Llegada a Italia

Nos fuimos en taxi hasta el hotel. Hicimos la entrada y nos dieron la habitación; nos tocó la 69, qué casualidad.

Entramos; era una habitación guapísima, con una cama muy grande, espectacular. Salí al balcón y salió el de la habitación de al lado. Era un negro de barba blanca, parecido al de la peli de Blade, la de vampiros.

Qué puta casualidad: con este americano fue con el que mi marido me hizo follármelo por webcam. Me miró y, en inglés, con un traductor de móvil para que lo leyera, me dijo:

—Hola, baby, me acuerdo mucho de ti, qué alegría.

Me preguntó si estaba sola y le dije que no, y él escribió otra vez:

—Pues voy a ir a tu habitación a darle una sorpresa.

Tocó a la puerta. Cuando abrió mi marido, se quedó sin palabras; él lo empujó y se vino para mí, bajándose la cremallera. Me besó y me arrodilló, sacó su enorme polla negra y me agarró del pelo. Empecé a mamarla mirando al cornudo. Él estaba entre enfadado y caliente.

Yo, chorreando de placer, me subió a la cama y obligó a mi marido a que me chupara el coño; él obedeció. Después de un rato lo apartó y apoyó su aparato en mi vagina, y empezó a penetrarme poco a poco. Qué placer, cómo chillaba yo.

Me giró, me puso a cuatro patas y ahí sí que empezó a darme muy duro. Qué placer hasta que se corrió; me chorreó el coño. Dijo que se tenía que ir, pero que esta noche fuéramos a la disco, que me invitaba a un gangbang, y acepté. Se fue diciendo: «Hasta luego».

Yo me quedé abierta, saliendo su semen, y mi marido estaba como arrepentido. En fin, le dije: «¿No es lo que querías?».

Continuará…