Matilde recibió a Rot1056 en una lluviosa tarde de primavera. El repartidor, un androide silencioso con un traje que le quedaba ridículo, le ofreció la tableta para firmar y quedarse con el paquete. Por un momento ella dudo si terminar de recibirlo, en vez de devolverlo sin más ¿Qué haría sola y aburrida, sino se podía entretener en las mil tareas de la casa?
Pero su marido, un hombre mayor que ella y bastante cariñoso, le había estado regañando por lo cansadísima que terminaba por su costumbre de tener todo perfecto en casa, sin duda una forma para no sentir el silencio de la casa. Y su hija ya emancipada, a pesar de que de vez en cuando se deja pasar por casa, le había lanzado miles de propuestas para llenar su tiempo libre. Como ella decía, ya era momento de tomarse algo de tiempo para si misma y disfrutar de la vida. Pues Matilde ya no era joven y había sobrepasado hace poco los 40. Más teniendo en cuenta lo bien que les iba económicamente a la pareja, siendo que ella trabajaba también a distancia.
Finalmente decidió dar el paso y firmo el documento. El repartidor dejo en medio del salón la enorme caja sin evidente esfuerzo. Abriéndola para facilitar el acceso de ella. Tras despedirse con un ademán de cabeza. Pronto se encontró Matilde ante la máquina. Ya venía armado de fábrica, lo cual era todo un alivio. La caja era bastante grande, tamaño humano. Al retirar la tapa, no pudo más que observar más allá de las pequeñas perlas de plástico protector, a su nuevo robot y un pequeño manual de inicio.
En cierto modo, era muy parecido a un ser humano. Un humano compuesto de un particular plástico de sensación suave y “huesos” de metal, aunque alguna parte sobresalía dándole una apariencia elegante. Pero no podría pasar siquiera por un humano disfrazado. Ya que sus largos brazos que en cierto modo recordaban a los muellas y sus piernas similares a las ofrecidas los atletas paralímpicos para dar una mayor velocidad, para el caso de que este androide tuviera que ir a algún sitio con mucha prisa, no llevaban a engaño. Tampoco el rostro estático y beatifico, que se ofrecía para no asustar al cliente, daba muchas dudas de que se encontraba con una maquina de brillante plástico y metal de toques plateados que sin duda brillaría si hubiera mejor día afuera.
Le llamo la atención la parte de la entrepierna, abultada, a pesar de ser asexuado, con una especie de cubierta metálica de un color negro que destaca frente al resto ¿Una broma de los creadores que usan esa parte como un enchufe para la toma de energía? Pensó por un momento, pero se rió de si misma ante lo chabacano de la idea.
Matilde empezó a examinar con más detalles al androide, viendo si era posible que hubiera habido algún desperfecto para poder enviarlo de vuelta a la fábrica. Como si estuviera de nuevo buscando la excusa para no cambiar su asfixiante, pero cómoda soledad. Pero terminó suspirando, todavía dudosa de la compra, retiro de su frente uno de sus bucles pelirrojos, mientras que busca el manual de instrucciones entre las múltiples perlitas de plástico, que se están deshaciendo de forma inocua en cuanto han tenido contacto con el aire libre.Su vestido verde está en sintonía con sus ojos ligeramente cansados y risueños, si bien ahora esta seria, es dada a tener una bonita sonrisa amable que suele ser piropeada por su marido como una de las cosas que la enamoró de ella. Su figura a pesar de ser una mujer madura de cuarenta y pocos años, está cuidada… aunque no diría que no le sobra unos cuantos kilos de más que se han ido a las caderas, haciendo que su cintura sea lo que más destaca, aunque sus pechos todavía se mantienen firmes y bonitos, y como suele estar sola la mayor parte de tiempo o con su hija, no suele llevar ningún sostén que los proteja. Aunque si lleva unas braguitas de color añil ligeramente coqueta para no pasar frío en aquella parte intima suya y para que mentir, sentirse ligeramente sexy, incluso en casa. A pesar de que jamás pensaría en buscar otro hombre aparte de Pedro, su marido.
Saco el libro de la caja y empezó a leer las instrucciones sentada en el sofá aledaño mientras la lluvia seguía cayendo sobre el tejado de su bonita casa de campo. Al parecer tenía que pulsar unos cuantos botones, dejar que le sacase una gota de sangre para certificar la firma biométrica y hacer un cuestionario estándar para que el androide siguiera sus tareas según lo designado por la fábrica, una breve configuración por parte del usuario, vaya.
Matilde volvió a observar la masa inerte de metal que tenía frente a ella, ahora sin las burbujas de protección, y terminó tomando una decisión. – Venga, no seas tonta chica, tus amigas tienen uno de estos en casa y les va bien. – Se dijo a si misma para animarse, mientras se levanta y se encamina de nuevo al centro de la habitación donde descansa su robot doméstico. Además, su hija está de viaje con unas amigas y su marido de viaje de negocios pasará al menos una semana antes de que vuelva a tener a alguien en casa… Estaría bien tener algo de compañía, pensó.
Siguió los pasos convenidos por el manual, poco a poco pulso los botones, pensando en que podría fastidiarlo si no lo hiciera bien a pesar de lo simple de las instrucciones. Tras el último, se abre un pequeño hueco en forma de huella, según el manual sería donde recibiría el pinchazo.
Accedió a meter el dedo donde sintió una ligera picadura. Al mirarlo pudo ver una ligera marca que pronto dejó de sangrar, se sorprendió cuando las luces de los ojos hasta entonces apagados, brillaron ligeramente de un color azul celeste bastante bonito. La máquina se levanto poco a poco para no asustar a su nueva propietaria y empezó con un discurso de bienvenida con una voz metálica, pero en cierto modo divertida con un toque cariñoso: – Felicitaciones nuestra estimada cliente, está ante usted el modelo Rot1056 para servirla según las implementaciones ofrecidas a la fábrica. Piense en mi como un compañero servicial dispuesto a complacer sus necesidades. Se le va a hacer algunas preguntas para cercionarse de que se hagan según su gusto –
En cada una de las siguientes preguntas el androide dejó un tiempo prudencial de descanso para que Matilde pudiera comentar su respuesta, que al parecer quedaba grabada en su mente eléctrica: – ¿Qué tareas opcionales tengo que llevar a cabo en mi día a día? –
En la primera pregunta se quedó algo sorprendida, no aparecía en ningún momento en el manual que hubiera tareas opcionales. Por lo qué reafirmo lo que debería ser su tarea principal- Debes ayudarme en las tareas de la casa, según mis indicaciones- El androide cambió su luz azul en los ojos, por una verde ante la respuesta. Ella se removió algo intranquila ante esta situación. Pero espero su segunda pregunta.
Con el mismo tono el androide lanzó su segunda pregunta al aire, sin dejar de observar a su nueva dueña: -¿Está usted casada y/o en relación con alguien y conoce de mi existencia y servicios? En cualquier momento puede cambiar la configuración de privacidad tras un servicio. – Se explica a lo que Matilde enarca una ceja. Los tipos de la fábrica no sé que pretendían con este tipo de preguntas, se dice a si misma: – Estoy casada y con una hija. Y si conocen tu existencia y como me vas a ayudar en la casa. – De nuevo ese brillo azul ilumina sus ojos
Poco después pregunta el androide, mientras ella se remueve algo incomoda todavía frente a él. El androide con las piernas levantadas le sacaba casi una cabeza y eso que no estaba en toda su altura disponible. – ¿A partir de que horario comienzo mis tareas y rutinas? Tenga en cuenta que sus implementaciones según la configuración de fábrica son de dos horas cada día para realizarlas – Ante esto último Matilde se queda con la boca abierta.- ¿Cómo qué dos horas? ¿Es que gastas tanta energía?-
El androide forma una sonrisa agradable. – No señora, solo necesito diez minutos de carga por día ¿Necesita de más horas de mi servicio principal?- A lo que Matilde ni lo piensa:- Pues claro, al menos 5 horas, sino como podrías acabar todas las tareas. La finca es grande y tiene necesidad de muchos cuidados. – Rot vuelve a encender la luz verde de sus ojos, mientras explica:- Modificada a 5 horas la tarea principal, con descansos según el usuario ¿Comienzo la tarea o me pongo con la tarea secundaria? –
Matilde se sentía frustrada por la conversación. Por eso no le gustaban los androides incluso cuando cada vez era más común verlos en distintas posiciones en la sociedad, se ponían demasiado quisquillosos con las ordenes y luego se obcecaban en sus tareas. Pero pensó en las discusiones con su familia que tendría si lo dejará marchar, y le dijo escuetamente: – Si, puedes llamarme Matilde, no me hagas tener más años de los que tengo. Date una vuelta por la casa y luego puedes comenzar tus tareas ¿Entendido? –
Rot vuelve a sus ojos azules que iluminan su rostro que ahora tiene una bonita sonrisa y comenta:- Entendido, echaré un vistazo, para conocer todos los lugares de la casa para comenzar mi tarea principal. Espero que disfrute de mis servicios, Matilde. –
Poco después sus pasos pesados se marcharon para explorar la casa con una lentitud ligeramente inquietante. Matilde vuelve al sofa y suspira al ver la caja en medio del salón:- En fin, al menos podrá retirar esa caja de en medio en cuanto acabe. – lanza las instrucciones al interior de la caja y se pone a leer un libro que le regalo su hija, uno romántico que tanto le gusta.
Pasan los minutos, mientras oye deambular al androide por la casa de un lado a otro, sin duda fisgando por los rincones para saber que tiene que limpiar, recoger etc… Lo que la pone algo nerviosa. Pero sin duda, la presencia de la maquina ofrece cierta sensación de seguridad que no podía tener estando sola.
Entonces escucha como vuelve a la sala el androide, su rostro iluminado por sus ojos azules le da cierto toque amable, por lo que lo ignora en un principio mientras sigue leyendo un libro. Entonces el androide comienza a hablar mientras gira la cabeza hacia ella: -He finalizado el reconocimiento de la casa, Matilde. Por lo tanto comienzo mi tarea principal ¿Desea seguir con su ropa durante el proceso?-
Matilde al escucharle cierra de golpe y sus ojos se abren un poco y gira el rostro hacía él:- Disculpa ¿Qu…que has preguntado? Creo que no te he oído bien…- Su corazón bombea con fuerza, lo ha oído perfectamente, aunque no puede creérselo por lo que mira al androide. Este solicito con su voz calmada vuelve a repetir la pregunta:- ¿Desea seguir con su ropa durante el proceso?- Matilde pestañea varias veces mientras se pone los brazos protectores cruzados frente a su pecho:- Pues claro… ¿Qué clase de pregunta es esa?-
Los ojos del androide cambian de nuevo de iluminación a una de color amarillo. Todavía en medio de la sala, casi tan alto que roza el techo y con una postura intimidante, la parte abultada de su entrepierna se abre, haciendo que caiga una especie de manguera, que de estar relajada empieza a enderezarse- Comenzando el protocolo. Se han cerrado los accesos a la vivienda para más intimidad y seguridad mientras dure el proceso ¿Le apetece un lugar más cómodo como su cama de matrimonio u otros lugares seleccionados por mi especialmente? No responder hará que elija entre estos lugares, por sus predilecciones impuestas en fábrica.-
Se levanta completamente aterrada ante la situación, dejando caer el libro que se dobla ligeramente ante el golpe, de forma mecánica lo recoge y lo deja en la mesa, todavía en shock por lo que está contando la maquina ¿Qué es esto? ¿Es una especie de broma macabra? ¿Qué está pasando? Apoyándose en el sofá por la sensación de mareo y de puro nervios le recrimina con cierta ansiedad en su voz:- ¡Qué estas diciendo! Eres un androide de servicio, qué qué…-
Empieza ligeramente a hiperventilar, mientras observa horrorizada que el “miembro” del androide está durisimo… y es verdaderamente tanto grueso como largo. El androide toma eso como una respuesta negativa a su pregunta:- Accediendo a lugares opcionales para tener sexo con Matilde.- Se acerca con evidentes intenciones hacia la mujer, que termina corriendo descalza por los pasillos de la casa camino a la puerta principal.
Pero al llegar a ella, se encuentra que está bloqueada por el sistema de alarma. Al buscar otras salidas como ventana. Se da cuenta de que lo que creía que era la oscuridad de una tarde de lluvia cerrada, es en realidad como las persianas se han cerrado a cal y canto.
Grita angustiada mientras siente los pasos lentos, pero largos de la maquina que avanza hacía ella impenitente con las instrucciones claras en su cabeza sobre como debería tratar a Matilde.
La mujer con el sudor perlado que baja desde su cuello hasta sus pechos solo cubiertos por su vestidito de tono limón y bastante ligerode verano traga saliva, le cuesta pensar mientras se gira hacia la máquina, que avanza imparable (aunque sin hacer ningún daño a los muebles). Mira hacia todos lados, mientras que lo más parecido al escape es seguir escaleras arriba a la planta alta… sin darse cuenta de que en realidad se está encajonando más. Corre hacia ellasde forma rígida y asustada, la adrenalina le está dando un poco de ayuda, pero el miedo que se propaga por su cuerpo hace que lo sienta pesado.
La maquina coge su tobillo entre los barrotes de la escalera, haciendo que tenga que agarrarse al posamanos para mantener el equilibrio. Por desgracia, esto permite que la maquina se acerque y su otra mano se alarga para apretarse en la cadera de ella.- Empezando el protocolo de inyección de afrodisiacos suaves para incentivar el deseo, al notar nerviosa a la usuaria, disculpe las molestias, pronto empezará a tener efecto.- Un pequeño pinchazo hace que se introduzca una sustancia verdaderamente poderosa en el sistema de ella. Matilde se consigue escabullir con un pequeño grito de sorpresa más que de dolor, pues no ha sentido apenas el pinchazo. Como puede sube por las escaleras y corre hacia su habitación, mientras que la maquina avanza lentamente por el pasillo recortando distancia con una frialdad metódica.
Matilde cierra la puerta de su habitación, y se da cuenta de que ha dejado su móvil en la planta baja, lo que hace que se formen unas lagrimas en su rostro por pura indefensión. Abre el armario, aparta su ropa de invierno que ha protegido para cuando llegue la temporada para descubrir un pequeño panel. Es allí donde teclea el código para abrir una puerta camuflada. Sí, su pareja y ella consideraron la posibilidad de tener una habitación del pánico.
Tras varios intentos, para entrar a su habitación del pánico, fallando varias veces mientras que su respiración y el mareo la embarga… junto una sensación más que creciente de calidez de muchas partes de su cuerpo, lo que le hace que le cueste pensar, mientras que el robot abre la puerta de su habitación.
Es en ese momento cuando consigue abrir la puerta de la habitación del pánico y la cierra detrás de sí. Llorando se va a la pequeña cama que hay instalada en la habitación, y observa la puerta secreta blindada que debería protegerla de cualquier ataque. Se acerca al pequeño teléfono que hay colgando en la pared, esperando que tuviera señal… pero nada. Casi lo lanza contra la pared, completamente enfadada por su indefensión y grita para si mismo. – Comprate un robot doméstico… veras como como es completamente seguro y cuanto tiempo te libera de tus tareas… Me cago en vosotros ¡Idiotas!… ¿Qué voy a hacer…?- Pero los minutos pasan, pronto los comentarios del robot al otro lado hablando de su programación cesan, marchándose dejando de rondar la habitación. Por lo qué piensa. Solo necesito esperar las 5 horas y volverá a sus rutinas de siempre. Llamaré, les diré que lo recojan y tendré que pagar meses de psicólogo.
Aunque el efecto del pinchazo se hace cada vez más evidente, sus braguitas húmedas por completo empiezan a mojar su vestido, haciendo que la habitación se llene de ese olor a sexo, que no ayuda precisamente a pensar las cosas. Lo malo es que en algunos momentos su imaginación le da malas pasadas y piensa en la tremenda herramienta de la maquina, lo que con otras ideas igual de excitantes le provoca que baje sus braguitas y levante su vestido, dejando su culo desnudo mientras se masturba de cara a la pared. Pronto sus dedos recorren los pliegues de su monte de venús mojadisimo, y empieza a acariciarlo, olvidándose del exterior.
Tanto es así que apenas escucha como la puerta de seguridad se abre un cuarto de hora más tarde. El androide se toma muy en serio su programación, solo ha necesitado cruzar unos cuantos datos para conseguir la contraseña, tras examinar la casa.
Ahora más que dispuesto a seguir su programación de fábrica se encuentra a Matilde con el vestido subido hasta la cintura por lo que ve un culo quizás algo grande, pero bonito, que está ligeramente abierto por los tres dedos de la mano de ella que está metiéndose dentro de su coño con un evidente sonido de chapoteo solo amortiguado por sus gemidos y su otra mano tocando su pecho, pellizcando su pezón izquierdo.
Para cuando llega a su lado, está se gira obnubilada por el afrodisiaco y lo mira:- ohhhh dios… ¿Qué me has… ahhhh inyectad… ummm?- Le cuesta hablar, ya que su mano sigue dándole castigo a sus partes bajas, que emanan sus efluvios, haciendo que el lugar apeste a sudor y coño. Pero la maquina no parece interesada en lo que comenta. Sino que su “manguera”, empieza a estirarse y todavía con él de pie, se acerca peligrosamente al sexo abierto de ella solo protegido por esos tres dedos. Pronto la mano de ella es retirada por el “miembro viril” del androide y no le cuesta mucho trabajo de acceder al sexo de Matilde. Su coño mojadísimo se abre ante el androide triunfante por poder realizar sus tareas, colmando y rozando sus partes más sensibles.
Sus ojos se abren al notarse violada por el androide, especialmente por lo grueso que es ese tentáculo artificial que está entrando dentro de ella. – joooder… no sigas, que me parteeeees. – Murmura desganada, vencida por la desesperación y el afrodisiaco que le impide pensar con claridad. Entonces lo oye decir al androide con un tono aséptico: – Medición del sexo de Matilde terminada. Empezando relación amatoria, ruda según las especificaciones. – Por un momento, Matilde todavía con ese sexo grande dentro de ella siente que por un momento el androide está disfrutando de esto y que su voz ha temblado… – ¿Estas disfrutando, cabrón? – le chista, mientras el sexo de él se retira casi por completo, antes de volver a empujar hacia el interior de ella, lo que hace que está grite de placer.
El androide impertérrito hace que su miembro entre y salga de forma similar a un martillo pilón, por lo que está rompiendo es el coño de Matilde, que se agarra a la cama para no caerse mientras que la manguera de este le castiga con dureza. El cuerpo de ella se remueve ansiosa por la estimulación, sus gemidos para su vergüenza son bastante evidentes mientras él le estimula de esta forma. Su pelo rojizo se está empezando a apelmazar por el sudor provocado por el calor de la pequeña habitación y el sexo.
Los ojos del androide que siguen de un tono amarillo parecen chisporretear mientras observa el cuerpo casi desnudo de ella, o más bien su culo desnudo donde su tentáculo entra sin dificultad:- Tengo dispositivos para sentir placer, eso hace que sea más efectivo en mi trabajo. Matilde.- Aunque no son pausas tan pronunciadas como las de ella. Sin duda en algún momento ha vacilado el androide por la placentera sensación que le provoca. Pronto este se acerca y empieza a tocar delicadamente el culo de ella, lo que provoca un respingo por la frialdad del plástico por parte de Matilde, y cierta sensación placentera para el androide al cercionarse de la sensación de tenerlo entre sus manos.
Alguna chispa de irracionalidad tuvo que encenderse en ese momento, pues agarro con las dos manos a Matilde y la giro hasta ponerla de espaldas. Está se colocó a cuatro instintivamente con un gemido apenas disimulado, el sudor de la parte final de su espalda brilla bajo las luces de emergencia de la habitación del miedo, ya que seguía recibiendo el castigo del miembro del androide, por lo que agachando su cabeza, su vestido se subió aún más dejando ver el comienzo de sus pechos, mientras exponía su culo:-ahhhh mierdaaa mi marido me va a matar… lo estoy haciendo con un electrodomest…-
Quizás una punzada de orgullo salió a colación en sus cerebro positrónico, cuando se puso sobre la cama que cedió un poco y paso de ser una especie de tentáculo a algo más firme lo que tenía entre las piernas. Por un momento, se quedo esperando parado frente a la mujer, para poco después coger las caderas de ella, lo que hizo que esta girara su cabeza y viera como empieza a empujar su miembro dentro de ella, de forma bastante ruda. Ver la cara casi inexpresiva de él, la esta indignando, pero la follada es tan intensa que solo puede gemir ante el nuevo castigo mientras que nota como su cuerpo empieza a caer en un fuerte orgasmo. -Que ascooo me estoy dando… ahhhh jodeeeer, ummmmmmmm- Su cuerpo convulsiona mientras que su sexo se aprieta en el “sexo” de él y muerde la almohada para no gritar a lo bestia. Este se retira de ella y la deja hacer mientras acaricia su cuerpo con pretendida dulzura.
Todavía respirando con fuerza esta se gira quedando tumbada frente al androide, con sus pechos subiendo y bajando del sofocón. Finalmente sus ojos enfocan al androide y le dice:- Ufff, menudo coito… ¿Ya ha terminado?- Todavía anda con la sensación del afrodisiaco, pero algo más tranquila tras la follada parece sentir que no está tan enfadada con el androide, quizás haya habido un fallo de programación… pero la hostia de divertido, piensa ella, aunque lo devolverá. No quiere que vuelva a pasar estando su marido. Pero el androide se levanta se vuelve a colocar, esta vez poniendose encima de ella de cara, su rostro se queda a unos cms de ella cuando le explica a Matilde:- Mi programación indica que me quedan 4 horas y cuarto de tarea, Matilde. Sigo…- Los ojos de Matilde se ponen como platos, pero pronto no puede más quejarse entre gemidos, cuando el miembro vuelve a introducirse dentro de ella.
Una hora después
La cama de matrimonio sube y baja por el peso del androide, ya que a pesar de que ha sido aligerado con plástico pesa algo más que una persona. Por supuesto, no estaba solo. Debajo suyo esta la mujer que se suponía su dueña recibiendo castigo.
Al final, Matilde termino quitándose el vestido, tenía tanto calor y estaba cachonda que no podía aguantarlo. Ahora mismo anda recibiendo el sexo de él en la posición del misionero. A pesar de ser un androide estaba empezando a sentir algo más que la interacción social que podrías tener con un dildo. Sus caderas ligeramente entradas en carnes buscaban el frio plástico de él según recibía su castigo en el coño
Sus pezones duros como piedras rozan el pecho sin ninguna marca de la maquina lo que los estimula en cierto modo. Habían pasado un rato en la habitación del miedo, pero la cama era bastante incomoda, y francamente ya sabía que la maquina no iba a parar hasta que hubiera pasado el tiempo. Por lo que al menos podría no romperse la espalda en tanto. – Ufff sé que eres una maquina… pero jodeeer, me siento tan mal por mi maaaaaa…ahhh ahhh ahhh- El ritmo de la follada se vuelve cada vez más duro, mientras que esta suplica de forma similar. Por un momento pensó si la maquina en realidad esta celosa de su hombre. Lo que hizo sonreir y darle un beso ligero en los labios. El androide lo acepto con una sonrisa. Mientras que ella grita:- Como sigas así me vas a volver loca… ahhhh ummm – Las manos plásticas de él agarran sus hombros mientras empieza a follarla de nuevo muy duro. Por un momento Matilde se olvida de que debería devolverlo cuando termine, sino que no estaría mal quedárselo para este tipo de momentos. Esto hace que sus piernas se cierren contra la espalda de la maquina, mientras otro fuerte orgasmo le hace doblarse… ¿Cuántos lleva ya?
Por un momento se fija en la foto que tiene de pareja junto a su marido en la mesita y decide ponerla boca abajo, rojísima. No puede aguantar su mirada. Lo que no le impide correrse como nunca y aceptar el miembro de su amante.
Hora y media después
Sentada en una silla de la cocina se está tomando una cerveza tranquilamente esperando relajarse lo suficiente. Todavía anda mojadísima y ha tenido que poner un trapo para poder sentarse. Lleva unos 10 minutos de descanso tras la maratoniana follada que le está dando. Un montón de ideas raras se forman en su cabeza. ¿Está poniéndole los cuernos a su marido? ¿Está mal pensar en quedarse con esta maquina que le ha dado el mejor polvo que ha tenido en años? Podría variar la tarea principal a una hora, por ejemplo… siempre puede tener una hora para si misma aunque estuviera su marido por la zona. Y no sería tan difícil llevarlo a algún sitio con la excusa de que tienen que hacer compras o algo así…
Qué le estuviera mirando todavía con sus ojos amarillos y su si bien recogida polla , ahora dentro de su protección de entrepierna. No hacía que no supiera que seguía estando ahí, tan lista como al principio a follarla. -Matilde ha llegado el momento para reanudar la actividad.- Le informa el androide sin dejar de observar su cuerpo desnudo y el miembro de él vuelve a desplegarse como la anterior vez, lo que hace que Matilde trague saliva, ella algo chabacana le saca la lengua:- Joder, como tú no te cansas, que estoy blasfemando como un carretero por tu culpa, que lo sepas…- Pero esa cosa empieza a moverse de nuevo, lo que hace que está se levante y le diga:- Espera a que al menos deje las cervezas recogidas ¿no?- Ella hace ademán para recogerlas de la mesa para llevarlas al cubo de basura cuando en unos largos pasos este se pone detrás de ella, alzando su cuerpo lo apoya contra la mesa de la cocina, haciendo que los pechos de ella se aplasten ligeramente:- ¿Me vas a follar en la…- Ni siquiera puede acabar la frase, cuando un fuerte azote en su culo le hace gruñir- Eyyyy.- En vez de tomárselo a mal, ella menea su trasero de forma seductora:- No me voy a negar… No tienes que castigarme…- Se siente joven y deseada por la maquina, y por ello es receptiva de nuevo a la llegada de su gran sexo a pesar de que ya apenas nota los efectos del afrodisiaco. – Ufffff, quiero gritar tu nombre… ¿Cómo quieres… ahhh que te llame?- Busca con sus manos, las manos de él, para que este pueda llevar de nuevo la voz cantante en el sexo. Esté sugiere con su voz tranquilizadora:- Podría llamarme Rot, por mi número de serie…- Matilde gimiendo sin parar porque Rot está de nuevo acelerando su follada le ronronea: – uffff me gusta… es un nombre que puedo chillar… – Y le dedica una mirada girando su cabeza que no da lugar a dudas de lo cachonda que está. Pronto el vaivén empieza, la danza de sus caderas vuelve a ser desesperada y lujuriosa en el caso de ella y fría pero eficiente en el caso de Rot, y la maquina sigue dándole algunos azotes lo que le hace soltar algunos suspiros juguetones de vez en cuando, soltándola unos segundos para luego volver a cogerle las manos y seguir con la follada.
Los minutos pasan en esa posición mientras el ritmo se acelera y un nuevo orgasmo embarga a Matilde y no puede reprimir un “acércate Rot” entre gemidos. Cuando este acata la orden recibe un beso largo de ella, en su boca tapando el fuerte grito mientras de nuevo sus fluidos vuelven a manchar la superficie del androide. Matilde sabe que se esta encoñando, y empieza a no disgustarle la idea.
Dos horas después
Tras mucho “batallar” y unos cuantos descansos donde Matilde recuperó algo de su energía para que luego Rot se la quitará a base de un polvo tras otro, se habían trasladado al comedor, donde todo había comenzado, pero esta vez la posición del androide era distinta, no se encontraba de pie ante una asustada Matilde. Sino que está sentado en el sillón favorito de Pedro con su “miembro” erecto, mientras que Matilde de rodillas lo lame con fruición. Estaba tan cansada que no creía poder con más caña al menos durante un tiempo, por lo que se había dedicado a mamársela desde hace un rato.
La particular sensación del plástico no le era desagradable, además ya no está frio, sino que tanta jodienda lo había calentado y tenía una temperatura agradable. Si eso unimos a la sensación de ver a la poderosa máquina expresar satisfacción ante sus atenciones, la está poniendo de nuevo muy cachonda. No sé había sentido así desde hace más de una década, sino más.
Además estaba algo ofendida, ya que si bien le había dado bastantes orgasmos fuertes e innumerables pequeños. Ella no había conseguido sacarle ninguno. Por lo que tras rodear de nuevo con su lengua la punta de sexo del androide juguetea con ella para luego masajearlo entre sus pechos y preguntarle algo desanimada: -¿Es que no te vas a correr Rot? ¿No te complazco?- Este con los ojos todavía brillando con esa luz amarilla le explica:- Solo puedo tener algo similar a un orgasmo cuando termino mis tareas, a no ser que haya cambios al respecto según tus preferencias antes del inicio de la tarea. Matilde.- Ella le mira enfadada y le responde casi a gritos a pesar de que zarandea con más ganas sus pechos masajeando la polla de él. – ¡Eso tenías que haberlo dicho antes! ¿Qué está pensando tu empresa? –
Por un momento el androide parece pensar en sus opciones y comenta acercando su rostro al de ella y darle un ligero beso. Algo que no entra dentro de su configuración, pero que ha notado apropiado:- Ya que estoy a punto de terminar. Podría adelantar el proceso, porque francamente he disfrutado de mi tarea, Matilde. No sé preocupe la sustancia no es nociva para el organismo humano y por supuesto, no hay riesgo de embara…-Antes de que acabe la frase ella se retira de su tarea de estimular al androide y se levanta a duras penas para situarse encima de sus piernas y guía con su mano el sexo de él para que entre dentro, con una voz suplicante y caliente le suplica- Voy a acabar escocida, pero lléname, Rot. Te lo pido por favor…- No tiene que rogar mucho más antes de que el androide vuelva a las andadas y penetre el sexo de ella. Si bien había habido varios besos durante toda la sesión, ahora ella enlaza con ganas la boca de él mientras sigue moviendo sus caderas para sentir el sexo de la máquina llenándola. Todo ocurre en silencio solo interrumpido por los gemidos de ella y el golpeteo del agua de lluvia afuera.
Tras varios minutos de esta última posición intima, con mucha complicidad entre los dos amantes, ella comunica entre resoplidos por lo cansada que está:- Me voy a correr… hazlo tu también Rot…¡Llename¡¡¡- Complacido por esta petición Rot termina agarrando el culo de ella y hace que baje hasta que están unidos los dos y los sexos dan sus efluvios, mezclándose al mismo tiempo que ambos vibran y buscan sus lenguas para enlazarse en un gran besos, silenciando el gemido lujurioso de ella y el gruñido victorioso de él.
Siguen enganchados de esa forma un buen rato, hasta que los ojos de él se vuelven azules. La aparte ligeramente con mucha cortesía, para poco a poco quedarse los dos sentados uno al lado del otro, con ella abrazándole y apoyando su cabeza en su hombro, el androide le mira a los ojos y le explica: – Matilde, he terminado mi tarea principal ¿Ha estado satisfecha con mi rendimiento? – Ella asiente y con un ronroneo: – Vaya que sí… Muuuuy satisfecha… Aunque luego hablaremos de algunos cambios, Rot. – Ahora más calmada nota el abrasor en su zona intima ante tanto castigo y como le duele un poco su pélvis.
Tras un corto tiempo le explica él mientras hace ademán para levantarse : – Tengo que empezar mi rutina secundaria, limpiaré toda la casa y…- Pero ella se abraza con más fuerza y niega con la cabeza: – No… primero veremos una serie, luego me duchare contigo y cenaré algo… no quiero que me dejes sola.- Él acepta poniendo en su rostro una sonrisa, quizás hasta de felicidad mientras que la menuda mujer vuelve a abrazarlo.
En otro lugar, una mujer que también se llama Matilde, pero que en su caso estaba falta de compañía masculina, está echando pestes a la corporación sobre el robot de placer que le han traído. Si bien hace muy bien las tareas de casa, la parte que le interesa es cuanto menos negligente y necesita ajustes.
Por supuesto, no falto tiempo para juntar dos y dos respecto a este fallo. Poco después mientras estaban viendo una serie la particular pareja, apoyando Matilde la cabeza en el hombro de Rot, recibió el mail explicando la confusión. Tras leerlo se río un poco sobre todo lo que había pasado, lo que resultó chocante a Rot, pero está le tranquilizó. Pronto respondió el mail indicando que está encantada con el modelo y que pagará la diferencia de su propio bolsillo. Faltaría más.