Estaba navegando en X esa noche, como siempre, deslizando el dedo por hilos de cornudos mexicanos que me ponían la piel de gallina. De repente apareció su perfil: @ReyDeLosCornudosMX. La foto de perfil era una captura borrosa pero clara: una jaula de acero rosa brillante, cerrada con candado plateado, y dentro una verga morena atrapada, hinchada contra los barrotes, con una gota de presemen. Deslicé hacia abajo y vi más: capturas de su mujer –una morena curvilínea con tatuajes discretos– abrazada a un novio alto, moreno, musculoso, con la verga enorme marcada en el bóxer ajustado. En uno de los posts más recientes decía: “Mi reina sale esta noche con su novio al motel mientras yo como buen cornudote me quedo solo y enjaulado 😔🔒”.
Le escribí temblando, el dedo resbalando en la pantalla, mientras repasaba el resto de mensajes que eran burlas y humillaciones a su ego:
“Quiero financiar tu cena de esta noche mientras tu mujer está en el motel con su novio. Te pago lo que quieras… mereces gozar poquito mientras te crecen los cuernos.”
Los tres puntitos aparecieron casi de inmediato. Mi corazón latía tan fuerte que pensé que se me iba a salir del pecho.
Aceptó en menos de un minuto.
“Jajaja órale perrito. Me gusta tu actitud. Mándame tu prueba de que no eres fake y te paso mi número de WhatsApp..”
Le envié captura de una transferencia a una cuenta que me dio, y en segundos me llegó su número. Lo agregué como “ReyDeLosCornudosMX” y me mandó la primera foto:acercamiento de su jaula rosa, candado cerrado, la verga morena empujando contra los barrotes, hinchada, roja, goteando presemen que caía en un hilito largo hasta sus bolas. Debajo escribió:
«Para que veas que sí soy yo».
Le di tiempo para que gozara de los videos que le mandaban su mujer y el corneador mientras cenaba a gusto. A la mañana siguiente desperté con el teléfono vibrando. Era él. Mensaje de voz:
“Buenos días, perrito financiero. Mi reina llegó hace rato, llena de semen de su macho. Me obligó a limpiarla con la lengua mientras me grababa. Ahora estoy aquí, todavía enjaulado, con el sabor de otro hombre en la boca.¿Aun así crees que soy Superior a ti?”
Respondí con voz temblorosa en audio: “Sí, Señor, yo solo aspiro a seguirle sirviendo…”
Sabía que esto recién empezaba. Y estaba satisfecho.