Capítulo 5

Me he brincado algunas cogidas con mi esposo y algunos detalles porque no tienen importancia, salvo que he andado un poco provocadora, enseñando un poquito. Pasaron algunos días y estoy recordando a los chicos.

Mi esposo se fue a trabajar, no sé cuánto tiempo. Mi hijo está en la escuela. Cuando tocan a la puerta, eran dos chicos. Uno de ellos fue el que me abrazaba, el que casi me besa y el que me dijo “milf”. Era más firme, más alto, más musculoso y atractivo. El otro ni siquiera había visto nada de mí.

Como andaba en casa, traía un short de licra cómodo y una blusa de algodón muy larga y sin bra debajo, así que mis tetas eran libres y se movían de aquí para allá. Por las cosas anteriores, pues ya no tenía tanto pudor en que se me notaran las tetas; es mi forma de andar en casa.

Apenas abrí y les dije: —¿Qué pasa? ¿Pasó algo? ¿Le pasó algo a mi hijo? —No, nada, oiga, todo bien. Solo venimos a hablar. ¿Podemos pasar? —Bueno, está bien.

Abrí la puerta dejándolos pasar. — Sí, díganme, ¿de qué quieren hablar? —les dije hablando normal.

Pero por otro lado pensé al milímetro que tal vez querían cogerme. No sé, pero eso cruzó por mi mente. ¿Ya me habría entrado lo puta?

Me hacía la disimulada. Estaba a un metro y un chico se me lanzó, me dio tremendo beso. Yo ni metí las manos y me agarra el culo. Lo quise empujar, pero me abraza fuerte.

—Oye, oye, cálmate, ¿qué crees? —Déjese llevar. La he tocado y no ha dicho nada. Además, ya sé todo.

Y el otro: —Oiga, no se haga. Venimos a cogerla.

—Oigan, ¿pero qué se creen? —les digo.

El que me tenía abrazada me da otro beso, toma mi mano y la lleva a su verga. Hooo, qué siento: mi mano agarra una verga el doble de gruesa y grande que la de mi marido. Veo abajo instintivamente: una verga morena, gorda, venosa y como de unos 19 o 21 cm. No pude dejar de tocarla y tampoco hablé.

—Qué preciosa, ¿no te gusta, Viky?

Solo sé que la playera subió a mi cuello y después cayó al piso, dejando mis tetas al aire. Empezó a tocarme una y a chupar la otra.

No lo sé, me quedé asombrada. Tremenda verga de cabrón y, por qué negarlo, me calentaba tan rica verga. Mi mano la acaricia, tocándola toda como no creyendo: qué rica verga. Solo había visto una así en algunas porno, y la acariciaba. No sé ni en qué momento, solita me puse de rodillas, abrí toda mi boca y empecé a chupar como quien chupa una paleta de hielo deliciosa: haagga, hagag, haaa… Hasta le besé los huevos gordos. Sentía en mi lengua sus venas, mi boca bien abierta y le pasaba la lengua.

El otro chico nomás miraba aquella escena digna de una película porno. Saqué de mi boca aquella verga y la miré llena de baba, venosa y brillosa. Su cabeza no más grande, como que era una sola pieza. Qué rica verga, hay que reconocerlo.

—Venga —me dice—, mónteme.

Solita, obediente, voy. Él sentado en el sofá, yo me quité el short y me puse de espaldas a él, tomando la verga en mis manos, apuntando a mi concha bien mojada. Fue resbalado bien rico, la sentía por completo. La verdad era la verga más grande… bueno, de todas. Pero entraba, uffff, delicioso. Hasta que me senté por completo y solita empecé a moverme en círculos. Por cierto, nunca me había sentado así con mi esposo porque su verga no llega a penetrarme tan profundo.

Me di unos sentones: plash, plash, plash… Sonaba así unos 5 minutos. Sentía riquísimo, la verdad. Mis pechos botaban de aquí para allá. Me tomó de los pechos y me los apretó, jugando con ellos. Incluso apretó mis dos pezones al mismo tiempo.

—Haaaa, vamos, puta, ¿te gusta? —SÍ, sí, sí, me gusta… haaa, haaaa.

Me dice al oído: —Llévame a la recámara.

No dije nada, me levanté sintiendo mi concha muy mojada. Veo su verga dura, parada y llena de mis jugos.

Me dice: —¿Te gusta? Tómala y llévala.

La atrapé en mi mano y la llevé al dormitorio agarrando su verga. —Acuéstate, abre tus piernas.

Su voz y su forma de tratarme era de macho, aunque tenía cara de jovencito. Me acosté, abrí mis piernas, mi concha se abrió como flor. Tomé mis piernas esperando aquella verga y, así sin más, ¡zas!, hasta el fondo.

—Haaaaaaaggg…

Y la sacó y otra vez ¡zas! hasta el fondo, repitiendo esto como 10 veces.

—Así, así… ya casi, ya casi —dije casi gritando—. ¡Ya casi me vengo! Dame, dame.

—¿Qué te doy? —Tu verga, métemela… —¿Eso quieres, puta?

Yo más alto y con voz fuerte: —¡Sí! Le dije eso quiere tu puta. ¡Párteme, métemela!

Y ¡zas! y ¡zas! una y otra vez. Y ocurrió algo que nunca había tenido: me vine en un chorro como orinando. Sí mojó, pero esta vez me desbordé, mojando las sábanas, mi pelvis y mi culo. Hagagaa, haagga, haaaaa… Mis piernas temblando, espasmos en mi pelvis.

Luego me miró así y se quitó. —Volteate, incátate en el piso y recuéstate en la cama.

Y así lo hice. Estaba entregada, obediente. Me puse así y mis nalgas, mi culo se separó abriéndose, dejando mi concha abierta y también mi culo se podía ver mis hoyos. Y me dijo el cabrón:

—A las putas se les da por el culo.

Y ¡zas!, ¡zas!, dos nalgadas en mi culo. Escupió mi hoyo, empujando su cabeza poco a poco. Me la fue metiendo. Yo mordí la cama porque la verdad sí me dolía, pero uffff, era algo ricooo, delicioso sentirlo. Sentir sus venas, su grosor, su todo. Hasta tenerlo a tope lo metió y sacó despacio, despacio, y otra vez y otra vez. Mi concha punzaba todavía de la venida. Como 5 minutos así y fue acelerando otro poco tiempo. Sentía mi concha vibrar: hahaha, hgaas, hahaha… plash, plash… chocaba con mi culo.

Y la sacó e hizo lo mismo que con mi concha: la sacó toda y metía toda hasta el fondo. Haaaaaaaggg, hagag… Por qué me abría, sentía dónde me abría dos, tres veces. Sentía otra vez venirme y paró.

—No, no, no, no te detengas.

—¿Qué quieres? —Dame por el culo, dame por el culo, pártemelo también, ábreme el culo.

—Entonces eres mi puta. ¿Te gusta por el culo? —SÍ, sí, me encanta, me encanta. Dame por el culo.

Y ¡zas! y ¡zas!, plapsh, plash… sacando todo y después todo al fondo de mi culo. Si miraras, creo que mi culo estaba bien abierto. ¡Zas!, ¡zas!… Y no aguanté más: hasagaggaga, haaaaa… Fluidos bajaban de mi concha mojando la cama, mis piernas… haaaaa. Y él empezó a soltar sus chorros de leche bien adentro de mi culo. Haaaaaaaggg… Lo sacó y se quedó mirando mi culo bien abierto, lleno de leche. Y ¡zas!, una nalgada.

—Qué rica estás, qué buen culo tienes.

Se sentó por un lado mío y yo sola tomé su verga y empecé a mamar, dejándola limpia. Su verga y hasta me tragué los restos de leche y sabor de mi culo. Por segunda vez me tragué un poco de leche y me era deliciosa.

Me levanté, quise taparme con una sábana. —No lo hagas. Así te quiero, así te quiero ver. Hermosa, estás bien rica, bien buenota.

Y dejé caer la sábana. —Vamos a bañarnos.

Caminé y mis tetas se movían de aquí para allá, también mi culo se movía de aquí para allá, aunque mis piernas mojadas. Caminaba y él detrás mío mirándome. Tomé para abrir la puerta del baño y me dice: —Anda, sigue caminando. Vamos a la sala y a dar un paseo.

Y caminé moviendo más culo. Sí, es lo que quería ver, moviéndolo de aquí para allá. Y así caminamos por toda la casa mientras bajaba su leche y mis fluidos por las piernas. Me dio dos o tres nalgadas: ¡zas!, ¡zas! Y yo paré el culo.

Creo que si me hubiera pedido salir a la calle, yo con gusto saldría. Estaba extasiada.

Nos metimos a bañar juntos. Que por cierto me enjabonó y me trató con delicadeza, y yo de igual manera lo bañé. Le tallé bien su verga dándole masajes con jabón y sus huevos, uffff… La tocaba y acariciaba como tocando un conejo. Él ya rápido la tenía dura. Me hinqué para mamar, chupé su cabeza y su tronco, sus huevos como si fuera caramelo un momento. Luego él me apartó y me orinó la cara y las tetas.

—Hey, ¿qué haces? —Estoy marcando a mi perra, a mi puta.

Por extraño que parezca, me punzó la concha y sonreí. Era su puta y su perra. Salió y me dio un beso.

Se cambió y se fue. Me dejó sola.

Estoy escribiendo y cierro los ojos y es como si acabara de pasar. Y mi concha aún se moja.

Escríbanme, me gustaría saber si voy bien con mi vida y mis experiencias.

Doña Viky MILF: Seduciendo jovencitos

Doña Viky MILF IV: Seduciendo jovencitos