Capítulo 2

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Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Todos los que tenemos familias numerosas nos hemos enamorado de tías y primas en algún momento. Tener cinco tíos y tías acrecienta esa posibilidad y mucho más cuando varias de tus primas tienen edades parejas con la tuya, algunas más grandes y otras más jóvenes. Además, durante la adolescencia estás en plena ebullición de hormonas y ellas otro tanto.

Continuación de la historia…

El almuerzo fue algo tenso, madre e hija no solían discutir fuertemente y lo habían hecho frente a visitas, cosa que molestaba mucho a Tita. Se le ocurrió una idea que podía suavizar la situación y lo comentó mientras todos comían.

Tita: no pude conseguir algunas cosas aquí en la villa, ¿Qué les parece si mañana temprano vamos a la ciudad, buscamos lo que falta?

Dany: por mí no hay problemas, de paso aprovecho a comprar bloqueador solar para Teresa (su hermana).

Miriam: yo necesito pasar por el salón de belleza, por un retoque depilatorio y buscar en casa otras mallas.

Tita: excelente idea Miry, te acompaño ya que tendremos visitas el fin de semana y quiero verme mejor.

Miriam la miró y se rio: “¿Vos también te pensas depilar?”, la madre asintió y agregó “Necesito tratamiento en mis cabellos, algo que me proteja del tanto sol y sal del mar”.

Miriam: vos pagas el servicio de ambas, claro.

Tita: por supuesto hija.

El ambiente parecía empezar a relajarse, concluido el almuerzo, mientras recogían los restos y lavaban los trastos, se escuchó como golpeaban la puerta de acceso a la casa.

Tita fue hacia allí y al abrir se encontró con Elena, una vecina que tenía dos hijas de la edad de Teresa y venía por ella para que las niñas jugaran juntas en la arena. “Buenísimo Elena, así podremos dedicarnos a cortar el pasto del patio y preparar todo para la cena del miércoles que viene mi esposo, ¿nos acompañarán, cierto?”, Elena agradeció la invitación y recogiendo a Teresa partieron tumbo a la playa.

Miriam: me dijiste que podía irme con mis amigos a la playa ¿no me harás quedar a cortar el pasto, no?

Tita: Esperaba que nos dieras una mano

Miriam: no señora, vamos a ir a Los Pozones, hay mucho por caminar.

Tita: bueno, pero cuando terminemos con Dany vamos para allá.

Miriam: mamá, no seas tan cuida.

Una vez concluidas las tareas domésticas, Miriam subió a su cuarto, se calzó un biquini verde bastante pequeña, tomó un toallón playero que enroscó en su cintura a modo de pareo, un frasco de bronceador y partió tras darle un beso a su madre y un empujón a Dany a modo de broma.

La puerta se cerró, Tita dejó las cosas sobre la encimeray caminó hacia la ventana del ingreso, corrió las cortinas para verificar que Miriam se alejaba rápidamente. Bajó las persianas hasta casi el final, puso llave a la puerta de acceso y volvió a la cocina donde Dany estaba sentado. Desplazó una silla frente a él, se acodó en la mesa, se pasó las manos por el cabello, alisándolo hacia atrás y tras un suspiro lo miró y comenzó a hablar.

Tita: Sobre lo que pasó ayer, tenemos que hablar seriamente.

Dany: escucho, pero…

Tita: déjame hablar a mi primero, por favor.

Dany buscó el cenicero y un cigarro de la cajilla.

“Entenderás que lo que hicimos no es correcto y podría traernos muchos problemas si alguien llegara a enterarse, por lo que de más está decir que espero sepas guardarlo como un secreto, como hombre que sos” comenzó con su monólogo.

“Estoy segura que me escuchaste cuando hablé al lado de tuyo la noche anterior, te hacías el dormido pero bien despierto estabas. Sé que ustedes están con las hormonas a full y haber escuchado esa confesión y lo que te dije luego cuando quedamos solos en la casa, te llevó a comportarte de ese modo” la voz de su tía sonaba tranquila y segura.

“No soy tonta ni quiero que me traten como tal, Miry te estuvo manoseando desde el mismo día del casamiento, lo noté y cuando juegan en el agua se pasan con los toqueteos. También sé que anoche la esperabas en tu bolsa de dormir, si hasta tomaste la precaución de comprar preservativos en la farmacia. Aquí todo se sabe y sos tan inquieto para dormir que se te cayeron de debajo de la almohada, de hecho yo los volví a colocar debajo de ella” sus ojos se clavaban en los míos, sin retos sino con un dejo de resignación.

“Seguramente, en la tarde ella va a revolcarse con alguno de sus amigos, por eso le he conseguido pastillas anticonceptivas y la obligo a tomarlas delate mío como si fueran vitaminas, a diario. Imagínate si quedase embarazada a los 17 años, sería un escándalo y tu tío tendría muchos inconvenientes con su trabajo” era una confesión de madre dolida y esposa que debería afrontar un doble escándalo: su marido infiel y la hija embarazada.

“Decirte que lo de ayer no puede volver a pasar, sería una estupidez. Ambos lo necesitamos, yo por venganza y por volver a sentirme mujer deseada y más aún si lo logro con un jovencito y vos porque no aguantás el verte rodeado de mujeres con pocas ropas y lo peor, que te provocan continuamente. Sé que te has masturbado en el baño con prendas íntimas de nosotras, no las lavaste correctamente y quedaron las manchas en ellas.”

Los ojos de Dany se abrían más y más ante cada confesión, no podía dar fe de lo que escuchaba, pero esperaba la conclusión del monólogo, solo se limitaba a asentir con la cabeza y consumir un cigarrillo tras otro.

“Está clarísimo que las ocasiones para intentar algo, van a ser muy pocas y que si decido acceder a más actividad sexual vamos a tener que ser muy precavidos, no dejar rastros y sincerarnos en lo que nos gusta y lo que no deseamos, más que nada yo porque el tener poco sexo y muy monótono hace que no acepte cosas extrañas. ¿Nos entendemos?” concluyó dejándole la palabra a partir de ese momento.

Tragó saliva, apagó el cigarrillo y se dispuso a responderle.

“Mirá tía, tenés razón en todo lo que dijiste. Me hice pajas con tus calzones y los de Miry, dudé en responder a sus toqueteos pero no pude resistir mucho más y empecé a devolverlos desde la misma fiesta del casamiento. Hasta me hizo una paja en el puente de la plaza del salón de fiestas, mientras yo le apretaba las tetas, más con bronca que con deseos y me había prometido darme más cosas mientras estuviésemos aquí en la playa” comenzó la confesión del muchacho.

“Si ye escuché cuando estabas sentada al lado de la bolsa de dormir, pero esperaba desnudo a Miry, para ver que iba a darme. Cuando la mandaste a su cama de nuevo, me quedé enojado porque se cortaba mi posibilidad de estar con ella. Quizá por eso aproveché el momento ayer e hice lo que ya sabemos, jamás me hubiera imaginado que íbamos a llegar a eso” remató tratando de elegir bien las palabras.

Tita: voy a pedirte un gran favor, ni se te ocurra tener sexo con Miry.

Dany: no sé de qué manera voy a poder frenarla, está muy intensa.

Tita: de eso me encargo yo, voy a tratar de sacártela de encima

Dany: gracias tía.

Tita: en cuanto a nosotros, será un pacto de honor. Si volvemos a tener sexo, será de manera discreta y en momentos en que nadie pueda sospechar nada, ¿entendido?

Dany: por supuesto. Me decías que había cosas que sí y otras que no haríamos. ¿Me contás? Para no arruinar el momento por dejarme llevar por la calentura.

Tita: jamás en mi cama, estoy operada para no tener más hijos por lo que no necesitas usar preservativos, nada de dejarme marcas y cuando yo diga no o basta, allí nos detenemos.

Dany: ¿solo vaginal?

Tita: te noto muy interesado: oral me encanta recibir, no suelo dar y si acepto hacerlo nada de acabar en mi boca, a lo sumo en las tetas. Anal, hace años que no lo hago, las últimas veces me dolió muchísimo y tuve problemas después para desplazarme. ¿Algo más que quieras preguntar? Hoy ponemos las reglas y no vuelven a modificarse.

Dany: si, dos cosas más: si no vamos a tu cama, ¿Dónde?

Tita: en la cama que queda libre en la pieza de Miry, ¿la otra?

Dany: ¿sellamos el pacto de honor?

Tita: ya tenés ganas… debería ser algo rápido, por si vuelve Miry o vienen a traer a Teresa. Estoy toda sudada, necesito una ducha y prepararme.

Dany: podemos ducharnos juntos…

Tita se puso de pie, se aproximó a él y le dio un beso corto en los labios, momento que él aprovechó para recorrerla con sus manos, desde la espalda al culo, para luego subir su mano derecha por debajo del amplio vestido y llegar a las tetas que ya empezaban a endurecerse y mostrar pezones erguidos. El beso corto se fue prolongando y por primera vez se besaron apasionadamente, él también se puso de pie, le subió el vestido y lo retiró por encima de la cabeza de ella, liberando los pechos y dejando a la vista esas bragas grandes y suaves. Bajó desde la boca a los pechos, alternó entre uno y otro chupando de manera delicada, para evitar las marcas, pero se adueñó de los pezones para darle pequeños mordiscos que la excitaban más y más. Los primeros gemidos brotaban de sus labios y como ayer, entreabrió las piernas para dejar que la mano libre se internase entre sus piernas, frotando la raja ya humedecida. La tela se mojó con rapidez y asemejaba una segunda piel, él notaba cada pliegue de los labios mayores y como emergía el clítoris inflamado.

Con esfuerzo de ambos, la braga llegó al suelo. Se despegó unos centímetros de ella y la observó absolutamente desnuda por primera vez. Su cuerpo tenía las marcas típicas de alguna cesárea y estrías propias de haber bajado de peso y su edad. Aun así la vio hermosa: “sos una hembra preciosa, quiero comerte toda” le dijo mientras volvía a aproximarse para levantarla y hacerla recostar en la mesa, con las piernas colgando. Se ubicó entre ellas y fue presionando para que se fuesen abriendo lentamente. Volvió a torturar los pezones con sus labios mientras luchaba por bajarse el short y liberar la verga caliente y ya lista para ingresar en ese cuerpo maduro que se le ofrecía. Los pechos caían hacia los costaos producto de los años, el vientre se ponía tenso y dejaba en claro el esfuerzo de ella por mantenerse aferrada a los laterales de la mesa, las rodillas se hacía puntiagudas por la flexión y las pantorrillas marcaban los músculos que buscaban una posición más cómoda. Hubiese sido sencillo para él entrar en esa selva de vellos brillantes por sus jugos y abrirse paso al cuerpo caliente, pero quiso conocer su aroma.

Bajó lentamente por el centro, repasando con su lengua y labios cada uno de los centímetros que separaban el cuello de ese matorral que tenía tonos plateados, alternados con rizos renegridos. Tenía un aroma intenso, pero quería guardar en su boca el sabor de aquella cueva de placer, se demoró mientras ella extendía una de sus manos para guiarlo justo al centro.

Él abrió la boca y dejó salir a su lengua exploradora para que la recorriese por primera vez, desde el inicio hasta perderse entre los labios mayores. Un gemido ronco acompañó a la invasión, ella se soltó por completo de la mesa y jugando con los cabellos de su sobrino lo fue internando más y más.

Los minutos se hicieron eternos al igual que los lengüetazos, intensos, prolongados y repetidos, de punta a punta, como si quisiera hacerle el amor con su lengua.

Tita: ¡¡qué placer!! Vas a hacer que me corra sin haberte tenido adentro.

Dany: voy a torturarte hasta que grites mi nombre

Tita: no te detengas, seguí comiéndome la concha asi, suavecito, que me estoy volviendo loca…

Él respondía abriendo los labios mayores con dos dedos mientras hundía tanto como podía su lengua.

Tita: ¡¡por favor, ya no más!! Ponela, haceme acabar como una puta, ¡¡¡Dany, cógeme!!

Recordó las reglas del juego, subió lamiendo el cuerpo de su tía madura que temblaba de excitación. Apuntó al centro de la mata y se dejó ir al interior de la hembra.

“¡¡¡Aaahhhh, más adentro, hasta el fondo!!!” reclamó Tita mientras él embestía buscando la mayor penetración. Cuando llegó al máximo de la penetración, se detuvo unos segundos, se acomodó y levantó las piernas de ella a sus hombros para iniciar un movimiento rápido de meter y sacar su verga a tope. Los gemidos de su tía se multiplicaban, sintió como le clavaba las uñas en sus brazos para aferrarse y no caer de la mesa.

Tita: ¡¡me voy, me voy ya no aguanto más, lléname de leche!!

Aceleró para tratar de llegar junto a ella, no lo logró, ella se puso tensa por unos segundos y de golpe se relajó totalmente con un grito que debió oírse desde la calle. Él se aferró a la mesa y embistió frenéticamente ese cuerpo inerte hasta que sintió las oleadas de leche llegar, le despachó 3 o 4 chorros en el interior para luego sacarla y desparramar por el vientre y las tetas lo que quedaba en su interior.

Habiendo acabado, volvió a meterla en la concha tibia hasta que se fue reduciendo en tamaño y vigor.

Su tía abrió los ojos, lo miró y dejo caer una par de lágrimas. “Hacía mucho tiempo que no tenía un orgasmo así, gracias hijo” fueron sus palabras mientras trataba de incorporarse.

Tita observó su cuerpo que aún temblaba, el reguero de leche que había en su vientre y al tratar de ponerse de pie, como aquel líquido blanco y espeso caía por sus piernas.

Tita: va a ser difícil que pueda recuperarme tan rápido como para trabajar en el jardín.

Dany: ya vamos para el jardín, quiero que te pongas las bragas y retengas mi leche en tu concha, hasta que terminemos de trabajar.

Tita: es algo incómodo, pero creo que lo mereces. Vamos a hacerlo.

Su sobrino tomó las bragas, las desenroscó y se las fue subiendo, arrastrando la leche hacia la concha que brillaba con la mezcla de flujos. La hizo poner de pie y le calzó bien a fondo la prenda, y tirando de los costados la metió entre los cachetes del culo, transformándola en una tanga improvisada. Tomó el vestido y se lo puso desde la cabeza, dejándolo caer hasta cubrir los muslos, le ayudó a colocarse las sandalias y se encaminaron al patio. Al ir por detrás, aprovechaba a tocarla y manosearle el culo.

Ya en el patio comenzaron la tarea, ella se removía pues la tanga improvisada la molestaba bastante, el recorría el ancho del patio con la cortadora de césped, mientras ella levantaba los restos del follaje.

En un momento ya no soportó la molestia de la prenda íntima y levantando el vestido, quiso sacarla y dejó su culo al descubierto. El detuvo la máquina y se acercó a ella por detrás, aprovecho que había una silla de hierro y la hizo aferrarse al respaldo, segundos después Tita sentía como la verga estaba nuevamente erguida y tratando de abrirse paso entre sus piernas.

Tita: por favor, aquí afuera no, pueden vernos y todavía no estoy repuesta, quizá más tarde, ¿si?

Dany igualmente la recorrió haciendo que abriera las piernas y cuando notó que volvía a humedecerse intentó penetrarla una vez más, pero ella se retiró.

“Soy una persona mayor, a mis 54 años no puedo llevar el ritmo de un joven pero te prometo que habrá más, solo quiero reponerme y terminar con esta tarea” le dijo mientras se dirigía al interior de la casa, él quedó solo en el patio y con ganas de más. Sabía que había satisfecho a la mujer y ese desempeño le auguraba más beneficios, guardó la verga dentro del short y completó el corte del césped.

Casi 40 minutos después Tita volvió al patio, con una remera holgada color negra que mostraba la ausencia de brassier y una calza corta que ajustaba el culo y amagaba a marcarle los labios. Tenía el cabello mojado y su cuerpo destilaba un suave perfume, muy dulce. Se sentó en la silla que estuvo a punto de ser instrumento de un nuevo encuentro sexual.

“No quiero perder la chance de volver a tener sexo con vos, pero la próxima vez deberá ser en una cama, donde yo pueda darte tanto placer como lo hiciste conmigo. Quizá sea esta noche, si es que Miry sale de ronda con sus amigos. ¿Hay algo que quisieras especialmente?” le dijo Tita mientras bebía un refresco.

“Sí, me gustaría que te quitaras los vellos y dejaras tu concha peladita, además de que me montaras” replicó Dany ya totalmente abierto a la charla. «Solo puedo recortarlos bastante, pero mi piel es delicada y temo lastimarme si quiero liberarla por completo” le respondió.

“Entonces solo vas a montarme y cabalgarme hoy, cuando vayas a la ciudad quiero que te la depiles totalmente” le pidió el sobrino.

Tita: debes saber algo, si hago algo así tu tío deberá saberlo, se sorprendería si nos acostamos y me toca, lo notará y deberé justificarme

Dany: ¿no tienes una malla blanca o de color muy claro? Sería la excusa perfecta

Tita: tienes razón, pero está en casa, no aquí. Cuando mañana vaya, la traeré

Dos horas después, habían terminado de arreglar el patio y acomodar los muebles para el fin de semana. Estaban ingresando a la casa cuando se sintió un golpe en la puerta, era Miriam que volvía de su paseo con amigos.

Miriam: ¿mamá por qué estaba la puerta cerrada?

Tita: estábamos en el patio Miry

Miriam: nunca cerramos la puerta mamá

Dany: fui yo quien cerró, no sabía que siempre dejaban abierto.

Miriam: tonto, jamás llevamos llaves cuando salimos, no tenemos bolsillos en las mallas.

Tita se aproximó a su hija y al pasar junto a ella notó algo extraño. “Miry, andá a ducharte por favor, lo necesitas” le dijo. Miriam miró sus ropas y notó algunas manchas, se puso roja de vergüenza y subió a bañarse.

“Te lo dije, no fue a la playa, estuvo con un noviecito. Menos mal que le doy la pastilla a diario” murmuró Tita con enojo.

Un rato después, fue turno de Dany de ducharse y bajar para la merienda. Entró al baño y encontró en el cesto de la ropa sucia el biquini de Miry, manchado de color amarillo, era muestra inequívoca de que había tenido sexo sin protección de su noviecito.

El resto de la tarde transcurrió en calma, y al anochecer, Tita fue a la casa de Elena a buscar a Teresa, dejando solos a Dany y Miry. Antes de salir, lo miró a Dany y con un gesto rápido le hizo seña de cuidado.

Ya solos, Miriam fue al patio donde Dany fumaba. “Por quedarte de jardinero, te perdiste una buena fiesta, pero si queres puedo hacerte una representación rápida” le dijo mientras levantaba su remera, mostrándole las tetas libres de prisión alguna.

Pero tranquilos, eso será parte de la tercera y última parte de esta historia.

Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.

Saludos,

Alejo Sallago – alejo_sallago@yahoo.com.ar

Secuelas de un casamiento familiar

Secuelas de un casamiento familiar I