Capítulo 1

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  • Vaya tetitas tiene

A Luis le volvía loco la informática, desde pequeño supo que esta era su vocación y su futuro, con veintitrés años creó una empresa y ahora trabajan para él dos mujeres, una como desarrolladora de programas y otra como técnica especialista en seguridad informática.

Luis tiene una complexión robusta y una estatura por encima de la media, su rostro alargado, con facciones muy marcadas y con una barba poblada, le dan un aspecto sólido y maduro, a veces intimidante para quien no lo conoce, aunque realmente es muy tierno y amable con las personas a las que quiere y con las que trabaja.

En conjunto, proyecta una imagen de madurez y confianza, reforzada por la barba densa y el uso constante de las gafas de montura rectangular y oscura que utiliza.

Como ya he dicho, es el jefe de dos muchachas estupendas, trabajadoras natas y por las que siente un enorme cariño, e incluso, aunque no lo quiera, una atracción obscura.

Alicia, la desarrolladora de programas, tiene una complexión delgada y esbelta, muy estilizada, su estatura está en la media o quizá por encima de ella. Su rostro alargado, con facciones suaves, el cabello liso, de tono castaño claro y generalmente a la altura de los hombros, le da un aspecto armonioso. Pero destacan en ella sus labios finos, la nariz recta y unos ojos almendrados con los que transmite una mirada expresiva y muy hermosa.

Pilar, la experta en seguridad informática, es más bien de complexión delgada, de estatura media y proporciones equilibradas, su rostro es alargado con forma ligeramente ovalada y de facciones suaves y afectuosas.

Los ojos son grandes, para Luís inmensos, de color verde claro y enmarcados en unas cejas rectas y espesas, lo que hace que tenga una mirada profunda que en ocasiones acojona. Aunque también es cierto, que en algunas ocasiones, por timidez, se sonrojan ligeramente sus mejillas, lo que le da un aire de inocencia que enamora. Pero lo que más llama la atención de su jefe son sus labios, medianos y bien definidos, con una forma natural que da expresividad a su sonrisa. En cuanto al cabello, es liso y suele llevarlo a la altura de los hombros, aunque últimamente lo ha teñido en tonos intensos que van del fucsia al magenta y púrpura.

Bueno, pues estos son los protagonistas, tres compañeros que pasan muchas horas juntos y en ocasiones se cuentan sus secretos más íntimos.

Luís dirige la empresa y al mismo tiempo colabora, ayuda a las dos a realizar sus tareas, por lo que tiene una enorme confianza con ellas.

Una noche se quedaron a trabajar por un encargo urgente, y después de cenar unas pizzas con un par de cervezas, Alicia, aunque es la más seria y reservada, se explayó más de la cuenta y contó algunas cosas de sus ligues.

Es lesbiana, no lo esconde, y después de dos cañitas, las confidencias se calentaron y dio detalles picarones de las chicas con las que salía.

Continuaron trabajando y Alicia se centró en lo suyo mientras Pilar trabajó con el jefe.

Estos, comenzaron a hablar de la urgencia, del virus que había atacado la empresa de uno de sus clientes. Pero de pronto, Pilar hizo un receso y dijo que había faltado a clase y eso la jodía.

  • ¿A clase? – preguntó su jefe –
  • Si, Luís. A las clases de gym donde voy todos los días.

Empezó a decir que al principio la costaba pero que ahora iba a menudo, que necesitaba acudir para relajarse y llegar a casa tranquila.

  • Joder, Pilar.Tranquila no, llegaras cansada, sudada y con ganas de meterte en la cama.
  • Jijijiji. – oyó que ella se reía –

Vio que miraba a otro lado y se sonrojaba tímidamente.

  • ¿Qué te pasa? Pilar. – preguntó Luís sonriendo un tanto dubitativo – Dímelo, no seas tonta.

Sabía que escondía algo y tenía que sacárselo como fuera.

La chica miró a su jefe y dijo con vocecita muy baja.

  • Es que a veces… joder, Luís, es que no puedo decírtelo, me da vergüenza.

Luís vio como la chica estaba roja como un tomate y le miraba con esos ojazos verdes que tanto le gustaban

  • Venga, dímelo, no seas tonta.

La chica tragó saliva y susurró suavemente.

  • Me corro en el gimnasio.
  • Jajaja. ¡Venga ya! No me lo creo. – contestó Luís negando con la cabeza –
  • Que si, Luís. – dijo ella enfadada – Que tengo coregasmos.
  • Jajaja. – volvió a reír su jefe – ¿Y eso qué coño es?
  • Que estoy haciendo ejercicio y de repente tengo un orgasmo.
  • Jajaja. – rio de forma elocuente – ¿Y gimes como si te estuvieran follando?
  • Que bobo eres. – respondió Pilar cabreada, pero al mismo tiempo quiso joder a su jefe – ¡SI! Me sale algo como….Aaahh…Ummmm….Aahhhhh. Y todos me oyen.

Vio la cara de lelo de Luís y se la escapó la risa tonta.

  • Jijijiji. ¡Que tonto eres! Que no, que me aguanto los gemidos para que no me escuchen.

A Luís le gustaba oírla, le encantaba la picardía que tenía esa muchacha, su forma sencilla de decir las cosas, sus miradas sensuales no buscadas y como sonreía después al ver las caras que él ponía.

  • Luís, vete al baño. – dijo Pilar mirando su enorme paquete –

Luís la miró con mala leche, pero soltó una carcajada y respondió tirando la caña.

  • Que pena que sea tu jefe.

Pilar se sonrojó otra vez y se tapó la cara asustada, sus mejillas se pusieron rojas de cojones, haciendo juego con el tono de pelo que llevaba en ese instante.

  • Jajaja. Nunca se sabe, Luís, nunca se sabe. – respondió riendo al ver el calentón de su jefe –

Siguieron trabajando pero a Luis no se olvidaba lo que Pilar había dicho al terminar la frase “Nunca se sabe, Luís, nunca se sabe“

Acabaron el trabajo y cada uno se fue a su casa, pero Luis no dejaba de pensar en lo sucedido, las dos mujeres le encantaban, eran dos chicas estupendas, pero en cuestiones de trabajo le había dicho su padre “Donde tengas la olla no metas la polla” y ese principio lo había seguido siempre.

Por la mañana le llamaron y le dijeron que tenía que ir a Dublín con todo su equipo de trabajo, para firmar un contrato urgente, habían salvado a una empresa de un virus muy grave y ahora querían contratarlos indefinidamente, pero tenían que ir hoy y llegar cuanto antes.

  • Nos vamos, chicas. – dijo Luís a las dos mujeres –

Ambas le miraron sin entender qué decía.

  • Nos vamos a Dublín para una intervención urgente, coged vuestro equipo de trabajo, id a casa rápidamente y pillad lo primero que podías, nos vamos en el primer avión y vamos a estar varios días, no sabemos cuándo volvemos.

Las dos chicas empezaron a coger todo cuanto podían, era la primera vez que las ocurría algo tan extraño, estaban alborotadas, por un lado de excitación y por otro de miedo. ¿Qué debían llevar con ellas? ¿Y si se dejaban algo importante?

  • Vámonos. – chilló Luis apremiándolas – El avión sale en dos horas y tenéis que ir a casa antes.

Cada uno se fue por su lado y se encontraron en el aeropuerto para facturar las maletas.

  • ¿Qué ha ocurrido? – preguntó Alicia –
  • Nos van a dar un contrato, uno que puede ser la leche, pero quieren hacer unas pruebas para ver si somos eficientes.
  • No jodas. – dijo sorprendida Pilar – Tendrás que subirnos el sueldo.

Luís miró a la chica y contestó sonriendo.

  • Nunca se sabe, Pilar, nunca se sabe.
  • Jajaja. ¡Que cabrón!- rio ella – Oye….

Luís esperó a ver si terminaba la frase.

  • De lo del gym ni una palabra a nadie.
  • ¿De qué? ¿De que te corres? – respondió él con una sonrisa enorme –
  • Ssshhhh. – chistó ella – Ya te vale. Prométeme que no se lo dirás a nadie.
  • Palabrita del niño Jesús. – contestó él mirándola pícaramente – Pero esta noche tienes que hacer gimnasia conmigo para que yo pueda verte.

Pilar se rió y le dio un codazo con muy mala leche.

Volaron a Dublín, fueron a la empresa que quería contratarlos y todas las pruebas salieron estupendamente, estaban contratados para varios años y con unas magnificas condiciones. Eso sí, tenían que quedarse varios días hasta redactar el contrato, conocer la situación informática de la empresa y después volverían a casa.

Fueron al hotel a alojarse, los tres estaban exultantes, Luís porque el contrato era bueno y ellas porque iban a subirlas el sueldo en una cantidad bastante importante.

Salieron a cenar, comieron, bebieron y tomaron más pintas de las que aguantaba su cuerpo, ninguno se daba cuenta, pero las cervezas estaban haciendo estragos.

Alicia hablaba de las chicas con las que salía y Pilar hizo confidencias de sus ligues.

Luís se mantenía callado, escuchando lo que ambas decían, lo que salía de sus bocas era bastante excitante.

Tocaron la campana del pub y pidieron tres pintas rápidamente, se sentaron y bebieron mientras a Alicia se le iba la lengua sin cortarse, había bebido en una sola noche mucho más de lo que bebía en una semana siempre.

  • En noches como hoy necesito correrme. – dijo abiertamente –

Luís la miró y suspiró sin querer, tenía cabello liso a la altura de los hombros, piel clara y labios finos y rectos, era una chica guapa, tenía un cuerpazo tremendo, que pena que fuera lesbiana, sino podría ayudarla.

  • Yo también. – respondió Pilar frunciendo las cejas –
  • Aquí me tenéis. – dijo el jefe –
  • ¡Nooo! Jajajaja. – rieron ambas –

Luís estaba contento, estaba con dos mujeres hermosas y hablaban de todo sin vergüenza alguna, se felicitaba por su buena suerte, tenía un magnifico equipo de trabajo.

  • Si quieres te ayudo yo. – dijo Alicia pícaramente –
  • No lo necesita. – exclamó Luís dando un golpe en la mesa – En cuanto haga cuatro flexiones se está corriendo. Jajaja.
  • ¡Bobo! – chilló Pilar dándole un rodillazo – Necesito algo más que cuatro flexiones para tener un orgasmo.
  • Bueno, Pilar. – añadió su jefe – Explícanos como te corres en el gimnasio sin que nadie se entere.

Pilar se puso roja y se sintió incomoda, pero las cervezas hacían su efecto.

  • Cierro los ojos, me muerdo los labios y aprieto las piernas rozándolas sin que se den cuenta.

Luís miraba la carita angelical de esa chica y la forma tan expresiva en que contaba cómo se corría y se le puso la polla tiesa.

  • Gime un poco. – pidió Luís sin cortarse –

Pilar se puso nerviosa, pero la conversación la estaba poniendo caliente y no quería acabarla. Miró a un lado, miró al otro, se inclinó sobre la mesa y susurró muy bajito.

  • Primero tengo que meterme en materia.
  • ¿Cómo? – preguntó Alicia –

Pilar sonrió pícaramente y metió la mano bajo la mesa, se acarició la vulva por encima de la ropa, y cerrando los ojos empezó a suspirar muy despacio.

Tanto Alicia como Luís la miraban sorprendidos, se veía el movimiento de la mano entre las piernas de la chica, estaba acariciándose el pubis o quizá más abajo, no podían verlo pero estaba claro.

  • Ummmm. – suspiró Pilar más alto –

A Luís se le abrieron los ojos como si fueran dos focos inmensos, no podía creer lo que estaba sucediendo.

Alicia se echó hacia un lado y miró bajo la mesa, vio la mano de su amiga metida bajo la falda acariciándose la braguita, pasando los dedos despacio por encima de la tela.

  • Aaahhhhh. – gimió más fuerte Pilar sin abrir los ojos siquiera –

La chica se había excitado muchísimo y frotaba los dedos en el clítoris por encima de la braga, sin prestar atención a las miradas atentas de sus compañeros o a cualquiera que pudiera verla.

  • Uffff. – resopló Alicia al verlo – Vámonos, vamos al hotel que yo también necesito…

No terminó la frase y cogió a su amiga del brazo, levantándola en volandas de la mesa y estirándola la falda.

  • Vamos Luís. – pidió al ver que seguía sin hacer nada sentado como un pasmarote –

Se levantaron los tres, salieron de pub y Pilar dio un traspié que casi se pega una hostia en el suelo.

  • Ayúdame a llevarla.– rogó Alicia a su jefe –

Luís la cogió por la cintura y sintió sus caderas estrechas pero firmes bajo su mano.

Al caminar, Pilar se iba moviendo de lado a lado y Luis la sujetó con fuerza, acariciando el comienzo de sus nalgas levemente, las notó prietas y duras y pasó la mano por ellas tímidamente, con muchísima vergüenza.

  • ¡Que cabrona! – dijo de pronto Alicia – Si no la sacamos del pub se corre allí mismo y monta un número del carajo.

Luís vio cómo mientras decía eso, le miraba sonriendo al apreciar el bulto que tenía en los pantalones.

  • Pues la hemos dejado a medias. – respondió el jefe disimulando –

Alicia le miró con malicia, sacó la lengua un poco y después se mordió el labio inferior provocativamente.

  • Bueno. – dejó caer de golpe – Eso tiene solución.
  • Ya. – contestó su jefe – Que se haga una paja cuando despierte.
  • O no. – respondió Alicia sin dejar de mirarle el paquete – Si tú la ayudas, quizá ella te la….
  • Vamos, Alicia, no jodas. – respondió Luis nervioso –
  • Yo solo aporto ideas. – contestó ella de forma graciosa – Aunque si Pilar lo prefiere, yo me encargo de ayudarla a que se corra. Jajaja.

Caminaban despacio y Luís no paraba de pasar la mano por la nalga prieta y firme, unas veces la rozaba y otras la estrujaba con todas sus ganas. Cada vez que lo hacía, notaba como Pilar apretaba el culo y suspiraba mucho más fuerte.

Llegaron al hotel y fueron a la habitación de Pilar, Luis iba a marcharse, pero Alicia le pido que se quedase.

  • No te vayas, joder. – rogó mirando de reojillo a su jefe – Ayúdame a quitarla la ropa que yo sola no puedo hacerlo.

Luís desabrochó los botones de la blusa y dejó sus pechos al aire, tapados con un pequeñísimo sujetador blanco de encaje. Vio sus areolas rosadas, sus pequeños pezones erectos y le dio un respingo la verga que se marcó en los pantalones.

  • Jajaja. – rio Alicia al verlo – Quítala el sujetador mientras yo la quito la falda.
  • No sé si debo. -dijo vergonzosamente su jefe –
  • Joder, Luís. -respondió Alicia sonriente – Que hay confianza, solo vas a ver dos tetas, no vas a follártela.

La chica desabrochó la falda y tiró de ella hacia abajo, deslizándola lentamente por las suaves y blancas piernas de su compañera de trabajo, lo hacía con tranquilidad, con una parsimonia que casi molestaba a su jefe y con muchísimo cuidado, veía la cara de Luís y le hacía mucha gracia.

Cuando terminó de sacarla, dejó las piernas de Pilar ligeramente abiertas, mostrando el triangulito blanco de su braguita pequeña.

Luís la vio y se puso muy nervioso, se veía el relieve de la vulva, los gajos hinchados apareciendo por los lados, y lo que era peor, una manchita de humedad en la tela a lo largo de toda la raja.

Notó que sudaba y desvió la vista hacia otro lado.

  • Joder, Luís. – oyó de pronto – Quítala el sujetador de una vez.

Desabrochó los corchetes y levantó los hombros de la chica para sacar las tirantas. Al quitar las dos, se encontró con unas tetitas preciosas, blancas, redonditas, duras y coronadas por dos areolas rosadas.

  • ¡Joder! – exclamó Alicia al verlas – Vaya tetitas tiene, es un auténtico manjar de dioses.

Luís no abrió la boca, si lo hacia se le iban a caer las babas.

  • Antes de dormir es conveniente masajearlas. – dijo seria Alicia – Quitar las tensiones de todo el día para que luego no la duelan.
  • ¿Qué? – preguntó Luís nervioso –
  • Joder, Luís. – repitió Alicia – Que masajees sus tetas o mañana van a dolerla –

Alicia estaba disfrutando viendo el nerviosismo de su jefe, quería jugar con él un poco. Total, solo iba a tocar las tetas de Pilar, eso era una minucia sin importancia.

  • Voy, voy. – respondió angustiado el pobre –

Alargó las manos y las posó sobre los pechitos de Pilar, rozándolos con mucho cuidado para no aplastarlos.

  • Joder. Vaya tela. – exclamó Alicia descojonándose –

Cogió con sus manos las de su jefe y las apretó contra las tetas de Pilar, rodeándolas con los dedos y estrujándolas más fuerte.

Luis vio como Alicia le guiaba, como amasaban esa tierna carne blanca y fina.

Empezó a soltarse y las tocó a conciencia, magreándolas como si estuviera amasando harina.

Alicia le vio ya suelto y le dejó para dedicarse a otra cosa, se metió entra las piernas de Pilar y tiró de la braguita hacia abajo, deslizándolas con mimo por esas piernas rosadas y suaves que miraba con excitación contenida.

  • ¡Vaya comida te daba! – exclamó en voz alta sin darse cuenta –

Quitó la braguita del todo y separó más las piernas de su compañera de trabajo, dejando a la vista un pubis cubierto por una finita capa de vello castaño.

  • Uffff. – Suspiró y movió la cabeza al tiempo que rozaba con los dedos ese coñito tan jugoso –

Si no estuviese su jefe, se lanzaría sin pensarlo, se metería entre esas piernecitas tan suaves y la comería el coño de lado a lado. Pero tenía que aguantarse, esperar a que él tomara la iniciativa, si Luís se lanzaba, ella iba detrás como un toro.

  • Aaahhhh. – gimió de pronto Pilar muy bajito pero de forma apreciable –

Su jefe masajeaba sus tetas y a ella la estaba gustando, notaba un calorcito ahí abajo que la ponía como una moto.

Alicia la oyó y se les estiraron las orejas como a un perro cuando huele la presa, su amiga empezaba a disfrutar, tenía que animar a su jefe para que no parara.

Se bajó de la cama, se inclinó sobre el odio de Pilar y la susurró con suavidad.

  • ¿Te gusta? ¿Quieres que sigamos?

Espero ansiosa la respuesta, deseaba que dije que si muy rápido, pero su amiga seguía gimiendo y retorciéndose en la cama.

  • Aaahhhh…Ummmm…Aahhh. – enlazaba Pilar un gemido tras otro –

Luís la veía desnudita y estaba muy nervioso, tenía a su empleada tumbada con las piernas ligeramente abiertas mostrándole su maravilloso y empapado coño.

Y él, él tenía la verga dura y no paraba de tocarla las tetas por todos lados.

  • Dime si te gusta.- preguntó Alicia excitada –

Veía a su jefe metiendo mano a Pilar y ella quería lo mismo, deseaba ansiosamente meter la cabeza y comerse ese coñito tan rico que antes había tocado.

  • Venga, Pilar. – repitió de nuevo – ¿Quieres que sigamos?

Vio que Pilar movía la mano y la metía entre sus piernas sin decir nada, acariciándose el vello del pubis, enroscándolo entre sus dedos y tirando de él un poco.

Se acercó deprisa y se metió entre las piernas de nuevo para verlo más cerca. Casi se corre de gusto al ver como Pilar pasaba el dedo medio por el centro de la vulva recorriendo su rajita de lado a lado.

  • Tócate, tócate. – pidió Alicia con un calentón de cojones –

Pilar abrió ligeramente los ojos y vio a su jefe tocándola, acariciando sus tetas con mimo de forma muy delicada, se mordió los labios, suspiró y gimió muy fuerte, la gustaba sentir las manos grandes y firmes de Luis en sus pechos desnudos, notar como los apretaba.

Llevó la mano a su sexo y lo acarició por fuera.

  • Aaahhhh…Aahhhh…Ummm… – gimió sin parar mientras acariciaba su vulva mojada –

Se acomodó mejor y abrió más las piernas, dejando hueco para poder tocársela, se acarició el clítoris frotándolo con la yema del dedo medio y se estremeció de repente, notaba mucho placer, creía que iba a mearse, se frotó más deprisa y movió las caderas abriendo y cerrando las piernas, balanceando su cuerpo de forma alocada.

Miró como Luís masajeaba sus tetas, le miró a la cara, pero vio como él giraba la cabeza evitando cruzar la vista con ella, le daba vergüenza lo que hacía aunque a ella le gustara.

  • Tócame. – pidió Pilar a su jefe de forma directa –

Alargó la otra mano y le atrajo hacia ella, tirándole del brazo, obligándole a agacharse para tenerle junto a su boca. Le besó en los labios, le dio un morreo con todas sus ganas y empujó después su cabeza para que bajara hasta las tetas y se las chupara.

  • Aaahhhh….Chú…Aaahhh…chúpalas. – pidió a su jefe sin ningún decoro –

Luís abrió la boca y rodeó el pezón con los labios, lo sorbió, lo chupó, lo llenó por completo de babas, lo rodeó con los dientes y dio un pequeño mordisco que a Pilar le supo a gloria bendita.

  • Aaaahhhhh….Ssiii…siiiii. – gimió la chica temblando sobre la cama –

Notaba los dientes de Luís, las cosquillas en sus pechos de su barba poblada y sentía un gustito tremendo, estaba muy excitada.

Notó que iba a correrse, que el orgasmo estaba cerca, y se metió los dedos dentro del coño follándose como una desesperada, notando un placer que nunca había sentido, ni siquiera cuando la follaban sus ligues de fin de semana.

Cogió la cabeza de Luis y tiró de nuevo hacia arriba para besarle en la boca. Se la comió con ansia, con una agitación tremenda, metiendo la lengua todo lo que podía en la cavidad que exploraba, notó que el orgasmo terminaba y ella se relajaba.

  • Quiero dormir. – dijo cerrando los ojos y poniéndose de lado –

Alicia se cagó en su mala suerte, había estado a punto de comerla el coño a su amiga, si hubiese esperado un segundo, ese manjar hubiese sido suyo.

Estaba bebida, había tomado demasiadas cervezas y la mente se nublaba. Vio a Luís de pie frente a ella con un calentón de cojones, se notaba una verga grande y dura abultada en los pantalones.

  • Nos ha dejado jodidos. – dijo a su jefe a la cara –

Él se encogió de hombros.

Alicia dio dos pasos, se colocó delante y acarició la verga por encima de la tela.

  • Soy lesbiana. – dijo meneándosela con la mano –
  • A mí no me importa. – respondió su jefe de inmediato –