Historia real.
Víctima de una infidelidad, tomé la decisión de vivir sola en alquiler.
Casa nueva, habitación cómoda, vecinos tranquilos, cerca de todo.
No tengo pareja ni aventuras, estoy en otros planes.
No me interesa nada ni nadie. Pretendientes no me faltan modestamente.
Pero no quiero emprender una nueva relación.
A los tres días de haber ocupado el lugar, escuché en la madrugada, el ladrido de un perro grande, no sabía que había uno en la casa.
He tenido un sueño recurrente en los dos meses que tengo viviendo allá.
Me sucede cuando llego muy cansada del trabajo.
La primera ocasión sucedió a los tres días exactos de empezar a vivir ahí.
Calculo que empieza antes de las madrugadas.
Sueño con un lugar tranquilo, con personas fuera de lo común, indescriptiblemente hermosas, hombres muy atléticos y mujeres bellísimas.
Todos visten de blanco puro.
No puedo describir la sensación de paz.
Conforme avanza el sueño, las ropas blancas son reemplazadas por túnicas transparentes.
Veo la belleza de cada persona en todo su esplendor.
Hay un hombre muy lindo que me toma de la mano y me invita a pasear. Es el mismo siempre. Le veo un parecido muy fuerte con mi fallecido hermano mayor.
Me lleva a un lugar bastante iluminado y con otras parejas que también pasean.
Escucho su voz varonil, sus palabras sensuales.
De pronto entramos a un bosque lleno de flores de todos los colores y árboles frutales en abundancia.
En un claro del bosque nos besamos, apasionadamente.
Nuestras manos recorren cada parte del cuerpo del otro.
La verga de mi acompañante es grande, gruesa, durísima, curva hacía arriba y muy roja.
Sus manos parecen de terciopelo, suaves y cálidas.
Estamos completamente desnudos y solos.
Me recuesta en la hierba, que parece de algodón.
No deja de acariciar mi cuerpo desnudo, mi raja expuesta y hambrienta, mis pechos ardientes.
Estoy muy excitada, le suplico que me haga suya, desesperada le pido que me penetre.
Abro completamente mis piernas y logro palpar la creciente humedad de mi vagina.
Él se acomoda y lentamente ingresa dentro de mí, sin ningún esfuerzo, la lubricación natural le facilita el proceso, va sin prisas, con una calma que me encanta, a la vez que me desespera.
Encaja completa toda su verga en mi interior. Sus movimientos son maravillosos. Su voz me da tranquilidad.
Tengo muchos orgasmos, no los puedo controlar ni contar.
Por último, la descarga de su néctar de macho me llena las entrañas, sus gemidos roncos me vuelven loca. Grito, gimo y lloro de absoluto placer durante el momento.
El sueño culmina invariablemente cuando escucho el potente ladrido del perro.
Me toco y siento inflamados los labios de mi vagina. Algo escurre y moja la cama y se desliza por mis piernas. Luego, inexplicablemente, cuando quiero tomar algo para limpiar o para guardar una muestra de aquel líquido, desaparece como por arte de magia. Solo me queda la inflamación y la sensibilidad de mi dilatada y empapada concha.
Me autosatisfago, rememorando esos momentos del sueño.
He tenido ese mismo sueño al menos una vez por semana, en distintos días.
Reviso puertas, ventanas, seguros, todo en orden, no hay rastro de cerraduras forzadas y el candado está en el lugar y el modo en que lo dejé antes de acostarme.
No me despierto asustada, sorprendida sí, y con una sensación de paz que no puedo explicar.
Me he vuelto más sonriente, más activa, más relajada, en el trabajo rindo mucho más y mis jefes lo notan.
Quiero leer sus comentarios. Gracias por acompañarme hasta acá.
Besos!