Capítulo 1
- Un futuro sexualmente incierto I
- Un futuro sexualmente incierto II
Capítulo 1: La Promesa de Vida en la Oscuridad
El mundo se había extinguido en silencio, como una vela que se apaga sin que nadie lo note. La pandemia no dejó bombas ni explosiones, solo calles vacías, edificios que se desmoronaban lentamente y un silencio que pesaba en los oídos. Buenos Aires ya no era la ciudad del tango y el ruido; ahora era un cementerio de concreto donde el viento arrastraba papeles viejos y hojas secas. Nuestra pareja Demian, Camila habían convertido su departamento en una fortaleza improvisada: ventanas tapiadas con tablas, puertas reforzadas con muebles viejos y un balcón que servía de mirador hacia un horizonte de ruinas. Eran los únicos que conocían vivos, contando a Agostina obviamente, la mejor amiga de Camí quien estaba con ellos, como de costumbre, cuando comenzó el desastre.
Demian regresó esa tarde con una mochila cargada de latas de conserva y un par de velas que había encontrado en una farmacia ya saqueada. Su cuerpo corpulento se movía con la misma precisión que usaba para bailar tango antes del fin del mundo: pasos firmes, pero sin arrogancia. La barba tupida y el pelo rapado le daban un aspecto salvaje, pero sus ojos seguían siendo los mismos: cálidos, protectores.
Demian: «Traje algo de comida y luz. No es mucho, pero es algo.»
Camila estaba sentada en el illon del comedor grande, con un libro viejo sobre el regazo. Sus lentes reflejaban la luz tenue de la tarde que se colaba por las rendijas. A sus 25 años, su cuerpo voluptuoso —senos pesados, caderas anchas— parecía hecho para la vida que ahora querían crear. Pero sus ojos estaban serios, llenos de una determinación que no admitía dudas.
Camila: «Demian… tenemos que hablar.»
Agostina, desde la cocina pequeña, pelaba unas papas rancias con un cuchillo casi sin filo. Su piel clara contrastaba con los tatuajes que serpenteaban por sus brazos y piernas. El corte carre negro y el delineador pesado le daban un aire de superviviente que no se rendía ni en el apocalipsis. Escuchaba en silencio, pero su mirada iba de uno al otro.
Demian se sentó junto a Camila, su mano grande cubriendo la de ella.
Demian: «¿Qué pasa, amor? Esa es tu cara de problemas y te juro no hubo ninguna chica con la cual hablar en el camino.»
(Intentando aliviar la situación soltó una pequeña rosa)
Camila sonrió para luego volver a su rostro de seriedad, respiró hondo, quitándose los lentes para mirarlo directamente.
Camila: «Este mundo está muerto. Somos nosotros tres contra el olvido. Quiero… necesito tener un hijo tuyo. Para que haya futuro. Para que no terminemos solos.»
Demian sintió un nudo en la garganta. La idea lo aterrorizaba y lo llenaba de una esperanza cruda al mismo tiempo.
Demian: «Cami, es riesgoso. Sin médicos, sin hospitales… Si algo sale mal…»
Camila: «Lo sé. Pero es nuestra responsabilidad. Y te deseo tanto, siempre lo hice. Quiero sentirte dentro, quiero que me llenes, que me hagas madre.»
Agostina dejó el cuchillo sobre la mesa. Su voz salió suave, casi un susurro.
Agostina: «Yo… también lo pienso. Si Camila lo quiere, yo lo apoyo. Pero si sale bien… tal vez yo también…..»
(Agostina hizo un silencio)
Agostina: «Tal vez yo también pueda ayudar»
Camila miró a su amiga con una sonrisa cansada pero sincera.
Camila: «Agos, sos mi hermana y te amo. Si esto funciona, vamos a necesitar más manos para criar al pibe. Pero hoy… hoy es entre Demian y yo.»
Demian las miró a ambas, sintiendo el peso de la decisión. Finalmente, asintió.
Demian: «Está bien. Lo haremos. Por nosotros, por lo que quede.»
Se movieron al dormitorio. El balcón abierto dejaba entrar una brisa tibia que agitaba las cortinas. Camila se quitó el vestido lentamente, revelando su cuerpo desnudo: senos pesados con pezones oscuros endurecidos por la anticipación, su zona intima depilada ya húmeda y brillante. Demian la admiró, quitándose la camisa para mostrar su torso sólido, luego los pantalones, su miembro grueso de 22 cm semierecto, venoso y pesado.
Se besaron con urgencia, lenguas enredándose en un baile familiar. Demian la recostó en la cama, sus manos explorando cada curva, masajeando sus tetas con maestría, pellizcando los pezones hasta hacerla gemir.
Demian: «Te voy a llenar, amor. Te voy a dar lo que querés. Vas a sentir cada gota dentro.»
Camila: «Sí, amor… embarazame. Cogeme duro y sin parar.»
Él bajó la boca a chupar un pezón, lamiendo y mordiendo suavemente mientras su mano descendía a su concha, sus dedos se deslizaeon por los labios mojados, curvándose dentro para tocar ese punto que la hacía arquearse.
Camila: «Ahí… justo ahí. No pares.»
Demian se posicionó, la punta de su miembro rozando su entrada, entrando lento, centímetro a centímetro, estirándola con ese grosor que la llenaba por completo.
Demian: «Estás tan apretada… tan caliente. Sentí como entra.»
Camila: «Más… dame todo. Quiero sentirte hasta el fondo.»
Las embestidas fueron profundas, rítmicas, su miembro chocando contra su útero, su bolas pesadas golpeaban contra su culo. Cambiaron posiciones y ella tomó el control, cabalgándolo sus tetas rebotaban mientras frotaba su clítoris contra él, sus manos en su pecho.
Camila: «Te siento tan adentro… me vas a dar un hijo, ¿verdad? Decime que sí.»
Demian: «Sí, amor. Te voy a llenar hasta que no quepa más. Vas a llevar mi hijo.»
Hubo otro cambio de posición, de cucharita, él la embistiendo desde atrás,con una mano en su teta y la otra frotando su clítoris humedo.
Camila: «Más rápido… no pares… me voy a correr pensando en toda la leche que tenes para mi.»
El orgasmo de Camila fue intenso: su concha convulsionó alrededor de su miembro, sus jugos chorreaaban y ella solo temblaba y gritaba su nombre. Demian la siguió, eyaculando profundo, todo su semen caliente inundo el interior de Camí, pulsando hasta vaciarse por completo.
Se quedaron entrelazados, jadeantes, con la esperanza de que eso plantara la semilla de vida en medio del caos….
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