Quiero comenzar con mi historia que pasó hace 13 años. Yo soy una joven de 31 años con un cuerpo hermoso, curvas perfectas, senos muy grandes, soy delgada y mido 1,55 m. En este momento tengo nueve hijos con mi «esposo», que es mi abuelo y que hoy en día tiene 70 años. Me dirán que es bien viejo, pero déjenme decirle que tiene una figura… ¡uff! Muy buena.
Debo comenzar diciendo que, para llegar a ese punto, debo retroceder a cuando era más joven, si me entienden: muy joven. Yo iba de visita donde mis abuelitos con mis papás. Siempre me di cuenta de que mi abuelo me miraba raro, siempre quería estar cerca de mí tocándome. Nunca se dieron cuenta de lo que pasaba, pero él siempre lo hacía. Hasta que un día me dijo que me quería mucho y que si me quería escapar con él. Yo le dije que yo también lo quería, pero no podía irme con él porque mamá y papá se enojarían. Eso no le gustó. Me dijo que de igual manera me iría con él. Ahí no sabía por qué lo decía.
Hasta que en dos semanas fuimos, como siempre, a visitarlos a mi abuelita y a él. Nos dimos cuenta de que mi abuelita estaba llorando. Le preguntamos por qué y nos contó que el abuelo la había dejado por una más joven, que no sabía quién era. Como era todavía joven, yo me fui al patio a jugar y veo a mi abuelito en una camioneta. Yo me acerco a contarle que la abuela llora. En eso me dice que me suba para contarme algo. Yo le hago caso. Cuando eso sucede, él arranca y le digo que por qué nos vamos. A lo que me dijo que ahora nos iríamos a un lugar lejos, solo los dos, para ser felices. Yo no entendí, quería irme a casa. Él me gritó que me callara y así lo hice.
El viaje fue largo. En el lugar donde vivía todavía era «normal» que viejos vivan con chicas jovencitas. Solo decían que ya se casaron y nadie hacía nada. Por eso mi abuelo, cuando llegamos al siguiente pueblo, pensé que ahí viviríamos, pero no: solo paró para descansar. Esa misma noche el abuelo dijo que yo ya era su esposa y que esta es nuestra noche de bodas. Y así comenzó.
Se desvistió todo. Yo lo vi con su pene bien parado. En eso me empieza a desvestir hasta dejarme desnuda. En eso él empieza a acercarse y me empieza a tomar los senos en su mano, los manosea y los chupa hasta que yo solo podía gemir: leves sonidos «ahh, ahh, ahh». En eso él empieza a bajar hasta llegar a mi vaginita y la chupa. Yo solo gemía diciendo: «Ahh, abuelito, ¿qué es esto? Ahh, noo, algo viene». En eso me terminé viniendo en su rostro. Eso lo excitó. Se levanta y, con su pene en manos, me dice que ahora me hará su mujer. Yo, cansada, solo asentía.
En eso empieza a meter su miembro en mí. Me dolía y le decía que parara, que me duele. Él solo respiraba fuerte y me dijo: «No, esto es así. Ahorita te duele, luego te gusta». En eso, de un solo golpe me lo metió todo. Él se quedó así quieto por unos minutos porque a mí me dolía. Cuando vio que no me dolía mucho, pues empezaba a gemir: «Ahh, mmm». Él la sacaba y metía despacio. Yo solo gemía ya de placer, pues nunca había experimentado esto. Al poco rato empieza a darme más duro y siento que su pene se hace más grande. Y eso, a esa edad, me calentó. Él seguía dándome duro hasta que él dijo: «Ohh, síii, aquí viene». Y sentía que me llenaba algo por dentro. Yo solo grité: «¡Ahhhhhhhhh!». Y me quedé ahí tendida en la cama, respirando fuerte. Mi abuelito se tumbó a mi lado y me dijo: «Ya está, mi amor, ahora eres mi mujer como debe ser». Y nos dormimos.
A la mañana siguiente compramos algunas cosas, pues saliendo de ese pueblo no habría más y necesitábamos comida. Y así fue. A mí me dolían mis piernitas y caminaba chistoso. Eso solo calentaba a mi abuelito. Los de ese pueblo me veían así y felicitaban a mi abuelo. No entendía el porqué, pero bueno. Ya al irnos fue un viaje largo. Me dio ganas del baño. Cuando paramos había un árbol grande. Bajé a hacer mis necesidades. Mi abuelito me acompañó. Al terminar le dije que ya acabé. Él se acercó, me puso detrás del árbol y me dijo que me tubiera de él. Me empezó y alzó mi falda y, de una, me metió su pene. Solo me decía que quería tenerme. Yo, con mis piernas ya débiles de tanto que me cogía, le decía: «Ahh, ya noo, ahh, estoy cansada, ahhh, abuelito». En eso me corrí y mi abue me decía: «Ya me vengo dentro». Y sentía un «pushhh» y un «ahhh, síii» de mi abuelo. Sentía como algo me llenaba. Así me subió mis bragas y me dijo: «Ya vamos».
Así fue hasta que se hicieron las 12. Nos comimos algo, descansamos un rato y seguimos con el viaje. Yo ya no preguntaba por casa, pues eso enojaba al abuelo, así que me hice a la idea de que no regresaría. Ya cuando empezó a oscurecer buscó un lugar para pasar la noche. Como era desolado, ningún pueblo, nos escondimos tras unos arbustos grandes para evitar ser asaltados, pues esas calles eran conocidas porque robaban a los que iban en la noche.
Cuando ya estuvimos seguros de estar bien escondidos, comimos algo para dormir, según yo. Pero mi abuelo, apenas se hizo oscuro, me quitó toda la ropa. Yo le decía que no, que estaba cansada, pero eso no le importaba. Me decía: «Una buena mujer debe satisfacer a su esposo. El deber de esta es tener hijos y mantener satisfecho al marido». Cuando dijo eso me preguntó si yo ya me enfermaba. Y yo, con pena, le dije que sí. Me preguntó cuándo sería la próxima. Yo le dije que en tres semanas sería la otra vez. Él se puso contento y me dijo: «Entonces ya sabes: estás tres semanas debes tener bien abiertas las piernas para hacerlo sin cuestionar, para así tener un hijo de nuestro amor». Yo solo le asentía.
En eso los asientos los baja para que quede como tipo cama, donde me acuesta de lado y él se pone atrás mío. Me alza la pierna y me lo metía. Yo creo que le excitaba el hecho de tener un bebé conmigo. Él seguía mete y saca su pene. Yo gemía: «Ahh, ahhh, mmm, abuelito, ahh». Escuchaba como sonaba el choque de su pene en mi vagina: «PAC, PAC, PAC». Y cada vez se hacía más fuerte. En esas él saca un gemido: «¡Ahhhhh, síii! Adentro, bebé, mmmm». Yo me sentía llena y con un placer… ¡uff! Como que mi cuerpo empezó a reaccionar al sexo. En eso él sale de mí y ve que me da un orgasmo, el cual saca el semen. Eso no le gustó. Aprovecha y lo mete de nuevo, y me sube encima de él. Me dijo que era mi turno. Yo, que estaba excitada, empiezo a moverme de arriba y abajo hasta cansarme y venirme. En eso él se mueve y se corre dentro otra vez, pero esta vez no lo saca y me dice: «Así vamos a dormir, no tienes que sacarlo, debe quedar ahí».
Al despertar me doy cuenta de que mi abuelito ya está manejando y yo le pregunto que cuánto falta para llegar. Él me dice que es un viaje largo de unos 12 días. Le digo si la comida alcanzará y me dice que no hay problema, que un pueblo queda a tres días de aquí y ahí compraremos más cosas. Pero lo más importante es que tú tienes que estar llena. «Ven aquí, súbete encima mío». Le digo: «¿Y si nos chocamos?». Él me dijo: «No, eso no pasa. Vamos, mueve que el bebé no debe esperar». En esas me paso al frente desnuda, me subo encima de él. Intento meter su pene, pero no puedo. En esas, cuando estoy a punto de insertarlo, él da un brinco y la metió. Y solo escuché un: «Ahh, qué apretadita, mi amor. Muévete». Yo hice caso. Yo me movía de arriba abajo mientras él manejaba. En esas, de tanto mete saca, me cansé y él empezó a moverse lento, pero lo hacía. Yo solo gemía: «Ahh, ahh, me vengo, abue, ¡ahhhhhhh!». En eso mi cuerpo temblaba y él me decía: «Ahh, cómo lo aprietas, ¿tanto lo quieres?». Yo, con la mente en blanco, le decía: «Síi, ahh, abue, más fuerte, más». En eso él se vino. Yo me quería quitar y me dijo que me quedara así porque sino se sale. En eso, de tanto placer, me desmayé.
Solo recuerdo cuando me despierto que mi abuelo está encima de mí y me va dando más duro y más… No sé en qué momento estacionó el auto y me puso en la parte de atrás, en donde me lo sigue haciendo. Cuando despierto solo decía: «Ahhh, ahhh, mmmm, síiii». Él me vio, sonrió y me daba más duro. En esas me besa tan apasionado que yo me moría de placer y se venía dentro mío. Yo solo gemía: «¡Ahhhhh!». Después no sé cómo encontró una media, le hizo una forma larga y lo metió dentro mío como tapón. Eso ayudaría.
Después de descansar me moví para comer algo. Le digo que quiero el baño. Él se estaciona y voy, hago mis necesidades, me saqué la media y, como no sabía ponérmela, el semen salía. Eso vio mi abuelo y, de una, me lo metió.
Bueno, pero así siguieron los días de coger en el auto casi todo el tiempo hasta llegar al pueblo. Compramos muchas cosas porque al salir de este pueblo ya solo era cuestión de días para llegar al destino. Y así sigue el viaje de cojidas interminables.
Al pasar las semanas, casi para llegar al pueblo, mi regla me tenía que llegar, pero esta nunca llegó. Mi abue, emocionado, dijo que quizá funcionó y ya un bebé está aquí. Pero para estar seguros compró una prueba en el anterior pueblo. Cabe recalcar que, aunque está bien visto que uno se case con una chica más joven, no quiere decir que sea de la época antigua, sino que ya hay medicina y todo eso. Pero bueno, en esas me voy y me hago la prueba. Espero unos minutos y sale positiva. Voy al lado de mi abuelo y le digo: «Estoy embarazada». Él se pone muy contento, me abraza, me besa y me toca el vientre muy feliz. En eso se vuelve a abrazar, escucho que se baja el pantalón (bueno, en el cierre) y saca su pene. Como yo ya no usaba bragas, me lo mete de una y yo le digo por qué. Me dijo que hay que celebrar. En esas me toma todas sus fuerzas, me lo hace tan rico que, después de un largo rato, se viene dentro de mí. A mí me dejó tan cansada y tan abierta que me veía y se acerca a besar.
Cuando estamos ya a unos metros de llegar al pueblo me despierta y me dice que me vista. Yo le hago caso y apenas llegamos habla con un señor. A mí me presenta como su esposa. Ninguno de ahí ve nada raro porque algunos señores también llegan con jovencitas como yo. En eso mi abuelito compró una granja donde vamos a vivir. Como ya era tarde, pasamos. La casa estaba en buen estado, que el terreno también. Yo fui a la cocina, preparé alguna comida y después fuimos a la parte de arriba, en donde están los cuartos. Yo pensé que iba a dormir sola. En eso me detiene y me dice: «Como yo soy la esposa, debe dormir con mi marido». Por eso dormimos en el mismo dormitorio.
Así pasaron los meses. Él trabajaba en el terreno en las mañanas, venía al almuerzo y me cogía. En las noches hasta el amanecer. Me levantaba a hacerle el desayuno. Antes del desayuno también y hacíamos el amor. Pasaron los meses, yo ya tenía unos 8 meses, ya no me faltaba nada para dar a luz. Todavía seguíamos teniendo relaciones hasta que di a luz a nuestro primer hijo. Después de dar a luz él me cuidó. El niño también ya fue creciendo. Cuando salí de la dieta me seguíamos teniendo relaciones normalmente. Una mujer no queda embarazada enseguida después de dar a luz, pero no en mi caso: y yo quedé embarazada seguidito. Y así pasaron los años y en total tuve nueve hijos.
Cuando cumplí 21 ya dejamos de tener hijos, pero seguíamos teniendo relaciones, pero esta vez cuidando. Él también se hizo una persona mayor, pero muy fuerte en el estilo de intimidad. Todos los días tenemos relaciones. A partir de ahí, cuando cumplí los 25, ya decidió que era hora de tener otro hijo. Así que estamos en eso, teniendo relaciones todos los días. Pues nuestros hijos estudian, él trabaja todavía en el campo, pero ya no como antes. Él se cansa, viene a la casa y me hace el amor todos los días. Así que creo que vamos a tener a nuestro décimo hijo. Todavía soy muy joven y puedo darle muchos más.
De mi familia no supe nada y no me interesa. Aquí ya tengo nueve hijos, su marido que me ama, aparte que es mi abuelo y, sobre todo, que me calienta de mil maneras, pues me hace suya todos los días. Esta es mi historia. Y quién tiene unos años contarles qué pasó. Si es que tengo más hijos o me quedo solo con 10.