Capítulo 7
Dos días después, por la mañana, estaba sola, claro.
Andaba de playera de algodón sin bra y debajo un short, como siempre.
Les confieso que me arrepentí y me entró temor. Tal vez fue un arranque de coraje; no pensaba convertirme en puta en realidad.
Tocaron a la puerta y era él, el joven vergón. Venía con uniforme de la escuela. Por un momento dudé en abrir, pero abrí. Me besó tiernamente en la frente y me abrazó sin decir nada. Me llevó al sofá y se sentó a mi lado. Me enseñó una foto precisamente de mi esposo entrando a una casa pequeña y luego otra foto donde sale ella, y el Facebook de ella: salía embarazada de unos 6 meses, bien vestida.
Ella es morena, es bonita y joven, con unas tetas medianas y una cola paradita, pelo lacio largo, enseñando la pancita.
Y sentí un nudo en la garganta y en las tripas de coraje.
Como queriendo desquitar mi coraje, me arrodillé delante de él y le saqué su verga aún floja. Pero la empecé a chupar y al instante fue creciendo en mi boca. La chupé como quien chupa algo delicioso, besando su cabeza y bajando a sus huevos; también los chupé, metí uno y luego otro en mi boca. Ufff, estaba venosa, bien formada, dura y grande. Y me prendí, por qué no admitirlo, chupando como queriendo sacarle la leche. Pero mi concha ya estaba mojada.
Me levanté, me quité toda la ropa y me senté en su verga de espaldas. Apenas sentí su cabeza en la entrada de mi concha y me senté de una. Ufff, qué delicioso. Movía mis caderas en círculos y él atrapaba mis tetas en sus manos, apretando mis pezones y mis tetas como si fueran pelotas antiestrés. Me besaba la espalda.
Y saben, me sentía mujer: un joven disfrutando de mí, de mis tetas, de mis nalgotas, de mi espalda y mi rollito, de mi madurez. Uno se siente bien por dentro, como si estuviera enamorada, como aceptación, como liberada. Qué delicia disfrutar de aquella verga tan rica.
No podía subir y bajar mucho porque mis piernas no me dejan. Por un momento intenté metérmelo por el culo así sentada sobre él, pero apenas entraba la cabezita. Aun así era delicioso. Me quité nuevamente, me hinqué a chupar aquella verga tan deliciosa, chupaba sus huevos hasta su cabeza. Ufff, dos, tres veces. Y luego coloqué mis tetas alrededor de ella y le hice una rusa: su verga entre mis tetas. Ufff.
No aguantó más y me dijo:
—Espera un momento, quiero darte por el culo antes de venirme.
Y yo solo asentí (¿por qué les gusta tanto dar por el culo a los hombres?).
Bueno, me puse en cuatro con la cabeza en el suelo y paré mi culo. Él se separó dejando todo mi hoyo expuesto y mi concha también. Me la dejó ir de una por mi concha. Ufff, haaaa, una y otra vez. Recuerden que yo mojo y se escuchaba chop chop chop, plash plash, el mete y saca delicioso. Me dio como 10 minutos así y estaba a punto de venirme. La sacó y dejó mi concha palpitante y muy mojada.
Apuntó al hoyo de mi culo y la dejó ir despacito, como sintiendo cada pedacito de mi culo. Ufff, resbalando delicioso, es un dolorcito rico hasta tenerla a tope. La sacó despacio, muy lento, unas 6 u 8 veces. Y entonces un mete y saca duro al fondo con fuerza: haa haaa haaa. No aguanté, empecé a mojar más mi concha y a venirme: haaagggh hagagaga haaaa y zaz zaz hasta dentro de mi culo. Y duro: plap plap, aceleró plap plap plap. Casi me tumba, pero me tomó de mi poca cintura (bueno, de mis rollitos) y me la dejó ir al fondo. Empezó a lanzar su leche muy adentro: haaaaaaaggg. Se quedó unos segundos; yo sentía cómo su verga punzaba lanzando leche y poco a poco se hacía más chica. La sacó y se escuchó plop.
Se quedó de pie mirando mi culo abierto y poco a poco sacando su leche. Me paré y nos fuimos a bañar con cariños. Me dice:
—Oye, ¿puedo invitar a alguien más?
Y solo asentí: soy tuya, haz lo que quieras.
Nos secamos y nos acostamos en la cama como dos novios desnudos. Yo acariciaba su pecho y él mis tetas.
Tocaron a la puerta y me dice:
—Ve, abre.
Quise tomar un blusón para taparme y me dice que no. Por un momento lo pensé, pero total… Al final de cuentas venía a cogerme también. Abrí la puerta y para mi sorpresa no era él, jajajaja. Era un repartidor de paquetería que se quedó con los ojos como platos, pues abrí de un solo golpe quedando plenamente desnuda.
—Disculpe que la interrumpa, quería dejar un paquete de los vecinos.
Y por atrás de mí, plas, una nalgada que resonó. El paquetero como estatua, mirándome mayormente mis tetas y mirando detrás mío a un joven. Tomé el paquete, cerré, me agarró de las nalgas, me dio tremendo beso y me dice:
—Qué puta eres.
Y solo dije:
—Sí, tu puta.
Y le sonreí. En eso otra vez sonó la puerta y abrí. Era un hombre de unos 40, delgado como la muerte y muy blanco (más que yo). Sonrió pues me tenían agarrando las tetas por detrás. Entró, solo saludé y nos fuimos al dormitorio.
Pronto se desnudó y miré una verga grande, delgada, blanca, con la cabeza rosada e hinchada. Empecé a chuparle con ganas y ufff:
—Tremenda milf, hee, sí, está bien rica, buenota y coge riquísimo. Tiene un culo ufff, apretadito.
Y hablaban de mí como puta, pero por dentro eran halagos y me sentí feliz. Latía mi corazón como enamorada y más ganas le puse a la mamada: shhoppp sllpps slpo. También la puse en mis tetas y se perdía dónde subían y bajaban. Uff ufff, sí que sabe. El otro también me puso la verga en la cara y solté mis tetas; chupaba una y agarraba otra con mi mano. Así, cuando estaban bien duras y mi concha mojada de nuevo, se acostó el nuevo y me monté en él de frente. Me la metí a gusto por lo mojada o por lo abierto. Ya ponía mis tetas en su cara y me movía un poco cuando siento una verga queriendo entrar a mi culo, dentro un poquito. Pero a la verdad, por mi gordo culo y mis piernas no entraba más allá de unos centímetros. Pero no dejaba de ser delicioso, mmmmm.
Por primera vez tenía mis hoyos llenos de verga, aunque había metido cosas por mis hoyos al mismo tiempo como zanahorias o un plug, pero esta vez era diferente. La sensación ufff, delicioso. Me empujó más hacia abajo y entró un poco más, pero era imposible un mete y saca. Se salió de mi culo e intentó meterla en mi concha, pero fue más imposible aún. Pero la sensación de querer meter dos vergas en mi concha ufff… La verdad, si se pudiera, sí hubiera querido sentirlas así.
Me dijo:
—Cambio de posición, de frente a mí.
Y lo hice. Tomé aquella verga delgada y me la puse en el culo y ufff, entró fácilmente hasta el tope. Por el peso mío solo podía moverme hacia los lados. Abrí mis piernas y atacó mi concha con su verga y entró, pero igualmente si nos movíamos se salían por lo mojada, por la pose y por mi peso. Entró un poco y estaba con los hoyos llenos de verga. Pero el pobre flaco abajo mío se cansó y algo que parecía delicioso no se pudo. Solo dijo que tenía un culo delicioso de ensueño.
Así que solo puse a mamar una verga y paraba el culo del otro lado para que me la metieran apuntando a mi concha. La verdad, ese mete y saca hasta dentro me hizo venir delicioso: haaaaaaaggg haaaa. Y el flaco al escuchar y sentir mi venida también se vino dentro de mi concha. Ufff, preciosa milf, qué puta.
Aún con las piernas temblando, me di la vuelta ensartándome por el culo de mi hombre, moviendo un poco en círculos. Me jaló hacia atrás casi recostado, mi espalda con su pecho y amasando mis tetas que caían a los lados. Sentí unos dedos jugando con mi concha y entraron dos o tres; los movía en círculos uffff, jugando con mi clítoris, mi concha palpitante y mi culo palpitante pero lleno de verga.
Miré en la cara del flaco una lujuria, una pervertida mirada hacia mi concha. Me empecé a sentir llena por los dos lados como si tuviera una vergota dentro. Estaba por venirme enseguida. Empujó más y es que tenía toda su mano flaca dentro de mi concha. Yo sentí como la movía, pero no sabía qué tanto estaba dentro. Y dice:
—Bro, bro, metí la mano hasta la muñeca y mira qué puta, se ve qué putota mil.
Y empezó el espasmo de mi concha a venirme a chorros, apretando mi concha y culo, y como si exprimiera la verga de él. Incluso empezó a soltar su leche. Sacó su mano y sentí la concha bien abierta y su mano llena de fluidos blancos cremosos. Me miraba y sonreía con esa sonrisa pervertida.
Nunca pensé que se podía hacer eso, pero la sensación de estar llena fue deliciosa.
Me quité de la cama y había una torta de fluidos y leche y todo alborotado. Olía a sexo. ¿O ha puta? Me fui a bañar, sentía incómodo mi sexo. Ellos se quedaron platicando y después se bañaron cada uno. El flaco se despidió muy contento. Mi macho me dice:
—Preciosa.
Y me da unos billetes:
—Disculpa si el profe se pasó con tu concha.
—No pasa nada —le dije tomando el dinero y me dio un beso.
—Déjame sola acomodando y limpiando el desastre.