Hola, me dicen Luchi, tengo 28 años.

Toda la historia comienza en vacaciones de verano que mis papás se fueron de viaje junto a mi hermano y quedé sola en mi casa cuidando a mi perro Boby, una cruza de galgo pelo corto. Casi siempre estaba sola, pero había días que mi abuela venía a verme, aunque no pasaba seguido. Yo apenas tenía la mayoría de edad y estaba por entrar a la universidad luego de las vacaciones. Había cortado con mi novio hacía poco porque la verdad me aburrí y pasé unas vacaciones de soltera saliendo los fines de semana con mi amiga Emy.

La primera semana que salimos al boliche nos encontramos a un grupo donde había un chico que me gustaba. Nos la pasábamos tomando y bailando muy pegados. Yo que no tenía acción hacía un tiempo y lo tenía tan cerca me mojé mucho, pero al final me fui sola a mi casa. Volví muy tomada y caliente. Apenas bajé del taxi me fui derecho a mi pieza, me saqué la ropa y comencé a tocarme para sacarme un poco la calentura. Pero fue diferente, sentía muy intenso. Acabé enseguida, me sentía muy húmeda y fue una explosión en todo mi cuerpo, como una corriente eléctrica. Cuando acabé y dejé de moverme seguí sintiendo movimiento en mi concha. Miré hacia abajo y vi a Boby lamiéndome toda. Me sorprendí, pero tal vez porque estaba muy borracha lo dejé seguir y acabé 1 o 2 veces más. No recuerdo mucho la verdad, estaba muy tomada.

Al otro día, mientras intentaba recomponerme del día anterior, se me vino el recuerdo de Boby chupándome y sentí una mezcla de culpa e intriga, pero en un par de horas se me pasó. Casi llegando la noche, luego de comer, me calenté de nuevo y al recordarlo fui a buscar a Boby, lo metí a mi habitación, cerré la puerta, me desnudé y caminé alrededor de Boby como si lo intentara seducir. Al cabo de unos minutos me recosté desnuda en la cama, bien en la orilla con mis piernas abiertas tocándome un poco. No pasó ni un segundo cuando Boby empezó a chuparme toda la concha. Me chupaba y metía la lengua hasta el fondo e incluso chupándome la cola, que eso hacía que acabara enseguida. Luego de muchos orgasmos e incluso creo que me oriné un poco, me tapé y me dormí.

Al otro día apenas abrí los ojos estaba desnuda y Boby acostado en el suelo. Lo que pasó me cambió. Apenas me levanté repetí el acto de esa noche e incluso 3 o 4 veces por día durante unos 3 días. Hasta que un día, para calentarme, buscaba videos en mi celular. Encontré un video que me dio más morbo: videos de personas cogiendo con perro, y la intriga llegó a mí.

Esa noche metí a Boby a mi habitación. Estaba lista, toda la tarde leyendo del tema. Lo acaricié suave entre las piernas y de a poco le saqué la verga. Se ponía más grande y roja, era muy grande. De a poco le di una lamida hasta que me la metí a la boca y se la chupé un buen rato hasta que acabó. Lo tragué todo y me chorreó un poco por las tetas. Cuando él se acercó y me lamió la boca y las tetas, en ese momento me di cuenta que donde quedara su semen él lamía después y eso me dio un mundo de ideas.

Me puse un poco en la cola y él me lamía mientras yo me tocaba la concha, me metía los dedos y él me lamía la cola. Acabé enseguida y en mi relajación él se me montó. Me asusté y me moví rápido quitándolo de encima. Vi su verga palpitante y pensé que era mi oportunidad. Respiré hondo y me puse en cuatro levantando la cola. No pasó ni un minuto que me la metió entera. Dolía un poco, pero se sentía tan bien. Jamás había probado una de ese tamaño y se movía súper rápido. Cuando estaba por llegar, Boby acabó y se me abotonó. Pasó una pata por encima mío y quedamos de espalda el uno al otro. Un tanto frustrada pero quieta porque no quería hacerme daño, esperé a que se le bajara y salió sola haciendo un sonido que luego me volvería adicta.

Quedé un poco frustrada, así que probé nuevas formas para que no volviera a pasar tan rápido. Lo probé de vaquerita, pude usarla hasta que me cansara, pero quería que él me cogiera. Me di cuenta que quería ser dominada y se sentía más prohibido. Así que probé ponerme en cuatro y apenas Boby me la metía lo arrinconaba contra la pared con mis nalgas, quedando él entre la pared y mis nalgas. Cuando él acababa yo movía mis nalgas y me seguía cogiendo. Así podía estar horas todo el día.

Estuve así todas las vacaciones sin parar y cuando mis papás volvieron con mi hermano lo hacía a escondidas en mi pieza. Tenía la adrenalina de salir toda acabada cuando el semen me corría por las piernas. Siguió todo igual y a fin de año me mudé sola y obvio me llevé a Boby conmigo. La primera semana sola con él no lo pensé mucho y con un plug que llevaba semanas usando le di mi colita a Boby. Cuando apenas la metió dolió muchísimo, pero al tiempo se pasó y me volví adicta a que me dejara la cola y la concha llena de su leche riquísima.

Luego intenté algo con un chico sin dejar a Boby de lado, pero no resultó. Y hasta el día de hoy vivo sola con Boby y sin falta todos los días me deja llena tanto por delante como por la colita. La verdad, Boby es el único que no me falla.

Espero que les guste mi segunda historia.