Lo llamé

Él estaba sorprendido porque no esperaba escuchar mi voz.

Al principio me reconoció pero mientras iba transcurriendo la charla, dudó

– Miguel, quiero estar con vos.

– Pero ¿Qué augusto habla?

– El marido de Bety. Quiero verte. (Mi voz se entrecortaba)

Miguel conocía a Bety desde hacía mil años, no eran amigos pero siempre que se encontraban se saludaban con mucho afecto, A través de mi esposa lo conocí yo.

Él ya era gay y nos divertía mucho sus relatos, entre cortados sobre sus correrías. A mí me encantaba escucharlas y aunque nunca pasaba a los detalles calientes, yo quería que no parara de hablar.

– Llámame mañana al mediodía.

– Un beso, gracias.

Quedé temblando, ¿Qué había hecho? Pero ya estaba, no había retorno… como iba a poder dormir esa noche. Mi corazón latía como un condenado. ¿Podré? ¿Querrá? ¿Qué debo hacer?

Bety esa noche quiso y yo le di… pero la verdad es que estaba pensando en Miguel… Cuando acabamos, me quedé pensando y unas horas después tuve que ir al baño a masturbarme ya que mi cabeza no dejaba de imaginar. Pensaba ¿cómo sería?, ¿Qué le diría? ¿Cómo debía actuar?

Al otro día, parecía que el tiempo no pasaba más. Hacía tareas pero no me podía concentrar. Daba vueltas, fui a comprar cigarros y miraba el reloj cada cinco minutos.

Mi pene latía pero no me quería masturbar, para no pasar papelón con Miguel, me di una dicha fría, pero no hizo el efecto deseado, todo mi cuerpo temblaba y mi cabeza no dejaba de pensar.

Yo había provocado este mambo y ahora me lo tenía que bancar… En el espejo grande me puse a inspeccionar mi cuerpo y descubrí que lo que más gustaba era mi cola.

Ya no me cuestionaba la decisión que había tomado ¿A él le gustaré? ¿Lo excitará desvirgarme? ¿Se habrá alegrado con mi llamado? ¿Tendrá tanto miedo como yo? ¿Habrá entendido lo que yo quería? ¿Y si me rechaza? … El tiempo pasaba pero la hora no llegaba.

Me gustaría que intente seducirme, que sea galante conmigo, que me trate bien. Tengo miedo de actuar mal, de no saber cómo reaccionar. ¿Me querrá macho o me querrá marica? ¿Estará depilado? ¿Me afeito o me dejó esta barba de tres días? ¿Me pongo una de las tanguitas ínfimas de Bety o voy con mis mejores calzones? No le puedo preguntar eso por teléfono.

Faltan quince minutos para las doce y ya no aguanto más. Tampoco lo voy a llamar justo a las doce… voy a parecer un desesperado y la verdad lo estaba.

Lo llamé a las doce y cinco. Me atendió su hermano y quedé sin aliento cuando me dijo que no estaba… que había salido con un amigo y volvería por la tarde… Me sentí humillado y decepcionado, me quería morir… ¿Qué hago? Me dije… Lo voy a llamar a eso de la una y media por si aparece… y no fue un malentendido del hermano. ¿Tendría novio? ¿No me quiso humillar de entrada y se fue al mediodía para que me dé cuenta? ¿No le gustarán los novatos? ¿Le daba, no sé qué, engañarla a Bety? Al fin y al cabo, son amigos… Yo me imaginaba que con sólo insinuarme él se podría cachondo y no pararía de ratoñarse conmigo.

Yo podía esta tarde ya que es la que tengo libre, sino tengo que hacer malabares con Bety y no era el caso. Nunca imaginé esta posibilidad. Llamar, y que no estuviera.

Yo amo a Bety y esto con Miguel era otra cosa. Ahora tendría que esperar nuevamente una hora. No sé si mi corazón lo soportará. Pero tuve una idea arriesgada. Llamo otra vez y le dejo mi teléfono para que me llame él, La deseche de cuajo ya que si él hermano se olvidaba no podría insistir…

Segunda parte

Una y cinco minutos volví a llamar… Me atendió él. Yo estaba entusiasmado y lo sentí muy a gusto con mi llamada. Le dije que lo quería ver hoy sí o sí. Pero me dijo que era imposible…

– ¿No voy a poder dormir otra noche? Le pregunté, se rio y me dijo

– Llámame a este teléfono a las siete y media.

– ¿Pero vos queréis estar conmigo?

– Sí, papito. Llámame a las siete y media

Corté. Estaba más tranquilo aunque a los pocos minutos pensé que ese no iba hacer mi día… Seguí haciendo mis cosas como hasta entonces… Es decir, pensando en Miguel. Pude olvidarme unos minutos pero todo me remitía hacia el mismo camino. Era muy difícil que nos encontremos ese día o más bien dicho esa noche. Tendría que inventar alguna buena excusa para salir a la noche. La estuve pensando mil veces. A final pude armarla y a Bety no le molestó que saliera… ahora había que esperar hasta las siete y media de la noche.

Mientras pasaba la hora, no me pude contener me acosté en la cama, me desnudé, me puse la tanga de Bety que ya tenía seleccionada, roja y negra. Me mire en el espejo y me hacía una cola hermosa, redonda y firme. La tirita de atrás me apretaba y desaparecía entre mis nalgas y un triangulito flotaba por encima de mi cola eso me lo hacía mucho más sugerente.

Me imagine que llegaba al departamento y él me estaba esperando ansioso. Yo le decía que antes quería decirle algunas cosas, pero él me miraba a los ojos y fue acercando su boca a la mía. Se detuvo a dos milímetros de mis labios y yo ya no pude detenerlo. Me beso apenas rozándome y luego mi boca se llenaba de su lengua. Cerró la puerta y sin pensar bajé mis manos hacia el cierre de su pantalón y me encontré con su pene semi erguido. Lo frotaba mientras le mordisqueaba las tetillas.

El calzón de Bety tenía una costura que jugueteaba con mi ano, al agitar mi polla. Un hilo de fluido mojaba mi piel, lo junte con la otra mano y primero lo olí y luego los pasé por los labios, volví a juntar un poco más y me humedecí el ano.

Él estaba sorprendido pero a mí no me interesaba nada. Seguí la faena hasta posar mi boca en su pene

Y justo cuando lo estaba por correrse y mi boca disfrutaría de su semen, él que se estaba corriendo era yo, en la cama, con la tanga roja y negra calada.

Cuando acabo me arrepiento de casi todo, pero me dije, «Si hago él amor con él tengo que aguantarle el ritmo. Entonces Tomé del pecho todo el semen y me lo trague y luego busque en las sabanas si había quedado algo y nuevamente lo absorbí. Yo nunca había tenido semen en la boca y la verdad es que él mío es muy sabroso. Me moría por probar el suyo.

Al llegar la hora marqué su teléfono con el corazón en la mano.

– Hola ¿Miguel?

– Oh, Cariño. ¿Nos encontramos?

– ¿Dónde?

– Anota Avenida San Martín 1244.

– ¿Qué es esto?

– La casa de un amigo que está de viaje. Quédate tranquilo, a las 9 ¿está bien?

– Un beso – y corté.

Me volví a bañarme y estuve eligiendo la ropa un rato largo. Como hacía mucho calor decidí ponerme algo sencillo una remera blanca, suelta… unos jeans, zapatillas y listo. Como si fuera algo casual. La duda era el calzón si usar uno mío o la tanga sugerente de Bety que ya me había dado satisfacciones. ¿Qué le gustará más? Mi cabeza volvió a dar vueltas, empecé a dudar de todo, ¿Habré hecho bien? ¿Estoy seguro de vivir esta experiencia? ¿Me gustará? ¿Ese dolor que todos dicen que se siente, se compensará con el placer? ¿Y si me gusta más que hacerlo con Bety? Tuve miedo. Miedo de verdad.

No fui en el auto, porque la dirección quedaba a unas diez cuadras de mi casa y además estaba muy nervioso. En una farmacia de turno, compré una caja de condones. (Aunque deseaba más que nada, sentir como me inundaba el ano con su leche.)

Llegué hasta la dirección y justo llegó él.

– Hola (Le dije y él se acercó y me dio un beso frío en la mejilla)

– Me vas a matar.

Miguel puso una excusa, – Mi madre…

Me sentí humillado, no le había gustado o bien nunca tuvo ganas y jugó con mis sentimientos.

No lo volví a llamar nunca más y mi primera experiencia tuvo que esperar…

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