Capítulo 6

Por la mañana me desperté totalmente relajado, había tenido un sueño muy profundo y estaba encantado de la vida. No entendía que tuviera tanta suerte como la que había tenido los últimos días.

Me levanté y fui directo a la cocina, di un beso a mi madre y aproveché para tocarla disimuladamente el culo. La pobre estaba tan contenta de que fuera tan cariñoso que aún no se había dado cuenta del motivo por el que lo hacía.

Mientras desayunaba, mi hermana entró muy chula y me miró con cara de enfado, seguro que seguía dudando si la había visto a través de la ventana del baño.

Llevaba una blusita ajustada y una minifaldita que quitaba el hipo, no sabía con quién había quedado pero desde luego algo buscaba.

Cuando se inclinó para coger los cereales de la despensa, la faldita se subió y me enseñó los cachetes del culo, llevaba una braguita muy chica que se encajaba entre las nalgas y se notaba su prominente vulva.

Mi verga dio un subidón del carajo y un bulto enorme apareció en mis pantalones.

Que buena estaba la jodida, y como se notaba que lo sabía.

¿Estaría en esa postura provocándome para que la mirara?

Después de lo sucedido en el baño podía esperar cualquier cosa.

Caro estaba jodiéndome por haberla visto desnuda aunque no estuviera segura.

  • Mamá. ¿Dónde están los cereales? – preguntó balanceando sensualmente el trasero –
  • ¿Dónde van a estar? Hija. Donde siempre. – respondió mi madre enfadada – Y no sigas en esa postura que nos estás enseñando a todos el culo.

Mi hermana fingió sorprenderse y tiró de la falda hacia abajo intentado tapar la braga. Pero cuando se sentó frente a mí, separó las piernas como si no se diera cuenta y me enseñó un primer plano del triángulo blanco que a duras penas tapaba su sexo.

¡Joder! Vaya forma de empezar la mañana.

Sin poder evitarlo, apreté con la mano el paquete y me acaricié disimuladamente la polla por encima de la ropa.

Miré de reojo a mi hermana y vi que sus ojos me escrutaban todo el tiempo. Seguro que estaba esperando a pillarme mirando entre sus piernas para echarme una bronca delante de mi madre.

Ya la oía decir en voz alta “Rafi, eres un guarro, deja de mirarme las bragas que te veo”.

Pero hice verdaderos esfuerzos titánicos y acabé el desayuno sin que me pillara fuera de juego.

Me levanté de la mesa y fui rápido a vestirme.

Minutos después salí en dirección a la Facultad y de camino vi a Caro dándose un morreo con un tío, el cabrón la cogía del culo y la tocaba las tetas con mucho disimulo.

¡Que envidia me daba verlos!

Me aproximé cuanto pude, sin que advirtieran mi presencia, y vi los dedos de ese tío magreando por todas partes las nalguitas de mi hermana. Las apretaba y tiraba de ellas hacia los lados, separándolas y enseñando de forma indecorosa sus virginales braguitas blancas y rosas.

Vaya culazo más bonito, verlo abierto con la telilla metida en medio, me estaba poniendo muy cachondo y decidí asumir más riesgos.

Se dirigieron a un parque y se tumbaron en la hierba, mi hermanita se puso boca arriba y él se echó encima para comerla la boca.

Me escondí tras unos matojos, que estaban junto a ellos, y se me fueron los ojos al ver cómo se comían los morros y mi hermana le metía la lengua hasta la campanilla.

Vaya con Carolina, nunca hubiese pensado que fuese tan lanzada con los tíos.

El cabronazo de su novio no tardó ni dos segundos en meter la mano bajo la falda y subirla entre sus piernas.

  • No, porfa. – pidió ella apartando la mano sin demasiada fuerza –

Pero el tipejo no cedía y después de darla cuatro besos metió la mano de nuevo.

¡Que cabrón! Esta vez no se anduvo por las ramas y la llevó directa al coño.

Vi a mi hermana apretar las piernas unos segundos mientras pedía que parara.

  • Por favor, eso no. – dijo intentando incorporarse –

El chaval sacó la mano, empujó a mi hermana contra el césped y volvió a besarla en los morros metiendo la lengua entera en su boca.

Instantes después, y cuando parecía que Caro estaba más relajada, el tío volvió a la carga y acarició sus muslos por dentro.

Esta vez vi como mi hermana las dejaba ligeramente abiertas y el pendejo aprovechaba para deslizar la mano bajo la falda hasta llegar a tocar la braga.

  • Ummm. – oí como gemía mi hermana –

Carolina se había rendido y disfrutaba de las caricias sin importar que la metieran mano, al menos eso parecía por la intensidad de sus gemidos.

  • Ummm….. Maxi……. Ummmm. – dijo entre suspiros –

Me eché un poco hacia un lado y vi la faldita subida y la mano de Maxi apartando la braga y acariciando el coño con los dedos.

¡Wow! Los tenía metidos entre los gajos.

El pecho de mi hermana subía y bajaba y cerraba los ojos y se mordía los labios constantemente.

  • Ummmm. Maxi,para, para. – pidió gimiendo muy alto –

Pero en lugar de hacer lo que pedía, el cabrón la dio un chupón en el cuello y la pidió que se desnudara.

  • Súbete la blusa. ¡Venga! – dijo con una seguridad que me dejó confundido –

¡Coño! Si mi hermana acababa de decirle que parara, como se le ocurría pedir esa tontería.

Para mí sorpresa, vi como Caro tiraba de la blusa y el sujetador hacia arriba mostrándole sus enormes tetazas enseguida.

Menuda visión más divina, sus pechos quedaron a la vista con las areolas y los pezones mirando hacia el cielo.

Los ojos se me salían de las órbitas.

Ver a mí hermana allí tirada mientras la metían mano era la hostia, pero ver la facilidad con la que había mostrado sus pechos a aquel tipejo, me enervaba y me daban ganas de ir y llevármela a rastras a casa y decírselo a mis padres para que no la dejaran salir más veces.

Entonces tuve una idea, saqué el móvil y grabé como el capullo se lanzaba y mordía sus tetas sin medida.

Las chupaba pasando la lengua por todas partes y mordía con fuerza los pezones.

  • Ummmm. Maxi, Maxi. – gemía Caro con la respiración entrecortada –

Sujetaba la cabeza de su novio y la apretaba ansiosa contra sus pechos.

Menuda imagen más obscena, si la viera mi madre la arrastraría por los pelos.

Una sonrisa apareció en mi cara, imaginé a Maxi chupándola las tetas y a mi madre tirándola del pelo para llevársela a casa.

¡Como me gustaría verlo!

Enfoque con el móvil y grabé a mi hermana abriendo mucho las piernas con los dedos de Maxi penetrando su coño. Estaba tan cerca que podía ver los juguitos que salían y resbalaban por los labios formando un reguero brillante que terminaba en su anito pequeño.

Bufffff. Joder que pasada.

Mi hermana tenía la cara interna de sus piernas encharcadas y podía oír con claridad el chapoteo de los dedos follando su coño.

¡Chop! ¡Chop! ¡Chop! ¡Chop!

Vaya lote se estaba dando Maxi, si no se la follaba era porque no quería, porque mi hermanita estaba tan entregada que se dejaría hacer cualquier cosa que ese capullo la pidiera.

Cómo me hubiese gustado meterme entre sus piernas con la falda remangada y apartar los dedos de Maxi para colocar mi glande entre sus gajos.

Joder, hubiese frotado el capullo arriba y abajo varias veces, y cuando estuviese lleno de flujos se lo hubiese metido despacio.

Miraría a mi hermana a los ojos y sujetándola por las piernas empujaría las caderas y la metería la polla susurrando a su oído.

  • Mira, Caro. Soy yo quien te folla.

Mi hermanita entornaría los ojos y pasando la lengua por los labios respondería muy excitada.

  • Lo estaba deseando, Rafi. Méteme ya la polla.

Miré de nuevo y vi que Caro gemía desesperadamente y desabrocha la bragueta de su novio.

  • Ummm. Sácala, sácala corre. – pidió Maxi excitado –

El cabronazo no esperó ni un segundo y se bajó un poco los pantalones para ofrecer la verga a mi hermana.

El espectáculo era morboso, Maxi la follaba con los dedos y ella le masturbaba.

¡Chop! ¡Chop! Y ¡Flop! ¡ Flop! Era una mezcla de sonidos.

Desde el matorral se escuchaba perfectamente el chapoteo en el rosado coñito de Caro.

  • Ummmm. Siiii. Ummm. – gemía constantemente –

Mi hermanita estaba desconocida, si la viera ahora mi madre seguro que la echaría de casa con cajas destempladas.

Saqué la verga del pantalón y la acaricié suavemente, ver como se comportaba mi hermana me tenía excitadísimo.

  • Mmmm, mmmm. Joder, Maxi, estoy cachondísima. – dijo de pronto mi hermana mientras pajeaba a su novio –
  • ¿Quieres que follemos? – sugirió él rápidamente –
  • Mmmm, ummmmm. No, Maxi, ummmm. Sigue tocándome el coño. – dijo soltando suspiros –

Vi como meneaba la verga de su novio, subiendo y bajando el prepucio y empecé a pajearme imaginando que era yo quien la follaba.

Con sus piernas bien abiertas y sujetándolas en alto con mis manos, golpeaba una y otra vez su pelvis y la metía la polla en el coño.

  • Ummm. Siiii. – decía mi hermana suspirando – Fóllame más fuerte, Rafi, méteme la polla entera en el coño.

Ponía cara de viciosa y me sacaba constantemente la lengua.

Separaba sus piernas un poco y veía sus labios vaginales envolviendo completamente mi verga, me ponía tan cachondo al hacerlo, que la sacaba hasta ver el capullo y empujaba con fuerza para meterla otra vez dentro.

  • Ufffffff. – gemía sin control mi hermanita al notar que se la metía tan fuerte – Soy tuya, Rafi. Haz conmigo lo que quieras.

Imaginarla de esa forma me excitaba muchísimo.

Joder, y yo hasta ahora me había conformado con ver comics y pelis porno teniendo una hermana tan guarra.

Carolina gimió muy fuerte y avisó a su novio que se corría.

  • Ya, Maxi, yaaaa. – dijo buscando sus labios –

Se besaron atropelladamente y vi como ella se estrujaba las tetas con sus propias manos.

Como me hubiese gustado cogerlas yo para apretarlas en ese momento, las hubiese amasado y hubiese tirado sin control de los pezones hasta que chillara

Su excitación era exagerada y movía las caderas arriba y abajo con los dedos del pendejo enterrados en su sexo.

  • Auuuuggg. Siiiii. Ufff, uffff. Siiii. – gemía sin parar Carolina –
  • Ahora me toca a mí. – dijo excitado su novio –

La cogió del pelo y la atrajo hacia su verga para que se la chupara.

  • No, eso no. – dijo mi hermana echando hacia atrás la cabeza –
  • Joder, Caro. – contestó Maxi enfadado – Termínamela con la boca. ¡Coño!
  • No, si quieres te hago la paja. – respondió ella sonriendo –

¡Que cabrona! Cómo sabía que tenía la sartén por el mango.

Carolina se incorporó y comenzó a sacudir la polla con la mano, se notaba que tenía experiencia porque lo hacía con una habilidad asombrosa. Tiraba del prepucio hacia arriba hasta tapar el capullo, y luego bajaba de golpe dejándolo al descubierto.

  • Aummmm. – gemía el cabronazo de Maxi a cada momento –

¡Ojalá fueran sus dedos los que rodearan mi verga en lugar de la de ese capullo! Pero por desgracia era yo quien me la estaba sacudiendo.

Mi hermanita se inclinó un poquito y metió un pezón en la boca de su novio.

El jodido lo chupó como un bebé mientras Caro continuó meneándole sin parar la polla.

  • Auuuu. – oí gemir a Maxi –

Un latigazo de semen salió disparado hacia arriba y golpeó la cara de Caro.

  • Jajaja. – rio recogiendo la leche con la lengua para llevársela a la boca corriendo – La próxima vez te la chupo.
  • Joder, a ver si es verdad. – respondió Maxi contento –

¿De verdad mi hermana iba a hacerle una mamada? No podía creerlo.

Yo que siempre la tuve por una niña buena y discreta y resultaba que se comportaba como de forma obscena.

O quizá no, lo que hacía ella era normal y yo solamente era un pajero solitario.

En todo caso, si lo hacía tenía que verlo, estaba deseando ver como se la chupaba a su novio.

Carolina se colocó bien la braga y al levantarse se bajó la falda, se dieron otro morreo y se fueron caminando a clase.

Yo me quedé allí escondido rogando que no me vieran, y cuando habían desaparecido salí corriendo tras ellos.

Si el profesor llamaba a casa no sabía cómo iba a justificar mi falta a clase, seguro que iba a llevarme una buena bronca de mi madre.

Por la tarde fui directo a mi cuarto y vi el vídeo completo.

Joder que pasada, lo tenía todo grabado, desde que empezó a meterla mano hasta que se corrió y prometió hacerle la mamada.

Ese vídeo era una mina que iba a regalarme muchas pajas.

En lo mejor del vídeo llamaron a la puerta, metí la verga bajo el pijama y bloqueé el móvil corriendo.

La puerta se abrió muy despacio y vi a mi madre mirándome.

  • Jo, mamá. Espera a que te diga que pases. – dije azorado y nervioso –

Me regaló una sonrisa tan tierna que ya no me importó que hubiese entrado dejándome a medias la paja.

  • Bobo. ¿Qué más te da que abra la puerta?

¿De verdad no se daba cuenta que a mí edad necesitaba intimidad para hacer mis cosas?

Para ella seguía siendo su niño inocente que jugaba al escondite o a las canicas. Aún no se había percatado que era casi un hombre y tenía las hormonas revolucionadas con el sexo.

  • ¿Qué quieres? – pregunté un poco intranquilo porque aún se notaba mi bulto –
  • Lo primero que me des un abrazo. – dijo estirando los brazos – Que has venido de clase y ni siquiera me has saludado.

¡Coño! Era cierto, había entrado en casa como los borregos y había ido directamente a mi cuarto.

Me levanté poniéndome un poco de lado para que no viera la erección que tenía y la abracé pasando mis manos por su cintura.

Ella me rodeó con los brazos y me estrechó muy fuerte contra su pecho, me restregó inocentemente las tetas y acabé poniéndome nervioso.

  • ¿Dónde está el bebé cariñoso que ayer me abrazaba y me daba masajes? – preguntó al verme tan parado –

Sus palabras eran un incentivo y no pude contenerme, agarré sus nalgas con las manos y tiré de ella hacia arriba levantándola del suelo.

  • Jajaja. – rio al notar que la tenía sujeta en alto y la colgaban las piernas por los lados –

Aproveché ese momento y giré sobre mi mismo atrayéndola y restregando descaradamente mi verga contra su pubis.

  • Jajaja. – continuaba riendo mientras girábamos –

Mi polla estaba erecta y yo empujaba las caderas punteando una y otra vez su sexo a través del vestido.

  • Jajaja. Al final vamos a marearnos – dijo sin parar de reírse –

Presioné los dedos, estrujé cuanto pude sus nalgas, y como el vestido era tan fino, sentí que mis manos estaban directamente en contacto con su culo.

Me entraron unas ganas enormes de meter un dedo en la rajita y presionar con él el esfínter, pero sentí tanta vergüenza solo de pensarlo, que solté a mi madre y la deposité otra vez en el suelo.

  • Jajaja. Me encanta que seas tan cariñoso, mi vida. – dijo besándome en la mejilla –

Me pareció que miraba de reojo el abultamiento de mi verga pero no dijo nada de ello, quizás porque no se había dado cuenta o tal vez por pura vergüenza.

  • Voy a comprar al super. ¿Te vienes?

Eso era algo nuevo, yo iba normalmente con ella pero siempre los fines de semana, nunca los días de diario porque me quedaba en mi cuarto estudiando.

Pensé en la tarde anterior y vi una oportunidad de oro, no lo dudé ni un instante y decidí estudiar en otro momento.

  • Claro, mami. No voy a dejar que vayas tú sola con todos los buitres que hay por ahí sueltos.
  • Jajaja. – volvió a reír por mí broma – Los buitres a mi ya no me miran.

Apreté su nalga con la mano y dije lo primero que me vino a la cabeza.

  • ¿Qué no? Con ese culazo y esas tetas que tienes los vuelves locos a todos.

Nada más acabar la frase me di cuenta que había sido muy osado y podía haber ofendido a mi madre.

  • Pero Rafi. Jajaja. – rio acariciando mi pelo – Estás tú muy lanzado.

Tiró de mi cabeza hacia ella y me estrechó otra vez contra su pecho.

¡Vaya tetas más grandes! Me apreté cuanto pude y me froté contra ellas, sin soltar ni un momento esa nalga tan dura que estaba apretando con la mano.

  • Ayyy. – dijo emitiendo un suspiro – Mi pequeñín está creciendo.

Nos quedamos abrazados y noté su aliento en mi oído. Joder, mi madre me estaba poniendo cachondo, pasé la otra mano por su espalda y deslizándola muy despacio, la llevé directamente a su culo.

Así, tal como estábamos, su pecho subía y bajaba restregándose contra el mío, y yo, que iba lanzadísimo, acariciaba sus glúteos sin ningún disimulo.

¿No se daba cuenta o estaba dejándome hacerlo?

Giré un poquito la cara y la dije al oído.

  • Eres la madre más guapa y te quiero.

Mi madre soltó un suspiro y me apretó de nuevo.

  • Uyyy. Que bonito. Y yo a ti, mi vida.

Era un momento especial pero también una oportunidad única. Subí una mano a su espalda y metí la otra entre sus nalgas presionando la raja con el dedo.

  • Cómo me gusta abrazarte – dije buscando una excusa –
  • Y a mí que lo hagas, cariño. – respondió apretándome mucho más fuerte que antes –

La di un beso en la mejilla y la zarandeé con los brazos. Ella volvió a reírse y apretó su cuerpo contra el mío, tenía sus tetas clavadas en mi pecho y mi erección era enorme, estaba empujando su pubis con la punta de mi polla y parecía no notarlo o al menos lo fingía.

Aprovechando el descuido, deslicé el dedo hacia abajo metiéndolo disimuladamente entre sus glúteos.

¡Wow! Estaba rozando el esfínter por encima del vestido.

En ese momento me dio una locura y di varias puntadas en su pubis con la punta del capullo. Vi que no protestaba y me vine rápidamente arriba y moví el dedito en su ojete haciendo pequeños círculos.

  • Ummm. – soltó un gemidito en mi oído –

Mi madre movió las caderas y sin yo quererlo mi bulto se encajó entre sus piernas.

¿Sigo o no sigo? Me asaltó de repente la duda.

Continuábamos abrazados y yo empujaba con fuerza, presionando su sexo con mi miembro y rozando constantemente su vulva.

Era imposible que no se diera cuenta de ello.

Joder, si nos quedábamos así parados era demasiado descarado y sentí una enorme vergüenza.

Con una mano tiré de su culo hacia arriba poniéndola de puntillas, y con la otra la apreté contra mi pecho sujetándola por la espalda.

Mi madre creyó perder el equilibrio y reaccionó dando un pequeño saltito, rodeándome con sus piernas y cruzándolas a mi espalda.

  • Jajaja. ¡Pero si puedes conmigo! – rió bromeando –

Se agarró con fuerza a mi cuello y juntamos nuestras mejillas. A pesar de su risa, se mostraba inquieta y movía sutilmente las caderas frotando su sexo contra mi verga.

¿Estaba haciéndolo a propósito o era un acto reflejo? ¿Y si mi madre buscaba lo mismo que yo y quería que la tocara?

¡Joder! Lo que ocurría era una absoluta locura y no sabía si parar o meterla mano por todas partes.

Entonces me di cuenta que al levantarla de golpe, el vestido se había recogido hacia arriba y mis manos la sujetaban apoyadas en las braguitas.

¡Un enorme calorón recorrió todo mi cuerpo!

Deslicé un poco los dedos y acaricie sus nalgas desnudas.

¡Vaya piel más cálida y suave! Y lo mejor de todo era que mi pantalón de pijama también se había metido bajo el vestido y estaba en contacto con la braguita.

Buffff. Casi podía notar el calor de su sexo traspasando braga y pijama para llegar a la punta de mi polla.

Los dos abrazados permanecíamos quietos y ninguno hacia nada por separarse. Ella balanceaba levemente las caderas y yo punteaba una y otra vez su sexo empujando el cipote bajo la tela.

Esperé que reaccionara pero mi madre se mantuvo en silencio sin dejar de mecerse. La sensación era tremendamente morbosa y excitante.

Al ver que no protestaba y seguía meneándose, empujé con decisión las caderas y noté como mi glande golpeaba una parte mullida entre sus piernas.

  • Ummmmm. – gimió más fuerte mi madre –

¡Joder! Mi capullo presionaba su vulva a cada momento.

Mi cabeza quería rebelarse, nunca antes había estado en una situación como ésta y precisamente tenía que ser con ella.

¿Qué estás haciendo Rafi? Joder, que es tu madre.

Pero mi excitación era tal, que fui incapaz de contenerme. Paré unos segundos y después empujé las caderas arriba y abajo como si estuviera follándomela.

  • Ummmm. – gimió de nuevo mi madre –

Noté como mi polla se encajaba y deslizaba por la braga recorriendo de lado a lado su raja.

  • Ummm. – se me escapó a mí otro gemido –

La miré asustado pero vi que tenía los ojos cerrados y apretaba sus piernas alrededor de mi cuerpo.

  • Ummm. – suspiró muy bajito –

Sus labios junto a mi oído jadeaban tan dulcemente que me lancé sin poder controlarme.

Tiré de sus nalgas hacia arriba y metí la polla entre sus piernas recorriendo varias veces su sexo de atrás adelante.

Mi madre se estremecía y apretaba las piernas alrededor de mi cuerpo sin dejar de mecerse un momento.

  • Ummm. Siiii. – dijo tímidamente –
  • Estaría todo el día abrazándote. – dije bajito y meloso –

Ella no respondió, pero continuó acunando las caderas buscando con su sexo esa parte prohibida de mi cuerpo.

Mi pene cubierto por el pijama y su coño por la braguita, se encajaban perfectamente y se rozaban el uno al otro de una forma maravillosa y al mismo tiempo indecente.

¡Joder! Éramos madre e hijo y estábamos rozando el incesto.

Empujé con fuerza hacia delante y noté como el pijama se bajaba dejando el capullo al aire.

¿Lo habría notado mi madre? No sabía si soltarla para cubrirme o seguir rozando su sexo con la punta de mi polla.

Di otro puntazo en su coño y empujé la braguita con el glande.

¡Ohhh! Noté como se metía entre los gajos e introducía la tela hacia adentro.

  • Ummmmmm. – gimió mi madre muy fuerte en mi oído –

Esperé asustado su respuesta pero por suerte fue positiva, se apoyó con los brazos en mis hombros y levantó un poco las caderas para dejarse caer de golpe.

  • Ufffff. Siiii. – gimió frotándose contra mi glande –

Mi capullo había penetrado levemente en su sexo envuelto por la braguita.

  • Ummm. Te quiero, mami. – ronroneé sin darme cuenta –

Apreté con ansia sus nalgas tirando de ellas hacia afuera, quería dejar espacio para meter más profundamente la polla si mi madre me dejaba.

Vi como se apoyaba de nuevo en mis hombros y se levantaba hacía arriba, ponía sus tetas frente a mi cara y las apretaba contra mi boca con sus pezones erectos en el vestido.

¿Era una invitación a chuparlos? A pesar de estar cubiertos por la tela, abrí la boca cuanto pude y rodeé el pezón con mis labios.

  • Ummmmm. Suave, mi amor. – suspiró al sentir la presión de mis dientes en ellos –

Ahora lo tenía clarísimo, mi madre estaba de acuerdo. Di dos pasos y apoyé contra la pared su espalda, la sujeté con una mano en vilo y con la otra aparté el vestido para dejar libres sus pechos.

Echó la cabeza hacia atrás y me miró esperando para ver lo que hacía.

Acaricié el pezón con la lengua, lo chupé con los labios y lo mordí suavemente como ella me había pedido.

  • Ummm. Asiiiii, mi amor, así. – gimió muy alto mientras mecía las caderas frotando el coño contra mi verga –

Mi polla empujaba su braga y el capullo estaba metido entero en su sexo, notaba sus jugos en él y yo seguía empujando para meterlo más adentro.

  • Ummmmm. Para, mi vida, para. – susurró intentando calmarme –

Pero yo estaba tan salido que no escuchaba ni quería hacerlo, seguía mordiendo sus tetas y arremetiendo su sexo como si la estuviera follando.

  • Ummmmm. Para, mi amor. – pidió dulcemente en mi oído –

Pero ella tampoco paraba, y se mecía arriba y abajo con mi capullo entero metido en el interior de su coño.

  • Te quiero. – dije de nuevo –
  • Ummm. Sí, mi amor. Yo también te quiero – dijo con un pequeño suspiro –

La tenía empotrada contra la pared y mi mano bajo el vestido acariciaba sus nalgas buscando su ojete bajo la braga.

  • Mi amor, para, por Dios. – pidió sin dejar de mecerse por ello –

Pero yo no la escuchaba y movía los dedos intentado apartar la tela para poder meterlos en la rajita del culo.

  • No, cariño. Por ahí no. – rogó al notar que rozaba su esfínter con la yema –

Yo estaba tan salido que no la escuchaba y solo buscaba conseguir mi objetivo. La tela cedió y un dedo bajó hasta su ojete, lo presioné levemente y vi como mi madre se encogía y gemía al mismo tiempo.

  • Ummmmm. Mi amor, mi amor. No sigas, por favor.

Juntó su mejilla con la mía y unimos nuestros gemidos, yo empujaba la verga metiéndola en su coñito y quería penetrar con el dedo su agujerito del culo.

  • Uffff. Mi vida. Ummmm… ummmm.

Pero ya no decía que no, se apoyaba en mis hombros, se incorporaba y se dejaba caer permitiendo que yo acariciara su culo.

Entonces noté como se estremecía y temblaba en mis brazos, con sus piernas atenazaba mi cuerpo y apretaba su coño contra mi verga.

  • Ummmmm. Siiiiii, siiii. – gimió respirando en mi oído –

Mi madre se estaba corriendo y yo la embestí con fuerza metiendo braga y capullo en su vagina.

  • Ummm. Rafi por Dios. – dijo al sentir que la penetraba –

Mi madre movía con tanta desazón las caderas, que el roce de la braguita hizo que yo también me corriera.

  • Ummmm. – gemí apretando mi boca contra su cuello –

Eyaculé de repente llenando su braguita de semen.

Mi glande palpitó soltando una tras otra las descargas y mi madre esperó hasta que notó que ya había terminado de correrme.

De repente bajó las piernas de mi cintura, y cuando estaba en el suelo, me soltó y levantó el vestido, vio la braguita cubierta de semen y sin decir palabra se fue hacia la puerta.

Sin siquiera mirarme a la cara, dijo que ya no íbamos al super y cerró la puerta tras ella.

Me quedé de pie en mi cuarto sin saber qué había pasado. ¿Qué habíamos hecho? ¿Habíamos follado? ¿Nos habíamos masturbado?

Realmente no sabía lo que había sucedido pero desde luego yo lo había disfrutado.

Llevé mis dedos a la nariz y pude oler sus juguitos en ellos.

Entonces oí cerrar de golpe la puerta del baño y supe que la sesión de sexo no había terminado.

Mi madre y mi hermana me excitan

El sofoco hace que mi madre pierda la cabeza