Capítulo 5
- Mirando por la ventana a escondidas
- Espiando a mamá en el baño
- Cuando te pille te follo
- Me corro frotándome contra el culazo de mi madre
- El sofoco hace que mi madre pierda la cabeza
Me levanté de la cama, salté al patio rápidamente, y al asomarme por la ventana del baño vi a mi madre inclinada sobre el lavabo echándose agua en la cara.
- Ufff. – oí como resoplaba –
Movió la cabeza de lado a lado sin dejar de mirarse en el espejo detenidamente.
- No puede ser cierto. – se dijo a sí misma – ¿Qué es lo que he hecho?
Sin lugar a duda, mi madre se arrepentía de lo que había ocurrido momentos antes en el salón y se culpaba por haberme dejado que acariciase su sexo durante el masaje.
Lo que no sabía es que había sido de forma premeditada, su inocente y cariñoso hijo lo había hecho a conciencia buscando desesperadamente tocar su coño.
Levantó la camiseta y sus pechos se reflejaron desnudos en el espejo, redonditos, turgentes, dos maravillas que daba gusto verlas.
Me fijé más a fondo y vi que tenía los pezonazos más grandes que los de mi hermana Caro. Los había palpado por encima de la camiseta mientras bailábamos en la cocina y me lo habían parecido tan solo con el roce, pero ahora comprobaba de primera mano que eran realmente enormes y atractivos.
Se los tocó suavemente pellizcándolos con los dedos mientras apretaba los labios y entornaba los ojos de una manera que a mí me pareció muy sugerente, para ser claros, más que sugerente obscena e indecente.
- Ummm. – gimió de forma sonora –
Se masajeó el contorno de los pechos y después los apretó con las manos.
Abrió de nuevo los ojos y se miró en el espejo mientras los amasaba y volvía a pellizcarlos con mucho cuidado.
Mi madre se tocaba las tetas y parecía estar disfrutando, al menos por la cara de relax y sosiego que reflejaba en el espejo, cerraba los ojos y respiraba soltando largos suspiros que yo podía oír desde el patio perfectamente.
Dejó un instante las tetas y tiró del pantaloncito corto dejándolo caer lentamente por sus piernas, cuando lo tuvo en los tobillos, levantó una, luego la otra y lo dejó tirado en el suelo del baño sin hacerle caso.
Entonces vi alucinado como separaba ligeramente las piernas, cogía el bordecito de la braga con los dedos y tiraba de él hacia afuera para mirar la telilla que tapaba la vulva.
- Uffff. – soltó de repente y puso cara de susto –
Llevó la mano a su frente como si estuviera aterrada, volvió a negar con la cabeza y tiró de la tela separándola de los gajos.
¡Joder! En ese momento vi lo que ocurría, tenía la braguita empapada y una enorme mancha de humedad cubría la tela a lo largo de toda la raja.
¡Guau! Mi madre se había excitado con mi masaje y los flujos que salían de su sexo habían mojado completamente la braguita.
Bajó despacio la braga, hasta dejarla a mitad de los muslos, y metió los dedos entre las piernas para acariciarse la vulva.
Ver esa acción de mi madre me puso como unamoto y los ojos se me salían de las orbitas de la sorpresa que tenía.
Los pegué a la rendija de la ventana para no perder ni un detalle de todo lo que hacía con ellos.
Era difícil que mi madre me viera, pero si se giraba y miraba con detenimiento, me pillaría en pelotas y no tendría ninguna excusa, sabría que estaba espiándola y viendo como acariciaba su sexo mirándose en el espejo.
Además, mi corazón bombeaba con tanta prisa y mi respiración era tan fuerte, que si me descuidaba podría llegar a oírme.
Separó un poco las piernas y se abrió los labios vaginales con los dedos, metió uno entre ellos y vi como lo sacaba embadurnadito de flujos viscosos.
- ¡Joder! No puede ser. – repitió de nuevo –
Se la notaba muy apenada, no podía creer lo que habíamos hecho, se inclinó otra vez sobre el lavabo, se echó agua en la cara y se quedó con las manos apoyadas sin dejar de mirarse en el espejo.
En la posición en la que estaba tenía el culo orientado a la ventana, y desde la rendija yo podía ver sus redonditas nalgas abiertas y su pequeñísimo orificio anal casi en primer plano. Vamos, que si alargo la mano un poco, acaricio su culito con los dedos.
¡Vaya culazo más rico y más apetitoso!
Su agujerito marrón se veía tan estrechito y apretado, que debía ser un auténtico lujazo meter una polla por ese culo tan cerrado.
¿Lo habría hecho alguna vez mi padre? ¿Se habría follado a mi madre alguna vez en su vida por ese culo tan espectacular y deseado?
Mil pensamientos se arremolinaban en mi cabeza constantemente pero ninguno de ellos era bueno.
¡Joder! Estaba espiando a mi madre. Y lo que era peor, deseaba follármela con todas mis ganas.
Hasta ese punto había llegado mi grado de perversión desde que había visto la luz encendida en esa ventana que daba al baño, esta última semana me había hecho pasar de ser buen hijo y buen hermano a ser un auténtico degenerado.
Yo estaba nervioso mirando por la ventana y mi madre parecía una estatua, con las bragas a media pierna y las manos apoyadas en el lavabo, no apartaba la vista de su imagen reflejada.
¿En qué pensaría en ese momento? ¡Ojalá fuera en lo mismo que pensaba yo ahora!
Después de unos breves segundos, que a mí me parecieron eternos, volvió a llevar los dedos al inicio de su vulva, separó los pequeños pliegues que tapaban el clítoris, y lo acarició suavemente.
Lo tocó muy despacio como si tuviera miedo de hacerlo, primero pasó los dedos por los lados y después lo rozó muy por encima sin llegar a masturbarse. La parsimonia con que lo hacía, la sensualidad y ver su cara en el espejo, me estaba poniendo tan cachondo que me pegaba a la rendija para meter el ojo por ella.
Lo que veía me dejaba extasiado por completo, mi madre empujaba hacia delante las caderas para poder observar mejor su vulva en el espejo y eso me permitía a mí ver su coñito rosado con una claridad asombrosa.
Uffff. Lo tenía justo al lado, los labios, el clítoris y el agujerito de la vagina completamente abierto y empapado, se notaban los juguitos que salían como perlas por los gajos.
Llevó la otra mano a su pecho y la pasó de una a otra de las tetas, después apretó una entre los dedos y se acarició el pezón retorciéndolo y girándolo suavemente.
- Aaauuuu. – gimió de nuevo de forma clara –
Cerró los ojos un poco, y sin dejar de amasarse la teta, metió ligeramente el dedo en su vulva y la pasó por la rajita recorriéndola de adelante atrás y de atrás adelante varias veces, en un suave y sensual balanceo que a mí me ponía muy perro.
De vez en cuando lo sacaba para mirarlo y la yema estaba impregnada en sus jugos, se notaba que su dedito estaba empapado.
La excitación de mi madre era tan grande que su sexo no dejaba de mojarse, se veía por el espejo como los jugos se deslizaban por el interior de los muslos continuamente.
- Ummmm. – gimió más fuerte que antes –
¡Joder! Mi madre estaba masturbándose en el baño y yo estaba viéndolo en primera fila como si presenciase una película porno.
Saqué la verga del pijama y vi que la tenía dura de cojones, rodeé el tallo con los dedos y comencé a sacudírmela todo lo rápido que pude.
Esa ventana era una mina, estaba corriendo algún riesgo pero lo que veía merecía la pena, había visto hacerse una paja a mi hermana y ahora también podía ver a mi madre.
¡Coño! Esto me alegró la vida, no era yo el único pajillero de la familia.
Pero verla en ese estado me produjo excitación y vergüenza, mi madre estaba así por mi culpa, era yo quien lo había provocado con el masaje que la había dado mientras estaba tumbada en el sofá viendo la tele.
Vete Rafi, me dijo mi conciencia.
Ya te vale, joder. Una cosa es que la espíes cuando se desnuda y otra que la manosees y encima la vigiles cuando se masturba.
Me aparté unos segundos de la ventana y me dije que era un capullo, lo que estaba haciendo era malo y si encima me pillaba ya sería la hostia. Prefería no pensar cuál sería su reacción si supiese que estaba espiándola mientras se hacia la paja.
Quizá no se lo dijese a mi padre, prefiero pensar que no. ¿Cómo iba a explicarle a él que se estaba masturbando en el baño? Pero no hacía falta que mi padre lo supiera, solo con verla todos los días, a mí se me caería la cara de vergüenza y nunca más podría mirarla a los ojos.
Dudé, me insulté por mi penoso y lascivo comportamiento, pero al final fui tan débil de moral que volví a mirar por la ventana.
La imagen era la misma, mi madre acariciándose las tetas con una mano y con la otra metidita entre las piernas frotándose la vulva muy despacio.
Abrió los ojos, se miró en el espejo y las arqueó ligeramente para que los dedos se adentrasen mucho más en el interior de su coño.
Pero no como había hecho mi hermana antes, mi madre los metía ligeramente, rozando los labios por dentro pero sin llegar a penetrarse por completo.
Su masturbación era lenta, pausada y sin violencia, amasaba sus tetas suavemente, se pellizcaba los pezones con delicadeza, y con los dedos se estimulaba el clítoris y los gajos de forma alternativa pero con una sensibilidad perturbadora, me estaba poniendo la verga durísima y casi me dolían los huevos tan solo con ver como se hacía la paja.
Me calentaba tanto verla, que sacudí mi verga sin control deseando correrme cuanto antes, ver a mi madre masturbarse era mejor que cualquier película porno.
- Ummmm. – gimió más alto que antes –
Por la forma en que suspiraba debía estar próxima al orgasmo.
Me acaricié los huevos con una mano y con la otra me sacudí la polla más deprisa, si mi madre iba a acabar, yo quería terminar con ella, o en todo caso primero para no quedarme a medias.
- Aaahhh. – gimió otra vez pero apretando las piernas –
Abrió los ojos para mirarse en el espejo y apretó con fuerza su teta al tiempo que colaba los dedos en el interior de su coño.
Mi madre tenía las piernas abiertas y se metía los dedos hasta el fondo, podía ver claramente como cada vez que los metía, golpeaba con la palma de la mano la vulva y ésta chapoteaba haciendo un ruido excitante y maravilloso.
¡Chop! ¡Chop! ¡Chop! ¡Chop! Se oía cada vez más rápido y más deprisa en el interior del baño.
Vi la cara de vicio que tenía y mi polla dio un salto en mi mano, los ojos cerrados, el pelo alborotado tapando en parte su cara y pasando la lengua por los labios de vez en cuando.
- Aaaaahhhhhh. – la oí jadear de la manera más guarra –
Mi madre se estaba corriendo y yo veía como gozaba, era una imagen increíble, estaba arrebatadora, tenía los ojos entreabiertos, se mordía sensualmente los labios y resoplaba a cada momento sin dejar de mirarse en el espejo como una depravada.
- Uuummm….Aaaahhhh..…Siiiii. – jadeaba a cada instante metiéndose los dedos profundamente en el coño –
Si algún día tuviese que elegir una escena con que excitarme, sería viendo como se masturbaba mi madre.
Sacudí fuerte mi verga y noté que el placer me llegaba, estaba a punto de caramelo, miré otra vez por la ventana, me la sacudí un par de veces y una descarga de semen salió del capullo estrellándose contra la pared mientras yo veía a mi madre temblando con los dedos metiditos en su coño.
- Aaaahhhhhh. – gimió estremeciéndose –
Se agarró con fuerza la teta estrujándola entre sus dedos. Esta vez sí que se parecía a mi hermana, la apretaba con fuerza, clavando las uñas en su carne sin poder contenerse.
- Uffff. ¡Dios mío! – suspiró cuando acabó de correrse –
Se apoyó otra vez en el lavabo y se miró de nuevo en el espejo, respiraba rápido y profundo y su cara estaba sudorosa.
- Bufff. ¡Que sofoco! – dijo directamente al espejo –
Se echó agua en el rostro y sonrió a su reflejo, se quitó la braguita del todo, la arrojó al cesto de la ropa y tapándose con una toalla salió en dirección a su cuarto.
Esperé unos segundos y entré por la ventana en mi habitación, y cuando iba a meterme en la cama tuve una idea.
Me incorporé, fui despacio al aseo y revolví en el cesto de la ropa hasta encontrar la braguita que había tirado mi madre, la cogí y noté la humedad de su sexo impregnando la tela por completo, se veía la felpa sudorosa y cubierta con unos deliciosos juguitos blancos.
La olí y entonces tuve un impulso e hice algo que me surgió de repente, saqué la verga, sacudí los restos de semen de mi corrida de antes y los limpié con la braga mezclándolos con los flujos de mi madre.
¡Sentí un subidón del carajo y a punto estuve de volver a correrme!
¿Soy un pervertido por hacer esto? Pensé mientras lo hacía.
Pasó por mi cabeza llevarme la braguita como trofeo, pero entonces tuve algo claro, no era esa la que quería, iba a esperar a que mi hermanita montase otro número con su novio para quedarme con la de ella, prefería guardar una braguita de Caro.
Sus ojos oscuros y penetrantes me ponían mucho más que mi madre. Deseaba ya que pasara la noche para ver si mi hermana volvía a tocarse para su amigo o quizá su novio, aún no tenía claro quién era el tal Maxi de los cojones.
Pero de lo que si estaba seguro es que necesitaba tener su braguita llena de jugos a toda costa, estaba deseando masturbarme con ella y llenarla de leche con mi corrida.
Me tumbé en la cama pero no podía conciliar el sueño, mi cabeza daba vueltas y vueltas a todo lo que había ocurrido.
Había visto desnudas a mi madre y a mi hermana, y lo que era más grave, había mirado a escondidas como la primera se masturbaba en el aseo y a mi hermanita dando un show porno a un tío que podía ser su novio o tan solo un amigo.
Lo sucedido era muy fuerte, había espiado a las dos mujeres de mi familia. Pero lo peor de todo era que me había aprovechado de la inocencia de mi madre, la pobre estaba contenta y orgullosa por los cariños que la daba, y en realidad lo que hacía era meterla mano sin que ella lo notara.
Recordé el último momento del masaje, cuando introduje los dedos bajo la braga y sin darme cuenta los bajé hasta ensartarlos levemente entre sus gajos.
Llevé instintivamente los dedos a mi nariz y pude oler el aroma de su sexo, solo habían rozado un poco sus labios vaginales, pero sus juguitos permanecían en ellos y el olor era muy fuerte.
Cerré los ojos y recordé como se había bajado la braguita para meter el dedito entre sus labios, sus gemidos y como se acariciaba los pechos mirándose en el espejo del baño.
Ufff. Me bajé el pijama, me acaricié la verga y con la otra mano los huevos. Acababa de vaciarlos pero ya estaban otra vez dispuestos para el ataque.
Pensé en mi madre con las piernecitas abiertas deslizando lentamente el dedo por su rajita mientras se tocaba las tetas.
Joder, solo con rememorar esa imagen necesitaba masturbarme de nuevo.
Sacudí mi verga pero quise apartar de mi mente a mí madre, me daba vergüenza pajearme pensando en ella y preferí pensar en mi hermana.
Sí, eso iba a hacer, me la machacaría pensando en Caro.
Imaginé a Carolina entrando en mi cuarto, con sus ojazos oscuros y penetrantes, sonriéndome y desnudándose poco a poco frente a mi cama.
Desabotonaría la blusita del pijama y me mostraría sus estupendos pechos tersos y erguidos con los pezones erectos mirando al techo.
Bufff. Caro tiene unas tetas tan bonitas que yo no podría apartar la vista de ellas ni un minuto.
Daría dos pasos para ponerse a mi lado y se mordería los labios entornando los ojos.
Se percibiría la lujuria reflejada en su rostro, eso estaba claro, a mi hermana le gusta el sexo y se ve claramente que está dispuesta a todo, ya me lo había demostrado en el baño cuando se acarició el coñito frente a la cámara para su novio.
Masajeé mis huevos y sacudí mi verga mucho más rápido.
¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop!
Carolina sacaría la lengua de forma provocativa mientras se acariciaba las tetas con las dos manos.
Me miraría fijamente para comprobar que yo no apartaba en ningún momento la vista de ellas. La forma en que lo haría sería adictiva, deslizaría los dedos muy despacito por su contorno para después amasarlos con fuerza y pellizcar los pezones tirando de ellos.
¡Wow! Los tendría de punta y parecerían biberones dispuestos para morderlos.
Tan solo pensar en ella es como estar hipnotizado, sus ojazos entreabiertos serían la viva imagen de la lujuria, me ofrecería la lengua y me fulminaría con su carita de vicio y de deseo.
Mi abuela era Mexicana y ella ha heredado su hermosura, sus ojos rasgados, sus facciones exóticas, cuando la miro sin que se de cuenta, creo ver en ella una mujer altiva, sin duda es el rostro de una guerrera Azteca.
Es un bellezón increíble, a veces no entiendo como con una madre y una hermana tan guapas yo he salido tan mediocre. Bueno, si, será herencia de mi padre.
Volví a pensar que la tenía delante de la cama y que pasaba la lengua por los labios de forma provocativa para humedecerlos.
Guau. Que caliente me puso pensar así en ella.
Mi verga dio un respingo del carajo, imaginar sus labios carnosos era una invitación a la procacidad y el desenfreno.
¡Cómo me hubiese gustado besarla en ese momento!
Sentir sus labios envolviendo los míos y que su lengua penetrara en mi boca, mezclar nuestras salivas y disfrutar de esas maravillas húmedas y apetitosas que tanto me gustaban.
De haberla tenido en la habitación conmigo, la hubiese pedido que cumpliera mi sueño y rodease con ellos mi verga enhiesta.
Soñaba con sentir la suavidad de sus labios envolviendo mi polla.
Carolina hubiese sonreído por mi propuesta y hubiese bajado poquito a poco, muy lentamente, mirándome provocativa y deslizando su lengua por mi pecho y mi ombligo hasta llegar al pubis.
¡Dios! Sentí un escalofrío solo de pensarlo y agarré con más fuerza mi pene para seguir machacándomelo.
¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop! ¡Flop!
Mi hermanita me miraría con picardía y jugaría un momento conmigo chupando y mordiendo mi vello púbico, después cogería mi verga con los dedos y la rozaría la puntita con los labios.
Uffff. ¡Que escalofrío sentí tan solo con pensarlo!
Casi podía notar la lengüecita intentando penetrar por el agujerito de la uretra.
- ¿Te gusta? – imaginé que me preguntaría si estuviera mamándomela –
Yo no respondería pero movería la cabeza afirmativamente y ella sonreiría al tiempo que abriría los labios y envolvería con ellos el glande y comenzaría a chuparlo muy despacito, recreándose, sabiendo que el placer que estaba dando a su hermano pequeño no se lo había dado nadie antes.
La saliva que saldría de su boca caería sobre el glande y se deslizaría por el tallo formando un reguero de babas continuo, mi hermanita lubricaría su mano con ellas mirándome de forma guarra y menearía mi verga arriba y abajo desenvainando una y otra vez mi capullo rosado.
¡Joder! Ojala mi sueño fuera cierto y estuviera Carolina ahora en mi cuarto.
Cada vez que el balano apareciera ante ella, lo rozaría con la lengua y me miraría de forma provocativa y extremadamente guarra.
- ¿Me lo meto en la boquita? – preguntaría maliciosamente –
- Si, Caro, por favor. – rogaría yo desesperado –
Podía imaginar su cara de satisfacción, su hermanito pequeño rogando como un tonto y ella poniéndose muy cachonda, seguro que disfrutaba con mi ruego más que si el cabrón de su novio la echaba un polvo.
Sin dejar de provocarme, daría muchas chupaditas seguidas con una lubricidad e indecencia impropias de una muchacha con su hermano.
Abrí los ojos excitado y me sacudí la verga con más ganas.
¡Flop! ¡Flop! ¡Flop!
Era el sueño más erótico que había tenido en mi vida, me había follado a cantantes, a multitud de actrices porno, pero ahora no era alguien desconocido, ahora tenía sexo con mi hermana. Mi sueño incestuoso era enormemente excitante a la par que calenturiento y pecaminoso.
Pensé en Caro succionando mi capullo apresado entre sus labios.
Bufff. ¡Como chuparía mi hermanita!
Imaginarla haciendo eso conmigo me estaba llevando a la gloria.
- Chupa, Caro. Por favor. – imaginé que le diría si fuera de verdad la mamada –
Y ella lo haría gustosa, envolvería mi verga con los labios y subiría y bajaría la cabeza sin darse un respiro, sabiendo que era mi primera vez y queriendo regalarme una mamada que yo recordara toda la vida.
Siiii. Mi hermanita sería la primera mujer en chupármela.
Con que suavidad deslizaría los labios por el tronco, lo haría despacito, sin prisa, pero me la chuparía con cariño y me miraría constantemente a los ojos para comprobar el placer que me estaba dando.
- ¿Te gusta como lo hago? – me preguntaría con mirada inocente –
- Ufff. Mucho, Caro. – respondería yo acariciando su pelo –
Cerraría los ojos y volvería a inclinarse para metérsela entera en la boca, su lengua acariciaría el frenillo y succionaría con los labios tirando del glande hacia arriba.
Uffff. Sacudí mi verga más rápido soñando que iba a correrme en su boquita.
¡Flop! ¡Flop!¡Flop! ¡Flop!
Volví a meterme en mi sueño.
- Me encanta chupar tu cosita. – creí escuchar en ese momento –
- Caro, eres muy buena hermana. – respondería yo instintivamente –
- Si. Por eso voy a chupártela siempre que lo necesites. – contestaría ella con una bonita sonrisa – Para eso estamos las hermanas mayores.
Lamería con obscenidad el capullo y me miraría sonriendo, disfrutando al ver las caras de placer que yo ponía con su mamada. Cada vez que sus labios succionaran el glande yo me tensaría nervioso y gemiría como loco.
- Uffff. – se me escaparía a cada momento al ver lo bien que chupaba –
- Tranquilo hermanito, que te la chupo despacio. – diría ella acariciando mis huevos con la mano –
Sus manos cálidas y suaves recorrerían el tallo y envolverían mis testículos masajeándolos.
- Ummm. Caro, me gusta como lo haces.
- Shhhh. Calla y disfruta, Rafi. – respondería sin ninguna duda –
- La chupas muy bien. – diría para animarla –
- Sí, eso dicen todos. – contestaría ella muy chula –
Tan solo era un sueño pero ya daba por sentado que mi hermanita se la mamaba a todo bicho viviente, desde Maxi a cualquier compañero de clase.
- ¿Vas a dejar que me corra en tu boca? – preguntaría yo ansioso perdido –
- Claro, cariño. – respondería mi hermana sacando mucho la lengua para mostrármela – Tú siempre podrás echar en mi boca toda tu lechita blanca.
Y entonces me vino a la mente la imagen de mi hermana sacando la lengua frente a la cámara.
¿Lo hizo ofreciéndosela a su novio para que se corriera en ella?
No quería ni pensarlo, imaginar a mi hermana arrodillada ante Maxi, con la boca abierta enseñando la lengua para que descargara su semen en ella. Brrrr. Me dejaba helado por dentro.
Podía imaginar una polla soltando semen de golpe y a Caro estirando la lengua para recogerlo y llevárselo a la boca.
Se relamía mirando hacia arriba para que el cabrón de su novio viera como se lo tragaba y luego añadía sonriendo.
- Ummmm. Que rica leche me has dado.
Que imagen más obscena, Carolina pasaba la lengua por sus labios y luego la acercaba al glande para rozarlo con la puntita.
Preferí olvidarme de su novio y volví a pensar en nosotros, ahora no era la verga del cabrón de Maxi, ahora era la mía.
La cogería entre sus dedos y la daría lametones por debajo y por arriba para terminar hurgando el agujerito de la uretra intentando meter la puntita.
- Córrete, hermanito. – pediría devorándome el glande con los labios – Lléname de leche la boquita, estoy deseando que te corras.
Di dos sacudidas y mi verga explotó en mi mano salpicando las sabanas de semen.
- Ummmm, ummmm. – gemí tirando de la piel hacia abajo para que el capullo expulsara toda su carga –
Con los ojos cerrados, podía imaginar a Carolina excitando con la lengua el frenillo y abriendo mucho los labios para que me descargara en su boca.
- Ummmm. – volví a gemir sacudiendo las últimas gotas –
- Puedes espiarme siempre que quieras y pedirme después que te la chupe. – imaginé que me diría mi hermana – Para ti siempre estaré dispuesta, ya sabes que soy muy guarra.
- ¿De verdad? – preguntaría incrédulo a Caro –
- Claro, Rafi. – respondería muy seria – Para eso estamos las hermanas, para comerles la polla a nuestros hermanos.
Abrí los ojos enormemente satisfecho.
¡Ojala fuera cierto que mi hermana iba a chuparme la verga todos los días!
La pena es que solo era un sueño.
Joder la ventana del aseo había cambiado por completo mi vida, antes me hacía pajas viendo vídeos y fotos, y ahora lo hacía con las mujeres de mi familia.
Me quedé tan relajado que esa noche dormí a pierna suelta.