Iniciación zoofílica V

Iniciación zoofílica V

El sábado por la mañana me despertó una voz muy sensual, era Sole, estaba a mi lado en la cama, ¿había dormido en mi cama?, su brazo estaba bajo mi cuello lo cual indicaba que al menos si llevaba allí un rato, su cuerpo era cálido con una piel muy suave, su aliento en mi nuca, su voz cálida me daba los buenos días.

Me di media vuelta y acerqué mis labios a los suyos, nos dimos un beso y nos miramos a los ojos, estaba radiante, su brazo me atrajo, nuestros cuerpos se juntaron y sus labios se posaron de nuevo sobre los míos pero a diferencia del anterior beso, sentí su lengua buscar mi boca, abrí mis labios y empezó un beso desenfrenado, su lengua en el interior de mi boca, recorriéndola de lado a lado, profundizando y llegando hasta el fondo, sus manos en mi espalda no paraban de acariciarme, las mías poco a poco se fueron despertando y buscando su cuerpo, hummmmmm, iba a ser una mañana muy movida por la forma de empezar.

Los besos fueron mas intensos, las caricias mas amplias, pronto dejamos la espalda para pasar a las nalgas, los muslos, los senos, los pezones, dios, como me estaba calentando nuevamente.

Me quedaba claro que no iba a tener mucho descanso en todo el día, si bien me esperaban los dos perros antes tendría que hacer algo con mi Ama, lo cual no me disgustaba, sino mas bien todo lo contrario. Bajé mi cabeza y alcancé los pechos de Sole, sus pezones ya estaban duros, hinchaditos, encantadores y muy apetitosos, no pude apenas disfrutarlos, las manos de mi Ama me hicieron bajar casi sin rozarlos directamente a su sexo, olía su excitación, su calentura, su humedad, estaba claro que deseaba sentir mis labios, mi lengua y no la hice esperar, abrí sus piernas me puse de rodillas y metí mi cabeza entre sus muslos, besé suavemente sus labios rasurados, bajé hasta su culito y desde allí comencé a lamer con suavidad ascendiendo hasta llegar a la entrada de su vagina, metí mi lengua todo lo que puede y sentí como su cuerpo se estremecía, subí hasta su clítoris y lo acaricié dulcemente, lo rodeé con mi lengua una y otra vez, bajé de nuevo a su vagina y de nuevo mi lengua dentro.

Mis manos acariciaban sus caderas, su vientre, sus pechos.

Acariciaba todo su cuerpo sintiendo que poco a poco se estaba acercando al orgasmo, mi lengua, mis labios, mis manos no paraban de acariciar aquel maravilloso cuerpo, notaba como respondía a cada caricia a cada beso a cada lamida, sus manos se posaron sobre mi cabeza acariciándome el cabello, primero con suavidad pero poco a poco fue presionando con mas fuerza, sentí como sus dedos se enredaban en mi cabello hasta agarrarlo con fuerza y con movimientos bruscos a veces provocando dolor en mi piel me guiaba mi lengua y mis caricias hacia donde ella mas lo deseaba, me apretaba con fuerza contra su sexo, hacía fuerza como si quisiera que mi cabeza entrara dentro de ella, no podía casi respirar pero seguí con mis caricias, con mis lametazos hasta que su cuerpo empezó a estremecerse, hasta que su orgasmo fue evidente y sus uñas se clavaron en mi cabeza, ya no eran tirones de pelo, eran sus uñas clavadas en mi cabeza, empujando con todas sus fuerzas para sentir lo mas a dentro posible mis caricias.

Sus muslos se cruzaron en mi espalda, toda ella era un único movimiento de acercamiento de mi cabeza a su interior, temblaba y levantaba la cadera para sentir aún mas si cabe mis caricias.

Mordí suavemente su clítoris y de su garganta salió un grito, mas bien un aullido de placer, un último tirón, un último empujón de su cadera, mi cara estaba en su totalidad entre sus labios vaginales y su cuerpo en la mayor tensión.

Fueron unos segundos maravillosos, su placer me había excitado de tal forma que no me vendría mal que me devolviera el trabajo pero sabía que no iba a ser así.

Solo una caricia en mi cara, una sonrisa amplia y unas palabras de agradecimiento diciéndome lo maravilloso que había sido aquel orgasmo.

Nos levantamos, a la ducha y a tomar un maravilloso desayuno a base de frutas, tostadas y un café con leche.

Pregunté si había un plan para este día y la respuesta de mi Ama fue sencillamente que no, todo se haría con improvisaciones, sobre la marcha y viendo como respondía en cada momento.

No le gustaban las programaciones cerradas, prefería ir adaptándose en cada momento a lo que mejor se adaptara para un mayor goce de ella y de su jauría.

Jo, estaba claro que yo, desde aquel momento no era mas que una de sus perras, era solo un miembro mas de su jauría.

No es que me disgustara aquella sensación pero después de lo acontecido por la mañana en mi cama esperaba un poco mas de sensibilidad, pero estaba claro que mi estancia allí era simplemente para mi adiestramiento, no era un fin de semana de placer para cumplir mis caprichos, no, solo era eso un fin de semana de adiestramiento como perra.

Estaba claro que eso no se aprende en un día y menos si se cumplen los caprichos de la aprendiza

En la parte posterior de la casa existía algo que la noche anterior no había visto y mi Ama me llevó a visitar nada mas terminar de fregar los útiles del desayuno.

Las perreras, si, una construcción muy elemental, había visto muchas por mi trabajo, un suelo de cemento, una pared al fondo de bloque de hormigón y un cierre de malla metálica de casi dos metros de alto.

Estaban divididas en tres partes, cada una con una puerta de acceso e intercomunicadas interiormente por puertas similares a las de acceso, lo cual indicaba que si había dos perros y tres compartimentos, no tuve necesidad de mucho análisis para saber que en uno de esos compartimentos iba a estar yo encerrada.

Un simple vistazo y adiviné que le mío sería el del centro, estaba mas «humanizado», en los tres había un bebedero para perros y un plato con comida, la diferencia es que en el central la comida eran trozos de fruta y pan, en los otros comida para perros, bueno, al menos no tendría que comer lo mismo que los perros pero si de la misma forma.

Mi vestimenta para esta mañana era diferente, tenía un pantalón corto y un top, al menos no estaría desnuda allí dentro.

Sole hizo entrar a los perros, cada uno a su perrera y a mi me abrió la puerta de la central, había acertado. De rodillas, solo podría estar en esa posición, serían al menos cuatro horas, esa fue la única explicación de mi Ama, cuatro horas encerrada con los perros.

Una vez dentro cerró con lave todas las perreras y se fue sin decir ni una palabra, solo una mirada con una sonrisa maliciosa en sus labios y una única explicación: prohibido pasar a los compartimentos de los perros.

Pasados unos minutos oí el sonido del motor del coche lo cual indicaba que me quedaba sola en mi jaula, como una perra allí encerrada sin posibilidades de salir, sin poder ir al aseo.

Había bebido agua en abundancia antes del desayuno y después de este, mi Ama se había preocupado de que así fuera, ingenua de mi, yo creyendo que era por mi salud y era un castigo.

No podía hacerlo allí, la perrera estaba impecable y cualquier señal de orina hubiera sido evidente.

Al cabo de dos horas mi vejiga estaba a punto de reventar, necesitaba con urgencia evacuar mis líquidos pero no había posibilidades a no ser me expusiera a un castigo.

Veía los perros inquietos mirándome y dando vueltas en la jaula, ellos también necesitaban salir para hacer sus necesidades pero tenían sus métodos, uno de ellos, el precioso que la noche anterior, se acercó a la vaya, levantó su pierna y lanzó su meada fuera de la valla, dentro no quedaba ni el mas mínimo rastro de su acción, en mi caso era diferente yo no podía hacerlo, las mujeres no estamos preparadas para eso, a los diez minutos el otro perro hizo lo mismo, se acostaron y medio dormidos no sacaban ojo de mis movimientos, estaba nerviosa, no podía aguantar mas mis necesidades, mi orina estaba a punto de llegar hasta mis labios vaginales, o meaba o reventaba.

Oí el ruido del motor de un coche, supuse sería el de mi ama, acerté, se acercó a la vaya nada mas bajar del automóvil y mirándome me preguntó si tenía algún problema, le expliqué en dos palabras mis necesidades y sonrió, media vuelta y a casa, solo llegó a mis oídos sus carcajadas y su monólogo riéndose de mis pobres necesidades y de lo mal que lo estaba pasando.

Al cabo de unos minutos apareció con la correa en la mano, abrió la jaula y me sacó a pasear por el campo, no me dejó sacar el pantalón que llevaba, oriné con el puesto, mi orina mojó el pantalón y las piernas.

Una vez hecho esto me encerró de nuevo en mi jaula sin decir una palabra, únicamente una caricia en mi cabeza igual a las hechas a los perros cuando los encerró en sus jaulas.

A las cuatro horas justas vino y soltó a los perros, a mi me dijo que ya había salido hacía un rato a pasear por lo tanto no me tocaba paseo hasta las dos horas siguientes.

Tenía hambre y sed, miré el suelo y los dos platos estaban allí, uno con agua y otro con trozos de pan, lo había comprobado antes, estaba seco, debía tener por lo menos tres o cuatro días, pero era la única comida existente.

Miré a mi alrededor y no vi a mi Ama por ningún lado, de rodillas acerqué mi boca y empecé a comer pan, estaba muy duro, cada trozo había que tenerlo en la boca y dejarlo ablandar un ratito, mojarlo con agua y dejarlo deshacer poco a poco.

Llevaba unos cuatro o cinco trozos devorados cuando una voz a mi espalda me dejó helada, era ella, había estado allí todo el tiempo, espiándome, viéndome como comía aquel pan y como bebía agua con mi lengua, metió la mano entre los enrejados y acarició mi cabeza al mismo tiempo decía que era una perrita muy obediente y muy fácil de adiestrar, iba a ser una auténtica perra en un par de fin de semanas.

Estaba contenta de haberme tomado como perrita para adiestrarme, haría un buen trabajo conmigo.

A las 4 de la tarde vino a buscarme, bueno, vino a buscarnos, nos ató a los tres con nuestras correas y fuimos conducidos hasta la habitación de la noche anterior.

Estaba recién fregada, el catre colocado, café caliente y los radiadores a la temperatura adecuada lo cual me hizo suponer la existencia de una tercera persona en la casa pues era materialmente imposible que Sole tuviera tiempo para hacer todo aquello eso me desconcertaba, me preocupaba en cierto modo.

Ató un perro en cada argolla y yo fui llevada por toda la estancia con la correa, caminando a cuatro patas al lado de mi ama dándome tirones de vez en cuando para ir corrigiendo mi posición, un paso por detrás de mi ama pero no mas, siguiendo su ritmo de marcha, unas veces lento, otras más rápido, parándonos y enseñándome a sentarme con la cabeza alta y el culo a ras de suelo, era algo humillante, me sentía de verdad una perra, pero para eso estaba allí para ser adiestrada como una buena perrita, obediente, cariñosa, y sobre todo muy servicial.

Pasada una hora larga tenía sed, la boca estaba seca y los labios temía se me agrietaran, no hizo falta pedir agua, me fue dada en un plato para saciar mi sed.

Una vez hecho esto mi ama me colocó un palo de unos dos centímetros de diámetro entre los dientes y así volvimos a la marcha, al adiestramiento, con este palo entre los dientes, caminando a cuatro patas era inevitable el babear, que la saliva me cayera continuamente de la boca, cuando me sentaba en la espera de mi ama la saliva seguía cayendo pero sobre mis tetas.

Así sucia de andar a cuatro patas, mojada de mi propia baba estaba cuando me acercó al catre y fue de nuevo atada a un larguero con la correa, pero esta vez muy corta, a penas podía moverme hacia los lados o levantar la cabeza, tenía literalmente metido el hocico en el jergón, podía respirar con comodidad pero no hacer ningún otro movimiento, así estaba cuando la mano de mi ama se metió entre mis piernas, subió hasta mi sexo y sus dedos hurgaron en mi interior, estaba excitada, todo el adiestramiento recibido me había puesto a buen tono, no hizo falta mucha preparación para que saliera de mi sexo ese líquido inconfundible que demuestra el estado de hembra en celo.

En la posición en que me encontraba no podía ver sus movimientos, había sacado sus zapatos de tacón y no escuché sus pasos, solo sentí el jadeo de uno de los perros acercándose a mi y su hocico oliéndome entre las piernas, luego su lengua lamiendo desde el clítoris hasta el culo, una y otra vez, su lengua entraba en mi sexo, su aspereza me hacía ver miles de estrellas en cada pasada y eran rápidas, no había dejado de sentir una cuando ya estaba la otra, y así una tras otra hasta sentir como mi cabeza daba vueltas y mi cuerpo estaba en tensión, un orgasmo encantador, fuerte, y continuo, no dejaba de lamer el animalito para dejarme descansar ni un segundo, solo pensé una cosa: y si los hombres tuvieran una lengua asi?, jajajaja.

La lengua dejó de lamer, la correa se aflojó y vi la cara de satisfacción de mi ama, ella también estaba excitada, se le notaba en su respiración, pero no dio la más mínima muestra de buscar una caricia.

Ordenó al perro poner las patas sobre el catre, su polla empezaba a salir de la funda, estaba empezando la erección, el animal no se movía, sabía lo que le iba a suceder.

Con un tirón de la correa me acercó a la polla y me ordenó que la chupara, jo, era demasiado, eso no lo esperaba, me negué con la cabeza, se puso a mi espalda y con la misma correa recibí un fuerte golpe en las nalgas: «mámasela, es tu congénere, así que no te debe dar asco, venga perra, métela en la boca entera, trágala hasta la garganta», la orden era inequívoca, haciendo un esfuerzo acerqué mi boca y poco a poco fui introduciendo aquel pene rojo, puntiagudo y húmedo en mi boca, primero con asco, por que no decirlo pero luego, poco a poco con lujuria y deseo de llenar mi boca con aquel precios y caliente mástil.

Tuve que hacer esfuerzos para conseguir introducirlo todo dentro pero al final tocaba con mi boca el nudo de la base del pene, era hermoso, no había gran diferencia con la de un hombre a no ser por la forma, mas lisa y puntiaguda lo cual facilitaba la entrada en la garganta.

Mi «compañero» no se movía, no hacía el mas mínimo gesto de desaprobación, mas bien al contrario, tenía ligeros movimientos para conseguir una mayor penetración pero no era una follada, no, sabía perfectamente cual era su papel, estaba bien adiestrado y a mi me estaban adiestrando en la misma escuela. Pasaron unos minutos y sentí como empezaba a correrse, iba soltando chorritos de esperma dentro de mi boca, uno tras otro, parecía no terminar nunca, pensé en cuantos orgasmos de hombre serían necesarios para obtener tal cantidad de semen, luego mi Ama me explicó que entre 7 y 10 veces mas que un macho humano.

Cuando el perro terminó y su pene se aflojó dentro de mi boca fui de nuevo atada al catre en la misma posición, las piernas muy abiertas y el culo alto dejando al descubierto todo mi sexo.

No hizo falta ninguna explicación, iba a ser de nuevo follada por el otro perro, sentí su polla intentando buscar la entrada y la mano de Sole apuntando hacia mi sexo, la entrada de la polla, los empujones fuertes, rápidos y continuos del animal hasta que estuvo totalmente dentro de mi, su fuerza, su potencia bestial haciendo ver las estrellas.

La correa que me ataba al catre fue liberada, me vi a cuatro patas sobre el suelo, los empujones de la bestia me hacían ir hacia delante, no daba aguantado si fuerza, me sentí de verdad poseída por aquel precios animal, por su fuerza irracional por su instinto de follar y nada más.

Sentí su nudo entrar en mi interior, como me quedaba enganchada y como empezaba a eyacular en mi interior, como se bajaba de mi espalda y los dos atados por nuestros sexos no podíamos soltarnos, pero él trataba de moverse de ir hacia un lado y con este movimiento me arrastraba a mi, me hacía ir a donde quería, como y cuando lo deseaba.

En ese precios momento si que me sentí suya, me sentí poseída por el animal, convertida en su hembra, su perra.

No había duda, el adiestramiento conseguía no solo la enseñanza de las costumbres de los perros, caminar, sentarse, comer, beber, sino también el sentir, el sentirse sin voluntad para decidir sino solamente para servir. Servir al macho, servirle como su fuera mi amo, servir solo como instrumento sexual, como un coño a disposición de los instintos de mi amo, el perro.

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