Ocasiones inesperadas

Ocasiones inesperadas

¡Hola!, soy Giada, tengo treinta y cinco años, pero muchos dicen que luzco de treinta o menos, me hice tatuar el nombre de mi hijo en mi nalga izquierda, Mauricio, así lo llevo siempre conmigo, tengo un físico atrayente ya que siempre fui deportista y por mi altura, me destaqué como basquetbolista, como tal soy muy competitiva e impetuosa en todo sentido, por lo mismo mi matrimonio duró lo suficiente para dar vida a un hijo y al cabo de dos años terminé divorciada, mi marido me celaba demasiado y eran continuas riñas.

Mi hijo que es el amor de mi vida se parece mucho a mí, siempre me acompaño a jugar basquetbol al gimnasio y él mismo se transformó en un poderoso jugador, quizás lo he consentido mucho desde niño, pero el amor de madre y divorciada se vuelca todo en ese ser que nació de ti y la relación pasa a ser muy protectora.

Bueno, aquí comienza la historia vera y propia. Mauri hasta los nueve años, dormía conmigo en mi amplia cama, una King-Size, nunca me había llamado la atención el despertarme con él a mi lado, pero, así como crecía le preparé su propio dormitorio, pronto pasaría a la adolescencia y era normal que él tuviera su lugar y privacidad, al principio él me reclamó y sintió una especie de rechazo, pero al cabo de un tiempo asimiló la situación y se acostumbró, debo decir que había veces que él se quedaba a ver alguna película en mi dormitorio y se adormecía junto a mí, normalmente me despertaba en la mañana durmiendo sola, pues él se iba a dormir a su cuarto.

Por mi trabajo mi despertador suena a la 05:30, así que salto de la cama a la ducha, el mejor modo para despertarse y despabilarse del todo, Mauricio entra al colegio a las 08:30, así que se queda a dormir hasta las 07:00, yo mientras me visto, preparo su desayuno, colación para el colegio y cosas hogareñas, también tomo mi propio desayuno, me pinto, me peino, me meto un poco de color porque me encuentran muy blanca, hago mil cosas en ese poco lapso de tiempo, pero como es rutinario, el tiempo me alcanza bastante bien.

En la vida nunca faltan los imprevistos, esa mañana lo inesperado fue no encontrar las llaves de casa en mi mesita de noche donde siempre las dejo, las busqué en la cocina, en el baño, en la sala de estar, me quedaba solo el dormitorio de Mauri, no lo quería despertar, así que entre en su habitación casi a obscuras, con la poca luz que se filtraba por la ventana abierta, logro ver las llaves en el comodino de mi hijo, no sé en qué momento las deje allí, pero ya las había encontrado, volviendo sobre mis pasos, me fije en mi niño que dormía profundamente, estaba tapado solo con una sábana que le cubría parte de su musculoso torso y sus fuertes muslos, en ese preciso momento en que admiraba el físico masculino y apolíneo de mi hijo él se gira y queda totalmente desnudo, mi hijo duerme desnudo y yo ni idea tenía.

Soy su madre, pensé, que tiene de malo si lo observo un rato, inexorablemente mi vista se fue hacia su verga de adolescente, estaba algo flácida y le pendía hacia la izquierda de su cuerpo, a sus catorce años era de buen tamaño, bastante desarrollado, era grueso y no se veía el glande cubierto por su prepucio, además, con la poca luz que había no alcanzaba a ver sus testículos, me hubiese gustado ver su tamaño apreciar su volumen y proporción, calcular la cantidad de esperma que pudiesen producir, en un momento me sentí invadiendo su privacidad, pero era tanto tiempo que no veía un pene que me sentí turbada, me giré quizás muy de prisa que perdí el equilibrio y caí en la cama de mi hijo, despertándolo de sobresalto.

—¡Madre, que haces!

—¡Ay, hijo por dios! … perdóname, pero había perdido las llaves y las tenías tú en tu comodino

—Sí, ¿no te recuerdas que te dije que yo cerraría la puerta?

—No hijo no me recordaba, las busqué por todas partes y al final las encontré aquí

Mi hijo me miraba somnoliento, un poco asustado, jamás me había metido yo en su habitación, cuando se dio cuenta que le estaba mirando su pene se cubrió con la sabana con un poco de pudor, le pregunté qué porque dormía desnudo y me respondió que era el único modo de soportar la calor del verano, pero me llamó la atención que me estuviera mirando mis senos, solo entonces me percaté que mi blusa se había desabrochado exponiendo mis pechos casi en su totalidad.

—Mamá tu pechos son preciosos … me encantan …

Luego se levantó de la cama y se fue a encender el interruptor, yo no digo nada, solo le sonrío un poco turbada y ruborizada como una colegiala, mi hijo me está admirando mis tetas, pero lo que mi cuerpo sentía era algo conocido y que no sentía desde hace muchísimo tiempo, me estaba excitando como mujer, sentí la humedad de mi vagina y no podía quitar mis ojos de esa juvenil verga que se balanceaba de lado a lado, él con toda naturalidad se paseaba desnudo sin avergonzarse, en seguida me dije que porque debería avergonzarse, soy su madre.

Lo vi pararse frente al espejo y mirarse reflejado ahí, se pasó una mano por la barbilla y luego se rasco sus bolas, me volví a sonreír, era tan macho mi hijo, me sentí orgullosa de haber procreado un varón tan apuesto, lo veo que sale de su pieza al baño, yo me voy a la cocina a terminar mis quehaceres, lo vi entrar en la cocina siempre desnudo, abrió el refrigerador y saco la leche, se sirvió un vaso y lo bebió, yo me deleitaba a mirar su pija que parecía haber crecido, quizás su potencia de adolescente le estaba procurando una erección tan espontanea, que ni siquiera él se daba cuenta de ello.

Me encamino hacia mi dormitorio con la intención de cambiarme la blusa, de siempre no porto sostén, me produce alergias, así que ya en mi cuarto, siento a Mauricio que me mira mientras me saco la blusa y quedo a pecho desnudo, él me mira y se toca su pene …

—¿Qué haces? … ¿Te estás tocando? … no lo hagas … tú sabes que puede suceder …

—¿Y que podría suceder?

—¡Beh! … se te puede venir duro ¿no? …

—Sí … pero no es un problema … a menudo me sucede …

—Está bien, pero no delante de mí … ¡soy tu madre!

—Perdona mamá … no creí que te sentirías azorada … discúlpame …

—No Mauri … es solo que debe haber un respeto entre tú y yo … eres mi hijo …

—Tienes razón, pero a la vista de tus tetas que son esplendidas … mi reacción fue espontánea y del todo natural …

—Gracias hijo … también tu … umh … tu cosita es muy linda … me gusta, pero no debes tocarte delante de mí … ¿entiendes?

—Sí mamá, entiendo … solo que es pequeño … no me crece, mami … no me crece …

—¡Uy niño por dios! … eres joven, todavía eres un niño … ya te crecerá … ya lo veras …

Mauricio se sentó a mi lado y se tomo su pene con cierto desdén, lo tomó como para mostrarme que su tamaño no era mucho y que estaba realmente preocupado de que no le creciera más, veo que se agarra el prepucio y lo estira para hacerlo ver más grande, luego con sus dedos estira la rugosa piel hacia atrás, haciendo salir su cabezota inmensa, él lo mueve de arriba abajo, ¡se le está poniendo duro! …

—Mira mamá … ahora me crece un poquito … si se pone duro me crece un poco más …

Lo miro como una boba, me tiene hipnotizada con esa cosa que le crece y le crece, ¡y no es tan pequeño! … ¡es grande, mi dios! …

—¡Dios mío, hijo! … es muy lindo …

—Si mamá … son como diecisiete a dieciocho centímetros …

—¡Oh, por dios, hijo! … ¡y esa cabezota es enorme! …

—Si mami … ¿te gusta? …

—¡Oh, hijo! … es precioso … es …

A ese punto mis mejillas ardían, y no solo mis mejillas, mi panocha se había inflamada, estaba en llamas, tomé sus manos y las puse en mis tetas … él se ruborizó, pero su pene hizo un movimiento de balancín como apreciando el contacto con mis senos, su erección pareció crecer …

—Dijiste que te gustaban mis senos … ¿cómo los sientes? …

Mauricio me mira con ojos brillantes, me masajea mis mamas y juega con mis pezones que se han endurecidos, se pusieron tiesos y temblorosos, me transmitían una agradable sensación a mi espina, saque pecho para ofrecerle mis tetas a mi hijo, mis manos se fueron a su miembro, hice escurrir todo su prepucio hacia atrás, mi mano apenas alcanzaba a rodear su circunferencia y era más de dos de mis manos de largo, esa cosa estaba en completa erección y palpitaba bajo las yemas de mis dedos, ¡mi hijo tenía una verga monstruosamente grande! …

Turbada me separé un poco de él, pero sentía muchos deseos, mi excitación estaba por los cielos, mi panocha era un arroyo, tengo un momento de hesitación, pero no me puedo contener y me arrodillo y lo prendo en mi boca, me doy cuenta de que tiene todavía el frenillo adherido al glande y comienzo a mamársela

—¡Mamá! … pero ¿qué haces? … ¡yo no lo he hecho nunca! … ¡soy virgen, mamá! …

—Amor mío … no tendremos sexo … quiero solo ver si estás en grado de eyacular …

Sabía que más que una respuesta, era un argumento para ocultar mi lujuria y calentura por la verga de mi hijo, él me miraba un poco atónito e incrédulo de verme con su pija en boca

—Esta bien, mamá … te ves tan linda … eres tan hermosa, mamá … mami, te amo …

—Yo también te amo, hijo … solo relájate y déjame hacer …

De nuevo me lo metí en la boca, bueno, todo lo que podía porque era demasiado grande, toda mi saliva resbalaba por la longitud de su pene, lo había bañado completamente, me lo metí entre las tetas y lo sentí que palpitaba cerca de mi corazón, se lo mamé por más de diez minutos, me encantaba verlo estremecerse cuando mi lengua envolvía su glande hinchado y lustroso, lo empujé para que se recostara sobre la cama y con ambas manos envolviendo su gigantesco miembro, le comencé a hacer una paja, su erección era demencial, sin poder resistirlo me quite mis bragas y mientras le magreaba su pene con una mano, con la otra me metí mis deditos en mi panocha encharcada de fluidos, se podía sentir el chapoteo de mis dedos en mi vagina transformada en laguna, por cerca de diez minutos y después de haber experimentado un orgasmo bestial, sentí la afanosa respiración de mi bebe …

—¡Mami que estoy por acabar! …

Me concentré en el ritmo de mi mano y le meneo la verga arriba abajo con inusitada velocidad, miro la cabezota que ha adquirido un color violeta, está hinchada casi por explotar, el orificio en su glande se mueve como la boca de un pececillo, siento los latidos de su pene en mi mano, escucho sus gruñidos y quejidos y las primeros chorros de esperma caliente salen volando desde el orificio de su glande, todo sucede muy rápido y muy lento, me maravillo ver volar esa crema espesa y blanquecina de mi hijo, hasta que un chorro me cubre la vista y me pierdo en una nube de semen, logro solo bajar mi boca para recibir sus últimos chorritos en mis labios y degustarlo como un manjar exquisito y delicioso.

Logro despejar mis ojos de esa lefa caliente y veo que mi cuerpo entero está bañado en semen, hay unas gotas que cuelgan de mis pezones, las recojo con un dedo y me los llevo a mi boca cual si fuera un delicatessen, es la esperma de mi hijo …

—Mauri … te amo …

—También yo mamá … me has hecho algo que nadie jamás me había hecho … me ha rendido feliz …

—Tú también a mi tesoro … al parecer lo necesitábamos entre ambos … ha sido riquísimo …

—Ahora hazte una ducha y ándate al colegio …

—Esta bien mamá, como tu digas …

Me quedé sola en mi habitación y mire otra vez la enorme cantidad de lechita que me había regalado mi niño, pero si estaba toda cubierta de esa maravilla, me levante recogiendo su esperma y llevándomela a la boca, me miré al espejo y me gusto esa expresión de puta caliente que tenía en mi cara, estaba encantada, no tenía ningún remordimiento, me sentía muy en paz conmigo misma, esperé que mi hijo saliera al colegio y me fui a la ducha.

Después de esta primera ocasión inesperada, no hicimos nada más con mi hijo, él en su calidad de hijo y yo en calidad de madre afectuosa sí, pero cero sexo, él tampoco atinó a buscar una segunda vez ni nada parecido, así que fue solo una desatinada experiencia y nada más, o por lo menos eso era lo que yo creía.

Otra ocasión inesperada, fue la vez que concurrimos a un matrimonio de un compañero de trabajo, ahora Mauricio tenía quince años y se acercaba su cumpleaños de los dieciséis, esa tarde se me paso la mano con el trago e hice beber también a mi hijo, el cual termino tan borracho como yo, él mismísimo novio, mi compañero, nos trajo de regreso a casa … ¡que vergüenza! Madre e hijo ebrios, yo caminaba a mala pena, pero mi amigo tuvo que cargar a mi hijo que no podía ni caminar por si solo, le ayude y juntos lo llevamos a su cama, luego con todas las disculpas del caso me despedí de mi amigo y quedé sola con mi hijo semi inconsciente de borracho, como pude lo desnude completamente, me sentí apesadumbrada por él y no quise dejarlo solo, quizás mi subconsciente me ordenaba de tenerle compañía o quizás era solo yo a no querer estar sola, así que me deje caer a su lado, él dormía plácida y profundamente.

Yo me sentía cansada, pero no tenía ganas de dormir, me sentía sudada, necesitaba lavarme, así que me desvestí completamente y me fui al baño tambaleándome, me sumergí en un baño de espuma exquisito, seguramente me adormecí, al cabo de un rato abro los ojos y veo en el reloj del baño que son las tres de la madrugada, he estado dos horas a remojo, el agua se había casi enfriado, me sequé y desnuda me fui a controlar a mi bebé, Mauri duerme sueños felices, tan felices que tiene una semi erección, quizás esté soñando un sueño erótico, quizás con que zorra está fantaseando, poco a poco veo que lo tiene todo duro apuntando a su ombligo, no resisto, su verga me atrae como un imán, la pija de mi hijo me causa una excitación alucinante e incontrolable, me siento toda bañada, me paso dos deditos por la rajita de mi panocha y empapados con mis fluidos me los llevo a la boca, espalmando mis labios y con mi lengua pruebo el sabor de puta caliente que me atenaza mi almejita.

Es más fuerte que yo, me acerco y lo envuelvo con una mano y lo empiezo a pajear lentamente, como un masaje a toda esa asta esplendorosa de mi hijo, él continua a dormir como un angelito, su polla seguramente ha alcanzado sus dieciocho o veinte centímetros y pulsa en mi mano, lo tomo con las dos manos y mis labios se cierran sobre su glande y se la mamo con bríos y deseos, me trago su verga hasta sentirlo en mi garganta provocándome algunas arcadas, su cabezota tapa mi garganta no permitiéndome respirar, lo saco de mi boca para tomar una bocanada de oxígeno, su pene esta duro como una roca y mi niño no se despierta, cree estar soñando.

Con una mano prendo sus bolas y las siento pesadas, están llenitas de leche, hinchadas y duras, mi panocha está perfectamente lubricada, dándole la espalda lo monto a horcajadas y me empalo en esa verga tiesa y caliente, así natural sin condón, estoy gozando a mi hijo … ¡que puta que soy! … me estoy follando a mi retoño … ¡no! lo estoy violando … ¡que puta que soy! … ¡y como me gusta! … ¡no me basta! … me lo saco todo mojado con mis fluidos, me doy vuelta para mirar su cara, todavía duerme, mirando su dulce rostro me masajeo las tetas y siento la punta de su polla cosquillear mi ano … ¿y porque no? … le aferro su asta con una mano y la apunto a mi culito, me siento en ella, centímetro a centímetro su polla se hace espacio en mi esfínter, cuando lo siento que ha entrado todo me detengo a asimilar su envergadura y calmar el dolor de mi culito, una vez que me siento cómoda inicio un sube y baja, encuentro tan placentero tener la verga de mi hijo ensartada en mi culo que el dolor ha desaparecido y empiezo a gozar como una puta ardiente, me entra y me sale suavemente ¡oh dios como me gusta! Con un grito lascivo vengo sobrepasada por un potente orgasmo que se prolonga sintiendo que mi hijo eyacula una portentosa cantidad de semen en mi recto que inundado deja salir un poco por los anillos de mi ano, he ensuciado su cama, he acabado dos veces y él ni siquiera se ha despertado.

Limpie el todo y me fui desnuda a dormir a mi dormitorio, a la mañana siguiente mi pobre Mauricio se tocaba la cabeza y se lamentaba de haber bebido demasiado, tenía sed y hasta ganas de ir al baño, me pedía que le preparara algo de beber, no quería comer nada, decía sentirse muy mal con la resaca de su borrachera, pero ni una sola vez menciono algo de lo ocurrido en su cama y no seré yo a hablarle al respecto … mantendré el secreto … y si lo quieren saber … sí, lo volvería a hacer una y mil veces … no hay nada más rico que hacerlo con mi propio hijo.

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