó los zapatos dejando sus pies desnudos y apoyó su cabeza en el respaldo y con las piernas estiradas sobre la cama.

Yo, que todavía estaba dando vueltas por la habitación, disfrutaba viendo a mi mujer en la cama rodeada de un montón de jóvenes que por su contextura física aparentaban ser más grandes de edad.

Se veían como hienas hambrientas rodeando a una gacela.

Por la posición que Ale tenía, el pantalón le marcaba los labios de su conchita, cosa que no pasó desapercibido para ellos, que miraban como fascinados mientras uno mezclaba las cartas.

Ella al darse cuenta de la reacción que había provocado, empezó a mostrar signos de calentura en su cara.

_Vení amor, sentate aquí_ me pidió, y tratando de flexionar las piernas, algo que le resultó imposible porque la cama estaba toda ocupada.

_Por qué no se pone más cómoda señora?, dijo el cabecilla de la banda, el más decidido de ellos.

_Es que no hay lugar_ contestó ella.

_No, le digo que se ponga mas cómoda, que se saque el pantalón, lo tuvo todo el día puesto y ya le debe incomodar_ dijo el muy caradura, no imaginé tal atrevimiento de su parte.

Todos me miraron. Yo no dije nada, solo mire a Ale que parecía por su expresión que estaba esperando que alguien se lo pidiera.

_Amor, a vos no te molesta que los chicos me vean con algo más casual?_ me preguntó ella.

_Dale, como quieras_ le contesté.

Había comprendido que no podía evitarlo, no solamente por lo excitada que ella estaba, además con sólo imaginarla mostrándose delante de estos adolescentes me hacía hervir la sangre.

Nadie le sacó los ojos de encima mientras Ale se bajó de la cama, buscó algo de vestir en el placard y se dirigió al baño.

Mientras tanto, después de verla cerrar la puerta, todos murmuraban y se miraban con cara de ansiedad esperando volver a ver a mi mujer.

Pasaron unos minutos hasta que la puerta de baño se abrió y apareció.

Se hizo un total silencio y no era para menos. Mi señora salió del baño vestida solamente con su remerita blanca de dormir que le llegaba a la mitad de sus muslos, y como era algo corta de atrás dejaba ver parte de su redonda y blanca cola.

_Ahora si estoy más cómoda_ dijo, mientras dándoles la espalda a los chicos acomodaba el pantalón beige elastizado que se había sacado para dejarlo en el respaldo de una silla.

Los pendejos estaban mudos por la escena. Tenían clavada la mirada en el culo de Ale, y ésta haciéndose la inocente se los mostraba con gusto.

Yo no podía más. Al ver esa escena me había producido una erección que ya no podía disimular.

_Ale mi amor por favor bajate más la remera que los chicos te están viendo la cola!_ le dije casi susurrando.

_Si, lo sé, lo que pasa que esta remera es muy cortita, me respondió mientras se la estiraba para abajo tratando de taparse un poco más.

_Pero igual no te preocupes amor, desnuda no estoy. Abajo tengo bombachita_ prosiguió, mientras regresaba a sentarse en la cama.

_Y ustedes chicos, espero no me miren la cola delante de mi marido_ deslizó mientras se sentaba al lado de ellos.

Todos me miraron. El quedarme callado fue aprovechado por uno de los muchachos que me preguntó descaradamente:

_Señor…a usted le molesta que le miremos la cola a su señora?

_No… si a ella no le molesta, respondí sin pensar.

La situación, como tantas otras veces, me había superado y había perdido nuevamente la cordura a manos de la excitación, tanto que agarré en un descuido de todos el pantalón que mi mujer tuvo todo el día puesto, me dirigí al baño y lo olfatee con desesperación.

Mientras tanto en la habitación Alejandra interactuaba con más soltura con el grupo de estudiantes.

Y chicos… Les gusta mi cola?… Es un poco llamativa, grande y redonda… Y a mí me da un poco de vergüenza… la ven fea? No sé que piensan ustedes_ preguntó Alejandra.

_Es que no la vimos bien, respondió uno.

_A mí me parece muy bonita_ dijo uno.

_Nos la muestra un poco mas?_ preguntó otro.

Al escuchar el diálogo regresé a la habitación y mi mujer se levantó y fue directo a la silla donde había dejado la ropa. Apoyo sus manos en el respaldo y saco la cola para afuera, lo que hizo que la remera se levantara y dejara al descubierto la mitad de su tremendo culo y dejara ver la tanga blanca que llevaba puesta desde horas tempranas.

Y? Ahora la ven mejor? Juzguen ustedes_ deslizó mirándolos con terrible cara de puta.

Yo no aguanté más. Me senté en otra silla y comencé a masturbarme. Al ver ésto los pendejos hicieron lo mismo y en un segundo todos se estaban tocando a un ritmo frenético.

_Ale amor, mirá como se pajean con tu cola, descubrila un poco más querés?_ le pedí con la voz temblorosa.

Entonces se sacó la remera y como no traía corpiño quedó ante los pendejos solo en tanga. Esto fue demasiado para tres de ellos que no aguantaron más y acabaron precozmente tirando leche por todos lados.

Por su parte, Ale se puso de rodillas en el piso, paró bien la cola, y los miraba mientras se tocaba la conchita por sobre la ropa interior.

Se notaba por su expresión que estaba que explotaba de la calentura. No era para menos, por primera vez tenía un nutrido grupo de púberes pajeándose a metros de ella, mientras hacia lo que mas le gustaba en el mundo entero: Mostrar el culo!.

Yo miraba toda la escena sin perderme detalle. Ver como la deseaban con desesperación a mi esposa siempre me había excitado, pero ese día estaba como loco. Muchos espectadores a la vez le daba un plus extra de morbo.

Supuse que esta vez, por ser chicos, podía dominar la situación, lo que aproveché para seguir volviéndolos tan entretenidos.

_Y? Que tal mi señora, les gusta?_ les pregunté con una sonrisa.

_Si señor esta muy buena, dijo uno que ya iba por su segunda paja.

_Mi amor, ya que los chicos se están portando bien, no querés mostrarles un poco más?

Ella no dijo nada, solo miró a los pendejos como se masturbaban, tomó un extremo de la tanga y la corrió hacia un lado dejando al aire libre su redonda y perfecta cola y su conchita toda depilada. Apoyó la cara en el piso y comenzó a meterse el dedo en su agujero menor.

_Vieron que cola tan abierta tiene mi señora?_ les pregunté.

_Y a ella le encanta que se la chupen… no mi amor?

Eso fue demasiado para ella que pegó un grito que no pudo disimular, estaba caliente de verdad.

Con terrible espectáculo sumado al fuerte alarido todos los jóvenes casi al mismo tiempo volvieron a acabar.

Todavía se escuchaban gemidos cuando tocaron a la puerta.

Ale asustada corrió y se metió en el baño, yo me subí los pantalones como pude, mientras le pedía a los chicos hicieran lo mismo y que actúen de modo normal, como si nada hubiese pasado.

Cuando estábamos todos vestidos, abrí la puerta.

_Perdone la molestia señor, me llamo Fernando Gamboa, soy el encargado de la seguridad del hotel y estoy buscando unos estudiantes que no los encuentro por ningún lado. Por casualidad usted los ha visto?_ me preguntó el uniformado.

_Si, están acá, estábamos jugando al truco_ dije mientras abrí más la puerta y los llamé.

Cuando todos salieron me despedí de Gamboa y cerré la puerta de la habitación.

Ale salió del baño recién bañada envuelta en una toalla. Estaba algo ofuscada, se metió a la cama y yo a su lado.

_Que pena que el tipo de seguridad vino a buscar a los chicos. Se notaba que la estabas pasando bien_ dije sonriendo.

_ Y acaso vos no?_ me preguntó con ironía.

_Los volviste locos a los pendejos. Estaban desesperados con esta cola hermosa que tenés. Si los hubieran dejado te la destrozaban a pijazos_ Le comenté, mientras le metía un dedo en el culo y ella no opuso resistencia.

_Uff Toto_ fue toda su respuesta y sin perder tiempo me abrió el cierre del pantalón y comenzó a chuparme el pene, después se me subió y fue la dueña de la situación. Y yo no tardé en acabar como ya es algo habitual y sabiendo que se quedó con ganas de más tardó en conciliar el sueño y después se durmió.

Capitulo 2: La culpa

A la mañana siguiente nos vestimos para emprender nuestro segundo día como turistas.

Ale optó por un short verde yerba y una camisa clara de mangas cortas más unos borcegos negros. Me encantó verla así vestida, estaba idéntica a una exploradora que se iba a internar en el África Profundo.

Y cuando estábamos dispuestos a partir volvimos a tener la visita de aquel sujeto encargado de seguridad. Palabras más palabras menos nos vino a citar a una charla explicativa con una autoridad del hotel. Nos dejó pasmados, y le pedí unos minutos para charlarlo con mi mujer.

_Cómo que saben lo que pasó anoche? Me preguntó Alejandra alterada_ Y quieren hablar con nosotros ahora?

_Es mejor que vayamos, seguramente los chicos le contaron algo al de seguridad_ dije asustado, con algo de culpa.

El guardia de seguridad nos aguardaba detrás de la puerta. Era un hombre joven, de tal vez 30 años. Tenía el rostro de tipo serio, como de pocos amigos y sus gestos de militar no inspiraban nada de confianza.

Alejandra, como yo, también estaba muy nerviosa. Tenía las manos transpiradas, y al salir apretaba mi mano con mucha fuerza.

El tipo de seguridad nos indicó que lo siguiéramos y expectantes no sabíamos exactamente qué sabía el encargado del hotel o qué creía saber, lo cierto es que nos carcomía tanta incertidumbre.

Cuando por fin llegamos, el sujeto de seguridad abrió una puerta y nos indicó que pasáramos.

La autoridad del lugar era un hombre que rondaba los sesenta años, canoso y con algunos rasgos de calvicie. Se presentó como Gerardo Burgos.

El encargado de la seguridad se quedó a nuestras espaldas y por la manera en que el canoso le clavó los ojos a mi mujer no era buen presagio.

_Aqui está el matrimonio del escándalo de anoche_ comentó el guardia.

Qué significa todo ésto?_ pregunté desconcertado.

Sabía que era una pregunta tonta. Yo entendía muy bien qué estaba pasando.

Como si yo no hubiese hablado, el guardia lanzó un comentario totalmente desubicado: _Era cierto lo que dijeron los alumnos… esta hembra tiene el mejor orto que haya visto.

_No lo sé Fernando, yo todavía no se lo vi_ dijo el gerente_ A ver, señora…mmm Alejandra es su nombre verdad?. Dese una vuelta para que pueda corroborar lo que dice el señor Gamboa.

_Qué? De ninguna manera!!_dije.

Pero Ale solita fue en dirección a la puerta, dándoles la espalda y haciendo en definitiva lo que el viejo baboso le había pedido.

_Señor Jorge, no haga escándalo y vea que su mujer está actuando de modo más inteligente que usted. Se lo explico de modo práctico: Ustedes vinieron hasta mi hotel y su esposa se exhibió frente a un grupo de estudiantes seguramente con fines sexuales, aunque sé que todos ellos son de último año y ya cumplieron la mayoría de edad, estoy seguro que los tutores y docentes no van a estar para nada contentos_ dijo el gerente con gesto de enojo.

Y ahora se suponía que Ale debía pagar por eso? No podíamos esgrimir ningún argumento.

El de seguridad tomó una silla y luego se sentó y llamó a mi mujer para que se acerque a él.

_Hagamos esto rápido, solo una mamada de su esposa y asunto terminado, cero denuncias y todo queda en la nada_ dijo el uniformado atrevido.

Vi cómo el tipo se bajaba el cierre del pantalón y sacaba una pija aún no erecta del todo. Ale resignada dió unos pasos hacia él y se puso de rodillas para llevarse el miembro a la boca y empezar a chupar.

No parecía entusiasmada al hacerlo, más bien al contrario, estaba un tanto asqueada, definitivamente no le gustaba pero sabía que estaba obligada a hacerlo.

_Así está bien. Calladita y obediente, siga siga_ le decía tomándola del cabello.

_Jorge me va a disculpar pero su mujer tiene un culazo para aplaudir de pie_ dijo el viejo mientras la miraba de atrás a Ale que estaba en cuatro patas entre las piernas del hombre joven con la boca ocupada y con el short verde yerba a punto de explotarle por su postura.

_Con razón los pendejos estaban muy calientes, su mujer tiene un culo bárbaro!_ comentó manoseando su miembro.

_Y parece que le gusta mostrarlo, dijo el guardia sentado_ y ambos reían.

Mientras tanto Ale algo más entusiasmada seguía en la misma posición, pero cada vez levantaba más la cola para que el viejo se la mire mejor.

El muchacho de seguridad al parecer le eyaculó en la boca, y Ale se tragó todo lo que de ahí salió. Buena y obediente tal como se lo pidieron.

Por su parte el tipo retomó fuerzas y rato después se puso de pie.

_Ya que no le molesta, usted siéntese ahí_ me ordenó mostrándome la silla.

_Y usted señora por qué no nos muestra la bombachita, como me contaron los pendejos?.

_Si usted quiere y a su esposo no le molesta, verdad Señor?_ me preguntó.

_No, está bien…_dije yo por la calentura que tenía.

_Es que hay un pequeño problema: Ahora no tengo puesta ninguna bombachita_ les dijo Alejandra mirándolos con carita buscona e inocente, desprendiendo el botón de su short apretado y bajándolo fue dejando a la vista de ellos su culo perfecto al desnudo.

No puedo explicar cómo se pusieron los tipos. Se empezaron a desvestir y yo aproveché para bajarme los pantalones y hacerme una buena paja.

El viejo fue hasta ella y le manoseó el culo hasta cansarse para después meterle un dedo en la concha.

_Que mojadita esta su señora, parece que quedó caliente con los pendejos_ me dijo mientras se agachaba y sin pedir permiso metió la lengua en medio de los cachetes de Ale, buscando esa fuente natural de su cuerpo que emanaba tanto calor.

El tal Fernando fue por delante y ya recuperado le metió un terrible beso de lengua, mientras le desprendía los botones de la camisa para después comerle los pechos desesperadamente.

El viejo la agarró de un brazo, la hizo poner otra vez en cuatro patas y volvió a meterle la lengua en el culo. Estaba encantado con la retaguardia de Ale. El otro le refregaba la pija por la cara hasta que ella la atrapó y la empezó a chupar por segunda vez.

Estuvieron un rato así: mientras ella a Fernando le chupaba la pija, el viejo Burgos no hacía otra cosa que chuparle el culo y concha a mi rubia detras de ella, de rodillas en el suelo y con los pantalones bajos.

Yo había acabado una vez, pero la escena era tan caliente que ya la tenía parada de nuevo, era demasiado estímulo, claro está.

_Señor Jorge me deja romperle el culo a su señora?, me preguntó Fernando, el uniformado casi empujando al viejo que no se quería salir.

Y sin esperar respuesta, se puso detrás de ella, le hizo abrir más las nalgas y le metió dos dedos en el culo, que debido a la abundante saliva previa que le dejó el viejo, lograron entrar como si nada.

_Mire como le gusta a su señora que le abran el culo.

_Hoy le vamos a destrozar el culo a su señora_ me dijo enceguecido.

_Alguna vez se comió dos pijas juntas?

_No, nunca_ dijo ella.

_Usted quiere que intentemos a ver si entran dos a la vez señora Alejandra?

_No me va a doler?

_Si le duele paramos.

Después de eso Ale no dijo nada, estaba dócil y solo se dejaba llevar.

Fernando se tiró al piso boca arriba y se puso a mi señora sobre él. Estaba tan desesperado por hacerle la cola. No podía disimular.

Ale se sentó arriba de su pija y muy despacito fue clavándosela hasta el fondo.

Rato después y entrada en clima, ella ya cabalgaba enloquecida mientras le chupaba el pene a Burgos.

_Eso… póngalo bien duro señora que también lo va a tener adentro_ le decía éste que tal vez por su edad le costaba llegar a una erección plena, al igual que yo.

Éstas palabras hacían que Alejandra estuviera mas que caliente. Mientras tanto yo ya iba por la tercera paja y hacía lo imposible para no acabar porque quería llegar sin eyacular para el espectáculo de ver a mi mujer con dos pijas adentro a la vez.

El tipo ya con una erección más sostenida sacó su pedazo de carne de la boca de mi esposa y se puso detrás de ella. Apunto hacia su agujero ocupado por la otra pija y comenzó a empujarlo, obligando al guardia a salirse de allí.

Ale expectante se había quedado quieta, pero al sentir entrar al viejo Burgos empezó a moverse nuevamente al ritmo y ya pegaba gritos de placer.

_Le duele señora? preguntó el de seguridad, mientras tomaba posesión de su concha.

_No, al contrario_ expresó mi esposa.

_Ya me parecía, dijo riendo.

Alejandra se estaba comiendo dos terribles pijas juntas. Una joven por la concha y una veterana por atrás. Y cómo le encantaba!!.

Yo me acerqué y la besé la boca, como buscando algo de participación a lo que ella respondió dándome la bienvenida metiéndome toda la lengua.

_Ahora señora pídale permiso a su marido para que nos deje acabarle dentro del culo_ Dijo Burgos.

_Amor? me dejas que me llenen la colita de leche?_ me preguntó entre gemidos y envuelta en sudor.

Escuchar eso hizo que el gerente comenzaran a acabar y se notaba por los espasmos que la estaba llenando de semen. Cuando se salió, el guardia se la volvió a meter por atrás y la detonó por un rato más para después acabarle adentro y otro tanto en la espalda.

Los tipos se levantaron y le dieron un beso de lengua cada uno dejándola a mi señora chorreando bocanadas de leche por atrás.

Saldada la deuda, cumplieron su palabra quedando sin efecto la amenaza de denuncia. Ale volvió a ponerse su ropa de exploradora, se ató los cordones de los borcegos y nos fuimos.

_Si a su señora le gusta mostrar la cola, la próxima vez que no lo haga con jóvenes o van a tener serios problemas otra vez_ nos aconsejó el viejo mientas salíamos.

Por suerte cuando regresamos al hotel ya volvió a oscurecer y el contingente de alumnos se había ido. Por lo que esa noche dormimos profundamente y a la mañana siguiente abandonamos aquel hotel.

Lo que sí sabia es que a partir de ese día a mi esposa mostrarle el culo a un solo hombre y hacerlo con uno sólo ya no la iba a satisfacer como antes.

Hombre Mayor/ Esposa Joven

Hombre mayor/esposa joven III: La ecografía abdominal