Llegué a Buenos Aires y me metí en la aplicación de la ‘mascarita’ para ver si encontraba alguien con quien hablar y posibilidades de algo de acción. Luego de unas horas, finalmente recibí un mensaje de un chico de unos 27 años que parecía bastante lindo y muy agradable, algo dominante pero pensé que era así para algo sexual , al cual lo invite a mi departamento para una cita esa noche y ver que salía, quedamos que llegaba y tomábamos unas cervezas.

Cuando llegó a mi lugar, me di cuenta que no era el mismo tipo que había visto en la aplicación, sino un sujeto mas grande y moreno. De repente, otro hombre se me acercó y me sujetó con fuerza, en tono de chistoso me dice: somos tu cita, no hagas quilombo. Los dos tipos estaban vestidos con jeans, camperas deportivas y ambos con gorras y mochilas.

Me obligan a entrar y me pide la llave, reiterando que no haga quilombo porque se pudre todo… Entramos y uno de ellos me dice: dame tu billetera y celular, mirándome con cara de pocos amigos. No me atreví a negarme, le entregue el celular y nervioso le dije que la billetera no la tenia encima solo algo de plata en el bolsillo trasero.

«Y tu cadenita y reloj también, dámelos ya mismo,» me dijo el otro, apuntándome con un cuchillo. Me sacaron la cadenita, anillo y el reloj que tenía puestas, y luego me revisaron los jeans y la campera por si traía algo más de valor; además de la cintura pensando que tendría algo más. Uno me empujo contra la pared, mientras el otro revisaba que no hubiera alguien más, el que me sujetaba se me acercó, oliéndome el cuello y comenzó a tocarme la cola por sobre los jeans.

«Tiene un lindo orto», dijo el que me sujetaba, sintiendo su respiración como con deseo. Al cabo de unos minutos, me quitaron la campera de cuero y la camisa de jeans, dejándome desnudo el torso y solo en jeans. Comenzaron a toquetearme sin pudor, frotándome los brazos y las piernas.

«Vamos a divertirnos un poco con este,» dijo uno de ellos, les pedí que no… y rápidamente me ataron las manos con un precinto detrás de la espalda y me pusieron cinta en la boca. A continuación, me desprendieron los jeans y el boxer, exponiendo mi cola frente a ellos.

«No luches, o te voy a cagar a patadas,» me amenazó el otro tipo, mientras me inclinaba sobre el sillón y me separaba las nalgas. Pude sentir como se me endurecía el pene al escucharlos reír con crueldad mientras uno de ellos sacaba el suyo y lo acercaba a mi cola.

«Espero que estés limpio, porque vamos a cogerte bien duro, como te gusta» me dijo. Sentí un repentino dolor cuando él empujó su pene en mi interior, cogiéndome fuertemente. Los dos tipos se turnaron para penetrarme mientras uno lo hacia, el otro revisaba y me seguían pidiendo plata y algo mas de valor.

Llegó un punto en el que sentí que no podía más de sentirla adentro y casi me desmayo. Pero ellos continuaron cogiendo como si nada, incluso sacando el pene y volviéndolo a meter. Al final, eyacularon dentro de mí y me dejaron atado y lleno de sus fluidos.

Cuando recuperé la conciencia, estaban rebuscando entre mi ropa y tomando cosas. Salieron del departamento con algunas de mis prendas, notebook y perfumes, dejándome atado y amordazado. Me llevó un buen rato soltarme, además de haber sido humillado de esta manera.