Capítulo 9
David, agradezco que aceptaras mi invitación. Realmente fui un idiota, no debí pelear contigo por no tener una erección.
Tú eres mi mejor amigo y sin ti me sentía solo. La verdad quería reconciliarme, pero mi orgullo me lo impedía.
—¿Qué tal te parece la comida?
—Olvidemos lo que pasó ese día. No me gustan las mujeres, ni siquiera si son trans. Tu problema no es conmigo, es contigo mismo. Acepta que eres bisexual, no hetero.
—La comida está muy rica, especialmente la carne. ¿La hiciste tú?
—No sé cocinar, David. La pedí por domicilio, pero me encanta este menú. Qué bueno que también te gustó.
—Julián, yo te quiero más que como amigo. Disfruto mucho tu compañía, tu cuerpo, tu música, tu voz. Eres el hombre por quien saldría del clóset. Podría decirse que te amo.
Te amo realmente y por eso he soportado tus desplantes, malos tratos y tu odio, que a mi parecer no lo merezco.
Te he ayudado económicamente, te he apoyado en tu carrera. Yo solo quiero que estés bien.
Y nunca le diré a nadie que hacemos el amor. Aunque para ti solo sea sexo, yo contigo siento que hago el amor.
Quiero que seas feliz, nada más. Si eso significa alejarme, está bien. ¿Lo entiendes?
Julián miraba al suelo, con una expresión de silencio y vergüenza. Sabía que David siempre había estado con él, pero por sus complejos lo había herido injustamente.
—Me tienes mal acostumbrado. Si fueras una mujer, serías la mujer perfecta. Ya nadie me hace sentir placer como tú lo haces. Si fueras mujer, me casaría contigo.
—Pero soy un hombre y esa es la realidad. ¿A qué estás jugando?
—Lo siento. Para ser un artista soy bastante insensible cuando se trata de ti. Sé que eres un hombre, para mí está claro.
Julián se levantó de la mesa y encendió el sonido. Una música suave envolvía el ambiente en un tono romántico.
Estiró la mano invitándolo a bailar con él.
—Yo no sé bailar.
—Yo tampoco, solo déjate llevar.
Juntaron sus manos y estiraron sus brazos como bailando un tango. El baile no concordaba con la música.
Se miraron a los ojos. Sabían lo que seguía.
—David, quiero estar contigo una vez más, pero yo soy el hombre. Quiero que seas la mujer.
—Julián, a mí no me gusta ese rol, pero sabes que a ti te lo doy todo.
Julián se sentó en el mueble grande.
David se arrodilló, le abrió el pantalón y sacó su pene erecto. Empezó a chuparlo mientras lo miraba con cara de ternero recién nacido.
Su lengua empapaba de saliva el falo de Julián. David se sentía amado; solo quería darle placer al que hoy sería su hombre.
Julián se movía y respiraba profundo. Pequeños gemidos que eran como notas que poco a poco componían la mejor sinfonía de la historia.
Julián le pidió que parara, sentó a David como dándole la espalda, le bajó su pantalón y empezó a penetrarlo mientras le daba pequeños besitos en el cuello.
Luego se acercó al oído entonando una canción romántica:
«Mi amigo, mi amado. El cielo ocurre cuando estamos juntos, eres como la vida: un regalo que no sé cómo vivir, pero el cual es un tesoro que no quiero dejar».
Julián embestía a David suavemente, sin violencia. David se sentía como en un sueño escuchando esa hermosa canción que había salido directamente del corazón de su amado… para él, no, para los dos.
David comenzó a masturbarse mientras era penetrado. Luego se vinieron juntos y se quedaron dormidos, acurrucados.
David sentía el líquido caliente de Julián en su culo. Nada lo podía hacer más feliz.
Llegó la mañana. Ambos desayunaron juntos, se bañaron. Todo estaba perfecto.
—Julián, ¿me darías un beso en la boca?
—No estoy listo. Quizá después.
El timbre de la entrada sonó.
Luego una voz femenina se escuchaba del otro lado de la puerta: —¡Julián! ¡Julián!
—David, podrías esconderte en el armario. Parece que es Mayra. No me gustaría que al vernos recién vestidos y bañados pensara mal.
—Está bien.
Julián encerró a David con llave, pero un pequeño agujero permitía mirar lo que pasaba afuera.
Mayra entró a la habitación con Julián.
—Mi amor, qué rico hueles. Quería darte una visita rápida. Dame un beso.
Julián la besó tímidamente. Ella metió la lengua en su boca, lo agarró de las nalgas.
—¿Un rapidín?
—No lo sé… si está bien.
Julián miraba al armario, esperando que David no saliera a delatarlo.
Mayra bajó sus bragas, subió su falda y se puso en cuatro en la cama.
Julián empezó a penetrarla mientras ella tocaba su vagina. —Más duro, amor, más duro… Dios mío, qué rico.
Mayra cambió de posición, se puso de frente, abrió sus piernas y Julián continuó penetrándola mientras la besaba. Masajeaba sus senos debajo de la blusa. Ella gemía muy fuerte: —Ay, ay, Dios… si mi papá me viera me mata, pero es muy rico… ay, ay… más duro.
Julián sintió como las piernas de Mayra lo atrapaban como una orden a que no se detuviera. Ella lo estaba disfrutando.
La chica se puso rígida, luego respiró profundo y se veía más descansada. Julián eyaculó fuera, en la sábana de la cama.
—Qué rico, amor.
Mayra miró su reloj. —30 minutos pasaron, debo irme. Gracias, mi amor. ¿Me acompañas a la puerta?
Salieron juntos.
Julián regresó solo a la habitación y miró por 5 minutos el armario. El silencio lo llenaba de miedo y angustia.
Abrió la puerta y se topó con la mirada triste de David.
Su mirada reflejaba decepción. —Te lo dije… No haré nada que te haga daño. Te amo. Por eso no grité. Pero también por Mayra… es una buena niña, es la hija de los pastores. Es alguien a quien aprecio mucho. Si hubiera sabido antes…
Sus palabras lo atragantaron. Enmudeció, tomó un respiro y pudo hablar.
—Ya no quiero verte nunca más, Julián. Me retiraré de la iglesia. Este juego puede dañar a muchas personas buenas que no lo merecen. Mayra es muy dulce, no la destruyas. Ten cuidado con lo que haces.
—Espera, David, lo siento. Es que me hacía falta estar contigo. No debí ocultarlo, pero nadie lo sabe. Lo de Mayra y yo también es un secreto. Sus padres no la dejan tener novio.
Olvidemos este incidente, continuemos con nuestra cita. Te doy un beso… siempre has querido besar mi boca.
—No quiero besar esa boca sucia y mentirosa, pero quiero otra cosa. Voltea.
David volteó a Julián, bajó su pantalón, le abrió las nalgas y empezó a penetrarlo con rabia, con dureza, sin consideración.
—¿Te gusta? Julián, dime, ¿te gusta? No eres un hombre, eres mi perra. Sucia y descarada, traidora.
David comenzó a nalguearlo mientras lo penetraba.
—¿Quieres desquitarte conmigo, David? Hazlo, me lo merezco.
—Calla, mueve ese culo, perra.
Julián empezó a moverse mientras era castigado.
David estaba enceguecido por la rabia y el dolor.
—Grita: soy tu perra.
—¡SOY TU PERRA, DAVID! ¡AHH!
David eyaculó, dejando el ano de Julián escurriendo en leche.
El ambiente se enrareció. Se sentían observados. Se escuchó un sollozo leve.
Era Mayra, que estaba atónita viendo la imagen de su primer novio siendo penetrado por quien creía su amigo.
David al verla maldijo su suerte. Sentía rabia, dolor, frustración y desesperación. Sus emociones lo sobrepasaron.
De su boca salieron unas palabras de las cuales siempre se arrepentiría:
—Tú también quieres de esto, Mayra.
Lo dijo mientras movía con la mano su ahora flácido pene.
Mayra salió corriendo gritando. Hubo mucha confusión. Personas pensaban que estos dos le habían hecho algo. Todo se extendió al conjunto: la policía, la iglesia y sus familias.
Al final se supo que Mayra tomó las llaves de la casa de Julián para darle una sorpresa más tarde y se topó con esta terrible escena.
Todo se aclaró. No hubo delito ni problemas con la policía. En el conjunto solo chismes.
La familia de David se dio cuenta de su homosexualidad. Su madre y padre lo echaron de la casa.
En la iglesia hubo un escándalo. Expulsaron a David y a Julián. Fueron señalados y odiados.
Al final, después de esto, se terminó su amistad para siempre. No querían volverse a ver.
Mayra terminó en un psiquiátrico; esta experiencia le dejó heridas psicológicas graves.
Julián se fue de la ciudad.
David recibió apoyo de su prima y se fue a vivir a la casa de su amigo Brayan.
No me quedaba nada más que volver a empezar.
Lo ocurrido fue muy triste e injusto… o quizás es solo las consecuencias de mis actos, el castigo por vivir una mentira, amar a la persona equivocada y no saber soltar a tiempo.
Volviendo al presente, quedan pocas paradas del bus. Ya casi llego a mi destino.
Pero me queda tiempo para contar algunas historias más.
Continuará…