Capítulo 2
- Mi hija me domina
- Mi hija se la chupa a su hermano
- Dame duro, hijo mío
Salí del estado de excitación en que me encontraba y fui corriendo al salón, quería comprobar si alguien se había dado cuenta que nos habíamos ido mis hijos y yo.
Pero mi marido bailaba con mi cuñada y mi hermano y mis padres jugaban con mis sobrinas.
Menos mal, preferí no pensar si alguno de ellos hubiese ido al baño y me hubiese pillado con las bragas bajadas mirando a mis hijos.
¡Las bragas! Me di cuenta que las había tirado. Volví al pasillo corriendo pero allí ya no estaban. ¿Las habría cogió Santi o quizás había sido Sara? Solo de pensarlo me avergonzaba, ahora uno de ellos sabía que los había estado espiando.
La puerta del baño estaba abierta y allí ellos no se encontraban, me aproximé a la habitación de mi hija y vi la puerta entreabierta, miré de reojillo y Sarita estaba sentada en la cama.
De repente Santi apareció y se acercó despacio a su hermana.
- ¿Estás segura? Sari. – preguntó acariciando su cara –
- Si. – respondió con firmeza mi hija –
- No deberíamos hacerlo. – contestó Santi muy serio –
- Ya. – afirmó ella – Pero a mí no me importa.
Oí su respuesta y mi preocupación creció por momentos. ¿Se estaba ofreciendo a su hermano?
Sabía que debería decirles que no, amenazarles, castigarles, cualquier cosa para evitar el incesto, pero dentro de mí, sin saber el motivo, estaba de acuerdo con ella.
- ¿Me vas a follar? – preguntó Sarita nerviosa –
Mi hija se levantó y dejó caer el vestido, su cuerpo era espectacular, se mostraba ante él con unas diminutas braguitas blancas que se ajustaban a sus caderas y marcaban la prominencia de su sexo.
Cualquier hombre del mundo hubiese dicho que si a su propuesta, pero vi a mi hijo dudar y esperé que diera un no por respuesta, era la única forma de evitar que mi hijos pecaran y cometieran incesto.
- ¿Te gusto? – preguntó Sarita con vocecita tímida –
Santi la miró embobado y afirmando con la cabeza, no era capaz de apartar la vista de sus las largas piernas, sus caderas torneadas y sus tetitas pequeñas.
- Jo, Sari, Eres la hostia. – respondió mirando sus pechitos erectos –
Mi hija se acercó, cogió la mano de él y la metió entre sus piernas.
- ¡Tócalo! Mi coñito es para ti. – dijo pícaramente apretándola contra la tela –
Vi a mi hijo acariciar la braga de Sara pasando los dedos por la rajita, y noté que en ese instante se humedecía tremendamente mi sexo.
- Está cerradito y estrecho. – añadió Sarita con carita de niña buena – ¿Me lo vas a follar?
Santi no respondió y ella fue más allá, apartó la braguita y separó sus tiernos gajos con los dedos.
- Te lo puedes follar tú o se lo puedo dar a otro.
Por primera vez en mi vida vi a mi hijo vacilar, tenía a su hermanita frente a él mostrándole el coñito desnudo, los labios rosados, los pliegues abiertos y sus juguitos brillantes mojando poco a poco sus dedos.
- Di. ¿Lo quieres estrenar tú?
- Jo, Sara, es que…
- Shhhh. – zanjó mi niña tapando sus labios con un dedo – Tú mírame.
Dio un paso atrás, metió el dedito entre los pliegues de su sexo y recorrió la rajita de arriba abajo sin dejar de mirar la carita de su hermano.
- Mira lo mojadita que estoy. – dijo alargando la mano –
Ver a mi hija, en una actitud tan libidinosa, debería haberme producido vergüenza y dolor, y en lugar de ello, miraba impertérrita y ansiosa como ofrecía la virginidad a su hermano pequeño.
- Toma, bebé. – añadió en el colmo de la provocación –
Santi abrió los labios, ella metió el dedo y él lo chupó y contestó nervioso.
- Va..vale, de acuerdo.
Sarita se aproximó y le dio un beso en los labios.
Sentí un enorme sofocón, lo que sucedía era un disparate, como madre lo condenaba pero como mujer me excitaba, noté que mi coño se humedecía y metí mi mano bajo el vestido.
No puede ser, no puede ser, tienes que poner remedio, me repetí sin estar convencida. Pero era tal mi excitación, que en vez parar semejante locura, deseaba que mi hijo tomara a su hermana.
Mi hija se separó y giró sobre sí misma, su culito respingón, de nalguitas pequeñas, tenía la braguita blanca metida entre los cachetillos de la forma más obscena.
- Quiero que me la metas primero despacio. – rogó sonriendo pícaramente a su hermano –
Santi dijo que si y ella añadió rogando.
- Perooo….. pero luego me follas metiéndomela entera en el coño.
Bajó los dedos a la braguita con intención de quitársela.
- No, aún no. – exclamó entonces mi hijo – Túmbate primero en la cama.
Mi hija obedeció y se tumbó con las piernas cerradas.
Vi a Sarita suspirar y mirar nerviosa a su hermano, se notaba su excitación y su deseo de ser follada, su pecho subía, bajaba, se mojaba constantemente los labios y su respiración se aceleraba.
- ¿Vas a hacer lo que quiera yo? – preguntó Santi a su hermana –
Ella dijo que sí y le vio coger el móvil enfocándola a la cara.
- Tócate la braguita. – fue la orden de él –
Sarita obedeció y pasó dos deditos por la braga, recorrió la rajita despacio y presionó con ellos la tela.
- Más, empújalos hacia dentro. – ordenó él enfocándola con móvil –
Sarita se recostó, arqueó ligeramente la espalda y presionó con los dedos metiendo la telilla en su coño.
- Más. Tócate más. – ordenó –
Mi niña asintió, cerró los ojos y metió la manita bajo la braga.
- Así, tócate así. – exclamó él, enfocando la carita de su hermana –
Sarita obedeció y comenzó a mover las caderas, metía los dedos en su coñito, acariciaba la vulva por fuera y se frotaba el clítoris con la yema. Intentaba apagar los gemidos, pero el placer que se estaba dando se lo impedía.
Vio a Santi mirar y apartó la vista avergonzada, masturbarse frente a su hermano era algo nuevo para ella. Quiso disimular, no mostrar el placer que sentía, pero sus caderas subiendo y bajando, sus pezoncitos erectos mirando al techo y sus cada vez más sonoros suspiros, la traicionaban.
- Ummmm. – gimió de golpe mirando a su hermano –
Santi la escuchó y sonrió complacido, su hermanita había perdido el control y empujaba a un lado la braga para meterse profundamente los dedos.
- Así, Sari, así. Gime que yo te vea.
Santi se inclinó y apartó la braguita con la mano para poder grabar en primer plano como se tocaba su hermana. Sentía que había tomado el control y disfrutaba viendo a Sarita, estaba tumbada ante él, abría mucho las piernas y mostraba su coñito rosado penetrado por sus dedos.
- Gime, Sara, gime. – pidió de nuevo muy excitado –
Mi niña dio un fuerte gemido y preguntó inocentemente a su hermano.
- Ahhhhhh. ¿Asíii?
Santi no respondió pero comenzó a tocar su pechitos, acarició las areolas, pellizcó los pezoncitos con los dedos y cuando ella menos lo esperaba, tiró de ellos hacia afuera. Sarita se descontroló, se metió con fuerza los dedos y soltó un enorme jadeo.
- Ahhhh……Ummm….. No se lo enseñaras a nadie. ¿Verdad? – preguntó nerviosa a su hermano –
Apartaba la braguita con rabia, sacudía la pelvis sin freno y levantaba un poquito el culito, para mostrar el coñito a la cámara y que su hermano lo grabara como recuerdo.
- ¿Lo ves? Santi ¿Lo ves? – preguntó mordiendo sus labios –
Mi hijo con contestó y continuó grabando con el móvil, lo que hacía su hermana era obsceno y estaba grabándolo todo, su carita viciosa, su coñito rosado y su braguita blanca virginal empapadita de jugos.
- Calla y gime. – fue la respuesta de él –
Mi niña abrió más las piernas, se metió profundamente los dedos y mirando con lascivia a la cámara gimió mordiendo sus labios.
- Aaahhhh.
- Eres una zorrita. – contestó complacido su hermano –
- Ahhhh. Siiiiii. – respondió ella afirmando –
Sarita había perdido el control, oía a su hermano, miraba a la cámara y se follaba el coñito sin parar metiendo los dedos con ganas.
De repente mi niño la cogió y la giró poniéndola boca abajo.
El culito de Sara era un primor, sus nalguitas rosadas, la braguita encajada y su anillito estrellado marrón apareciendo por los lados como un enorme tesoro.
Vi la carita de Santi y en ese instante supe lo que deseaba, alargó la mano, acarició la espalda de su hermana, y cuando la bajó a su culito, estimuló el esfínter por fuera presionando con el dedo. Se podía ver como babeaba.
Apartó ligeramente la tela, vio el chiquito palpitar y deslizó la yema del dedo por todo el circulito marrón presionando en el agujero.
- Santi, por ahí no, por favor. – oí rogar a Sara –
Pero mi hijo no la escuchó y la dio una fuerte nalgada.
- ¡Quítatelas!
Sarita no protestó, la chica decidida y lanzada, la que parecía que manejaba a su hermano, se plegó a sus deseos y levantó las caderas para quitarse las bragas.
- Dámelas.
Mi niña se las dio y él las llevó a la nariz y las olió con los ojos cerrados.
- ¿Me lo vas a chupar? – oí mendigar a Sara –
Miraba agitada y nerviosa, pasaba un dedito por la raja, lo bajaba al culito y lo subía entre los gajos para que lo viera su hermano.
¡Chúpaselo! ¡Chúpaselo! Hubiese pedido a mi hijo de haber estado junto a él en la cama, deseaba ver a Santi metido entre sus piernas dando lametones sin parar en el coñito de su hermana.
Dale lengua hasta que se corra. ¡Joder! Es en lo único que pensaba.
Veía a mi niña abierta de piernas y deseaba ser yo quien estuviese allí tirada, quería ofrecer el coño a mi hijo para que fuera a mí a quien se lo chupara.
¡Chúpamelo! Santi ¡Chúpamelo! Me repetía haciéndome la paja.
Santi se había subido en la cama, abría con las manos las piernas de Sara, y tenía la cabeza metida en el coño chupándolo con todas sus ganas.
- Ahhhhh. Santi. Ahhhh. Santi, Me encanta. – suspiraba mi hija tirándole del pelo como una desesperada –
Las caderas de Sarita subían y bajaban saltando sobre la cama, su pelvis era un no parar, estaba enloquecida y frotaba ansiosamente la vulva contra su cara.
- Méteme más la lengua, Santi. – rogó totalmente desaforada –
Yo no lo podía aguantar, veía a mis hijos en la cama, y deseaba entrar en el cuarto para tumbarme junto a ellos y que entre los dos me follaran, que Sarita me comiera las tetas y la verga de Santi me penetrara.
Deseaba a mi hijo, quería ser yo a quien comiera el coño en este momento y después me follara, me daba igual por donde, por la boca o por el coño, pero necesitaba con urgencia que Santi me penetrara.
- ¡Fóllame! Mi vida. – exclamé sin darme cuenta –
Miré asustada por la rendija y vi que Sarita miraba a la puerta justo donde yo estaba.
Me escondí rápidamente, me fui a mi habitación, me tiré sobre la cama y comencé a hacerme una paja.
Imaginé que era yo quien estaba besando a mi hijo. Tenía la imagen grabada, Sarita masturbando a su hermano mientras él estaba desnudo. Pensé que en lugar de sus dedos eran los míos y cerré la mano como si entre ellos tuviera su polla.
Metí la otra mano entre mis piernas, acaricié el vello del pubis y cuando no pude aguantarme, los bajé hasta mi sexo. Con una mano masturbaba una verga virtual y con la otra deslizaba los dedos por el surco de mi raja.
Imaginé a Santi tumbado junto a mí en la cama. Acariciaría su polla primero, despacio, sin prisa, recorriéndola de arriba abajo y de abajo arriba, rozaría con la yema el capullo y amasaría suavemente sus huevos.
Me excitó tanto la idea que noté como mi sexo se encharcaba.
Está mal, Ana, está mal. – repetí en mi mente intentando salir de ese sueño – Pero llevé las rodillas a mi hombros ofreciendo mi coñito empapado.
- ¡Fóllame! Hijo mío. – susurré sin darme cuenta – Méteme la polla hasta dentro.
Penetraba mi coñito, empotrándome los dedos, y balanceaba las piernas golpeándome los hombros, era como si estuviera Santi en medio y me estuviera follando con su enormidad de polla.
- Ummmm. Dame duro, hijo mío, dame duro. – pedí muy excitada –
Noté que me corría y apreté deprisa las piernas, aprisioné mis dedos dentro y tuve un orgasmo bestial con los dedos empotrados en el coño.
- Ahhhhh. Siii. Fóllate a tu madre. Ahhhh. Ufff. Méteme la polla entera. – exclamé sin importarme que me oyeran –
Me giré sobre la cama y me quedé echa un ovillo, estaba relajada y quería descansar, pero al pensar en mis dos niños, salí de mi cuarto corriendo para ver si mi hijo se follaba por fin a su hermana.
Miré por la rendija y me quedé completamente asustada, Santi había subido las piernas de Sarita hasta poner las rodillas a ambos lados de su cara y tenía frente a su boca el culito de su hermana.
¡Chúpaselo! ¡Fóllaselo con la lengua! – pedí al verlo tan expuesto –
Entonces vi a Santi inclinarse y meter la puntita de la lengua en el agujerito de su hermana.
- Ahhhh. – oí gemir a mi hija –
Sarita temblaba sin parar mientras su hermano chupaba su culo y metía la lengua dentro, era una obscenidad pecaminosa pero verlo me excitaba.
- Ahhhh. Santi. ¿Qué haces? – preguntó Sara asustada –
Mi hijo metió la lengua y preguntó si le gustaba.
- Ahhh. Me encanta. – fue la respuesta de Sara –
Eso no me lo esperaba, ninguno de mis novios me había hecho algo así y mucho menos mi marido, si era placentero deseaba comprobarlo.
Yo también quiero, estuve a punto de pedir, pero continué viendo a mi hijo comiendo el culito de su hermana.
- Ahhhhh. Joder que buenooo, Santi. – exclamó mi niña temblando –
Mi hijo comía su culo y ella se balanceaba. Podía ver a mi niña apretando sus tetitas y gimiendo como loca.
Todo esto era una locura, pero yo tenía otra vez la mano metida bajo el vestido y me acariciaba el coñito viendo como mis hijos pecaban.
- Si quieres te meto la polla. – preguntó él deseando que afirmara –
- No, no. Ummmm. Chúpamelo un poco más. – fue la contestación de Sara –
No lo podía creer, la lascivia de mi hijo era descomunal, estaba dispuesto a todo, a desvirgar a su hermana, a comerla el coño y el culo, y a metérsela por detrás a la primera oportunidad que tuviera.
A mí, a mí, fóllame por donde quieras, quise decirle a mi hijo. Deseaba ofrecerle todo mi cuerpo para que lo utilizara a su antojo, que me follara la boca, me partiera en dos el coño o me la metiera por el culo siempre que le diera la gana, estaba dispuesta a todo con tal de que me follara.
Moví la mano bajo el vestido frotándome más fuerte el coño, necesitaba disfrutar de otro orgasmo mientras miraba a mis hijos.
- Prepárate Sarita. – oí avisar a su hermano –
- Ahhhh. ¿Qué me vas a hacer? – preguntó ella suspirando –
- Nada, Sari, tú relájate.
- Ummm. Dime, dime. ¿Qué me vas a hacer? – preguntó muy asustada –
- Te voy a abrir el culito. – respondió de forma directa –
Al ver que dudaba un momento pensé que se negaría.
No lo hagas, hija, quise decirle al oído, deja que tu hermano te la meta por el culo.