Capítulo 3
- La doctora Maria Fernanda
- La doctora Maria Fernanda II
- La doctora Maria Fernanda III
- La doctora Maria Fernanda IV
Ya el lunes en el hospital después de un fin de semana desilusionante, Fernanda estaba acomodando sus cosas en el consultorio. Soltó un suspiro cansado, de esos típicos del lunes.
-¡Mary! grito Fernanda desde adentro a su asistente.
-Si doctora, dijo ella entrando
-Te he dicho muchas veces, que no dejes tus chinganearas en mi gaveta.
-Perdón doctora, es que no tenía donde dejarlas.
-Me vale madre, te buscas un lugar, pero no en mi gaveta vale.
-Lo lamento dijo la asistente agachando la cabeza avergonzada y tomado sus cosas para salir del consultorio. Pinche vieja mamona pensó, la asistente, de seguro esta malcogida.
Fernanda se arrepintió al instante de como le hablo a su asistente, pero era muy orgullosa para pedir disculpas, así solo intento relajarse y pensó en algo para compensarla después de alguna manera.
Por la tarde Diego llego a su consulta semanal y la asistente la anuncio.
-Que pase, dijo Mari algo nerviosa, se acomodo la ropa rápidamente.
-Ese día Marifer traía su pantalón medico color blanco el que usaba siempre, Mari Fer siempre olía bien a pesar de su sudor pero el comentario pendejo que Raúl le había hecho el otro día la incomodado al punto que se llevaba ropa interior de repuesto por si las dudas. Así que después de unas horas sentada, se cambiaba la ropa interior, se quitó unas pantis rosas para ponerse unas azul celeste que asentaban muy bien su lindo culo y guardo sus pantis rosas en la gaveta. Ya no le importaba reconocerlo, no quería oler mal para Diego, aún sin entender muy bien el por qué, y sin saber que este último adoraría cualquier olor que desprendiera de ella: ya sea malo o bueno, al entrar, Diego la saludo algo indiferente pero se pusieron a conversar con mas naturalidad que antes.
-Por cierto, te puedo tutear, pregunto Mari Fer con algo de vergüenza.
-Si claro, dijo Diego con algo de vergüenza también, pero sonando algo distante.
Ella sonrió, se acercó y empezó a revisarlo mientras Diego la olía con intensidad disimuladamente, el olor de la mujer le encantaba, era dulce y fresco, se combinaba con su sudor a la perfección y eso lo atraía más.
-¿Te gusta tanto mi olor?, ¿O por qué tanta intensidad? pregunto ella algo juguetona, como en tono de broma pero con cierta curiosidad.
Lejos de intimidarse Diego decidió dar un paso hacia adelante, si me manda a la chingada pues ya ni modo, pensó.
-Si. Mucho respondió él. Tratando de sonar indiferente.
María Fernanda se sonrojo, pero quiso seguir con el juego.
-Con todo el sudor del día, a veces tengo que usar mucho perfume. Dijo sonrojada.
-Tu sudor debe de oler más rico, que el perfume, dijo él mirándola con intensidad, su mirada apunto a sus labios bajando hasta su cuello con un interés despierto.
-Ay no, como crees, contesto ella acomodándose rápidamente el cabello claro que le llegaba a la espalda.
-Es verdad, continúo más atrevido, —si fueras mi mujer, me encantaría oler tu sudor todo el día. Sin importar qué hora sea, continuo con un disimulado tono de broma.
-Dices locuras Diego, no te creo, dijo ella riendo coqueta y negó con la cabeza.
-¿Quieres que te lo pruebe? No son locuras, ya te lo dije antes, yo no soy un mentiroso.
-¿A poco me quieres probar? Dijo sonriente y se levantó de su asiento para caminar a su escritorio de forma coqueta. Diego solo asintió y ella le dio la espalda retirando el cabello de su cuello, como una leve invitación para que el se acercara. No sabía si lo haría, pero solo se estaba dejando llevar.
Diego lo entendió, creyendo que no tendría una mejor oportunidad en su vida así que se levantó con disimuló y se acercó con paso lentos pero seguros, como un cazador que quiere observar de cerca a su presa.
Una vez que quedó a espaldas de ella acercó su nariz y la olió con delicadeza, pero sus ansias eran muchas y María Fernanda una mujer hermosa que hacía difícil que cualquier hombre pudiese contenerse. Se acercó más y la abrazo por la espalda,
mientras puso sus manos en su vientre continuo oliendo su aroma, está vez pegando su nariz al cuello de la hermosa doctora.
-Estuve sentada mucho tiempo, ¿no huelo mal? Pregunto mientras sentía la nariz de Diego clavada en su cuello y en su cabello, ella comenzaba a mojarse aún aún mas.
-mm hules delicioso, incluso tu sudor, todo de ti esta riquísimo, dijo Diego totalmente absorto en la hermosa figura de la doctora, con delicadeza y ternura comenzó a sobar el vientre plano de Fernanda. Por su parte ella disfrutaba de la sensación que le hacía sentir Diego con su cercanía. Que manos, pensaba ella mientras coloco las suyas sobre las de Diego y comenzó a acariciarlas, que manos tan grandes y fuertes se decía en su mente mientras las acariciaba con intensidad.
-¿De verdad? ¿No huelo mal? Pregunto ella sin resistir la calentura
-¿Oler mal? No digas pendejadas, si hueles tan delicioso, y aunque olieras mal, te seguiría oliendo con la misma intensidad. Cómo huelas es delicioso hermosa, dijo Diego aspirando aun mas y ella le acaricio el cabello con pasión.
El pendejo ese me hace ese tipo de bromas mientras Diego me hace sentir más hermosa, pensó Fernanda mientras le acariciaba tiernamente el cabello.
Para Diego era una tortura quería desvestir ahí mismo a la doctora y hacerle el amor como nunca con nadie lo había hecho, sin soportarlo más, Diego le apretó una nalga y comenzó a sobarla, María Fernanda de un sobresalto soltó un gemido sensual e intenso, ella se dejó e incluso levanto más sus nalgas para que Diego la tomara con más facilidad.
-Fernanda, no mames, estas hermosa, tienes un culo tan redondo y hermoso, Oh dios, le decía mientras se las sobaba y se las apretaba.
-¿Te gusta? Ya he visto como te lo comes con la mirada.
Mari Fer dejándose llevar por la calentura busco con su mano encontrar la verga erecta de Diego por encima del pantalón, apunto de encontrarla se escuchó un golpeteo de la puerta.
—Doctora, llamo del otro lado su asistente Mary sin abrir la puerta.
—Solo quería recordarle que tiene una cita con el director del hospital en unos minutos. Dijo la asistente desde afuera.
Ambos se separaron de golpe y se acomodaron la ropa de inmediato, la magia del momento se rompió pero al mirarse a los ojos esta regreso de inmediato y ambos se sonrieron.
—Si, ya estoy terminando Mary, salgo en unos minutos, dijo mientras le dedico una sonrisa traviesa a Diego.
Este la sonrío de la misma forma y se acerco a ella para tomarla de nuevo entre sus brazos y besarla, cuando estaba por tocar sus labios Mari Fer lo detuvo.
—Espera, aquí no, no quiero que Mary nos vaya a ver, dijo avergonzada, —Es bien chismosa.
Diego rio al escucharla y tan solo le dio un ligero beso en los labios, apenas un contacto rápido pero que con ello Mari Fer consiguió humedecerse aún más, que ricos beso pensó.
Diego por su parte, no creía su suerte, el era un hombre estable, bien acomodado e interesante pero nunca se había considerado guapo, su rostro era muy promedio y su sobrepeso no ayudaba mucho a hacerlo más atractivo para las mujeres. Aún así, siempre parecía seguro y muy confiada.
—Bueno te veo después entonces. Dijo Diego y tomo su abrigo para salir del consultorio.
—Espera, dijo ella extendiendo la mano para evitar que se fuera. Se avergonzó de inmediato de su gesto tan infantil, desvío la mirada sonrojada.
—¿Qué pasa? Preguntó Diego confundido.
—Me acabas de besar y manosear, ¿Solo te vas así?
—Lo siento, soy malo en esto, no se que hacer, honestamente.
—¿Como? ¿El maravilloso hombre sabelotodo no sabe qué hacer?
El solo sonrió y negó con la cabeza, a cualquier otra persona la hubiera mandado a la chingada por ese comentario, pero con Mari Fer comenzaba a haber una conexión especial que a Diego le gustaba.
—Pásame tu celular dijo él, acercándose a ella. —empecemos por ahí.
Ella le sonrió como una colegiala enamorada y sacó su teléfono para compartir su número con Diego, ambos se intercambiaron números y se despidieron con un
último beso, íntimo y delicado. Más tierno que el encuentro anterior pero sin dejar de lado las ganas que ambos tenían en esos momentos.
—Te mando mensaje está noche.
—Vale, respondió ella sonriendo y sin más lo vio salir por la puerta mientras su corazón latía a mil por hora.
Por su parte Diego estaba igual, con un buen humor que no tenía en años, le sonrió a la asistente en la salida, cosa que a esta le sorprendió de sobre manera, nunca había visto sonreír así a aquel hombre malhumorado que tenía semanas de ser uno de los pacientes de la doctora.
Ella se sonrojo de inmediato y sonrió también, pensó que al verlo así se veía mucho más atractivo que de costumbre.
Diego llegó a su auto y al subir reviso el contacto de Mari Fer en su teléfono, ella estaba con una foto de cuerpo completo en un parque cerca de Chapultepec, estaba hermosa, con unas calzas deportivas negras y una sudadera deportiva. ¿No mames, enserio bese a esta mujer? ¿le toque las nalgas a esta mujer? No, no era solo lo hermosa que era, esta mujer era diferente, tenía inteligencia, tenía pasión pero parecía que quería ocultarla, Diego entendía por qué, el por muchos años hizo lo mismo hasta que se cansó y dejó de hacerlo, esperaba que Fer hiciera lo mismo por su propio bien. Estaba que no se lo creía y sintió una creciente erección en su entrepierna. Era por todo lo que Maria Fernanda representaba. Respiró profundamente intentando controlar esa calentura que tenía desde hace unos minutos. Pensó en mandar un mensaje pero se detuvo, no quería pareciera un tipo desesperado así que guardo su teléfono y puso su auto en marcha. Ese día estaba inspirado, y planeaba escribir toda la tarde sin detenerse.