Capítulo 6

AVENTURAS POR EL MUNDO

EL MANTERO DE LAS RAMBLAS

CHARLINES

Said, un muchacho argelino que había llegado a España hace casi tres años, se ganaba la vida como podía en las calles de Barcelona. La mafia que le daba trabajo se encargaba también de tenerle controlado en todo momento. Said quería alejarse de esa gente, pero estaba demasiado unido a ellos, prácticamente le sería imposible salir de esa bola que le devoraba día a día. Said es un muchacho risueño y con ganas de vivir la vida. A sus veintiún años había tenido que abandonar todo para trasladarse a un país extraño, donde pensaba vivir mejor, pero la mafia lo tenía estrujado. Le daban alojamiento y le proporcionaban trabajo, pero eso solamente le generaba más deudas. Si al menos pudiera conseguir otro trabajo y dejar de depender de la mafia, otro color le daría a su vida.

Uno de los días que se encontraba vendiendo, le llegó tarde el aviso y fue detenido por la policía. Esto le suponía que le requisarían la mercancía y debería aún más dinero a la mafia. Aterrado estaba en una celda con otros cinco detenidos, cuando escuchó su nombre.

  • Vamos moro, que no tenemos todo el día.

Said se levantó y siguió al agente que lo llevó a una sala.

  • Siéntate ahí y espera.

Said aterrado se sentó tras una mesa donde a cada lado había una silla. Una mujer entró en la sala. Una mujer de unos cincuenta años, muy bien vestida, elegante y esbelta. Su figura aún conservaba una buena forma, su largo pelo moreno y sus puntiagudos pechos, le daban un aspecto sexi.

Said se sorprendió y se preguntaba ¿quién sería esa mujer? Rápidamente se aclararon sus dudas.

  • Buenos días, Said, soy Marta, seré tu abogada
  • No, prefiero ir a la cárcel, no quiero más favores de la mafia, jamás podré pagarlo.
  • Tranquilo, no me manda la mafia, pertenezco a una asociación que se encarga de atender a los detenidos que no tienen abogado. En vez de uno de oficio, estamos nosotros. A ti esto no te costará nada, estate tranquilo, esto es un trámite formal y ahora mismo saldrás en libertad. ¿pero, cuéntame algo de tu vida?

Said empezó a contarle, cómo había abandonado su país en una patera donde casi mueren todos. El viaje le costó un buen dinero y allí en Argelia, le habían dado una dirección donde en España le darían trabajo. El trabajo resultó ser la venta por las calles, de productos ya caducados, de antiguas camisetas de equipos de fútbol. El ganaba muy poco con ello y su pensión le costaba muy cara, con lo que siempre debía dinero y su deuda cada vez era más grande.

Marta lo escuchaba con atención mientras se fijaba en sus gruesos labios y en esa lengua, debía hacer maravillas en donde ella ahora ya era un charco. Ahí mismo decidió que se tenía que follar a ese chaval, con gran disimulo bajó la mano hasta la unión de sus piernas y se acarició por encima del pantalón. Mientras Said seguía con la historia, Marta iba generando una propia, en su imaginación y pensó que le podría tener para ella como y cuando quisiera. Pensó en su casa del campo donde pasaba mucho tiempo sin ir y luego todo estaba salvaje, pensó que Said podría ser el cuidador, le pagaría un dinero y allí seguro que no le encontraba nadie.

Marta miró a Said con una sonrisa en la boca, este ya había terminado su historia y también la miraba expectante.

  • Mira chaval, has tenido suerte, tengo una finca en el interior y necesito un guardés que se ocupe de ella. Yo te doy alojamiento y mil euros al mes si te comprometes a cuidar la casa, la piscina y los jardines.

Said la miró anonadado, no se lo podía creer, por fin podría salir de la custodia de la mafia y hasta podría mandar un dinero a su familia. Said miraba a Marta con los ojos perdidos y húmedos por la emoción.

  • Claro señorita, yo ocuparme de todo, yo muy feliz de ser su servidor.
  • Bueno, pues arreglemos tu libertad y me acompañas que hoy mismo te llevaré a la casa.
  • ¿Y mi ropa señorita?
  • Tranquilo, yo te compraré ropa.

Marta agilizó las diligencias, para poner a Saiz en libertad y lo llevó tras ella hasta su automóvil. Lo llevó a unos grandes almacenes y allí lo vistió con mejores ropas, también compraron ropa para el trabajo. Con la ropa en la mano se acercaron a un probador, donde Said se probó la ropa. Marta miraba tras la cortina, quería ver la verga de ese muchacho. Said se quitó la camiseta exhibiendo unos potentes músculos pectorales y después se quitó el pantalón. No usaba ropa interior, por lo que su morcillona polla apareció ante los ojos de Marta que tuvo que reprimir un grito. ¡Madre del amor hermoso!, menudo aparato y estaba en reposo.

Marta se inundó, sus bragas se empaparon y hasta un pequeño cerco apareció en la tela de su pantalón. Menuda polla tenía el chaval, tenía razón María cuando le decía que jamás volvería a comerse una polla como la del negro aquel en república dominicana. Se apartó de la cortina para no ser vista y esperó que Said saliera del probador. Recogieron las ropas y partieron hacia la finca.

Al llegar a la finca, Said abrió unos ojos como platos, ante él aparecieron los más de cinco mil metros cuadrados de la finca, un camino los llevó hasta la puerta de la casa y ahí Marta le pidió bajar del auto. Le enseñó la casa y le explicó cómo calentar el agua de la piscina, como limpiarla y como tenerla al día. Igualmente le enseñó la finca y un pequeño vehículo que podría utilizar para recoger las ramas y demás restos de la poda y limpieza de la finca.

Said era una sonrisa perenne.

  • Muchas gracias, señora, seguro estará todo a su gusto.
  • No lo dudo, prepárame la piscina para el fin de semana, te traeré comida. Bueno, ahora he de irme, el viernes por la noche te veo.

Said no pudo dejar de mirar el impresionante culo de Marta. Marta por su parte, no podía dejar de pensar en la polla de ese muchacho que la tenía embelesada. Su cabeza iba dando vueltas a la posibilidad de tener a ese muchacho entre sus piernas, en su lengua y en sus duros músculos, se ponía muy cachonda pensándolo y a punto estuvo de tener que parar el auto y autosatisfacerse.

Al llegar a su garaje suspiró, su pantalón ya estaba bien mojado también. Entró en su casa y rauda se dirigió a la ducha. Se metió bajo la ducha de lluvia y apoyó sus manos en la pared para dejarse envolver por el agua. Sus manos bajaron despacio hasta llegar a su sexo, su piel se erizaba y su excitación era tal, que nada más tocar su clítoris, se corrió, se corrió como una zorra, gritando el nombre de Said.

A duras penas consiguió secar su cuerpo y se tiró desnuda en la cama donde se quedó dormida. Al día siguiente ya era jueves y pensó que le costaría llegar a la tarde del viernes. Esa mañana la dedicó a pensar su estrategia para ganarse al chaval, tampoco quería parecer fácil y sumisa. En ese momento ella era la jefa y tenía el bastón de mando. La boca se le hacía agua cada vez que recordaba ese cuerpo desnudo frente al espejo del probador. La mañana se le hizo eterna y por la tarde había quedado con su amiga María, le contó todo y esta, la miró con ojos pícaros.

  • ¿Te lo vas a follar?
  • En cuanto pueda jajajaj
  • ¿Me lo dejaras probar? Ya estoy entera mojada
  • Si te portas bien te lo prestaré jajajaj.

Las dos amigas pasaron la tarde de compras, entraron a comprar unos bikinis a una lencería. Marta buscó un bikini para su amiga, que apenas tapaba nada, lo justito.

  • ¿Estás loca, quieres que me ponga esto?
  • Claro, con esto no se te resiste.

Marta se probó el bikini, que apenas tapaba sus pezones, marcándolos en todo su esplendor y la tanga era un hilo, por delante no taba mucho, pues se colaba entre sus labios. María acarició los pezones de Marta y bajó su mano hasta tocar su coño.

  • Joder cerda, estás calada.
  • Joder… pensar en esa polla, me tiene calada desde que se la vi.

Las amigas compraron más ropa, tomaron un par de cafés y se despidieron. Ese día Marta se acostó temprano. El viernes por la mañana tenía tres juicios con lo que tenía la mañana repleta. Esto le vino bien, pues apenas pensó en su nuevo trabajador. Comió en el centro comercial, compró comida y algunas cosas para la casa y rauda partió hasta la finca.

Cuando llegó, Said estaba cortando las ramas de unos árboles. Un pequeño pantalón era su única vestimenta y su cuerpo brillaba al sol. Sus músculos se marcaban en su cuerpo y acercándose más, pudo observar el bulto que se marcaba en su pantalón. Marta se iba deshaciendo por el camino.

  • Said haz el favor de recoger del coche unas bolsas que he traído para la casa, las llevas a la cocina.

Said raudo se dirigió al auto, no sin antes mirar la camisa de seda de su nueva jefa, donde se marcaban poderosos unos tiesos pezones. Su polla dio un pequeño salto dentro de su pantalón.

  • ¿Calentaste el agua de la piscina como te dije?
  • Sí señora lo tiene usted a veintisiete grados.
  • Perfecto, voy a cambiarme e iré a la piscina.

Mientras Marta se ponía el bikini, Said se dispuso a colocar todas las cosas que Marta había traído. Cuando bajó, Marta, se pasó por la cocina para decirle a Said que estaría en la piscina. Este se quedó absorto con la visión de la diosa. Sus pezones se marcaban sobresalientes en la escueta tela y su sexo aparecía libre de tela, pues se la había comido. La polla de Said se tensó de tal manera que el pantalón adquirió la forma de una tienda de campaña. Los ojos de Marta se abrieron desmesuradamente al contemplar ahora en todo su esplendor esa majestuosa polla.

  • ¿Eso es por mí?
  • Si, si, señorita, está usted espectacular, muy, muy sexi.

Marta esbozó una sonrisa y dándose la vuelta, desapareció tras la puerta de la cocina. Said ahora pudo observar el culo de Marta sin ningún tipo de obstáculo, pues el hilo se había introducido entre sus glúteos.

Said se agarró con fuerza su polla, esa mujer le ponía muy cachondo y tenía muchas ganas de meter su polla en ese bonito coño.

Marta por su parte agradeció el frescor del agua, pues aún a esa temperatura, fuera, hacía mucho más calor.

Said volvió a sus quehaceres mientras Marta hacía unos cuantos largos en la piscina. Salió de esta a media tarde y se tumbó al sol exponiendo ya sin tapujos su cuerpo al sol, total para la tela que llevaba, mejor sin nada.

Said apareció una hora después y observó a Marta dormida sobre la hamaca completamente desnuda. Mientras tocaba su polla observó el perfecto culo y las largas piernas de Marta. Lleno de osadía, abrió ligeramente las piernas de Marta, mostrando así su sexo desnudo. Ahí mismo, tras ella se pajeo hasta que su semen regó el césped que había tras Marta. Said recogió su polla y partió raudo hacia la casa.

Marta despertó cuando el frío de la tarde cubría su cuerpo, se adentró en la casa, la puerta del baño de invitados estaba abierta y pudo ver a Said tras la ducha, su impresionante polla era sujetada por su mano y la meneaba con furia.

A Marta se le nubló la vista y el entendimiento y rauda se acercó a la ducha, sin decir nada, se postró entre las piernas de Said y sujetando su polla con ambas manos, la llevó a su boca. Un terrible placer la invadió cuando ese capullo profanó el contorno de sus labios para adentrase en su húmeda boca y tocar su garganta.

Said gimió de gusto al sentir la cálida boca de Marta rodear su polla, comer su polla, tragar su polla. Un ligero bamboleo de sus caderas hacía que su polla entrara aún más en la boca de Marta que exigente tragaba todo cuanto podía.

  • Dame tu leche cabrón, lléname la boca.
  • No, quiero follarla, me gustaría sentir su calor.
  • Dame tu leche, ya me fóllaras luego.

Said se dejó llevar por la excitación que tenía desde hace días y sujetando la nuca de Marta, le folló la boca hasta llenarla con su preciada leche.

  • Toma puta, toma mi leche, no dejes nada.
  • Que rico sabes cabrón, que rico

Marta tragó toda la leche que esa magnífica polla le proporcionaba y la dejó limpia y reluciente. Tras darse una buena ducha. Said preparó shkashuka, típico de su tierra y cenaron un poco.

  • Me ha gustado mucho comerme tu polla, pero creo que ahora deberías ser tú quien se comiera mi coño.
  • Estaré encantado señora, será un placer.

Marta se levantó sigilosa y lentamente caminó hasta el orejero que había en el salón. Se quitó la toalla que cubría su cuerpo y la dejó sobre el asiento, mientras meneaba su culo en señal de llamada. Lentamente se sentó sobre la toalla y subió cada una de sus piernas al reposabrazos del sofá.

Said sabía lo que tenía que hacer. Se dirigió hacia Marta, se postró entre sus piernas y desde su tobillo hasta casi su sexo, ascendió lamiendo con su lengua, para bajar sobre la otra pierna. Volvió a subir y bajar. Así estuvo un buen rato, mientras Marta gemía y acercaba su vulva a la boca de Said. Por fin este se adentró entre sus labios mayores, lamió ese canal que se iba abriendo al paso de su lengua y llegó al botoncito de Marta que le recibió con un potente gemido.

Said sacó la punta de su lengua, acarició sin prisas ese botoncito y sorbió de él para hacerlo aún más grande.

  • Así cabrón, así, cuánto he deseado esa lengua, no pares, no pares.

Said recogía las mieles del sexo de Marta con su lengua, ahora la sacaba entera y recorría con ella todo su sexo. Marta se deshacía sobre esa lengua y ahora con su mano apretando con fuerza la cabeza de Said, repasaba su sexo por la boca de este, desprendiéndose a la vez de gran cantidad de sus jugos.

  • Joder que gusto, que gusto, sigue, no pares sigue.

Said no tenía ninguna intención de parar y seguía su lento caminar mientras su ávida boca tragaba las mieles que ese coño llorón le ofrecía. Marta gemía y sus orgasmos se iban sucediendo uno detrás de otro. Se sujetó con fuerza a la cabeza de Said y.

  • Que me haces cabrón, que me haces, joder me meo, me meo, hijo de puta, que, me haces…

La primera vez que marta tenía un squirt fue esta, lleno la cara y el cuerpo de Said con su corrida y quedó exhausta tumbada en el sofá. Jadeaba con fuerza, cuando Said la envolvió con sus fuertes brazos y la llevó hasta su habitación. Said se retiraba para dejarla dormir, cuando Marta le gritó.

  • Donde vas, tienes que follarme, tienes que calmarme el coño.

Said la miró con lujuria y se colocó entre sus piernas. Cogió una almohada del cabecero y la introdujo bajo la espalda de Marta. Marta se sorprendió, eso no se lo habían hecho nunca, al poco comprendió, ahora su sexo quedaba prácticamente a la misma altura que la polla de Said.

Said se acercó al sexo de Marta, dejó que la punta de su polla se acercara a esa húmeda cueva y la fue dejando entrar muy lentamente en ella. Marta abría la boca, sintiendo como era traspasada por esa dura barra de carne que tunelaba lentamente su interior. Said entraba despacio a la vez que imprimía un lento vaivén a su cuerpo. Cada milímetro que esa barra entraba Marta se sentía abrir, partirse en dos. Cuando los huevos de Said por fin hicieron tope, un rio se desbordó dentro de Marta.

  • Ahora, dame fuerte, muy fuerte, dame, dame.

Said se sujetó con fuerza a las caderas de Marta la levanto un poco y le dio fuerte, muy fuerte. Marta era un río sin fin. Said le dio la vuelta, la puso en cuatro y la penetró de una sintiendo el placer en Marta que abrió sus piernas todo lo que pudo. Le daba muy fuerte y podía ver como el agujerito de su culo, también se iba abriendo. Absorto estaba en esa visión, cuando su polla salió y entró de una dentro del culo de Marta que la recibió con alegría, sus orgasmos eran tan devastadores que le hicieron perder el sentido.

  • Joder cabrón, joder, me has destrozado, mi coño y mi culo jamás serán igual joder.

Said henchido de satisfacción se dejó caer junto a Marta, la abrazó y dejó que Morfeo le llevara de viaje.

Ese fin de semana fue acalorado, muy acalorado, casi ningún rincón de la finca quedó por explorar. El domingo, lo más tarde que pudo, Marta se despidió de Said.

  • Mantén la piscina caliente, el próximo fin de semana vendré con una amiga

Said sonrió y pensó en la suerte que había tenido, tenía casa, dinero y mujeres. ¿qué más podía pedir?

¿Qué os parece si el fin de semana lo dejamos para otro día?

Aventuras por el mundo

Aventuras por el mundo. Caliente de fin de semana