Capítulo 2
- Diversión de verano con mi amiga 31 de diciembre
- Diversión de verano con mi amiga II
Era el verano de 2019, unas semanas después de esa noche de Año Nuevo. Mi amiga y yo empezamos a vernos más seguido. Iba mucho a mi casa, la subía al segundo piso, salíamos solos (ya no siempre en grupo con los demás amigos). Después de lo que pasó en la plantación de cerezas, las cosas se aclararon entre nosotros: nadie lo mencionaba en el grupo, pero los dos sabíamos que había algo diferente. Seguíamos hablando, riéndonos, saliendo, pero nunca pasamos a ser pareja. Hasta el día de hoy seguimos siendo amigos, después de todo lo que pasó.
Un día, como a mediados de enero o febrero, estábamos en mi casa. Era verano, antes de que volvieran las clases. Su mejor amiga (la misma que se había ido incómoda esa noche del estadio) también estaba con nosotros un rato. Estábamos arreglando no sé qué cosa en el living, cuidando a mi hermano chico (que tenía como 4 o 5 años), jugaba el en sala mientrasveiamos TV. Después la mejor amiga se tuvo que ir rápido porque su mamá la llamó (vivía a dos casas, era vecina). Nos quedamos solos los dos viendo televisión, con mi hermano jugando. De vez en cuando lo veíamos para chequear que estuviera bien.
Una cosa llevó a la otra y empezamos a besarnos en el sofá sin que nos viera mi hermano. Nos calentamos rápido, no me acuerdo qué película estaba puesta (jaja, ni idea). Ella me pide una cargador, era la excusa para que subiéramos a mi pieza. Mi hermano se en la sala a viendo tele solo, así que aprovechamos. Nos metimos a mi habitación, cerramos la puerta con llave por si acaso.
Empezamos a besarnos fuerte. Ella se acostó en la cama, yo le besé las piernas, subiendo despacio. Llevaba un short corto. De repente me agarró la cabeza con fuerza y me pegó la cara contra su vagina. Empecé a chuparla lento, primero por encima de la ropa interior, después la corrí a un lado. Poco a poco fui bajando la lengua hacia su culo, introduciéndola despacio. Ella gemía bajito para no hacer ruido.
Después de un rato me dijo que le tocaba a ella. Se puso en 4, me bajó el pantalón y empezó a chupármelo mientras yo le agarraba las nalgas y se las abría. Me dijo que ya quería “la acción”, o sea, penetración. Se acostó en misionero, yo me puse arriba. Ella era muy flexible: abrió las piernas bien y se introdujo despacio. Cuando iba por la mitad, me agarró la cintura con las dos manos y me empujó hasta el fondo de una. Me miró a los ojos y me dijo que era lo más grande que había tenido hasta ese momento (no es que la tenga gigante, pero tampoco chica; ella fue de las pocas que se la metió completa en la boca desde el principio).
Estuvimos un buen rato en misionero, sudando mucho porque era verano y no había ventilador. Cambiamos a varias posiciones: ella en cuatro, de lado, lo que se nos ocurrió. Cuando sentí que ya venía, le avisé. Me dijo que tenía un aparato, que no había riesgo de embarazo. Fue la primera vez que acabé dentro de una mujer. Después me lo sacó, se lo metió en la boca otra vez para limpiar mi verga, a la vez se metió los dedos en su vagina para sacar lo que quedaba de semen y se chupó los dedos hasta dejarlo limpio.
La segunda vez fue como una semana después. Llegó a mi casa, yo estaba solo y aburrido. Me dijo que le prestara el cargador. Pensé que solo íbamos a conversar, pero no: subió, se agachó sin decir nada y me dijo “ahora me toca complacerte”. Me la chupó como la primera vez, pero más intenso. Le agarré la cabeza, le di cachetadas suaves, le pasé el miembro por toda la cara. Cuando fui a acabar, lo recibió todo en la boca y siguió chupando hasta que se me paró de nuevo (en esa época se me paraba más rápido, ahora toma como 5 o 6 minutos entre una y otra).
Después se puso en cuatro. Esta vez no hice casi nada: ella me cogió a mí. Se movía brutal, me dejó la cama empapada. Acabó fuerte, fue la primera vez que vi a una mujer acabar así delante mío. Teníamos como 17 años más o menos. Duramos un buen rato en cuatro, ella acabó dos veces más. Cambiamos un par de posiciones, volví a acabar y esa fue la última vez que tuvimos sexo.
Han pasado como cinco o seis años desde entonces. Seguimos viéndonos de vez en cuando, como amigos. De tanto en tanto, cuando estamos solos o tomando algo, ella saca el tema: “¿Te acuerdas de lo que hacíamos cuando éramos adolescentes?”. Yo me río y le digo que sí. Ella siempre es la que lo menciona primero, yo no lo saco. Pero los dos sabemos que fue una época intensa y loca.
Y esa fue mi aventura más lujuriosa con mi amiga.