Pautas para el inicio de una experiencia zoo canina.

Mucho antes de volcarme a la escritura erótica, viví una experiencia que hoy comparto como una suerte de guía para quienes consideran iniciar un camino similar en la zoofilia.

Primero haré el relato de lo vivido y luego, algunas recomendaciones sobre lo experimentado en carne propia.

Relato

En aquel entonces, convivíamos familiarmente con Ernesto, un bóxer mediano de unos treinta kilos, un animal de una nobleza absoluta, criado en familia y de un temperamento inalterable, juguetón y muy tranquilo.

Mi decisión de probar sexo con él, fue madurada y metódica. Lo primero fue asegurar su integridad sanitaria para estar seguro. Una visita al veterinario para regularizar vacunas y garantizar una desparasitación total. la salud del animal era el pilar fundamental. Aprovechando una jornada de soledad absoluta en casa, comencé con los preparativos. Tras un baño temprano para él, acondicioné el espacio de una pieza en la casa, con una manta fina para proteger el suelo de madera. Como mobiliario estratégico, una cama baja y una silla que me sirvieran de apoyo de ser necesario.

Ya con las toallas al alcance y tras desnudarme, inicié una preparación física consciente. Entendía que la zona del esfínter debía estar lista para evitar traumas, por lo que utilicé un dildo de unos tres centímetros de diámetro para trabajar la elasticidad y reconocer las sensaciones de dilatación que vendrían después. Cada paso estaba pensado para minimizar el riesgo y maximizar el control sobre la experiencia inminente.

Tras la preparación física, apliqué una cantidad generosa de gel de testosterona en la zona de las nalgas, permitiendo que la piel absorbiera las hormonas que servirían de señal biológica, este gel lo tenía de un tratamiento anterior.

Con los nervios a flor de piel, llamé a Ernesto.

Entró con su mansedumbre habitual, pero el juego de caricias pronto cambió de tono, su olfato, infinitamente más agudo que el mío, detectó de inmediato el rastro químico. Su hocico buscaba con insistencia el origen de ese aroma, confirmando que la estrategia funcionaba.

El juego se transformó en un intercambio de fuerzas.

Al percibir las hormonas, su actitud se volvió más asertivamente dominante. Lo que empezó como un forcejeo juguetón derivó en una danza de pesos, él usaba su tórax para empujar y sus patas delanteras para rodear mi cuerpo, contrarrestando cada uno de mis movimientos que intentaban alejarlo en pos de generarle el deseo.

Me ubiqué en cuatro patas, cediendo terreno y permitiendo que su instinto guiara la interacción. La humedad de su lengua y su respiración agitada marcaron el ritmo de esos minutos, donde cada empuje mío parecía alimentarlo más. Finalmente, cuando sus patas se cerraron con firmeza sobre mi cintura, supe que el posicionamiento era el correcto. Guie mi cadera hacia atrás con suavidad, facilitando el contacto, hasta que sentí el calor de su presencia buscando el centro. Tras dos toques de reconocimiento, precisos y firmes, llegamos a una acción conjunta, en el instante en que relajé mi esfínter buscándolo, él empujó con una fuerza arrolladora, trayéndome hacia sí con sus patas.

Me invadió de un solo golpe. Fue un impacto de dolor agudo y eléctrico que duró apenas unos segundos, transformándose de inmediato en una sensación de repleción absoluta, al sentirse cobijado dentro mío, comenzó su frenética marcha.

Automáticamente tomé sus ancas con una mano empujándolo contra mí para que no se salga hacia atrás.

El perro bombeaba dentro mío a una velocidad inusitada, sentía su sable golpear alguna curva de mis intestinos en un dolor anestesiado que bajaba a mi vientre como un fuego.

Segundos después, surgió una sensación inédita, que nunca había experimentado. La anatomía del animal, nudo incluido, comenzó a incrementar su diámetro de manera sostenida. Sentí cómo iba rellenando cada milímetro de mi recto, eliminando cualquier rastro de aire o espacio vacío. Cuando alcanzó su punto máximo de expansión, la sensación de estar relleno por dentro, sin el menor margen de maniobra, generaba un eco de pulsaciones que recorría mi vientre desde el centro hacia afuera.

Era una invasión total, el peso, el calor y la firmeza de su estructura se volvieron mi única referencia de realidad. No había un solo rincón que no estuviera habitado, dejándome en un estado de plenitud física abrumadora, donde cada fibra de mi cuerpo se veía obligada a reconocer la presencia absoluta que lo ocupaba

El bulbo trabajaba con una fuerza constante, generando una dilatación extrema en la zona del esfínter, obligando a los tejidos a ceder ante ese volumen sólido que me anclaba por completo.

Todo duró unos veinte segundos y luego, el perro se aquietó.

Continué sosteniendo su pata trasera pegada a mi porque si se escapaba iba a hacerme un desastre, lastimándome en demasía.

Una vez que el movimiento frenético se detuvo, tras el clímax, sobrevino una quietud densa y pesada, cargada de tensión. Me quedé inmóvil, todavía colmado por su presencia, sintiendo cómo mis paredes internas abrazaban su volumen en un estado de plenitud absoluta.

Entonces comenzaron las contracciones rítmicas, pulsaciones profundas que se repetían con una cadencia exacta cada pocos segundos, eyaculando en mi interior su calidez seminal que parecía no tener fin, solo el eco de las pulsaciones que se desvanecían lentamente entre nosotros.

Mis músculos, antes tensos por la invasión física, comenzaron a ceder, aunque el anclaje seguía siendo total. Era un descanso profundo, marcado por la respiración acompasada y la percepción de su peso sobre mí, mientras mi cuerpo procesaba la plenitud física de un encuentro que me había dejado sin espacio. La sensación de estar absolutamente colmado se prolongó durante ocho minutos que se sintieron eternos. Intenté moverme, pero la presión era tal que cualquier desplazamiento resultaba en una tirantez insoportable, estábamos anclados por el mismo volumen que nos unía y yo temía al desgarro si se retiraba repentinamente.

Solo cuando percibí que esa masa interna comenzaba a ceder sutilmente en su diámetro, me atreví a buscar la liberación.

En el momento del retiro, la liberación llegó acompañada de un dolor agudo y penetrante que me sacó el aliento, una distensión extrema que me hizo humedecer los ojos mientras recuperaba el aire. Al deslizarse hacia afuera, sentí cómo el espacio que antes estaba saturado y compacto se abría de golpe, dejando una estela de vacío absoluto. Era una sensación extraña, casi de desamparo, mis paredes internas, que se habían estirado hasta su límite para amoldarse a él, intentaban ahora contraerse sobre la nada.

Ese hueco repentino se sentía frío en comparación con el calor que me había habitado tantos minutos antes.

Mi cuerpo, acostumbrado a la plenitud total, parecía no reconocerse en un vacío que pulsaba la ausencia palpable que acababa de terminar. Solo la calidez de su esperma, recorriendo mi piel buscando su salida, me devolvía la noción de lo que había ocurrido, dejando una huella de humedad y entumecimiento en el lugar donde antes hubo una ocupación absoluta.

Me quedé sentado, procesando un mudo dolor que pulsaba en mis entrañas, pero sintiéndome habitado por una satisfacción absoluta.

Permanecimos abrazados, en un intercambio de gestos suaves y silenciosos que contrastaban con la intensidad anterior.

Tras unos veinte minutos de tregua, permitiendo que la congestión de los tejidos cediera y el cuerpo recuperara su aliento, la chispa volvió a encenderse, empecé a toquetearlo jugando y supe que la calma era solo un preludio momentáneo.

Su actitud volvió a tornarse asertiva y dominante, marcando el inicio de una nueva danza de fuerzas.

Sin necesidad de órdenes, retomamos la acción coordinada, buscando repetir esa sensación de saturación carnal que nos había dejado exhaustos pero colmados.

Recomendaciones

Si bien antes de realizar esta noble experiencia, había leído blogs y notas con varias recomendaciones, creo que poder volcarles aquí mi experiencia personal es lo más sincero que puedo brindarles.

1-

Fundamental que el bichito tenga su orden sanitario como corresponde. Vacunas al día y desparasitaríos completos (internos y externos). Tengan en cuenta que va a eyacularlos si o si dentro, y eso toma contacto con la mucosa intestinal de forma directa, cualquier parásito o virus o bacteria, ingresa a nuestra sangre de manera directa.

2-

Si bien es difícil poder elegir el animal a utilizar, es preferible que sean machos no dominantes, nunca usar alfas.

Porque por más que vivan en el núcleo familiar o dentro de una comunidad, hay que tener en cuenta que el perro sabe que eres su dueño y se somete durante su vida a ese principio.

Pero en este acto a suceder, los roles se intercambian, tu eres “su perra” a inseminar, por consiguiente, deja su lado sumiso para ser el dominante de la situación. Si sumado a eso el perro tiene conductas de carácter posesivo o muy dominante, puede ser un problema serio que termine en una mordida.

Si por cualquier caso el perro gruñera en desacuerdo por algo sucedido durante el acto, es imperioso terminar todo ahí mismo y pararse de forma inmediata. Que él note que vuelves a ser su voz de mando, dejando sin efecto todo.

3-

Esto depende de cada uno en particular y además, de cada perro a utilizar, pero creo que es necesario si o si, realizar una preparación previa de tu zona anal antes del contacto.

Convengamos que su accionar es bruto de por sí, él no sabe de sutilezas ni de amores dedicados, a él lo guía un instinto de procreación por lo cual va a tratar de fertilizarte a toda costa y a sus modos. No pretendas una caricia en el acto, él va a empujar con todas sus fuerzas dentro tuyo sin medir consecuencias, por lo que creo que es necesario una dilatación y un tratamiento previo.

4-

Hablando del perro a utilizar este es otro tema.

Volvemos al punto en donde seguramente utilizaremos el perro disponible y no uno elegido, por una cuestión de obvia disponibilidad. Y digo esto fundamentalmente por el tamaño. Mi bóxer que era un perro mediano, ni siquiera un bóxer grande para su raza, poseía un miembro inflamado de alrededor de dieciséis centímetros de largo por unos cuatro de diámetro. Bastante mas que la media de cualquier hombre. Y aquí viene lo más importante, su bulbo a la hora de anclarse dentro mío, superaba en diámetro los siete centímetros, pocos anos soportan ese diámetro si lo retiran de golpe, lo más probable es sufrir un desgarro que necesite de atención médica. Con lo cual hay que tener cuidado que raza se utiliza para el inicio en la zoofilia.

Y si se usan razas grandes les digo que tengan cuidado que no inserte el bulbo dentro de su ano porque va a ser difícil quitarlo después y además mantener al perro en su posición dentro de uds mientras acaba durante varios minutos. Ellos tienden a girarse dejándote “culo con culo” como suele decirse pero implica que su poderosa herramienta que se encuentra adentro tuyo, gire 180° arrastrando las paredes de tus intestinos a su paso, y dejando su miembro en una posición forzada dentro tuyo.

Tengan sumo cuidado.

5-

Por último y como una reflexión mas que una recomendación, traten de disfrutar todos los distintos momentos o etapas, que se suceden dentro de la relación con el perro.

La parte más jugosa que uno cree es sin dudas el coito, sentirlo a él bombeando dentro con ahínco frotando sus partes en tu interior y creciendo en diámetro sostenido mientras te aprieta con sus patas, es algo sublime.

Pero esto dura entre quince y cuarenta segundos, no más.

Para muestra, páginas como zooxhamster, zootube, animalinporn, o varias más en donde se puede ver a señoritas tener sexo explícito con sus perros, dan cuenta de ello, en ningún caso el acto dura más tiempo.

Y después hay que sostener la situación de tenerlo eyaculando dentro tuyo durante varios minutos hasta que su bulbo se afloje y te permita retirarlo. Esto puede ser ocho minutos como me sucedió a mi o veinte minutos o más, como varios videos que he visto.

Estimar también que, dentro del acto de penetración, el perro va emanando fluidos dentro tuyo mientras se mueve de manera continua, y luego durante los minutos siguientes eyacula sostenidamente en tu interior en intervalos o pulsaciones cada tres o cuatro segundos. Si uno lo multiplica por el tiempo eyaculando, es probable que el animal deje en tu interior aproximadamente entre un tercio a medio vaso común de un cóctel de esperma y fluidos.

Espero esta breve reseña de lo experimentado les sirva a aquellos que quieran experimentar dentro de este amplio campo sexual.

Mucha suerte y a disfrutar.