Llegó el día de la boda. Yo iba vestida con un gran vestido blanco, velo blanco transparente en mi cabeza. Yo soy Carla, pelo rubio rizado, gafas, delgada, 1,56 de estatura, cuerpo atlético, culo respingón, como un melocotoncito.

Estaba esperando la limusina que me llevaría a mi boda al aire libre.

Llegó, me subí y me llevaron al bodorrio. En una capilla, en el altar, me esperaba mi marido todo trajeado. El juez nos casó, dije que sí, cómo no, y le besé. Hubo una gran fiesta, comida y baile, mucha bebida y comida que la servían unos camareros de color trajeados.

Yo me los miraba y en la oreja a mi marido le susurré:
—Cariño, cómo me ponen los camareros y ahí quedó la cosa.

Pasó el baile y acabó la boda. Todos los familiares se fueron a sus casas.

Nosotros nos quedábamos a dormir allí.

Llegamos a una habitación que al entrar había una cama redonda con pétalos de rosa, fresas y cava con hielo.

Dije:
—Llegó el momento de consumar el matrimonio.
Y me lancé sobre él, lo desnudé sensualmente, lo levanté de la cama y lo senté en una silla. Saqué unas cuerdas que había en un cajón y lo até, y dije:
—¡Sorpresa!

Se abrió la puerta de la habitación y empezaron a entrar los camareros de la boda.

Entraron 7 camareros negros, los que yo miraba, que yo misma contraté, y detrás el fotógrafo con una cámara de vídeo.

—Carla: Tú solo vas a mirar hasta que acaben, cariño.

Vestida de novia, me arrodillé en medio de la cama redonda. Todos se desnudaron y rodearon la cama. Qué pollones tenían. El fotógrafo grabando. Empezaron a tocarme rompiendo mi vestido de 2000 euros, solo me dejaron las medias y lo de la cabeza.

Todas las manos me tocaban y empecé a chupar pollas de todos. El fotógrafo se sacó la polla paseándose mientras grababa. Me empezaron a follar, se turnaban, yo chillaba. Todos se corrieron y el último el fotógrafo, que me la metió en la boca. Se fueron todos al acabar y desaté a mi marido, lo metí en la cama y me lo follé yo a él.