Lentamente empezó a subir sus manos, de mis muslos pasaron a mi cintura… lentamente recorría mi cuerpo y mi corazón empezaba a exaltarse. Siguió subiendo hasta que llegó a mis pechos... Cuarta parte de mi historia real acerca de mi despertar sexual. Cada vez más cerca a mi primera relación sexual.
Jamás me llegué a imaginar, que esa adolescente, de pecas y coletas, con apariencia tierna, iba a ser un volcán de sensualidad y pasión a flor de piel...
Ser hermanos mellizos con una preciosa princesa, pero separados por circunstancias del destino, nos hizo entender que somos unidos desde el vientre de nuestra madre y seguiremos unidos por el inmenso amor que nos tenemos, y que traspasa las fronteras de los parámetros de un sociedad retrógrada.
Jacob seguía teniendo problemas con su miembro debido a la receta de hormonas que le habían recetado, pero su madre, que tenía algunas dudas, seguía ayudándolo.
El tiempo, ese implacable cincel, había esculpido a Lupita. Ya no era la niña frágil que dominé en el sótano de Colima. A sus 33 años, poseía una madurez que irradiaba sensualidad, una belleza curvada por la vida que palpitaba con una fuerza propia.
La naturaleza humana al máximo; una chica que empieza a despertar sexualmente y todas las vivencias que encaminaron mis pasos hasta mi primer relación sexual con una persona muy especial.
Días en el Paraíso. Por fin estábamos completamente solos, en un hotel y apenas habíamos pasado la primera de nuestras 3 noches. Resulta que mi hermanita tiene una imaginación muy activa.
En una semana cambió mi vida para siempre. Esa noche, estaba yo tumbada sobre mi cama semidesnuda, mirando esos videos porno que apenas hacía poco acababa de descubrir navegando por internet.
Jacob, un joven con problemas de crecimiento, acude con su madre a un centro médico donde le recetan unas hormonas un poco curiosas. Lo demás es historia.
La miré a los ojos estando encima de ella, me abrió la boca, no hubo necesidad de más señales, sabía lo que quería, así que le escupí la boca, sonrió al darse cuenta que el mensaje había sido entendido y siguió gimiendo con cada embestida que le daba.
Mi cuerpo se había desarrollado más que la mayoría de mis compañeras del Cole. Si no sobresalía por mis calificaciones, vaya que si sobresalía por mis nalgas y mis tetas uwu. Y los profes, vaya que daban constancia de eso. Algunos de los más mayores me coqueteaban diciéndome piro