Capítulo 1
Llegué a casa del trabajo y me enteré que esa noche teníamos visita en casa, había venido a Madrid una pareja de amigos de mis padres y les habían invitado a cenar, así que mi hermana Diana estaba montando la mesa y sonrió nada más verme.
De pronto se acercó a mí y me dijo al oído.
- Como tenemos visita, mamá se va a vestir de punta en blanco, vienen Paula y Andrés, ya sabes, el que mamá dice que está muy bueno. – añadiendo a continuación – ¡Ah! Y yo la he ayudado a elegir la ropa.
Al ver que no le prestaba mucha atención me susurró al oído.
- Y mientras se la probaba he hecho algunas fotos. Como eres un degenerado seguro que te gustaría verlas ¿Quieres que te las pase?
- ¡Que tonta eres! – respondí intentando no hacerla caso –
Diana sonrió y al instante recibí dos mensajes en el WhatsApp, los abrí y me llevé una sorpresa enorme, el primero era una foto de mi madre con un tanga blanco y las tetas al aire.
¡Joder! Eran mejores de lo que yo pensaba.
La segunda era un primer plano del trasero de mi madre con ella inclinada hacia delante y el tanga metidito entre los cachetes. Sin poder evitarlo tuve una erección bestial.
- Veo que te han gustado las fotos. ¡Guarrete!
- Vete a la mierda, pervertida. – respondí evitando mirarla –
Cuando acabó de cocinar, mi madre fue a su cuarto para cambiarse de ropa, y cuando volvió al salón llevaba un vestido blanco tan corto que a duras penas tapaba su culo, y las dos tiras que lo sujetaban en los hombros, dejaban un escote tan amplio que sus enormes tetas se exhibían en exceso para lo que en ella era habitual.
- ¿Está buena verdad? – susurró mi hermana en mi oreja – A que te la follarías ahora mismo.
Al verla me di cuenta que nunca antes me había fijado en ese vestido, hasta ahora mi madre había pasado totalmente desapercibida, pero la bruja de mi hermana había despertado en mi un deseo impuro por ella.
Llegó mi padre con los amigos y la cena fue muy agradable, abrieron dos botellas de vino, tomaron unos cubatas y contaron las típicas batallitas de siempre.
Mi hermana de vez en cuando me miraba y señalaba de reojo a mi madre, estaba bebiendo más de lo normal y ya se trababa al hablar. Cuando nos levantamos para sentarnos en los sofás, Diana me cogió del brazo e hizo que me colocase frente a mi madre.
- Siéntate ahí, ya verás que bien te lo pasas.
No se si por descuido o por efecto del alcohol, la mujer que me dio la vida se sentó con las piernas abiertas. Diana inmediatamente me hizo un gesto para que mirase. Al hacerlo, pude ver un primer plano del tanguita blanco que había visto en la fotografía.
Intenté girar la vista para evitarlo pero me resultaba imposible, mis ojos volvían inexorablemente a ese triangulo blanco que cada vez se estrechaba más mostrando ligeramente los gajos de la vulva de mi madre.
Entonces me percaté que no solo yo estaba atento a sus descuidos, Andrés, el amigo de mis padres, no quitaba la vista de ella, a cada momento miraba en dirección a su entrepierna y en su pantalón se percibía una erección bastante considerable.
Diana me pidió que fuese con ella a por hielo, me levanté y fuimos a la cocina. Una vez solos, mi hermana se rio de mi con todo descaro.
- Creo que tienes competencia, el colega de papá no para de mirar el coñito de tu mami. Jajaja.
- Pero que tonta eres, joder. – respondí aun sabiendo que no mentía –
Volví al salón cabreado, pero lo que había dicho era cierto, Andrés miraba con descaro el hueco de la falda de mi madre y ella se había dado cuenta, a pesar de lo cual, no se había tapado lo más mínimo, al contrario, parecía halagada por esas miradas fugaces, seguramente porque no sabía lo expuesta que estaba.
Mientras me acercaba a mi asiento, vi con asombro como mi madre, con ligeros movimientos, conseguía que el tanga despareciese entre sus gajos, acto seguido abría las piernas ofreciéndole una visión casi completa de sus labios vaginales.
Diana me miró con ojos de asombro, seguro que ella tampoco esperaba algo así de nuestra madre.
Yo no sabía qué hacer, siempre se había mostrado muy recatada y nunca me había permitido entrar en su cuarto mientras se cambiaba, verla actuar de esa manera me estaba dejando totalmente desconcertado.
Ahora la tenía frente a mí, marcando unos grandes pezones en el vestido y mostrando su sexo con naturalidad, se notaba que estaba bastante bebida, pero no tenia duda que también estaba muy excitada.
Los cuatro hablaban animadamente, reían y por su supuesto bebían sin parar, lo que hacía que ella bajase la guardia y mostrase cada vez más el triangulito de su braga.
Pensé en levantarme y quitarle la copa, el exceso de alcohol estaba haciendo que se comportase de una forma impropia de una mujer casada, pero cuando se reclinó en el sofá empujando las caderas hacia delante, olvidé la idea al ver como mostraba en primer plano su vulva rosada rodeada por un finísimo y recortado vello púbico.
Cogí mi móvil, comprobé que nadie me observaba, y disimuladamente tomé varias fotos de su sexo.
¡Dios! Como me hubiese gustado acariciarlo en ese instante, lo tenía tan cerca, que con tan solo alargar la mano podría haberla metido entre sus piernas para acariciar ese sexo húmedo y carnoso que tan generosamente mostraba.
Mi madre estaba sentada en el sofá y ya no hablaba, tenía los ojos cerrados y se veía claramente que se encontraba semiinconsciente.
De pronto dijo que iba al baño y al levantarse dio un pequeño traspiés, todos se rieron, pero Diana se levantó rápidamente para sujetarla.
Me pidió que la ayudase pero no hice caso, no sabía para qué me necesitaba, pero entonces me guiñó un ojo y salté del asiento con rapidez.
- Ayúdame hermanito, que mamá está un poco indispuesta, a ver si se va a caer por el camino.
Todos rieron la broma de Diana y ella devolvió la sonrisa.
Mientras los tres seguían con la conversación, nosotros la cogimos uno de cada brazo y la llevamos en dirección al baño, la pobre apenas se mantenía en pie y casi teníamos que arrastrarla.
Al llegar al pasillo, y fuera del alcance de la vista de todos, mi hermana cogió mi mano y la puso sobre el culo de mi madre. Me puse nervioso y a punto estuve de retirarla, pero Diana la sujetó y me hizo apretarla el culo con todas mis ganas.
Animado al no recibir ninguna protesta por su parte, en el corto trayecto al baño lo acaricié sin pudor, mis manos recorrieron su contorno sobándolo y apretando las nalgas sin importarme si se enteraba o no.
Al llegar al baño me quedé parado en la puerta para esperar, pero Diana me hizo un gesto para que entrase y levantó el vestido de mi madre hasta subírselo a la altura de las caderas.
- Vamos hermanito, tócale el culo, no ves que no se entera.
Ahora su magnífico culazo estaba completamente a la vista, alargué la mano y lo apreté con todas mis ganas. Yo manoseaba a mi madre y mi hermanita miraba excitada.
- Ven, ayúdame a sentarla. – rogó Diana acercando el culo al retrete –
Diana bajó el tanga hasta los tobillos y la sentamos en la taza.
- Vamos, saca el móvil y grábala mientras mea. – me ordenó con sonrisa maliciosa –
Me pareció una propuesta indecente, y más aún tratándose de mi madre, pero cogí el móvil rápidamente y obedecí a mi hermana como pedía.
Ésta, me miraba con una sonrisa pícara como si estuviese haciendo una trastada.
- Ahora coge papel y límpiala. ¿No ves que está mojadita la pobre?
Aquello me parecía excesivo, pero una vez más obedecí y cogí el papel para pasarlo a lo largo de la vulva sonrosada de mi madre.
- ¿Ya está? ¿Te vas a conformar solo con eso? – preguntó Dianita mirándome extrañada – Uyyy ¡Que tonto eres!
Mi hermana era como el diablillo que todos tenemos en nuestras cabezas y que en ocasiones nos obliga a hacer cosas aún sabiendo que están mal.
El fino papel no me había impedido rozar los pliegues de su sexo, pero como decía Diana, no iba a conforme solo con eso, tiré el papel a la basura y acaricié los labios con mis dedos.
Al hacerlo, sentí que se me erizaba todo el vello del cuerpo y a punto estuve de retirar la mano, pero aún a sabiendas de que lo que hacía estaba mal, me lancé y de forma descarada separé los gajos con los dedos e introduje uno penetrando la vagina de mi madre.
¡Dios! Que calentita y húmeda estaba.
La miré allí sentada y a punto estuve de dar marcha atrás, pero al verla tan indefensa y con los ojos cerrados, me animé a continuar, y con decisión deslicé los dedos por su rajita y volví a penetrarla de nuevo.
Al llegar al clítoris lo acaricié suavemente y emitió un profundo suspiro, por lo que retiré la mano rápidamente, pero mi hermana, que grababa la escena excitada, me incitó a continuar.
- No pares ahora. ¡Joder! Sigue tocándola.
Volví a meter la mano entre sus piernas y acaricié nuevamente el clítoris, pude notar como su sexo se humedecía y los flujos brotaban llenándolo de perlas brillantes.
Instintivamente mi madre echó la espalda hacia atrás y empujó las caderas hacia delante.
- Ves. – chilló Dianita fuera de sí – Le gusta. Sigue tocándola, no pares.
Mi hermanita, sin dejar de grabar, cogió una de las tiras del vestido y la soltó, después repitió la operación con la otra y tiró del vestido hacia abajo. En ese instante aparecieron ante mí las dos soberbias tetas coronadas por dos maravillosos pezones.
- Te gustan ¿Eh? Tócaselas. – me ordenó Diana mirándome excitada –
Sin dejar de penetrarla con los dedos, alargué la otra mano y envolví con ella uno de sus pechos. ¡Eran impresionantes! Si las de mi hermana eran grandes estas eran majestuosas, con mi mano no era capaz de abarcar todo su contorno, a pesar de haber tenido dos hijos seguían estando tersas y erguidas y daba gusto tocarlas.
Amasé su pecho y lo apreté con saña, mis dedos jugaron con esa tetaza sin reparar que era de mi madre, eso ya no me importaba, era un gustazo tocar aquella maravilla tan dura a la par que tan suave.
De forma decidida pellizqué el pezón y al hacerlo pude oír como la respiración de mi madre se agitaba.
- Ummmmm. – suspiró de manera muy fuerte –
Miré a Diana asustado, pero ésta movió la cabeza como si no importara y soltó una carajada.
- Vamos cabrón. – exclamó mordiéndose los labios – Te gustan las tetazas de mamá ¿Verdad? ¡Muérdeselas!
Con su mano empujó mi cabeza hasta ponerla junto al pecho que estaba acariciando.
- ¡Vamos joder! No seas tonto. – insistió sujetando mi boca junto a la teta de mi madre –
Abrí los labios y rodeé con ellos el pezón que se mostraba erecto ante mí. Lo chupé, succioné y finalmente mordí, fue como una vuelta a mi infancia. Me colgué de aquel pezón y no dejé de chuparlo mientras penetraba el sexo de mi madre con los dedos de forma reiterada.
Perdido en la excitación del momento, no me había dado cuenta que el pecho de mi progenitora subía y bajaba de forma acelerada y que sus labios emitían gemidos cada vez más notables.
- Aaaahhhh…Ummmmm. – se oía constantemente –
- Venga, date prisa. – pidió Dianita animándome – Haz que se corra.
Miré de reojo a mi hermana, la muy cabrona no dejaba de grabar. Se arrodilló junto a mí y separó aún más las piernas de mi madre.
- Sigue, quiero grabar bien como le metes el dedo a tu mami. No pares.
Con el móvil tomando primeros planos, continué acariciando ese coñito que ya empapado inundaba mi mano con sus flujos. Era una sensación indescriptible, mis dedos se movían con rapidez llegando a cada rincón de su sexo, y ella, aún en su estado de semiinconsciencia, movía las caderas rítmicamente al compas de mis penetraciones.
Cuando vi que sus movimientos se aceleraban, acaricié con intensidad el clítoris hasta notar que mi madre se tensaba en el asiento, entonces introduje los dedos en su vagina y la penetré lo más profundo que pude.
La reacción fue instantánea, mi madre apretó las piernas reteniendo los dedos que llenaban su coño y soltó un gemido que nos asustó tanto a Diana como a mí.
- Aaaaahhhhhhhhh. – soltó un gemido muy fuerte –
A pesar de ello, seguí penetrándola con insistencia hasta que suavizó su respiración y vi que se tranquilizaba.
- ¡Qué cabrón! Vaya paja le has hecho. – dijo Dianita riendo – ¡Vamos! Hay que vestirla rápido.
La levanté del retrete y mi hermana le quitó el tanga y colocó su vestido tapando las tetas.
- Ya está. – exclamó con decisión – Ahora vamos a llevarla al salón.
- Tendrás que ponerle primero el tanga ¿No? – pregunté sorprendido –
Pero Dianita me miró con sonrisa pícara.
- No. – respondió mi hermana – Lleva toda la noche coqueteando con Andrés enseñándole el tanguita.
- No seas cabrona. – contesté yo para justificar la actitud de mi madre – Ha sido porque estaba bebida, ponla el tanga de una vez.
- He dicho que no. – respondió con rotundidad – Ha estado jugando con Andrés calentándole como un tonto, así que ahora va a darle un buen espectáculo y va a enseñárselo todo.
Oyendo a mi hermana supe que no había más que discutir, no sé que le había hecho mi madre, pero hoy lo estaba pagando con creces.
La cogimos entre los dos, la llevamos de nuevo al salón y al entrar nos aplaudieron los tres como si fuésemos actores.
- Joder lo que ha tardado en mear la señora. – dijo mi padre –
La sentamos donde estaba antes y lo primero que hizo Andrés fue mirar el hueco de la falda.
Al ver que no llevaba ropa interior casi se le cambió la cara, miraba a un lado y a otro intentando disimular, pero sus ojos volvían a ese sexo que se mostraba desnudito para él.
Mi hermana le miraba y no dejaba de sonreír, el paquete que aparecía en su pantalón era signo evidente de que el espectáculo le gustaba.
Mi madre, que seguía totalmente ida, se quedó inerte en el sofá sin decir ninguna palabra, así que mi padre, al ver el estado en que se encontraba, dio por terminada la velada y nos pidió que la llevásemos a la habitación mientras él llevaba a sus amigos al hotel.
Entre mi hermana y yo la cogimos por la cintura y nos dirigimos a la habitación, por el caminó aproveché de nuevo para tocar cuanto pude el culazo de mi madre, gracias a las horas que echaba en el gimnasio se notaba duro y era una gozada poder tocarlo con libertad sin que ella se enterara.
Dianita la quitó el vestido y la puso el tanga de antes, a continuación la tumbó en la cama e hizo varias fotos en posturas terriblemente obscenas que a mí me parecían degradantes.
Viendo la cara de pánfilo que yo debía tener, echó la mano a mi verga por encima del pantalón y dijo sonriendo.
- A que no tienes cojones.
La postura en que la había colocado ahora era más que sugerente, estaba con las piernas abiertas y con una mano apartando el tanga para que se vieran sus labios vaginales.
- Ves, está cachonda y te está pidiendo que la folles.
Lo pensé un momento y me di cuenta que esa noche todos habíamos bebido mucho, especialmente mi madre, pero mi hermana y yo también, así que me justifiqué culpando al alcohol y me subí a la cama metiéndome entre las piernas de mi madre.
Dianita sacó mi verga del pantalón, la sacudió varias veces descapullando el glande, y apartando el tanga y la mano de mi madre, la colocó en contacto con su vulva rozando los labios vaginales.
Al sentir el calor y la humedad de su sexo se me erizó todo el vello, el roce del glande con aquellos suaves labios me producía una sensación excitante.
Deslicé el capullo suavemente a lo largo de su rajita y vi como éste profundizaba poco a poco entre sus pliegues, hundiéndose ligeramente.
Mi madre se estremeció y emitió un leve suspiro.
- Ummmmm.
Miré a Diana y vi que me observaba con ojos como platos, estaba deseando que lo hiciese.
- ¡Venga! ¡Fóllate a mamá! – ordenó de repente –