Hola, esta es otra de mis experiencias con Mary.
Una vez que entre los dos descubrimos la sensación y el gusto de que a ella la vieran otros hombres, nos decidimos a hacer una cita por internet en un parque no muy lejos de la casa. El lugar es muy propicio, ya que al lado corre un río y hay abundante maleza y lugares escondidos, pero a la vez con el peligro de que alguien te descubra, ya que pasan corredores, gente en bicicleta o haciendo cualquier otra actividad.
Nos dimos a la tarea de poner un anuncio citando a quien gustara llegar a las 7 pm en cierta parte del parque. Nos desanimamos un poco al ver que casi nadie vio el anuncio, pero decidimos ir aun así. Tal vez sería bueno para el comienzo si nadie iba o si iba uno que otro curioso.
Mary decidió usar unas medias de red que tenía en casa y se las colocó hasta la cintura sin ropa interior de ningún tipo. Se colocó un abrigo que le cubría todo el cuerpo y un par de tacones color negro. Yo me puse algo cómodo: un pants deportivo y una camiseta.
Llegamos al parque unos minutos antes de las 7 y dejamos el auto en el estacionamiento. La verdad íbamos un tanto nerviosos, pues era algo nuevo que nos podía meter en problemas si nos descubrían las personas equivocadas.
Llegamos hasta un lugar donde hay muchas bancas con asadores para que la gente conviva y nos posicionamos en una mesa cerca de los baños. No había nada de gente, pero a lo largo del río pasaba la pista y ahí sí pasaban hombres y mujeres corriendo, solo que eran pocos y en lapsos de tiempo un tanto largos.
Nos sentamos y esperamos, puesto que no sabíamos qué hacer. Mary me dijo que se sentía nerviosa, pero que le excitaba la situación. Así que yo decidí tomar la iniciativa y comencé a tocarla. La recosté sobre mí como abrazados, ella delante de mí, y metí mi mano bajo su abrigo. Ella se sentía un poco húmeda, así que le acaricié las piernas sobre la red que llevaba y ella se comenzó a soltar un poco y olvidar que estábamos en un parque, pues comenzó a gemir despacio.
En eso apareció un chico un poco más joven que nosotros, de unos 20 años. Se nos acercó sin que Mary se diera cuenta y en cuanto estuvo cerca dijo:
—Son ustedes, ¿verdad?
Mary abrió los ojos y reaccionó, pero yo seguí masturbándola debajo del abrigo para que entrara en confianza. El chico volvió a decir:
—¿Son ustedes los que se muestran, verdad?
Yo solo asentí con la cabeza. Estaba concentrado en que ella no le diera pena y quisiera parar aquella aventura sin siquiera comenzar. El chico se frotaba su verga por encima del pantalón. Le dije:
—¿Quieres ver más? Acércate.
Se colocó frente a nosotros y yo abrí un poco el abrigo dejando ver sus chichis lo suficiente para que él se excitara aún más y se frotara más fuerte. Mary gemía un poco más fuerte y se excitaba aún más. Yo sinceramente ya estaba muy erecto también con esa situación de no saber qué más pasaría.
En eso Mary dirigió su mano a mi verga y comenzó a frotarla muy duro. Me pidió que la sacara y me la empezó a jalar. El plan era ser observados solamente, pero creo que ella no pudo más y le dijo al chico:
—Acércate más.
Le bajó el cierre, sacó su verga: un pene totalmente curvado hacia arriba, muy delgado del tronco pero con una cabeza enorme, muy diferente al mío que es totalmente recto y en forma de cono. Ella se excitó mucho, pues ella misma le dijo:
—Vaya, nunca había visto uno así.
Le lanzó un escupitajo y comenzó a frotarlo con su mano. Yo no dije nada, pues era algo natural que había surgido así. El plan se había salido de todo guion, pero la excitación era mayor y decidí no negarle ese placer, el mismo placer que sentía yo también de ver cómo mi esposa tenía otra verga en sus manos.
Estábamos tan entrados que solo alcanzamos a notar otra presencia cuando ya era demasiado tarde. Era un hombre mayor con ropa deportiva y me dijo a mí:
—Tú eres el esposo, ¿verdad? Los vi de lejos y creo que tú eres de esos que les gusta prestar a su mujer.
Yo no supe qué contestar. Era obvio que él no era un invitado, sino más bien un espontáneo que iba pasando e intuyó lo que pasaba. El señor no dijo más y con toda confianza se acercó y metió la mano en el abrigo, tocando las chichis de ella. Sacó su verga, una verga gorda y de cabeza pequeña, y se la ofreció. Mary, sin decir nada, la aceptó y comenzó a mamarla.
Yo me quedé impactado de la escena que mis ojos veían, pero era más el morbo de lo que ocurría que cualquier sentimiento de celos. El señor no tuvo ninguna pena y en total arrebato la tomó y le dijo:
—Ven, vamos para acá, zorrita.
La levantó de la banca y nos soltó la verga a mí y al chico. Ella, muy obediente al señor, la caminó por entre las mesas y la dirigió a la zona de los baños por la parte de atrás. Yo la desconocí porque ni siquiera me dijo nada. Se fue muy obediente, pero aun así seguí excitado.
El señor me dijo:
—Ven, no se pierdan este espectáculo.
No sé si él ya tenía experiencias así o simplemente era más atrevido, pero ni permiso pidió. La despojó de su abrigo y la recargó en una banca, rompió sus medias en el área de las nalgas, se las abrió y comenzó a mamarle la cola a Mary.
En un grado de excitación desconocido para mí, me dijo:
—Ven acá.
Yo me puse delante de ella y me mamaba ahora la verga a mí y al otro chico al mismo tiempo.
Yo estaba muy excitado y concentrado, casi en un estado de trance. Vi cómo el señor la acomodó un tanto más empinada. Mi mente dijo: “Detenlo, están a punto de cogerse a tu esposa frente a ti y no harás nada”, pero detuve ese pensamiento y dije: “Adelante”. Algo dentro de mí quería verlo.
El hombre hizo a un lado su short, acomodó su verga en la vagina de Mary y sin más la penetró. Ella casi muerde mi verga de lo excitada que se sentía. Comenzó a gemir muy fuerte. A esas alturas ya no me importaba nada más que mi placer y el de ella, así que no dije nada, pero quería ver más.
Así que retiré mi verga de su boca y me fui debajo de ellos. Quería ver esa verga gruesa abrirle los labios vaginales a mi Mary. Desde abajo pude observar esos enormes huevos que le colgaban y con cada empujón chocaban con la vagina de ella. Fue tan excitante ver cuando aquel hombre gimió y le dijo a ella:
—¡Que me desecho en ti!
Fueron sus palabras. Creo que ahí ella reaccionó un poco, pues intentó salirse, pero él no la dejó. Vi tal cual cómo el señor se vació dentro de ella y cómo ella ya no pudo evitarlo, solo le quedó disfrutarlo.
El señor se apartó un tanto agitado.
—Es mi turno —dijo el chico—. Yo también estoy a punto de correrme.
Mary dijo:
—Noooo.
Pero yo estaba excitado y dije:
—¿Qué más da? Si ya uno la llenó, que no sean más.
La tomé de la cintura para arriba y la obligué a que mantuviera la posición en cuatro patas, empinada.
—¿Qué haces? —me dijo.
Yo le dije:
—Venga.
El chico la penetró y ella comenzó ya a gozarlo. Él no tardó ni dos minutos cuando también se corrió dentro de ella. Cuando acabó y sacó su verga, yo también quería hacer lo mismo. La cogí, pero de igual manera no aguanté mucho por lo excitado que me encontraba. También la llené con mi leche.
Al final ella no se molestó. El chico, cuando acabó, se fue y no se despidió, pero el señor nos dio su número de teléfono y nos pidió el nuestro. Trajo el abrigo de Mary y nos fuimos caminando al estacionamiento. Ahí nos separamos todos contentos y nos fuimos.