Capítulo 1
- Morboseando con su hermana
- Dos voluntarias virtuosas y un hijo morboso
De pronto, Gertrudis se dio cuenta que lo que hacía no estaba bien, era pecado, se sintió confusa, preocupada, se apartó de Salva y salió corriendo a buscar a su hija para macharse a casa.
- Vámonos, Clarita. – dijo cogiéndola del brazo –
La chica no entendía a su madre, se había comprometido con don Jacinto y ahora incumplía su palabra, intentó calmarla y que razonara, pero la vio sudando, muy acalorada y prefirió salir a la calle con ella sin decir nada.
- Vamos, hija. – dijo la madre agitada – Esta es una cueva donde habita el pecado.
- Mamá, no será para tanto. – respondió la hija –
- Calla, calla, por Dios. Tú no sabes lo que hace esta gente, son unos inmorales y unos depravados.
- Mamá. – replicó la muchacha – Lo dijo el padre Jacinto, nos avisó claramente, teníamos que ser buenas, ayudar a los pobres que viven en unas condiciones infrahumanas. Es más, añadió que tendríamos que hacer sacrificios que ni pensábamos.
- Es cierto, Clarita. – meditó su madre – Mañana volvemos otra vez, pero ahora….
Notó que estaba excitada, que sentía un calor que salía de su sexo y se apoderaba por todas partes de su cuerpo, sintió miedo y vergüenza y prefirió no volver por si Fali o Salva la esperaban.
- Ahora nos vamos. – dijo finalmente – Tengo que ir a la iglesia a rezar y redimir mis pecados.
- Vale, mamá. – contestó la chica – Yo voy contigo, también quiero orar y pensar un poco.
Clarita recordó lo que había hecho con su hermano, éste la había tocado, había acariciado esa zona prohibida entre sus piernas que su madre siempre había dicho que no debía tocar nadie, que debía guardar para el matrimonio.
Aún así, sintió un suave cosquilleo ahí abajo, donde su hermano mayor había metido la mano. Se acarició con los dedos cuando su madre no miraba, apretando la tela de la falda allí donde tenía ese granito escondido que la había gustado tanto.
Las dos fueron a la iglesia y Gertrudis pensó en lo sucedido, tenía que contárselo al párroco, decirle que había sido débil, que había bajado las defensa y había pecado.
Pero entonces recordó lo que le había dicho Salva, no debía decir nada, don Jacinto quería estar al margen de los deseos terrenales que aquellos pobres tenían y ellos saciaban.
Comenzó a rezar sin parar hasta que se hizo de noche y cerraron la iglesia.
Clarita hizo lo mismo, tenía muchas dudas y esperaba que alguna idea del cielo llegara a su cabeza, que la aconsejara.
Su madre había hablado de los deseos de la carne, pero ella ignoraba que era eso, su hermano había dicho que lo que habían hecho no era pecado. Pero a ella la asaltaban las dudas y no sabía a quién pedir consejo, a su madre no por supuesto, ya sabía lo que pensaba.
Fueron a casa y entraron en sus habitaciones a cambiarse.
Manu estaba esperando en su cuarto con el PC encendido y con la pantalla puesta con las tres cámaras preparadas.
Vio que entraba Clarita y se desnudaba, sacándose el vestido por las piernas y quedándose en sujetador y braga, babeó al ver su cuerpo, sus curvas pronunciadas, esas tetas tan grandes y su culo con la braguita encajada.
Se sacó la verga deprisa y comenzó a meneársela.
Vio que su hermana se sentaba en la cama, abría ligeramente las piernas y pasaba los dedos por encima de la vulva de forma suave y pausada, recorriendo su rajita con ellos y respirando de manera alocada. Podía oír los suspiros, los jadeos de su hermana.
Ésta, apretaba la telilla y gemía a cada momento, mirando extasiada como allí donde ella tocaba, aparecía una mancha y se mojaba la braga.
- Tócate, Clari, métete los dedos dentro. – exclamó el hermano desde su cuarto a pesar de que ella no lo escuchaba –
Pero vio que Clarita se ponía nerviosa y se levantaba, dejándole más caliente que una pizza en un horno y meneándose la polla como un desesperado.
Tengo que estar con ella, pensó con el calentón que tenía, tocarla otra vez como esta mañana.
Pero por otro lado, recordó lo que había dicho su jefe y se excitó solo de pensarlo, tenía que manipular a su hermana, conseguir que se dejara tocar por él y verlo desde la cámara, le daba morbo imaginar a Carlos y a Clara, ella con su inocencia y él con su poca vergüenza sobándola por todos lados.
La sola idea de que eso ocurriera le puso como una moto, le gustaba morbosear con su hermana.
Vio que ésta se quitaba la braguita, que la deslizaba por sus piernas y la tiraba sobre la cama, mostrando su sexo a la cámara. Manu vio la finísima línea de vello en su pubis, los abultados labios vaginales de su hermana y se sacudió la polla con más fuerza, deseando correrse antes de que se tapara.
Clarita soltó el sujetador y sus tetas quedaron colgando, rebotando arriba y abajo y la una contra la otra, eran dos tetas grandes, redonditas y muy bien puestas, las tenia erguidas y los pezoncitos pequeños sobresalían de las tetas empinados hacia arriba como dos garbancitos rosados.
A Manu se le caía la baba, grabó la escena con el móvil, buscó el teléfono de su jefe y se lo envió por el WhatsApp con un simple mensaje.
“Mira que tetazas tiene, ya verás cuando se las toques”
Al instante recibió el mensaje vuelta.
“Jajaja. Esta noche me haré una paja con el vídeo pensando en tu hermana”
Manu dejó el móvil y continuó mirando a Clara, viendo como se acariciaba las tetas masajeándolas muy despacio. Se sacudió la polla deprisa y un chorro de lefa golpeó la pantalla.
- Aaaahhh. – gimió al ver como la leche se escurría en el monitor por las tetas de su hermana – Mañana te la voy a echar a ti, zorra.
Gertrudis fue directa al baño, necesitaba lavar su cuerpo porque había sido profanado por las manos de un extraño. Se quitó la ropa y se metió en la ducha para lavarse.
Mientras cogía el grifo, recordó lo que había sucedido en el Centro, ese hombre feo, de piel oscura y cicatriz en la cara, la había metido mano, había acariciado sus piernas, su culo y….
Buffff. Sintió un sofocón inmenso tan solo al pensarlo, ese degenerado había metido la mano bajo su falda, había apartado la braga y había acariciado la vulva y el ano, ese agujerito sucio y prohibido que nunca nadie antes había tocado. Ni siquiera su marido en tantos años de matrimonio había osado hacerlo.
Notó que estaba caliente, recordó como ese dedo intruso había empujado su culito intentando meterse dentro y sintió que se excitaba, que su coñito se humedecía y necesitaba tocarse para hacerse una paja.
Desde que murió su esposo se masturbaba, pero solo lo hacia una vez en semana, cerraba la puerta de su cuarto, apagaba la luz para que no se viera nada y metía la mano bajo su braga, acariciando su sexo con los dedos, tocándose en absoluto silencio para que sus hijos no se enteraran.
Eran pajas silenciosas, pajas de las que se avergonzaba, pero era una necesidad humana, no podía evitarlo, se tocaba las tetas y se metía los dedos hasta que se corría, apretando los labios para que no saliera el mas mínimo ruido de su boca.
Separó los pliegues del clítoris con los dedos, cogió la alcachofa de la ducha y la embocó directa a su coño.
- Aaahhhhh. – gimió al sentir como el chorro golpeaba su sexo produciéndola un placer inmenso –
Movió el chorro del agua buscando que entrase más adentro, que ejerciera presión sobre ese punto que tanto la gustaba.
- Aaaahhhhhh……Aaahhhhh. – gimió sin parar arqueando las piernas –
Pensó en las manos de Fali bajo su falda y se excitó de tal modo que la temblaron las piernas y tuvo que sujetarse a toda prisa en la pared de la ducha.
- Aaahhhhh. Mi culo, has tocado mi culo. – exclamó aullando como una loba –
Aún podía sentir los dedos de aquel hombre apartando la braga, dejando su coñito y su culito expuestos y mirándolos con deseo pecaminoso.
- Aaahhhh. – gimió otra vez acercando el grifo al clítoris para que impactase con más fuerza –
Ella subida en la escalera y ese cerdo mirando desde abajo, acariciando su culo sin preocuparse de que ella quisiera o la importara. La excitó sobre manera saber que él había visto sus nalgas, que las había apretado con los dedos bajo la falda.
Siguió enfocando el chorro a su coño y notó que la llegaba el orgasmo, pensó en Fali y se corrió de gusto con el chorro del agua y con la idea de haber tenido su dedo metido dentro.
- Aaaahhhh. Yaaaa, yaaaaa. – gimió como una desesperada –
Por su parte, Manu estaba viendo a su hermana pero entonces vio que su madre comenzaba a desvestirse y se metía en la ducha, se quedaba en pelotas con sus enormes tetazas y su coño peludo frente a la cámara.
Vio como cogía el cabezal de la ducha y se regaba, mojándose la cabeza, después las tetas y por ultimo….
- ¡Joder! – exclamó Manu – La madre que la parió.
Su madre arqueaba las piernas y enfocaba el chorrillo en dirección al coño, separando los pliegues con los dedos para que impactara en su clítoris el agua. Observó como gemía y se agarraba a la pared con la otra mano, intentando mantenerse en pie al ver que las piernas la temblaban.
La polla se puso tiesa otra vez y comenzó a pajearse, sacudiéndosela como un mono, pensó en grabarla también y mandar el video a su jefe como había hecho con su hermana.
Mejor no, cambó de opinión rápidamente, a su madre la dejaba a parte, le daba más morbo que su jefe metiese mano a Clara.
Vio la cara de su madre, los ojos semicerrados y la boca medio abierta intentando tomar aire, se dio cuenta que estaba excitada y se estaba masturbando en la ducha debajo del agua, que utilizaba el chorro para estimular su clítoris y correrse mucho más rápido.
Esto era la bomba, menudo traqueteo tenían en casa, su hermana la inocente se dejaba meter mano y su madre se mataba a pajas.
¡Que pena no haberse dado cuenta mucho antes!
Pero de esto iba a sacar provecho, él era un sinvergüenza y le importaba todo una mierda, le gustaba mirar, morbosear con las mujeres y follarse alguna de vez en cuando.
Eso si se dejaban, porque era feo, y al vivir en un pueblo de mierda, lo tenía jodido de cojones.
Aunque ahora le había cambiado la vida de cabo a rabo, ahora iba a aprovecharse de su madre y de su hermana, si no podía follarlas, al menos ibaa espiarlas todo el tiempo, cuando se cambiaran de ropa, cuando se ducharan y sobre todo cuando se hicieran las pajas.
Menuda mina había encontrado, estas cámaras espía eran la hostia, ninguna de las dos iba a enterarse que él las miraba.
Vio que su madre seguía duchándose y decidió ir a la habitación de su hermana.
- Clari. – dijo llamando a la puerta –
- Si. – respondió ésta poniéndose una braguita y tapándose con una batita rápidamente –
Manu abrió la puerta, entró en la habitación y vio a Clarita de pie sujetando la bata, tapando su cuerpo con ella pero sin llegar a lograrlo, las tetas se veían ligeramente por arriba y los muslos blancos y firmes por abajo.
- ¿Qué tal os ha ido en el Centro? – preguntó por decir algo –
- No se.- respondió la chica – Mamá se ha puesto nerviosa y nos hemos venido antes.
Manu se acercó a Clarita y la dijo que se sentase sobre la cama, que se pusiera junto a él para charlar en confianza.
El se sentó primero y a continuación lo hizo su hermana, aunque dejando cierta distancia.
- ¿Por qué se ha puesto nerviosa? ¿Ha ocurrido algo? – preguntó el chico al imaginar que algo pasaba –
Si su madre estaba haciendo una paja es porque se había excitado en el Centro y necesitaba relajarse.
- No sé. – contestó encogiéndose de hombros Clara –
Su hermano dio un pequeño saltito sentándose pegado a ella, rozándola con su pierna y rodeándola con su brazo.
- ¿Qué hacéis en el Centro? – preguntó el chico intrigado –
Clarita le contó todo, lo que había dicho el padre Jacinto y lo que había oído decir a Salva, que tendrían que hacer cosas inimaginables, cosas que nunca esperaban, que tendrían que ayudarles a cumplir sus pequeños sueños aunque fueran terrenales.
Manu se rascó la cabeza intrigado, algo había sucedido que no entendía del todo, pero ahora las cosas le cuadraban. Desde luego tonto no era, cogía las cosas al vuelo y decidió aprovecharse.
- Claro. – dijo como si meditara – Tenéis que hacer el bien a esa gente, ayudarles en todo, incluso en las cosas de…. tú ya sabes.
Su hermana le miró con los ojos muy abiertos, no entendía nada de lo que decía Manu.
- No sé. – respondió ella encogiéndose de hombros –
- Jo, Clarita. – insistió él de nuevo – Los pecados de la carne.
- ¡Halaaa! – exclamó ella mirándole sorprendida y llevándose la mano a la boca – ¿Eso también?
- Si, Clari, si. – respondió su hermano – Por eso debes estar preparada, saber qué debes hacer cuando se presente algún caso en que alguien necesite tu ayuda.
- Jo. – contestó ella con cara triste – Pero yo no sé nada.
- Bufff. Pues eso es un problema grave. – dijo él moviendo de lado a lado la cabeza –
- Y sabes. – añadió Clara hablándole en secreto al oído – Salva, un voluntario que trabaja con nosotros, le ha dicho a mamá que no debe decir nada a nadie, ni siquiera al padre Jacinto, porque él se queda al margen de todas estas cosas que pasan.
Manu oyó a su hermana y la boca se le hizo agua, tenía la excusa perfecta para morbosear con ella sin que nadie se enterara. Atrajo a Clarita hacia él, apoyó la mano en su muslo y la metió lentamente bajo la bata.
La chica se tensó de golpe, no sabía si lo que hacía era bueno o era malo, pero entonces oyó que su hermano la hablaba.
- Clari, debes estar preparada, saber cómo actuar cuando alguno de esos pobres necesiten tu ayuda para alguna de esas cosas terrenales que os ha dicho el padre Jacinto y también el tal Salva.
- Jo, ya. – respondió ella – Pero yo no sé nada de nada.
- No te preocupes. – afirmó él subiendo la mano por el muslo en dirección a la braga – Yo voy a enseñarte todo, te voy a preparar para que no tengas problemas y sepas lo que ellos necesitan y lo que el padre Jacinto demanda.
- ¿Siiii? -preguntó la chica alborozada y abrazando con fuerza a su hermano –
Manu subió más la mano y acarició el bordecito de la braga, notó la puntilla de los bordes, la suavidad de la tela y metió el dedo debajo y acarició los primeros pelillos del pubis de su hermana.
- Esto te lo harán seguro. – dijo enredando los dedos en los finísimos pelitos que estaba tocando –
Clarita abrió la bata para ver lo que hacía y dejó sus tetas al aire, aún no llevaba sujetador y rebotaron arriba y abajo frente a los ojos de su hermano.
Éste, las miró con deseo, con una lujuria irrefrenable, quería acercar la lengua y chupárselas por todas partes, lamer las tetazas de su hermana y meter en su boca esos pequeñitos pezones que tanto le gustaban.
Bajó los dedos un poco y los metió entre los pliegues del clítoris, abriéndolos lo justo para rozar con las yemas el botoncito tierno y rosado que escondían debajo.
- Aaahhhh. – oyó gemir a su hermana –
- Ves. – exclamó él acercando los labios a los pechos y tocando con la punta de la lengua el primero de los pezones – Esto tienes que saberlo, Clari, aunque mamá no lo quiera. Tienes que saber lo que debes hacer cuando alguno de esos pobres desgraciados necesite tu ayuda y tenga deseo de tu carne.
- Uffff. – suspiró ella acercando el pecho a la boca de Manu – Enséñame, enséñame.
- Pero de esto ni una palabra. – dijo poniéndose serio con su hermana – Tiene que quedarse entre nosotros, ni don Jacinto ni mamá pueden saber que te estoy enseñando como tratar este tema.
- No, no. – respondió ella besando su dedo gordo como una niña pequeña – Te lo juro por mi vida.
Manu abrió los labios y Clarita empujó su pecho metiendo el pezón en su boca, notó como lo chupaba, como lo mordía con los dientes y resopló como loca abriendo de golpe las piernas.
Su hermano apartó la braga y frotó el coñito de Clara, haciendo circulitos rápidos sobre su botoncito rosado, notó que ella saltaba, que se movía ansiosa sobre la cama y que gemía cada vez más alto, inundando de jugos sus dedos y toda su mano.
- Aaaahhhhhh….Aaaaaahhhhh. – gemía Clara en el oído de Manu –
Éste mordía una teta y luego pasaba a la otra, dando lengüetazos, chupando los pezones y llenándoselas de babas.
- ¿Éste….Aaahhh…éste…..Aaahhh…éste es el pecado de la carne? – preguntó Clarita viendo como su hermano mayor mordisqueaba sus tetas blancas y la tocaba ahí abajo –
Estaba sintiendo un placer desconocido, algo que ni por casualidad imaginaba, Manu la estaba enseñando y a ella le gustaba, tenía que agradecer a su hermano que hiciese este sacrificio por ella.
Alargó la mano, la metió entre las piernas de Manu y vio que tenía un bulto enorme bajo los pantalones y la quitó corriendo asustada. ¿Y si a Manu se le había hinchado esa parte y se ponía malo?
Su hermano observó que ella le miraba, que se fijaba en su bulto preocupada, desabrochó deprisa el botón y la cremallera y sacó la polla para que su hermanita la viera.
- ¡Hala! – exclamó ella llevándose las manos a la boca y a los ojos asustada –
- Ven. – dijo Manu – Déjame tu mano y tócala un poco.
- Me da miedo. – respondió ella apartando la mano que cubría sus ojos en ese momento –
- No seas tonta. – contestó él – Ya verás que calentita la tengo.
Cogió la manita de Clara y la llevó entre sus piernas haciendo que ésta cogiera su verga con los dedos. Vio como ella la acariciaba suavemente, deslizando los deditos por el tronco y rozándola con las yemas.
- ¡Es verdad! – dijo sonriente su hermana – Está calentita y es muy suave.
Manu rodeó la mano de ella con la suya y comenzó a subirla y a bajarla, tirando del prepucio hacia abajo hasta que apareció el capullo rosado.
- ¡Halaaaa! -volvió a exclamar la chica con sorpresa – ¿Qué es eso tan gordo que tienes?
Manuel se echó hacia atrás y levantó las caderas mostrando la polla erecta, el capullo casi morado y los huevos que aparecían por debajo.
- ¿Te gusta? – preguntó él al ver que su hermana pasaba la lengua por sus labios –
- Jo, si. – respondió ella alucinada – La punta la tienes muy gorda. ¿No estarás malo?
Manu sonrió al oírla y supo que a partir de ahora iba a disfrutar con ella como no lo había hecho en la ciudad con ninguna de sus novias. Su hermanita era inocente hasta decir basta.
- Malo no, pero está muy caliente y necesito refrigerarlo.
- ¿Yo te puedo ayudar? – preguntó ella preocupada –
- Ven, Clarita. – ordenó cogiéndola del cuello y bajando su cabeza – Ven y chúpalo un poco.