Eran las cinco de la tarde en punto. El gurú tenía ya todo preparado para el masaje zen que iba a realizar a Magui. Sonó el timbre y el gurú desapareció de escena porque dejaba a Magui que cumpliera las instrucciones previas, con su ritmo… sus rutinas…

Había descubierto al Gurú hacía ya un tiempo, cuando una amiga al verla tan estresada, se lo recomendó.

Y le pareció un buen hallazgo, ya que no sólo lograba relajarse, sino que además disparaba en ella una sensualidad que los años tediosos de su matrimonio, habían desgastado.

Su educación fue bastante reprimida, y aunque de adolescente logró destaparse, siempre fue un tanto vergonzosa a la hora del sexo. Su risa un tanto compulsiva en los momentos de excitación, así lo denotaba.

Después de varias sesiones prolongadas con el gurú, había adquirido confianza y podía entregarse al relax sin problema. Él siempre le marcaba que tenía una linda figura para lucirla más seductoramente, con ropas más ajustadas, con vestidos que dejaran ver sus largas piernas y hermosas nalgas; más suelta, inclusive le proponía que viniera a verlo, sin ropa interior, ya que eso le iba a provocar una sensación erótica que se trasmitiría a su actitud, su gestualidad… A ella todo eso la excitaba mucho y le daba rienda suelta a esa fantasía que por años había sostenido con vergüenza: ser una “prostituta casual”.

Sí, no profesional sino de vez en cuando. Salir a la calle algunos días vestida muy provocativamente con un cortísimo vestido sin nada abajo y buscar alguna ocasión para entregarse muy putamente a un hombre o a una mujer que se le acercara con una intención marcadamente sexual.

Entrar sola con un hombre en un ascensor y provocarlo hasta ser cogida por él en pocos minutos; o en un transporte publico refregar su culo con alguien hasta terminar cogiendo en el primer baño al paso. Pensar esa cosa la mojaba tanto que, a veces, con solo acercar un dedo ya sentía el orgasmo.

Y ahora que había conseguido ser atendida por el Gurú, eso la llenaba de alegría y calentura

Cuando ingresó al departamento, lo primero que hizo fue echarle un vistazo a las instrucciones que se hallaban sobre la mesa, un poco para recordarlas y por supuesto, cumplirlas al pie de la letra, y otro poco porque el gurú solía, a veces, introducir algunos cambios, cambios que podían agregar aún más sensualidad.

Porque no se trataba, claro, de un simple masaje descontracturante, sino desagregar a la relajación una buena dosis de sensaciones erótico-sexuales que pudieran inundar la mente, despojándola de cualquier otro tipo de pensamiento que no fuera el del placer que el cuerpo le fuera suministrando….

Fue depositando sus prendas una a una sobre un sillón y sonrió al reparar que había sido “obediente” al no traer puesto ni corpiño ni trusa. Y pudo comprobar que era cierto lo que le decía el gurú: durante el viaje y ahora mismo, sentía como su pubis palpitaba de una manera diferente, cómo hasta se había humedecido, y todo su cuerpo se hallaba más sensibilizado.

Después de su pasaje por el baño, se colocó el antifaz al entrar al lugar donde el gurú en pocos minutos más, comenzaría el “ritual”. Sabía que era imprescindible no ver nada para que su mente se convirtiera en la creadora de imágenes, imágenes que seguramente la iban a transportar, como otras veces, a lugares paradisíacos, a recuerdos placenteros, a sensaciones de colores….

Lentamente se fue relajando, hasta casi dormitar. Su respiración ahora, era muy calma. Su pensamiento se iba deteniendo en minucias, y algunos sonidos que comenzó a percibir, le anunciaban que el gurú estaba ya en la habitación.

Sintió su respiración, y el primer contacto de sus manos sobre sus pies, le provocó un pequeño sobresalto y entonces, sin limitaciones, ahora SÍ, se dispuso a sentir todo lo máximo que pudiera…

Lentamente se dejo llevar…Las manos del gurú comenzaron a masajear sus pies, muy lentamente. Sentía como esa suavidad iba invadiendo su cuerpo.

Estaba boca abajo, completamente desnuda, y solamente tocaba su piel la blanca sábana y las manos cálidas que ahora se desplazaban hacia sus pantorrillas.

Casi se sonrió al pensar qué sentiría cuando el masaje llegase a sus glúteos, es decir, su culo, bien redondo, carnoso, apetecible por muchos hombres que a lo largo de su vida supieron valorarlo, piropearlo.

Estaba en esos pensamientos cuando comenzó a sentir un gran placer sobre sus nalgas y glúteos, ya que las manos se desplazaban ahora muy suavemente, untadas de un perfumado aceite que le resultaba hasta embriagador.

Un cosquilleo en lo más profundo de su interioridad la recorría plenamente cada vez que las manos se acercaban alrededor de su orificio anal, bajaban por la hendidura y se deslizaban hacia adelante, a la zona pubiana. Ahora toda su espalda era untada y masajeada, bajando desde sus hombros hasta su culo, donde se detenía minuciosamente en ella, lo cual aumentaba, como en llamaradas, su goce.

Pasaron los minutos, aunque para ella el tiempo estaba suspendido: sólo contaba el inmenso placer de la relajación y de la excitación, que a ratos, la envolvía.

De pronto sintió que por un movimiento a su costado, el gurú le indicaba que se diera vuelta. Obedientemente así lo hizo, siempre en la oscuridad, ya que sus ojos permanecían tapados por el antifaz que ella misma se había puesto antes de entrar a la sesión zen. Sintió cómo el gurú estiraba todo su cuerpo para que se extendiera bien sobre la superficie e la sábana.

Sintió como las manos comenzaron a masajear sus hombros y cuello y muy parsimoniosamente se deslizaban sobre sus pechos.

Ahora su excitación iba “in crescendo” cada vez que las manos se apoderaban de esas redondeces masajeándolas con más ligereza y firmeza, hecho que le producía un temblor especial por toda la extensión de su cuerpo. Esa excitación se acentuaba aún más cuando sus pezones eran apretados y estirados, cosa que le hacía exclamar unos profundos suspiros que casi se confundían con exclamaciones….

Su calentura ahora era inmensa: ya deseaba que esas manos buscaran la zona genital, quería imperiosamente ser masturbada!! Pero no, el gurú retardaba ese momento y seguía con los masajes por sus pechos, su abdomen, sus piernas…..

Y apenas si rozaba la zona genital, hecho que la enloquecía y la hacía ahora jadear, como si pidiera a gritos que las manos se concentraran allí, donde suponía que iba a ser el PLACER, sí!! Con mayúsculas.

Y todo llega… De pronto comenzó a sentir como las manos, casi imperceptiblemente, se posaban sobre su vulva, acariciándola como si fuera de cristal, como si esas manos fueran plumas que cosquillaban su pubis.

Una llamarada, un fuego intenso se apoderó de todo su ser cuando su clítoris comenzó a ser masajeado, primero suavemente y luego con creciente intensidad…Más!! Más!!! Era su grito interno y su jadeo se incrementaba… Ahora!! Ahora!!! SÍ!!….  el orgasmo llegaba, era intenso, arrebatador, profundo… Los dedos la atravesaban, hurgaban la profundidad del sector rugosa de su vagina: el famoso punto G…SI!!! Ahí…Más!!! Así no pares… ahhhhhhhh!!!!

Una exclamación le informó al gurú que el placer había llegado a su culminación y de a poco desaceleró el ritmo. La calma comenzó a ganar espacio… el cuerpo se fue relajando nuevamente… y sintió unas ganas locas de quedarse así, casi dormitando… Mientras las manos expertas acariciaban con ternura esa piel que ahora parecía de cristal.

El guruayudador@gmail.com te espera para que le cuentes como te gustaría un masaje para tu cuerpo.