Capítulo 2

Oí a mi hermana pedir que me follase a nuestra madre y me quedé paralizado, la veía tumbada en la cama, tan provocadora y al mismo tiempo tan indefensa, que no sabía si hacer caso a Diana y tirarme sobre ella, o salir de la habitación corriendo para evitar cometer una aberración como la que mi hermanita me proponía.

Miré su cuerpo desnudo, sus tetas con los pezones erectos y sus piernas abiertas y volví a sacudirme la verga y la coloqué de nuevo a la entrada de su sexo.

  • Venga, Marco. ¡Fóllatela! – repitió Diana excitada –

Me incliné levemente hacia delante y mi capullo desapareció entre esos labios cálidos y húmedos que se abrían sin dificultad ante la presión que mi polla hacía en su coño.

Envalentonado por su indefensión, separé los pliegues que tapaban el clítoris y lo acaricié con la yema de los dedos, frotándolo lentamente. Para mi sorpresa, era bastante prominente y estaba totalmente lubricado.

De pronto escuché un nuevo gemido de mi madre, éste era más fuerte y su mano se deslizó suavemente por el vientre hasta llegar a su pecho.

Me quedé quieto, casi temblando de miedo, pero vi excitado como lo acariciaba y finalmente lo apretaba entre sus dedos emitiendo otro gemido más largo mientras comenzaba a mover claramente las caderas.

  • Mira que cachonda está. – dijo mi hermana –

Animado al verla, salí de ella, acaricié mi capullo empapado con sus flujos y me lancé de nuevo hacia delante sintiendo como los gajos se abrían envolviendo mi glande mientras penetraba en su vagina muy despacio.

¡Dios! Que sensación más excitante.

Hasta el momento solo una parte mínima de mi verga había penetrado esa rosada y deliciosa cueva, pero ahora iba a metérsela hasta el fondo, estaba decidido a hacerlo. Además, los movimientos de mi madre me incitaban a ello, mi mente pensaba, o al menos eso deseaba, que ella se movía ofreciéndome su sexo para que se la clavase entera y la follase.

A pesar de su estado de embriaguez y semiinconsciencia, cada vez era más patente que acariciaba sus pechos con agitación, disfrutando con el roce de mi verga. Pellizcaba sus pezones y los retorcía al tiempo que respiraba alocadamente y balbuceaba susurros apenas audibles.

Ver a mi madre en ese estado me producía un placer aún mayor que el mejor de los orgasmos, quería alargar esa situación lo máximo posible y saqué mi polla de nuevo.

Un “Nooo” rotundo salió de sus labios y vi como ella lanzaba sutilmente las caderas hacia delante buscándola de nuevo, intentando que mi polla penetrara otra vez en su sexo.

  • Ves, está pidiendo que la folles. – chilló mi hermana descontrolada – ¡Joder! ¡Métesela de una puta vez en el coño!

Me quedé dudando, lo que hacía no era correcto, pero al oír a Dianita, empujé mis caderas de golpe y enterré la verga en el sexo de mi progenitora hasta el fondo.

  • Aaaaahhhh. – soltó mi madre al sentir dentro mi miembro –

Este gemido hizo que me asustase, pero al tenerla debajo, abierta de piernas y moviéndose buscando mi verga, no lo dudé y comencé a penetrarla metiéndosela con todas mis fuerzas, golpeando su vulva con la pelvis y enterrando mi polla en esa cueva que notaba calentita y ajustada.

Yo la embestía sin parar y ella gemía apretándose las tetas, a pesar de estar borracha, las estrujaba y disfrutaba como loca.

  • Vaya polvazo la estás echando. ¡Cabrón! – exclamó mi hermana al verla –

Miré de nuevo a Diana y vi que tenía el móvil en la mano y estaba grabando toda la escena. Me puse tenso, lo que hacía era peligroso porque si alguien lo veía tendríamos problemas.

  • No me jodas, esto no lo grabes. ¡Coño! – chillé apartando el móvil con la mano –
  • Tú cállate y dale lo que pide. – contestó Diana – Cógetela con ganas que esta perra está disfrutando.
  • No, si lo grabas no. – respondí enfadado –
  • No seas tonto, coño. – replicó ésta – Aprovéchate y métesela hasta el fondo, fóllate a mamá hasta que te corras dentro.

Salté de la cama para quitarle el móvil pero ella se fue corriendo a su habitación y cuando intenté entrar había echado el pestillo cerrando la puerta. Llamé varias veces pero se negó a abrirme, la muy cabrona me había grabado con la polla metida en el coño de mi madre y no estaba dispuesta a borrarlo, si ese vídeo lo veía alguien podía ser terrible.

Miré el reloj y vi que mi padre debía estar a punto de regresar, así que volví, tapé a mi madre con la sabana y me fui a mi cuarto caliente y enfadado. Acababa de perder una oportunidad de oro por culpa de la zorra de mi hermana, ésta me la iba a pagar.

Pasado un rato, estaba dormido cuando sentí que me tocaban en el brazo, me desperté asustado y vi que mi hermana me hacia un gesto para que la siguiera.

  • Joder. ¿Qué coño quieres ahora? No ves que ya estaba dormido.
  • Shhh. Calla y sígueme, no seas tonto.

Me levanté y la seguí sigilosamente hasta su habitación, cerró la puerta y me dijo que pegase el oído a la pared que estaba junto al cuarto de mis padres. Lo hice y escuché algo que parecían susurros.

  • ¿Qué pasa?
  • Calla y escucha.

Pegué de nuevo el oído y entonces entendí el motivo por el que me había llamado, al otro lado estaban mis padres follando. Se podían escuchar los jadeos de mi madre con claridad, no paraba de gemir y repetía una y otra vez lo mucho que le gustaba.

Pensé que un rato antes había estado entre sus piernas y recordé como movía sus caderas con mi miembro rozando su vulva, aún podía sentir el calor de sus labios vaginales envolviendo mi glande y sus flujos humedeciendo mi mano y mi verga. Había sido un tonto al no follármela en ese momento.

Al oír los gemidos tuve envidia de mi padre. ¡Como me hubiese gustado estar en su lugar! Le imaginaba metido entre sus piernas sujetándolas con fuerza y penetrando su cálido coño.

Seguro que ahora él estaba acariciando sus maravillosas tetas, o quizá no, al igual que cuando estuve acariciando su sexo con mi miembro, es posible que fuese ella misma quien acariciase sus pechos apretando los pezones con sus dedos.

Imaginaba tantas cosas, y sin embargo no era yo quien estaba en ese cuarto follándosela, tenía que conformarme con escuchar como gozaba al ser follada por mi padre.

Mi hermana me miraba expectante, me observaba aguardando mi reacción con mirada maliciosa.

  • ¿Qué te parece? ¿Oyes como follan? – susurró pícaramente – Pues aún no ha empezado lo bueno.

No sabía a qué se refería, pero pasados unos segundos, los susurros pasaron a ser arrebatos pidiendo guerra.

Ella le provocaba y en respuesta mi padre no dejaba de decirle palabras muy fuertes.

  • ¡Métemela cabrón! Fóllame duro. – oí que decía mi madre –
  • Eres muy puta y lo sabes. – replicó mi padre –
  • Sí, mi amor, me encanta ser muy puta, me gusta que me folles. – soltó de golpe mi madre –

Miré a mi hermana sorprendido, aunque ella ya me lo había contado no creía que fuera cierto, no podía imaginar a mis padres en esa actitud, delante de nosotros siempre se habían comportado como una pareja clásica y respetuosa.

  • ¿Qué? ¿Cómo te quedas? – preguntó Dianita prepotente – ¿Me crees ahora?

No supe qué responder, pegué de nuevo el oído a la pared y seguí escuchando cómo follaban. Mi madre no dejaba de provocarle y él respondía con auténticas barbaridades. Vi sonreír a Diana y supe que iba a decir alguna burrada.

  • Ya ves, ahí tienes a tu santurrona, no has querido follártela antes y mira como lo hace ahora. No sabes que engañados os tiene a papá y a ti.

Me extrañó la respuesta. ¿Por qué a mi padre y a mí? Iba a preguntar el motivo cuando vi como Dianita metía la mano bajo mi pijama y sacaba mi verga.

  • Vamos hermanito. – dijo de repente – No perdamos tiempo.

Se hincó de rodillas ante mí y se metió mi polla en la boca. Nunca dejaba de sorprenderme la habilidad que tenía para mamarla, utilizaba la lengua y los labios con tal pericia, que solo con rozar mi glande todo mi vello se erizaba sabiendo el placer que iba a recibir en unos instantes.

Cogí su pelo entre mis dedos y guíe su cabeza obligándola a tragársela entera, me encantaba sujetarla mientras se la metía al completo en la boca, a pesar de ahogarse y sentir arcadas, nunca protestaba, al contrario, aguantaba la respiración para poder devorar cada milímetro de miembro que yo la daba.

Miró hacia arriba para ver mi cara y sonriendo me dijo que pegase el oído a la pared de nuevo. Vi su boca babeante, la saliva uniendo mi capullo con sus labios y sus ojos rojos de chupar y casi ahogarse.

Pegué la oreja a la pared y pude oír a mi madre suplicando.

  • Métemela por el culo, cabrón.
  • ¿La puta quiere que se lo rompa? – respondió mi padre –
  • Si. ¡Joder! – imploró ella – Métemela de una puta vez.

Escuché una sonora nalgada y a continuación un fuerte suspiro de mi madre.

  • Asíiii… Ummmm…… ¡Me encanta que me encules!

Diana se incorporó, me cogió de la mano y me llevó a la cama corriendo.

  • Ya has oído suficiente. – dijo mirándome lascivamente – ¿Te has puesto cachondo oyéndola follar? Pues yo sí, ahora dale a tu hermanita el premio que se merece.

Se quitó el camisón, se puso en cuatro y empezó a ronronear moviendo el culo sensualmente.

  • Vamos, hermanito. – rogó jadeante – Fóllame por el culo, métemela como se la están metiendo a tu madre.

Tenía ante mí un culazo impresionante, uno por el que cualquier hombre hubiese suspirado, sus nalgas redondas y prietas eran un manjar exquisito que estaba a mi alcance.

Me puse detrás, me agarré a sus caderas y coloqué la verga a la entrada de su coño, pasándolo por la vulva de arriba abajo repetidas veces.

  • No, por el coño no. – chilló ella – Fóllame por el culo. ¿No quieres el culito de mamá?

Acaricié su sexo y comprobé lo lubricado que estaba, sin duda llevaba un rato escuchando a mis padres y eso le había puesto como una moto. Pasé la verga por su vulva para lubricarla y vi como mi hermana separaba sus cachetes con las manos ofreciéndome su oscuro y estrecho agujero.

  • Métemela ¡Joder! No esperes más. – pidió de forma suplicante –

Rápidamente apoyé el glande en el esfínter y presioné hasta ver como éste se abría y mi capullo desaparecía dentro.

¡Flop! Escuché de repente.

Joder, era una auténtica gozada. Su ano se abría palpitante y mi miembro se deslizaba sin dificultad penetrando en esa prieta y cálida cueva.

  • Ummm. ¡Que ricoooo! – gimió Dianita meciendo sus caderas –

Tenía los brazos y la cara apoyados en la cama y levantaba el culo lanzándolo hacia mí como una desesperada, deseando que empujara con mi polla y se la metiera toda entera.

  • Folla el culo de mamá. – dijo para provocarme –

La muy cabrona sabía cuál era mi debilidad y se aprovechaba de ello.

La sujeté con fuerza y embestí chocando contra sus nalgas enterrando toda mi polla en su recto.

  • Aauufffff. – protestó al sentirse ensartada por mi duro miembro – Me la has metido entera cabrón.

Hice amago de sacarla pero se giró de inmediato.

  • No pares, joder. – ordenó provocándome de nuevo – Sigue follándote a mami, me gusta que me revientes el culo.

Con la mente en la habitación de al lado, comencé a lanzarme una y otra vez contra su magnífico culazo golpeándolo sin parar, rebotando mis huevos contra su vulva.

Cerré los ojos imaginando que era el de mi madre y disfruté clavándosela toda entera. Sabía que ella estaba al otro lado de la pared y quería pensar que era yo quien le daba ese placer empotrando mi dura polla en su glorioso culazo.

Solté una cachetada en la nalga de mi hermana y ésta giró la cara sonriendo.

  • Ahora no te importa que nos pillen. ¿Verdad?

Yo no respondí y ella apoyó la cara en la cama y lanzó su culo hacia atrás buscando mi verga.

  • ¡Fóllate a mamá! – chilló de nuevo – Dame duro, cabrón, rómpeme el culo si quieres.

Mi hermanita me estaba provocando y yo cada vez estaba más cerdo, me incliné apoyándome en su espalda y agarré uno de sus pechos con la mano.

  • Te voy a reventar. – respondí excitado – Te la voy a meter hasta los huevos.

Apreté el pezón y Dianita soltó un gemido tremendo.

  • AAAHHH. Síiii. – respondió sin protestar – Fóllate a mamá, méteme la polla hasta dentro.
  • Shhhh. – chisté asustado – Cállate o nos van a oír.

Pero de poco sirvió la advertencia, porque al apretar de nuevo el pezón, gimió mucho más alto, sin importarla que pudieran oírnos.

  • Vamos, cabrón, rómpeme el culo. – chilló al sentir toda mi polla dentro –

Mi hermanita lanzaba las caderas buscando mi verga y yo la penetraba como un salvaje imaginando que era el culo de mi madre.

La mente es realmente increíble, había enculado a mi hermana multitud de veces, había follado su culo en casa y en el coche, pero la sola idea de que estaba en la habitación de al lado en lugar de mi padre, multiplicaba mi placer haciéndome disfrutar de una forma inimaginable.

Diana gemía pidiendo más y yo obediente apretaba sus tetas y castigaba su culo golpeándolo repetidamente, embistiendo con mi polla y metiéndola en su recto hasta impactar con mis huevos en su vulva cálida y chorreante.

  • ¡Vamos puta! – exclamé sin cortarme – Mueve el culo hasta que te lo llene de leche.

Mi hermana me miró extrañada, nunca antes le había dicho algo así, pero en lugar de enfadarse, se mordió los labios y se puso como una moto.

  • Si mi niño, soy tu puta. – respondió sofocada – Folla el culo de mami.

A partir de ahí, tanto Diana como yo nos lanzamos a una carrera salvaje en la que ambos buscábamos dar y recibir el mayor placer posible, mis caderas se lanzaban hacia delante al tiempo que su culo retrocedía, y con cada choque, mi verga se enterraba en su ano haciendo que ella se retorciese mezcla de dolor y placer simultáneamente.

  • ¡Dios! Dame duro hijo mío, me encanta. – jadeó metida en el papel de mi madre –

Yo no sabía si mis padres podrían oírnos, pero ni el miedo a que eso ocurriera iba a robarme ese momento de supremo placer, en mi cabeza perduraba la idea de que estaba enculando a mi madre y no iba a parar hasta correrme en su prieto y deseable culo.

  • Uffff. Voy a correrme, voy a corrermeeee. – gimió mi hermana –

Pellizqué nuevamente sus pezones, como sabía que le gustaba, y acaricié su clítoris sin dejar de penetrar su culazo.

Entre espasmos y gemidos me pidió que no la sacase, que siguiese enculándola hasta que me corriese.

  • Córrete en mi culo hijo mío, mamá quiere tu leche.

Mi hermanita se derrumbó en la cama quedándose prácticamente inerte, pero yo seguí castigando su ojete apretadito y estrecho hasta que eyaculé soltando toda mi leche dentro.

Suspirando me pidió que la abrazase y así permanecimos hasta que se quedó dormida, después me levanté y salí de su habitación sigilosamente por miedo a que mis padres estuviesen despiertos y pudieran pillarnos.

Por la mañana me levanté deseando que mi madre no recordase nada del día anterior, si por casualidad venia a su mente alguna imagen mía tocando su coño o follándola en su cama abierta de piernas, podía ser mi último día en casa.

Por suerte, al entrar en la cocina para desayunar, me dio un beso y al salir de casa un fuerte abrazo apretando sus tetas contra mi pecho, era algo que había hecho en otras ocasiones pero que yo nunca había valorado como lo hacía ahora.

Mientras iba a la oficina no dejaba de dar vueltas a todo lo sucedido, mi madre había bebido mucho pero también había disfrutado, se había acariciado las tetas y había buscado mi polla como una desesperada.

¿De verdad estaba borracha? ¿Seguro que no era consciente de lo que yo hacía con ella?

Mil preguntas surgían en mi mente pero ninguna tenía respuesta.

¿Qué debía hacer a partir de ahora?

Si por mi hermanita fuese, estaba claro, tenía que follarme a mi madre a la menor oportunidad que tuviese.

Obsesión por mi madre

¡Venga! Fóllate a mamá Los inconfesables secretos de mamá