La encerrona

La encerrona

Hace 20 años que estoy felizmente casado, y hasta la fecha nos hemos sido muy fieles el uno con el otro, o al menos eso creo, vamos estoy seguro, pues la conozco muy bien.

Hace tiempo que me ronda por la cabeza saber que haría mi mujer si se volviera a encontrar a un amante que tuvo cuando éramos novios, y que yo sé, aunque ella diga que no, que le gustaría volver a encontrar, pues según me dijo nunca ha conocido a nadie que le chupe el coño como él.

Me corroía la curiosidad y el deseo de verla con otro, pues cada vez que me la imaginaba en la cama con Carlos me ponía muy caliente.

Y lo que son las cosas de la vida, un día por motivos de trabajo lo conocí. Él no sabia que yo era el marido de Ana, su antigua amante, pues en esa época él sabia que Ana tenia novio, nada más.

Desde el primer día tome la decisión que debía volver a juntarlos y ver como se follaba a mi mujer.

Durante varias semanas fui cultivando la amistad de Carlos sin que mi mujer Ana sospechara ni supiera nada.

Carlos y yo salíamos a menudo a comer, a jugar a squash, y alguna que otra cena, habíamos intimado lo suficiente para que un día, durante una de nuestras cenas, me contara sus aventuras y he aquí que me relato su aventura con Ana.

Durante la cena me estuvo relatando sus múltiples aventuras, tanto de soltero, como de casado y ahora de divorciado.

Cuando termino sus relatos me dijo que de todas ellas apenas recordaba unas cuantas por lo que significaron para él en algún momento de su vida.

– La primera que significo algo fue cuando yo todavía era soltero, se llamaba Ana, apenas duro tres semanas, pero fueron intensas. Tu ya me entiendes, sexo a todas horas.

Carlos no sabia como se llamaba mi mujer, sólo que estaba casado. Le pregunte

– ¿Y como es que duro tan poco?

– Ella tenia novio y decidió volver con él

– ¿Y el novio no lo sabía?

– No, quizás lo dejo porque él comenzaba a sospechar. La verdad es que no lo sé y es una lastima porque lo que más recuerdo de ella son sus mamadas, nunca he conocido a otra que la chupe mejor.

– ¿Y en la cama que tal? – le pregunte

– Muy bien, le gustaba follar y cada día lo hacíamos al menos un par de veces

– Jo, vaya tía – le dije

– Si, a veces he pensado que me gustaría volver a verla y poder seguir con ella

– Vamos, que te gustaría volver a follártela ¿no? – le pregunte en tono jocoso

– Sí, claro, tenia un buen polvo – y se echo a reír

La conversación continua con otras historias sobre sus mujeres y amantes favoritas o que mejor recuerdo el guardaba. Ahora, ya sabia que si Ana y Carlos volvían a encontrase había un 50% de posibilidades de que acabaran en la cama.

Mi siguiente paso fue preparar el material necesario para el día ‘F’ (de follar), conseguí que en el trabajo me dejaran dos cámaras de vídeo, de estas que filman sin apenas luz, y compre algún material para cuando llegase el día poder seguir al detalle lo que sucedía.

Por fin, después de un mes, coincidió que nos quedábamos mi mujer y yo solos en casa sin los niños, así que ese seria el día ‘F’. Le dije a mi mujer que el viernes vendría un amigo a cenar a casa y que se pusiera elegante pues aparte de amigo era un cliente importante.

La mañana del día ‘F’ instale las cámaras de vídeo de forma que no se vieran y las conecte al televisor de la planta baja.

Una de las cámaras estaba en la sala escondida al lado del equipo de música y la otra en el dormitorio en el escritorio. Hice las pruebas pertinentes mientras mi mujer había salido de compras.

A eso de las nueve llega Carlos, abrí la puerta y subimos a la sala (vivo en una casa unifamiliar de tres plantas), al poco bajo Ana del dormitorio, ella al ver a Carlos su rostro mudo de color, este por su parte balbucea, pues también la había reconocido,

– Encantado de…..conocerte Ana – y le dio dos besos en la mejilla

Ana llevaba un vestido negro muy ajustado con un escote tipo bañera, como era invierno iba con medias y ligas, pues se las había visto poner.

Tomamos unas copas antes de pasar a cenar, Ana y Carlos evitaban mirarse y yo me reía dentro de mí de la situación que yo mismo había creado.

Mi mujer se toma dos whiskys casi de un solo trago pues estaba algo nerviosa. Él por su parte hizo casi lo mismo.

Durante la cena la conversación discurrió por los consabidos y manoseados temas y a pesar de que yo quería llevar la conversación hacia temas de sexo, no lo conseguí.

Después de cenar volvimos a la sala a tomar café, Ana se toma otro whisky y como ya iba algo alegre se sentó dé tal forma que se le vislumbraba las ligas.

Yo, que llevaba el teléfono móvil en el bolsillo, lo apreté con disimulo e hice una llamada a casa. Al sonar el teléfono me levante rápidamente a contestar, hice ver que hablaba con mi madre. Cuando termine Ana me dijo

– Que quería tu madre

– Que se les ha estropeado la calefacción y si puedo ir a mirárselo, le he dicho que ahora iré.

Me dirigí a Carlos y le dije

– Perdona chico, pero tengo que salir, vuelvo en una hora, luego nos vamos los tres a tomar algo a una bar ¿os parece bien?

– Si claro, no te preocupes – dijo Carlos

– No tardes amor – me dijo Ana mientras me besaba – cuidare bien de Carlos – añadió

Abrí la puerta del garaje y salí. Para al cabo de un minuto entrar sigilosamente e instalarme frente al televisor de la planta baja.

Me di cuenta que sólo estaba conectada la cámara del salón, así que pensé que si no iban al dormitorio todo iría bien.

Ana y Carlos se quedaron mirándose mutuamente y sin mediar palabra. Fue mi mujer la que rompió el hielo.

– Deberías marcharte Carlos, mi marido puede volver en cualquier momento

– ¿Tienes miedo de que suceda algo? – le pregunto Carlos

– No, pero preferiría que te fueras, esto es absurdo.

Yo ya creía que mi encerrona iba a fracasar cuando Ana se dirigió al mueble bar y se puso un whisky, Carlos se levanto y fue hacia ella mientras le decía

– Va Ana, que hay de malo, yo estoy encantado de volver a verte. Sabes no he podido olvidarte, siempre has ocupado un lugar en mi corazón – yo pensé que lo que había ocupado era un lugar en su polla. Ahora Ana estaba de frente a la cámara cuando Carlos la abrazo por detrás.

– Ana, nunca te he olvidado, lo pase muy mal cuando me dejaste. ¿tu marido era tu novio?

– Si, y yo también lo pase mal, pero quería casarme y tener un familia y tu no estabas muy dispuesto a ello

– no me diste tiempo

Carlos comenzó a besar el cuello y las orejas de Ana, ella echo la cabeza hacia atrás y cerro los ojos.

Su mano derecha comenzó a acariciar sus pechos mientras su otra mano le subía la falda hasta la cintura y se deslizaba a su coño. Ella ladeo la cabeza y ambos se fundieron en un largo y apasionado beso.

Ana, que se dio la vuelta, de espaldas a la cámara, debió desabrochar el pantalón de Carlos pues este cayo al suelo, ella se puso de rodillas y por la cara de él deduje que se la estaba mamando. Si, se la estaba chupando pues Carlos le dijo

– ¡Oh Dios! No sabes cuantas veces he deseado esto – Carlos se dirigió al sofá y se sentó.

Ana, que ahora los veía a los dos de lado, continuo mamando la polla de Carlos, al poco él le dijo

– Para Ana o me correré

Carlos se levanto e hizo sentar a mi esposa, le quito las bragas y el vestido, ella se queda sólo con el body y las ligas. Entonces él se agacha y poniendo las piernas de Ana una en cada hombro comenzó a chuparle el clítoris.

– ¡Oh Carlos! ¡Oh amor! Cuanto tiempo he deseado volver a notar tu lengua en mi coño – al tiempo ella toma con sus manos la cabeza de él y la empuja con fuerza hacia sus entrañas.

– No pares, por favor, no pares, voy a correrme – ella se convulsiona, se recostó en el sofá unos instantes e incorporándose y separando la cabeza de Carlos lo beso durante largo tiempo.

En ese instante, me asalto la terrible duda de sí había hecho bien organizando esa encerrona, pues me pareció que entre Ana y Carlos había algo más que sexo.

Mientras meditaba en ello, Carlos se estaba follando a mi mujer, ella echada en el sofá y él encima, luego la voltea sin sacar su polla de su coño.

Ahora era Ana la que estaba montando la polla de Carlos. Viendo como los dos jadeaban decidí llamar a casa. Sonó el teléfono y se puso ella y entre jadeos dijo

– Si, diga

– Hola cariño, te pasa algo – pues ella seguía follando, cosa que veía por la televisión, y su voz era entrecortada.

– No ………. No ¿porque?

– Mira tardare media hora más – le dije

– ¡Ah1 vale……..vale

– ¿Sucede algo, Ana? – era divertido ver como hablaba por teléfono mientras su cuerpo subía y bajaba.

– ¿Qué tal lo esta pasando Carlos?

– Muy ……… bien……..Me esta contando cosas de su adolescencia..

– Bueno, pronto iré, procura que Carlos no se aburra. ¿Vale amor?

– No… te preocupes… que no… se aburre

Colgué el teléfono y pensé para mí lo guarra y mentirosa que era mi mujer. Ana se agarra al respaldo del sofá y comienza a moverse con furia mientras ambos se besaban sin tregua.

Sin necesidad de cámara sus gritos y gemidos se oían en el piso de abajo. Ambos gritaron y se corrieron. Ella se deja caer en brazos de él.

– Cuanto tiempo te he recordado y he deseado volver a tenerte en mis brazos – le dijo Carlos

– Si, yo también te he deseado muchas veces, incluso me he masturbado pensando en ti y en como me chupabas el coño.

Vaya, vaya lo que uno descubre, pensé al oír las palabras de Ana.

– Y yo sé lo que a ti te gustaba – añadió Ana mientras se ponía de rodillas y comenzó a mamarle la polla otra vez.

Carlos se recostó en el sofá y cerro los ojos, iba yo a realizar mi entrada cuando él dijo

– No pares Ana, que voy a volver a correrme

Mire la pantalla justo en el momento que él sujeta a mi mujer por la cabeza y se corre en su boca (la muy zorra, a mí casi nunca me deja) al tiempo que menea su culo para meter su polla hasta el fondo de la boca de ella.

Unos goterones de leche bajan por las comisuras de Ana.

Abrí la puerta del garaje y vi como ellos a la velocidad del rayo se vestían, subí arriba mientras decía

– Hola, ya estoy de vuelta

Al entrar en el salón los vi mal vestidos, con los rostros sofocados y algo jadeantes

– ¿Qué os pasa?

– Nada – dijeron al unísono Ana y Carlos

– Pues de esta guisa, cualquiera diría que habéis estado pegando un buen polvo

Ana se puso roja y Carlos rápidamente me dijo

– Mira que eres chistoso Juan, eso no se lo hago a un amigo ni borracho

Que cabrón que era, pensé al oír las palabras de Carlos, acababa de follarse a mi mujer y tenia la desfachatez de decir que él no se follaría a la mujer de un amigo. Vaya morro.

– ¿Por qué no salimos a tomar unas copas? – añadió Ana intentando desviar la conversación. Los tres asentimos y nos fuimos al bar Dos Torres

Al acostarnos no dije ni palabra de lo que sabia, y, en cuanto Ana se durmió baje a desmontar las cámaras.

Estaba ya en la cama pensando en cual seria mi siguiente paso, y sin ser muy consciente de la que se me venia encima pues sin darme cuenta había abierto la caja de Pandora, puesto que al día siguiente me di perfecta cuenta de lo que había hecho.

Como mi mujer y yo tenemos horarios distintos ella siempre se levanta una hora antes, así que al día siguiente vi como ella se vestía para ir al trabajo mientras yo dormitaba.

Lo que me llamo la atención fue que se puso un body negro con ligas y sin bragas.

Me pregunte porque se vestía de esa guisa cosa que nunca había hecho. Yo seguía haciéndome el dormido hasta que sonó mi despertador.

Normalmente coincidimos unos 15 minutos por la mañana, me acerque a darle un beso y al tocar su cuerpo y notar el body le pregunte

– ¿Dónde vas así de vestida?

– Tengo un cocktail esta tarde y seguramente llegare a casa a la hora de cenar

Me dio un beso y se fue. Yo comencé a sospechar que no existía tal cocktail, así que al llegar al despacho llame a Carlos

– Hola Carlos ¿qué tal has dormido?

– Estupendamente, estaba agotado – Si de follar a mi mujer, pensé yo

– ¿Quieres salir a comer hoy?

– Oye, Juan, cuanto lo siento pero hoy tengo un compromiso, quizá mañana. Nos llamamos ¿ok?

– Bien de acuerdo.

Ahora estaba convencido de mis sospechas, Ana y Carlos habían quedado a comer y, seguramente, a follar. Y, realmente, lo que me daba rabia era que no podría grabarlo.

A la hora de la salida de Ana me fui a su despacho, cuando ella salió la seguí hasta el restaurante El merendero de la Mari donde, evidentemente, la esperaba Carlos. Ambos se besaron y se sentaron en una mesa de la terraza.

Mientras comían no pararon de reír y darse la mano como dos enamorados, cuando terminaron los seguí hasta la casa de él. Hasta al cabo de tres horas ella no salió para ir a casa.

La curiosidad corroía mis entrañas, ardía en deseos de saber como habían estado follando durante esas tres largas horas.

Al llegar a casa le pregunte a Ana

– ¿Qué tal la fiesta, amor?

– Muy bien, me lo he pasado muy bien.

Estuve toda la noche dando vueltas en la cama imaginándome que es lo que habían hecho y como poner una cámara para grabar en casa de Carlos.

Después de varios días de indagar como controlar lo que sucedía en casa de Carlos y no encontrar como hacerlo, decidí contactar con un detective.

Este consiguió poner dos cámaras en la casa de Carlos, bueno en realidad las instale yo siguiendo sus instrucciones. Estas podían accionarse por control remoto (unos 100 m) y estaban muy bien camufladas. Coloque una en el salón y otra en el dormitorio.

Por suerte, Ana no había vuelto a ver a Carlos y yo me debatía en la duda de sí seguir espiando a mi mujer como follaba o pescarlos infraganti y montar un trío.

Decidí dar un empujón al asunto, y le dije a mi mujer que hoy llegaría tarde y que no me esperara a cenar pues tenia trabajo.

Ella aprovecha para decirme que se ira al cine con su madre, cosa que era mentira como más tarde comprobé llamando a mi suegra.

A eso de las ocho Ana salió de casa vestida con un abrigo, yo la seguí, fue directa a casa de Carlos.

Aparque el coche y puse las cámaras en marcha justo cuando ella entraba en la casa, nada mas cerrase la puerta del piso Ana abrió su abrigo y yo me quede de piedra. La muy puta no llevaba nada debajo, solo un liguero y las medias.

El abrigo cayo al suelo y Carlos abrazándola la beso. Ya me extraño ver a Ana con abrigo pues nunca, o casi nunca, lo usa.

Carlos la tomo en brazos, es un tipo bastante atlético, y la llevo hasta la mesa del comedor echándola en ella, le separo las piernas y comenzó a chuparle el coño, Ana puso sus manos encima de la cabeza de él.

– Amor no pares, así, así, no pares – gemía mi mujer

Carlos debía estar metiéndole la lengua hasta el fondo pues ella se revolvía de placer. Estaba sintonizando mejor el mini-televisor cuando oí un grito de mi mujer

– ¡aaaaaaaaaah! Me corro Carlos, me corro.

Carlos se puso de pie, se quito el pantalón y comenzó a follarse a mi mujer allí mismo, encima de la mesa del comedor.

No se le podía negar a Carlos que sabia tratar a las mujeres, primero comenzó con pequeñas embestidas, para lentamente, ir aumentándolas. A cada embestida Ana le decía

– Me vas a matar – y cosas por el estilo

Después de estar largo rato follando a mi mujer, o al menos eso me pareció, Ana le dijo

– Carlos, follame por el culo

Él que nunca se había follado a Ana por el culo, la voltea y bajándola de la mesa la puso apoyada encima de ella y con los pies en el suelo, le separo las piernas, puso un poco de saliva en su ano y poniendo la cabeza de su polla comenzó a empujar hasta el fondo.

Ana se agarraba con fuerza a los bordes de la mesa mientras él la enculaba cada vez con más furia, pues era la primera vez que profanaba el hermoso culo de Ana.

Una vez Carlos se corrió dentro del culo de ella, se besaron y fueron hasta el baño y luego al dormitorio, allí ambos se echaron, Ana se abraza a él.

– Creo que mi marido sospecha algo, pero la verdad es que me importa un bledo. El destino ha vuelto a unirnos y no quiero volver a perderte. De echo, os quiero a los dos.

– Yo también te quiero – Y volvieron a besarse, la mano de Ana se deslizo hasta la verga de él comenzando a masturbarle suavemente.

En ese momento la imagen se me fue y cuando conseguí volver a sintonizar la señal ella estaba montando encima de él.

Ana estuvo montando sobre la polla de Carlos un tiempo interminable y cuando se corrió él la puso a cuatro patas y la penetro por detrás.

Sacaba su polla del coño y se la volvía a clavar. A cada embestida, solo se oía el chapoteo de la verga de Carlos con los jugos vaginales y los gemidos de placer de ella.

Cuando Carlos se corrió se desplomo en la cama y ella se echo a su lado y le chupo la polla

– ¿Te gusta?

– Si, sabes que como tu nadie me la ha chupado igual.

Ana se levanto y se fue al baño, cuando salió se puso el abrigo y dándole un beso a Carlos, le dijo

– Me voy a casa que es tarde. Llámame.

Apague todo y salí disparado a casa para llegar antes que ella. Al poco Ana llega

– ¿Qué tal la película?

– Bien, era muy romántica. Me voy a dormir que estoy cansada

Si, cansada de follar, pensé. No sabia que hacer, mi mujer se acostaba con Carlos y yo había propiciado eso, y, yo lo único que quería era montar un trío pero no encontraba la forma de hacerlo, y, mientras, Ana se enamoraba de Carlos y no paraba de acostarse con él.

Tome la decisión de probar por ultima vez y sino cortaría, o al menos lo intentaría, la relación de Ana y Carlos.

Para ello invite a Carlos a cenar a casa el viernes, día en que yo tenia que ir de viaje a Madrid, los niños los coloque en casa de mi suegra.

Al llegar el viernes ya lo tenia todo preparado desde el día anterior, cámaras y micros por doquier, de vuelta de Madrid a primera hora de la tarde me fui al cine, antes, llame a mi mujer y le dije que posiblemente llegaría tarde a cenar, pues había retrasos en los vuelos, y que si llegaba Carlos fueran cenando ellos y que lo entretuviera.

A eso de las nueve me deslice sigilosamente en casa y conecte todos los aparatos pues Carlos estaba al llegar.

Ana se había puesto un vestido rojo super ceñido, sin nada debajo, sólo unas medias a media pierna. Sonó el timbre y Ana bajo abrir.

– Hola – dijo Ana mientras se daban dos besos en la mejilla

– Hola, espero no llegar tarde, toma te he traído una botella de vino

– Gracias – Ana cerro la puerta y subieron hasta la sala

– Juan no ha llegado, tiene problemas de avión, me ha llamado y que si queremos comencemos a cenar.

Carlos, al oír que estaban solos no perdió el tiempo, tomo a Ana en sus brazos y la beso, mientras sus manos se posaban en su culo y le subía el vestido hasta la cintura, le separo las nalgas y comenzó a juguetear con su ano.

– Para Carlos, mi marido puede llegar

– Llámalo y pregunta dónde esta

Ana cogió el teléfono y me llamo

– Hola Juan ¿dónde estas?

– Ahora subimos al avión, supongo que en una hora, hora y media estaré en casa. ¿ha llegado Carlos?

– Sí hace cinco minutos

Por la pantalla veía como Carlos besaba los pechos y le metía mano en su coño y culo

– Bueno, trátalo bien, y si queréis ir cenando

– No ya te esperamos

Ana se dirige a Carlos

– Tardara unas dos horas

A Carlos le falto tiempo para sacarle el vestido a Ana, esta se quedo sólo con las medias.

Él la echa en el sofá y comenzó a mamarle el coño, cosa que, según mi mujer, hacia a las mil maravillas, Ana cerro los ojos y se dejo llevar por el placer.

Carlos, como buen amante y gran experiencia con las mujeres, estuvo jugando con su coño casi 30 minutos, iba alternando su lengua en el clítoris con besos en sus pechos y la boca.

Cuando vio que Ana estaba en el éxtasis, la puso a cuatro patas en el sofá y le hizo chuparle la polla, luego le hizo dar la vuelta y en esa misma postura la penetro.

No se habían percatado, pero llevaban mas de una hora con sus juegos amorosos, así que decidí esperar 10 minutos mas y aparecer.

No sabia lo que pasaría, pero esperaba poder montar un trío. Justo cuando iba a realizar mi entrada vi como Carlos se sentó en el sofá y ella se puso a horcajadas, comenzando a embestir su coño con furia y maestría.

Abrí la puerta con sigilo y la cerré de forma que se oyera, mientras subía por la escalera dije

– Hola, ya estoy aquí. – evidentemente no les di tiempo a vestirse.

Entre en el salón y me encontré a ambos desnudos, ella con el coño chorreando y él con la polla tiesa

– ¡Vaya! Veo que en mi ausencia os lo pasáis muy bien y no perdéis el tiempo.

– No es lo que crees – menuda respuesta estúpida me soltó mi mujer

– ¿Podríais avisar y así nos lo pasaríamos bien los tres? ¿No? Venga Ana sigue que el pobre Carlos se le va a quedar fría la polla.

Me baje el pantalón y le dije a mi mujer

– Anda, chúpamela mientras Carlos te da por detrás

Carlos y Ana no daban crédito a lo que sucedía, con timidez, ella se acerco a mi polla y comenzó a mamármela, él seguía de pie sin saber muy bien que hacer

– Venga Carlos, métesela de una vez.

Carlos, algo indeciso, se acerco y volvió a meter su polla en el coño de mi esposa, ahora, por fin, me estaba follando a mi mujer junto con otro hombre, ella enseguida toma el ritmo de estar con dos hombres.

– Carlos, mientras me desnudo vete follando a mi mujer. – le dije.

Se puso en el sofá y ella se sentó encima de su polla, mientras follaban, yo me desnude y me serví una copa.

Que espectáculo, yo sentado en un sofá con un whisky y mi mujer en el otro siendo follada, en vivo y en directo.

Cuando Carlos termino con ella le dije a mi mujer

– Límpiale la polla y luego ven aquí

Ana se arrodillo, tomo la polla de Carlos y se la chupo durante un rato, luego vino hasta mí y se subió encima de mi verga. Estábamos follando cuando Carlos se sentó a nuestro lado y comenzó a besar los pechos de Ana, ella por su parte nos besaba a ambos.

Luego él se puso de pie, detrás de ella, y comenzó a empujar su pene en el culo de mi mujer, Ana se detuvo para facilitar la enculada de Carlos, cuando ella la nota dentro, volvió a moverse pero algo más despacio.

Los tres estábamos empapados en sudor, después de corrernos subimos al dormitorio donde nos duchamos y luego nos echamos en la cama a descansar un poco.

Nos dormimos, me desperté cuando note un jadeo cerca de mi oreja, era mi mujer que estaba siendo enculada otra vez por Carlos, como yo estaba cansado me limite a observar de reojo.

Amanecimos los tres y nos duchamos, y, después de desayunar Carlos se fue a su casa, no sin antes pegar un polvo a mi mujer, en la cocina, a modo de despedida.

Después de aquello, muchos fines de semana nos hemos reunido los tres, preferentemente en casa de él, para follar.

Lo malo de mi encerrona es que mi mujer, digamos que a escondidas, se ve con él entre semana, dos o tres veces (lo sé, puesto que todavía están las cámaras) con lo que Carlos se folla a Ana más veces que yo. Incluso han llegado a la desfachatez de irse un fin de semana los dos solos.

En fin, ella dice que nos ama a los dos, pero estoy seguro que prefiere follar con él, pues al cabo de varios meses de esta ‘extraña’ relación, Carlos ha llegado a meter mano en publico a mi mujer y ella sin inmutarse, a veces lo trata a él como si fuera su marido y yo un amigo.

No se como acabara nuestra relación, pero lo cierto es que ella cada vez esta como más distante de mí y más cerca de él.

Ya veis, cornudo y apaleado.

¿Qué te ha parecido el relato?