Capítulo 7
La noche oscura, calles silenciosas y aterradoras, el miedo y la sensación de que la muerte estaba patrullando en cada esquina esperando su próximo trofeo. En otras palabras, una noche normal en Gótica.
—¿Qué le dice una taza a otra?
—Que taza haciendo. Ja, ja, ja, ja, ja.
—¿Por qué tan serio, pudín? —preguntó Harley Quinn.
—Maldita sea, Harley. ¡Cállate! ¿No lo ves, estúpida? El banco está bajo nuestro control, los policías abatidos y los rehenes con el gas de la risa. ¿Qué te dice eso?
—¿Ganamos? —dijo Harley.
—No. Falta algo crucial. Ha pasado una hora y el Murciélago no aparece. Sin él esto no tiene sentido. ¿Estará con otros? ¿El Pingüino o el Espantapájaros, quizá? No puede ser. Creí que teníamos algo especial. Todos son iguales. ¡Maldita sea! —gritó el Joker, más loco que de costumbre.
—Pero pudín, tenemos el dinero y podremos pasar una noche juntos, sin el Murciélago.
¡Paf! Resonó la cachetada, hizo eco en toda la habitación.
—Ja, ja, ja. Me gustaría golpearte toda la noche, Harley, pero es muy temprano y tomaría mucho tiempo. Recojan todo, muchachos. Quemen lo que quede y buscaremos al Murciélago. No escapará de mí.
Los secuaces hicieron como se les dijo, subieron a las camionetas y el Joker lanzó a Harley dentro del banco. El humo le dificultaba respirar.
—Pudín, cop, cop.
—¿Qué le dijo una uva verde a una morada?
—Deja de aguantar la respiración. Ja, ja, ja, ja.
Reía mientras los autos se alejaban, dejando a Harley a su suerte.
Las llamas consumían todo a su paso. Parecía el fin, pero de repente se sintió un fuerte estruendo. Un aire frío apagó todo. Era Superman. Harley aprovechó que estaba distraído sacando a los rehenes y logró escapar sin ser detectada.
—Maldita sea, no sé cómo me tropecé y caí dentro de ese incendio. Pudín no se dio cuenta. Seguro cuando se entere se va a preocupar y me buscará. Tengo una idea: me esconderé para preocuparlo. Ja, ja, ja.
Harley caminó unas dos horas y llegó a una casa pequeña y mohosa. Su amiga le abrió la puerta.
—¿Harley, estás bien?
—Sí, me caí, pero no importa.
Su amiga era Hiedra Venenosa o, por su nombre de pila, Pamela Lillian Isley.
Pamela le dijo que se bañara, tiró a la basura la ropa quemada, le dio un té y le pidió que se recostara.
Harley empezó a contarle lo que pasó, pero Pamela no podía dejar de contemplar el cuerpo desnudo de Harley: su piel blanca como de seda, unos senos grandes, parados y jugosos, su abdomen plano y cintura curvilínea, sus piernas tonificadas, gruesas, y su vagina rosadita con vello púbico cortado recto, color verde y rojo.
Pero ella sabía que Harley era fiel al Joker, así que tuvo una idea.
—¿Te gustaría un masaje relajante?
—Sí, claro. Me duele todo.
Hiedra tapó los ojos de Harley, puso aceite en todo su cuerpo y comenzó a deslizar las manos de forma ascendente por sus gruesos muslos, bajó a los pies y masajeaba dedo por dedo. La piel de Harley se veía brillosa y apetitosa. La vagina de Hiedra comenzó a mojarse y palpitar de deseo.
—¿Qué te parece?
—Muy agradable —dijo Harley, más relajada.
—Utilizaré unos aparatos especiales. ¿Me lo permites?
—Claro.
Hiedra empezó a pasar sus enormes senos por la vagina de Harley, luego por sus piernas, y pasó la lengua por sus senos, revoloteando entre sus pezones. Harley respiraba profundo.
—¿Te gusta?
—Lo haces muy bien, amiga.
La piel de Harley se erizaba, sus pezones se habían puesto duros y su vagina se había humedecido. Hiedra acercó su cara a la entrepierna de su amiga, olfateó sus jugos. Ese olor le fascinaba.
—¿Qué haces? —preguntó Harley, que se había quitado la venda.
Hiedra miró a Harley.
—Usando los aparatos especiales. Dijiste que sí.
Y pasó la lengua por entre los labios de Harley. Harley se tiró hacia atrás. Hiedra comenzó a besar los labios superiores, luego pasó la lengua por su clítoris de lado a lado y metió sus dedos.
Harley sentía espasmos, sus piernas temblaban y comenzó a reír.
—Ja, ja, ja. Me hace cosquillas —le dijo mientras alejaba a Hiedra.
Hiedra sonrió y la besó en la boca.
—¿Hacemos una tijera?
—¿Cómo se hace? Nunca lo he hecho —preguntó Harley, dudosa.
Hiedra la puso ligeramente de lado, juntó su entrepierna con la de Harley y comenzó a frotar vagina con vagina. Los labios húmedos se deslizaban uno con el otro, sus fluidos se mezclaban, sus piernas temblaban. Las respiraciones se sentían más agitadas. Se besaron apasionadamente. La lengua de Hiedra entraba en la boca de Harley. Ambas jugueteaban con sus lenguas. Sus cuatro labios estaban pegados, humedecidos y extasiados.
Continuaron los movimientos de tijera. El sudor y el aceite les daba un brillo especial a sus cuerpos. De repente cantó el gallo. Se dieron cuenta de que llevaban horas así. Continuaron un rato más. Estaban cansadas, sin energías y sin ganas de parar. Finalmente tuvieron cada una un orgasmo de muchos. No llevaban la cuenta.
Sonrieron dulcemente. Hiedra se acostó al lado de Harley, la abrazó y se quedaron dormidas en cucharita.
Por la ventana se visualizaba una ciudad en llamas. Joker y el Murciélago protagonizaban una batalla feroz.
Esta noche en Gótica hubo fuego, pero también muchas tijeras.