Era una noche calurosa de viernes. Jefferson y yo habíamos estado tomando desde temprano en su casa. Mi esposa estaba de viaje y Marlyn, la esposa de Jefferson, se unió a nosotros al principio. Ella se veía increíble: morena, cabello largo ondulado, labios carnosos y un cuerpo que quitaba el aliento. Tetas medianas firmes, cintura estrecha y sobre todo ese culo grande, redondo y carnoso que siempre me había vuelto loco.
Marlyn bebió más de la cuenta. Para la medianoche ya estaba completamente borracha, riendo tontamente y apenas podía mantener los ojos abiertos. Jefferson y yo la llevamos entre los dos hasta la habitación matrimonial y la acostamos en la cama.
—Está bien peda y dormida —dijo Jefferson en voz baja mientras le quitaba la camisola y el short. Marlyn quedó totalmente desnuda sobre la sábana. Su cuerpo era una obra maestra: tetas con pezones oscuros grandes, coño bien peludo, negro y espeso, y ese culo espectacular esparcido contra la cama.
Jefferson cerró la puerta y me miró con los ojos brillantes por el alcohol y la excitación.
—Kadel… siempre has querido tocarla, ¿verdad? Está profundamente dormida. No se va a despertar. Puedes manosearla todo lo que quieras. Mientras tú la tocas… nosotros dos nos pajeamos viéndola. ¿Qué dices?
Sentí que el corazón me iba a explotar. La propuesta era tan sucia y prohibida que mi verga empezó a endurecerse inmediatamente.
—Estás loco, Jefferson… pero sí quiero —respondí con la voz ronca.
Los dos nos quitamos la ropa y nos quedamos completamente desnudos al lado de la cama. Mi verga gruesa y venosa ya estaba dura, apuntando hacia arriba. La de Jefferson era más larga y recta, también completamente erecta.
Empecé por las tetas de Marlyn. Las agarré con ambas manos, sintiendo su suavidad y peso. Las apreté, las amasé, pellizqué sus pezones oscuros hasta que se pusieron duros como piedras. Marlyn soltó un suave gemido dormida, pero no despertó.
—Joder, Jefferson… las tetas de tu esposa son una delicia —gemí mientras las sobaba.
Jefferson estaba a mi lado, pajeándose lentamente, mirando cómo yo manoseaba a su mujer.
—Sigue, Kadel… tócala como quieras. Mírala, está desnuda para ti.
Mi mano bajó por su vientre suave hasta llegar a ese coño peludo. Abrí sus labios gruesos con los dedos y sentí lo caliente y mojada que estaba. Metí dos dedos despacio, sintiendo las paredes calientes y resbaladizas de su coño. Los moví adentro y afuera con cuidado, mientras con la otra mano seguía apretando sus tetas.
Jefferson se pajeaba más rápido, respirando pesado.
—Qué rico se ve tu mano en el coño de mi esposa… métale los dedos más profundo, cabrón.
Saqué los dedos brillantes de jugos y me los llevé a la boca, saboreándola frente a Jefferson. Luego le ofrecí los dedos a él. Los chupó con gusto mientras ambos nos pajeábamos.
Me incliné más y empecé a manosear ese culo glorioso. Lo apreté fuerte, separé sus nalgas grandes y carnudas, y pasé los dedos por su ano apretado, acariciándolo en círculos. Marlyn movió las caderas dormida, abriendo un poco más las piernas.
—Este culo es perfecto, Jefferson… tan grande y suave —dije excitado, mientras seguía apretándolo y abriéndolo.
Los dos estábamos parados al lado de la cama, pajeándonos sin parar. Yo con una mano en el culo de Marlyn y la otra en su coño, y Jefferson masturbándose a mi lado, mirándome tocar a su esposa.
—Estás bien dura, Kadel —dijo Jefferson con voz ronca—. Me calienta verte tan cachondo con ella. Sigue tocándole el coño… ábrele los labios para que vea lo rosadita que está por dentro.
Hice exactamente eso. Abrí su coño peludo con los dedos, exponiendo su interior húmedo mientras me pajeaba más fuerte. Jefferson hacía lo mismo, su mano volando sobre su polla larga.
Pasamos varios minutos así: yo explorando cada centímetro del cuerpo desnudo de Marlyn —amasando sus tetas, chupando sus pezones, metiendo dedos en su coño, apretando y abriendo su culo—, mientras los dos nos pajeábamos sin vergüenza, gemimos y hablábamos de lo rica que estaba su esposa.
—Quiero correrme encima de ella —dije jadeando, ya al límite.
—Hazlo, Kadel —respondió Jefferson excitado—. Yo te voy a pajar para que te corras rico sobre su cuerpo.
Se puso a mi lado y empezó a pajearme con su mano. Su agarre era firme y rápido, perfecto. Yo seguía tocando las tetas de Marlyn con una mano y su coño con la otra.
—Está tan buena tu esposa, Jefferson… mira ese coño peludo… ese culo enorme…
Jefferson aceleró la mano sobre mi verga gruesa.
—Córrete, cabrón. Llénala de leche. Quiero ver tu semen en las tetas y en el coño de Marlyn.
No aguanté más. Solté un gruñido profundo y empecé a correrme violentamente. Chorros gruesos y calientes de semen salieron disparados. El primero cayó sobre sus tetas, cubriendo un pezón. Los siguientes salpicaron su vientre, su coño peludo y parte de sus muslos. Jefferson siguió pajeándome hasta sacarme hasta la última gota, apuntando mi verga hacia el cuerpo desnudo de su esposa.
—Qué corrida tan rica, Kadel… mira cómo le dejaste las tetas y el coño llenos de tu leche.
Marlyn seguía profundamente dormida, ahora decorada con mi semen caliente brillando sobre su piel. Jefferson recogió un poco de mi leche de sus tetas con un dedo y se lo llevó a la boca, sonriendo.
Los dos nos quedamos ahí, jadeando, admirando el cuerpo marcado de Marlyn.
—Esto se puede repetir cuando quieras —susurró Jefferson—. La próxima vez la emborrachamos más… y puedes tocarla todo lo que desees mientras nos pajeamos por ella.
Limpiamos un poco, pero dejamos algo de mi semen sobre su piel. Vestimos a Marlyn ligeramente y salimos del cuarto como si nada hubiera pasado.
Esa noche abrió una puerta que ninguno de los dos quería volver a cerrar.