Capítulo 1

Capítulos de la serie:

Bueno, estimados lectores, creo haber encontrado una forma de seguir con la historia sin perder continuidad, verán hay algunas situaciones un poco perversas (que si eres como yo), seguramente te encantarán.

Como siempre, estaré recibiendo con placer sus comentarios y sugerencias o ideas para nuevos relatos.

Ana Raquel

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La Herencia – Segunda Parte

Había transcurrido ya un mes desde los sucesos ocurridos en mi anterior relato, Laura y yo estábamos perfectamente acomodados en nuestra nueva casa, la cual, gracias a Enriqueta, estaba reluciente, la cocina impecable, los pisos, lustrados con esmero, la cena servida puntualmente a las 9:00 de la noche.

Dado que Enriqueta había pasado de asistirnos tres veces por semana, a estar disponible todos los días, le sugerimos finalmente a Elena que se mudaran a uno de los cuartos disponibles en el primer piso, ella aceptó casi inmediatamente, así que ahora habíamos construído una rutina entre los cuatro, al despertarnos, Enriqueta ya había preparado el desayuno, el cual invariablemente servía en la espaciosa cocina, nos reuníamos todos alrededor de la mesa y nos preparábamos para el resto del día.

Enriqueta por supuesto, siempre con su uniforme de mucama francesa, el plug anal firmemente colocado junto con el dispositivo de castidad. Laura y Elena ya vestidas como secretarias y yo mismo, bastante mas informal ya que trabajaba desde el estudio.

Luego de desayunar, las dos mujeres partían a su trabajo y yo me encerraba a trabajar, mientras tanto, podía oir el taconeo de Enriqueta limpiando y realizando los quehaceres de la casa.

Por las tardes, Laura y Elena solo era llegar para que cambiaran sus ropas y se transformaran en dos espectaculares dominatrices. Luego de cenar, invariablemente venía la hora de los juegos en la que Enriqueta era la atracción principal, unas veces era penetrada por Laura o Elena mientras me practicaba sexo oral a mi, en otras oportunidades era yo quien disfrutaba de los placeres que su cola podía brindarme.

Una noche en particular, Enriqueta estaba con sus brazos apoyados sobre un sillón mientras Laura la penetraba con un generoso strapon de 28 centímetros de largo, mientras tanto, Elena me estaba practicando sexo oral, cuando sonó el timbre de la puerta de entrada.

– No se molesten, yo atiendo.

Me subí los pantalones, mientras tanto Laura seguía penetrando a la criada. Al abrir la puerta no era otra que mi madre. Vestía un traje sastre negro impecable, tacones altos y un collar de perlas que yo recordaba de toda la vida. Pero algo era distinto: su mirada. Ya no era la mirada de “mamá”. Era la mirada de alguien que **sabía**.

– Mamá? No sabía que vendrías.

– Tengo que avisar para visitar a mi hijo acaso? Dijo mientras directamente entraba a la sala.

Elena continuaba esperando que yo regresara, arrodillada frente al sillón en el que hasta hacía poco, yo me encontraba sentado recibiendo sus atenciones, mientras tanto, Laura tenía su strapon por completo dentro de Enriqueta. Al verla entrar, las dos se detuvieron sin saber que hacer.

– Tranquilos todos, no voy a escandalizarme ni nada parecido dijo mi madre, mientras levantaba su mano izquierda, enseñando en su palma el mismo tatuaje que aparecía en la mía cuando marcaba a alguien.

— La abuela me lo dio cuando cumplí 18 —explicó tranquilamente mientras entraba al salón—. Yo lo usé con tu padre durante años… y un poquito contigo cuando eras adolescente para que no te metieras en problemas.

– Conmigo? Pero continúen, no se detengan por mí. Dijo mientras se sentaba en el sillón, frente a Enriqueta, se cruzaba de piernas y le decía: – A ver niña, comienza a besar mis zapatos mientras conversamos.

Enriqueta comenzó a lamer los zapatos de tacón de mi madre, Laura continúo penetrándola y yo retorné a mi lugar recibiendo las atenciones de Elena.

– Como te estaba diciendo, continuó, cuando tenías 18 años y te juntabas con ese grupo de vagos, solo te sugerí que continuaras tus estudios en la Universidad.

– Y con papá durante años?

– Por supuesto, que descanse en paz, durante los fines de semana se transformaba en Josefina, realmente extraño mucho esos momentos juntos.

Papá, el prestigioso economista, consultor de varias multinacionales de lunes a viernes se transformaba en una mujer durante los fines de semana? Parecía casi imposible.

– Fueron esas companías que tenías a los 18 años que hicieron que con Mamá, decidieramos no pasarte el poder, cuando ella falleció, decidí enviarte al altillo con cualquier excusa para que lo encontraras.

– Lo encontré y empecé a usarlo.

– Si, por lo que veo te has arreglado bastante bien.

— Mamá… —empecé.

— Nada de “mamá” cuando estemos solos —me interrumpió—. Ahora somos **socios**. Herederos. ¿Quieres seguir jugando solo… o querés jugar de verdad?

Sentí el tatuaje arder en mi palma. El mismo calor que sentí en el altillo.

— Quiero jugar de verdad —respondí.

– Regla número uno, dijo ella, yo recibí el poder en primer lugar, incluso te marqué cuando eras un adolescente, quiero que quede claro que quien manda acá soy yo, está claro?

– Si mamá.

– Bien, se interrumpió a si misma. – A ver niña, comienza a subir por mism piernas, quiero sentir esa lengua en mi vagina, dijo mientras se subía la falta, exponiendo las medias de color natural sujetas con portaligas, no llevaba ropa interior, lo que me hizo suponer que tenía una idea de la escena que encontraría y venía preparada.

– Así, muy bien, luego continuó: – Yo estoy en la cima, yo ordeno, luego, estás tu, Laura, Elena y finalmente Enriqueta, esa es la estructura de poder de aquí en adelante, cualquier discusión en este sentido está fuera de lugar.

– Si Señora, respondimos todos al unísono.

– Perfecto, ahora querida, dijo dirigiéndose a Elena, deja lo que estás haciendo y ven aquí a besarme los pechos, tu si quieres – hablándome a mi – puedes masturbarte, pero por favor, ponte un preservativo, no queremos desperdiciar tu semen.

Elena inmediatamente se dirigió hasta donde estaba mi madre, abrió su blusa y comenzó a lamer sus senos. Yo por otra parte, fuí hasta la vitrina casi sin pensarlo, me coloqué un preservativo y comencé a masturbarme mientras contemplaba tan bizarra escena.

Laura vestida como una dominatriz, penetrando a Enriqueta, vestida como una mucama francesa mientras besaba la entrepierna de mi madre y Elena mientras tanto, alternaba sus atenciones entre uno y otro seno de Marta, yo excitado masturbándome.

Finalmente mi madre alcanzó un orgasmo y me ordenó: – Acaba ahora. Casi inmediatamente sentí como un orgasmo recorría mi cuerpo y llenaba el condon.

– Dáselo de beber a Enriqueta, ella debe obtener algo de placer verdad?

Mientras retiraba el preservativo y vertía su contenido en la boca ansiosa de la criada, mamá me dice: – Un aspecto importante del control es que siempre prestes atención a que ellos obtengan un poco de placer. Y mientras explicaba esto, pude ver como Enriqueta se relamía los labios con una mirada lasciva.

Una vez que terminamos me dice: – Supongo que tienes una habitación en la que puedo quedarme verdad?

– Si por supuesto, te acompaño. La guíe hasta la tercera habitación del primer piso.

– Esta era mi habitación cuando joven, será perfecto.

Luego en nuestra habitación hablando con mi esposa le digo: – Que piensas de todo esto?

– Estoy sorprendida, apenas me he acostumbrado a tu poder cuando descubro que tu madre también lo tiene.

– Obviamente, todas las historias que me contaba la abuela no eran ficción, mas bien me estaba transmitiendo un conocimiento que ella poseía sin que yo tubiera idea. Ojalá le hubiera prestado mas atención.

– Bueno, ahora puedes contar con tu madre.

– Y que piensas de lo que dijo de papá. Josefina durante los fines de semana, jamás lo hubiera imaginado.

– Estuve pensando en eso, dice que lo pasaban bien, yo no conocí a tu padre, pero por lo que me has contado, era una persona feliz.

– Si es verdad, sin embargo, me cuesta conciliar la imagen de economista consultor con la de Josefina los fines de semana.

– Si no te molesta, me gustaría conversar con tu madre al respecto.

– No hay problema, posiblemente se sienta mas cómoda hablando con vos.

No había nada mas que decir, pensando en la escena que hacía poco tiempo había transcurrido en la sala me quedé dormido, confiando en que Laura sería capaz de tener una conversación con mi madre.

Al día siguiente, eran cinco los desayunos que había preparado Enriqueta, Elena ya vestida como secretaria, mi madre con un kimono y nada debajo, tan solo con unos zapatos de taco aguja de 12 centímetros, si me extrañó ver que Laura no estaba preparada para salir.

– Hoy he pedido el día libre, si no te molesta Marta, me gustaría conversar contigo.

– Por supuesto que no querida, se que estás llena de preguntas y me encantará responderlas.

– Perfecto, entonces mientras Carlos trabaja y Enriqueta ordena la casa, crees que podríamos conversar en tu habitación?

– No hay inconveniente, pero será mejor en la tuya, es mas espaciosa.

El resto del desayuno transcurrió sin novedades, luego Elena fue a la oficina, Enriqueta comenzó con sus tareas y yo me encerré en el estudio esperando poder concentrarme lo suficiente como para terminar una entrega.

Ya en la habitación, ambas sentadas en la cama, Laura le preguntó directamente: – Que es este poder? De donde surge?

– Como puedo explicarte? Esta realidad no es la única, existen infinidad de realidades, universos paralelos si quieres llamarlo así. En estos universos infinitos hay dioses y diosas, que si tienes la habilidad, puedes invocar solicitándole favores.

– Uno de los favores sería el control por ejemplo.

– Exacto, el poder ha estado en nuestra familia hace generaciones, se transmite de padres a hijos.

– Pero ahora lo tienes tu y lo tiene Carlos también.

– Esa idea no es totalmente precisa, en realidad lo tengo yo, que soy la heredera original, ahora lo comparto por decirlo así, con Carlos, el día que yo no esté, pasará por completo a el.

– Es mas o menos lo que dijiste ayer por la noche, cuando mencionaste la estructura de poder.

– No olvides que cuando Carlos era joven, lo marqué para guiarlo por el buen camino, esa marca nunca desaparece.

– Es como Enriqueta, Elena e incluso yo misma, una vez marcados como siervos, no es necesario volver a hacerlo.

– Si, no olvides además, que al haber marcado a Carlos, por carácter transitivo también los he marcado a ustedes.

– Creo que voy comprendiendo.

– Fíjate, vamos a hacer una prueba. Quiero que me beses mi ano. Dijo Marta mientras se giraba y poniéndose en cuatro patas, exponía su cola.

Laura, sin pensarlo, se arrodilló en la cama y comenzó a introducir su lengua en el ano de su suegra.

– Siii, así, exclamó, no tan bien como Josefina pero ya aprenderás.

– Tienes alguna otra duda?

– En realidad es mas bien una petición, te pido por favor que me oigas y luego tu me dirás.

– Adelante.

– Como sabes, yo también soy bisexual y lo que has contado del padre de Carlos me ha hecho pensar …

– Continúa querida, dijo la suegra tomándola de la mano. Nada de lo que digas me escandalizará, puedo te lo puedo asegurar.

– Bien, me preguntaba si sería posible, si estarías de acuerdo, quizá no te gusta …

– Si no me lo dices, nunca podré contestarte.

– Disculpa, sería posible que le ordenaras a Carlos que se transformara de forma similar a como lo hicieste con tu marido?

– Quieres una Josefina para ti misma?

– No me malinterpretes, Carlos es genial, es un marido maravilloso, pero a veces me gustaría estar con otra mujer.

– Bueno, acabamos de estar juntas no?

– Si, y me encantó, gracias por eso debo decir, pero me excita la idea de un Carlos feminizado, dispuesto a satisfacer mis caprichos.

– Eres una digna integrante de la familia, me atrae mucho la idea, déjame pensarlo un par de días y luego te contesto.

– Gracias Marta, espero no te moleste mi pedido.

– Molestarme, para nada, al contrario, lo encuentro perversamente excitante.

– Ahora complaceme, quiero sentir tu lengua en mi entrepierna.

Laura, obedientemente se arrodilló y comenzó a lamer a su suegra.

Durante el resto de la semana Marta, luego de desayunar, salía para regresar solo por las tardes, generalmente cargada de bolsas de distintas tiendas, se veían marcas de ropa, de lencería, zapatos y algunas sin un logo identificatorio, todas terminaban en su habitación.

– Para que compras tanta ropa mamá, le preguntó Carlos.

– Una mujer nunca tiene suficiente ropa, deberías saber eso. Era la respuesta automática.

Por las noches, complicadas coreografías sexuales se llevaban a cabo, siempre bajo la guía de Marta.

El viernes por la mañana, Marta le dice a Laura: – Antes de irte a trabajar, puedes pasar un momento por mi cuarto?

– Si por supuesto Marta.

Una vez en su habitación, la madre de Carlos le dice:

– Antes que nada, mi respuesta es Si.

– Gracias Marta.

– No me agradezcas todavía, existen algunas condiciones. Carlos es mi hijo y su felicidad es importante para mí, de ninguna forma se transformará en alguien como Enriqueta, será en todo caso, la mujer de la casa, está claro.

– Por supuesto, no era mi idea tampoco tener una mucama personal.

– Quiero simplemente que disfrute de los mismos placeres que su padre y yo.

– Por otra parte, de lunes a viernes continuará siendo Carlos, tendrá sus proyectos y lo activaremos durante el fin de semana, tal como sucedía con su padre.

– Perfecto, me parece excelente.

– El único detalle es que cuando activemos a Carla, cambiará sutilmente el esquema de poder, seré yo, luego tu, Carla, Elena y finalmente Enriqueta.

– Gracias Marta, como puedo agradecerte.

– No te preocupés por eso, creo que será excelente para su matrimonio. Entonces está decidido, hoy por la noche lo activaré y Carla emergerá.

Laura se retiró entonces para ir a trabajar, aunque no fue un día muy productivo, ya que constantemente se perdía en ensoñaciones imaginando a ella y Carla juntas.

El viernes por la tarde, mamá nos convocó a todos en la sala, tenía en sus manos algo que sin duda era un album de fotos. – Presta atención Carlos.

– Si madre.

– Desde ahora en adelante y hasta el lunes por la mañana serás Carla, adoptarás una personalidad femenina. De acuerdo?

– Si madre.

– Observa con cuidado, dijo mientras me mostraba imágenes del albúm. – Estas son fotos de Josefina, como puedes ver, no solo era muy femenina sino que además, conseguía ser muy sensual y seductora.

Ante mi las imágenes de mi padre durante los fines de semana. Si miraba con mucho cuidado, podía reconocer sus facciones debajo de las capas de maquillaje, sin embargo, estaba contemplando a una belleza, tal como había dicho mi madre, sensual, provocativa, posando en distintas poses y sin embargo, sin perder un aire de elegancia.

– Tomarás a Josefina como tu modelo, aspirarás a ser tan femenina y seductora como ella. Has comprendido?

– He comprendido.

– Durante los fines de semana cambiará además la estructura de poder, yo por supuesto en primer lugar, luego Laura a quien obedecerás, luego tu, y finalmente Elena y Enriqueta. Está claro?

– Muy claro madre.

– Finalizado el fin de semana, lunes por la mañana retornará Carlos, recordando absolutamente todo lo que ha sucedido durante el fin de semana. De lunes a viernes tendrás una vida normal, lo único que cambiará es que explorarán junto con Laura, las fantasías y deseos que luego cumplirán los fines de semana.

– Ahora Elena y Enriqueta te asistirán en tu primera transformación, te enseñarán a maquillarte, a moverte como una mujer, caminar en tacos altos, etc., la semana próxima, a partir de las seis de la tarde, tu sola te transformarás y recibirás a Laura ya como Carla.

– Tienes alguna duda?

– Ninguna madre.

– Perfecto, si eres al menos tan perversa como Josefina estoy convencida que disfrutarás mucho. Ahora Elena, Enriqueta, asistan a Carla por favor, todos los elementos que necesitan se encuentran en mi habitación etiquetadas con su nombre.

– Si señora, respondieron estas al unísono y mientras me tomaban de la mano, me guiaron hasta mi habitación.

Al llegar, me desnudé, y comprendí como se sentían los siervos que había marcado anteriormente, no era algo que estuviese haciendo en contra de mi voluntad, mas bien lo opuesto, estaba ansiosa por quitarme la ropa de hombre y ser transformada, mi madre no había implantado órdenes, en cambio había establecido deseos.

Una vez desnudo, Elena comenzó a aplicar crema depilatoria en todo mi cuerpo mientras que Enriqueta en sucesivos viajes a la habitación de mi madre traía bolsas y bolsas de distintos tipos y tamaños, adiviné calzado, botas y zapatos, todas de tacón aguja de al menos 12 centímetros, otras bolsas contenían lencería, maquillaje, joyería, incluso una pequeña colección de pelucas de distintos colores y cortes.

Pasados unos cinco minutos, mi piel comenzó a picar, un leve escozor que recorría todo mi cuerpo.

– Es tiempo de remover la crema. Dijo Elena mientras me guiaba hacia la ducha.

Una vez bajo el chorro de agua, contemple mi cuerpo ahora completamente lampiño, salvo por un pequeño triángulo en mi entrepierna. Al salir, entre ambas aplicaron una crema balsámica en todo mi cuerpo, luego procedieron a sentarme frente al tocador y comenzar con mi transformación.

Te aburriría si describo en detalle el proceso, basta con decir que depilaron mis cejas para darles un contorno mas femenino, aplicaron base, pintaron mis ojos en al menos tres tonos, pestañas postizas, delinearon mis labios para luego pintarlos en un color rojo intenso.

Mientras una me maquillaba, la otra aplicaba extensiones en mis uñas para luego pintarlas en el mismo tono que mis labios.

Luego de una de las bolsas retiraron unas prótesis mamarias de generosas dimensiones que adhirieron a mi busto con pegamento. Un corset negro de un material que parecía cuero pero mucho mas suave al tacto, luego de ser ajustado redujo mi cintura y realzó mi busto.

Médias negras de nylon con costura crearon una sensación exquisita al rozar una pierna contra la otra.

Finalmente, un par de zapatos negros con un taco aguja hicieron que me tambaleara al querer ponerme de pié.

Completaron el atuendo un vestido negro, de mangas cortas, falda tipo tubo que resaltaba mis nalgas, larga apenas unos centímetros por encima de la rodilla, una peluca negra con un peinado alto, y el toque final cuatro anillos en mis dedos, pulseras y un collar adornando mi cuello y un poco de perfume con un leve aroma cítrico.

Fue un momento extrañamente placentero sentir como aquellas dos mujeres me vistieron, sentir sus manos recorriendo mi cuerpo, la suavidad de las texturas de la ropa era increíblemente erótica y al contemplarme por primera vez en un espejo de cuerpo entero, no pude reconocer a Carlos en la imagen, ahora Carla había nacido.

En ese momento comenzó la parte difícil, primero aprender a caminar con tacones, siguiendo sus directivas, comencé a recorrer el pasillo una y otra vez hasta que adquirí no solo la práctica, sino la gracia de hacerlo contoneando mis caderas (ligeramente, solo insinuando, no tan marcado, un poco menos, un poco mas), cuando pude caminar cumpliendo sus expectativas, comenzó la segunda fase del entrenamiento.

Como sentarme, como pararme, como hacerlo de forma sensual, modificar mis gestos para que fuesen mas femeninos tomó una gran parte del tiempo.

Finalmente, el entrenamiento de la voz. – No no puedes hablar en falsete, me decía Elena, queda ridículo.

– Baja el tono de voz, indicaba Enriqueta, presta atención como lo hago yo.

– Mas suave, modula las palabras lentamente.

Luego de dos horas, había adquirido la destreza suficiente como para dejarlas satisfechas.

– Ahora todo junto, camina un poco y siéntate en esta silla, háblame cuando lo haces, mira ligeramente de costado.

– Bien, mas que aceptable, ahora la presentación en sociedad, mencionó Elena. Tu ve por delante a ver que opinan tu madre y tu esposa.

Tengo que confesar que sentí cierta aprensión al bajar las escaleras, esa parte no la habíamos practicado.

– No mires los escalones, la mirada al frente, recuerda pasos pequeños y cortos.

Al llegar a la sala, Marta y Laura estaban conversando animadamente, cuando me vieron, ambas se callaron.

– Eres la viva imagen de Josefina, acotó mi madre.

– Carla, estás hermosa, casi estoy celosa de tu presencia.

– Gracias mi amor, no sabes el placer que me da el oir tus palabras.

– Ahora vamos a cenar, dijo mi madre. Veremos como te comportas. – Enriqueta que has preparado?

– Pollo con salsa de cerveza acompañado con papas noisette señora.

– Excelente elección y de postre?

– Peras al borgoña con helado de crema señora.

– Hay que haríamos sin ti Enriqueta, te has revelado como una excelente cocinera. Pasamos al comedor.

Fuí plenamente consciente que durante la cena, gran parte de la atención estaba puesta en mí, recuerda, me decía a mi misma, cuida tus modales, bocados pequeños, no ensucies el vaso con el labial, ten cuidado de no manchar el vestido con la salsa. Además, el roce de las piernas de Laura contra las mías, la caricia casual de una de sus manos, no se si lo hacía adrede, intentanto sobresaltarme o si por el contrario, intentaba darme ánimos.

Cuando terminamos de cenar, mi madre dijo: – Dejemos que Laura y Carla pasen el tiempo a solas en su habitación, mientras tanto, nosotras podemos practicar un pequeño juego para pasar el rato.

Nos retiramos a nuestra habitación y fue solo entrar que Laura me abrazó por detrás, sentía su strapon presionando contra mis nalgas, y mientras besaba mi cuello y acariciaba mi flamante busto me dijo: – Estás hecha un bombón y hoy te voy a comer.

Mientras tanto, bajaba el cierre de mi vestido y dejaba que este cayera al suelo a mis pies.

– Ven, dijo mientras se sentaba en la cama, quiero que me mames un poco.

Tomé el pene artificial entre mis manos y comencé a besarlo de recorriéndolo con mi lengua en toda su extensión, finalmente introduciéndolo en mi boca.

– Hoy que es tu primera vez decidí usar uno pequeño, ya iremos aumentando el tamaño de a poco.

Pequeño?, debía medir al menos 20 centímetros por 3 de diámetro.

– Ven, quiero que me beses el culo, quiero sentir tu lengua dentro mío, me dice mientras se ponía en cuatro sobre la cama, exponiendo su ano.

Comencé a hacerle el amor a su cola, recorriendo sus nalgas con besos, dejando las marcas de mi labial en sus glúteos hasta que en un momento me dice: – Méteme la lengua de una vez que me estás enloqueciendo.

Por supuesto, obedecí introduciendo mi lengua en tan preciosa cavidad, mientras que con mis dedos jugama con su clítoris.

– Déjame a mi ahora, cambiemos de posición.

Dicho y hecho, me puse en cuatro patas sobre la cama, ella abrió mis piernas y separando mis nalgas con sus manos, dejó expuesta la entrada de mi ano, directamente sentí su lengua estimularme y puedo asegurarte que una ola de placer recorrió mi cuerpo en ese momento. Por Dios, de lo que me había estado perdiendo, de haber sabido antes la delicia de sentir una lengua en tu ano lo habría probado hace mucho, mucho tiempo.

Luego, tomando un pote de la mesa de noche, comenzó a lubricar mi esfinter, primero introduciendo un dedo, luego dos y cuando notó que estaba lo suficientemente relajada, tomó una joya anal y muy lentamente la colocó dentro mío.

– Te gusta?

– Siii, poor favooor, sigue.

Comenzó a jugar entonces, introduciendo y sacando la joya de dentro mío hasta que en un determinado momento me dice.

– Nunca lo hicimos, pero quiero que me hagas la cola.

Quien era yo para negarme a semejante petición, tenía delante mío a una belleza, yo también convertida en una mujer, así que cambiamos de posición una vez mas y comenzó mi turno de lubricar su ano, introducir un dedo, luego dos y finalmente, posicionar mi pene en la entrada y comenzar a ejercer presión.

Casi se diría que no fui yo quien la penetró, sino que fue su ano quien capturó poco a poco mi pene. Cuando estuve por completo dentro de ella, comencé a cabalgarla primero lentamente.

– Hayyy, me encanta, sigue por favooor, no te, no te, no te, de, detengas.

– Cambiemos un poco, quiero verte gozar mientras te penetro.

Volvimos a cambiar posición, pero esta vez, yo recostada con la espalda contra la cama, con mis piernas apoyadas en sus hombros, retiró el plug lentamente y dice: – Creo que ya estás lista y dilatada para recibirme.

No terminó de decirlo que sentí como la punta de su pene artificial comenzaba a presionar la entrada.

Poco a poco fue entrando en toda su extensión y cuando sentí los testítulos artificuales golpear contra mis nalgas me dice mientras comenzaba a masturbarme.

– Tócate los pechos, quiero ver lo puta que eres.

Seguí sus instrucciones, extrañamente, al tocar mi busto, me hizo sentir toda una puta, comencé a jadear, a recorrer mis labios con la lengua, a pedirle que lo hiciera con mas intensidad.

– Mas por favor, cogeme como la puta que soy.

– A ver como acabas para mí, me dice mientras continuaba masturbándome.

Finalmente, tuve mi orgasmo, el semen se derramó sobre mi corset y ella entonces me dice: – Es una lástima desperdiciar esto, recogiéndolo con sus dedos y dándomelos a tomar.

Besé esos dedos, los recorrí con mi lengua como si estuviera practicando un felatio, recorriendolos con mi lengua y bebiendo hasta la última de mi orgasmo.

Finalmente, sin retirarse de dentro mío, nos quedamos en la cama abrazados y así dormimos.