Capítulo

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Elena despertó antes de que sonara la alarma.

Durante unos segundos permaneció inmóvil, observando el techo mientras la luz tenue de la mañana se filtraba entre las cortinas. Tenía esa sensación extraña de haber dormido poco y demasiado al mismo tiempo, como si parte de ella siguiera todavía sentada frente a James, escuchándolo hablar con esa sonrisa tranquila que lograba desarmarla más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Entonces lo recordó todo con claridad.

La cena.

Las miradas largas.

La forma en que él había tocado su cuerpo, como si fuera lo mas natural del mundo

Y, peor aún, recordó lo bien que se había sentido.

Elena dejó escapar un suspiro cansado y se cubrió los ojos con una mano.

—porque tenia que ser mi hijo… —murmuró.

Estiró el brazo hacia el buró y tomó el teléfono. Tenía correos del trabajo, un mensaje de su hermana y una notificación nueva.

De James.

El corazón le dio un salto ridículo.

“Buenos días. Espero que hoy quieras desayunar conmigo.” — grito James hasta su dormitorio—

Elena cerró los ojos un instante.

Ahí estaba otra vez esa facilidad que tenía él para entrar en sus pensamientos antes incluso de que ella terminara de ordenar los propios.

Dejó el teléfono sobre la cama y caminó hacia su buro de ropa descalza, intentando ignorar la sonrisa involuntaria que amenazaba con aparecer.

No debía emocionarse.

Había sido una cita.

Una sola cita.

Pero aun así…

Durante unos segundos permaneció inmóvil, todavía atrapada entre el sentimiento y el recuerdo confuso de la noche anterior. La cita con James volvía en fragmentos: la música suave del restaurante, sus rodillas rozándose debajo de la mesa, la manera en que él había sonreído cuando ella intentó fingir que aquello no significaba nada.

Entonces escuchó una taza golpear suavemente contra la encimera.

Y recordó el detalle más peligroso de todos.

Vivían juntos.

Elena regreso de golpe a la realidad y se quedó mirando el techo.

Porque una cosa era salir con un hombre más joven. Otra muy distinta era tener que compartir departamento con él a la mañana siguiente, cuando todavía no sabía cómo mirarlo sin recordar la forma en que había besado su boca en el auto al despedirse.

Se sentó lentamente en la cama y tomó aire.

Desde la cocina llegaba el aroma del café recién hecho.

James estaba despierto.

Claro que lo estaba. Él siempre se levantaba temprano los sábados, como si el mundo fuera demasiado interesante para quedarse durmiendo. Elena, en cambio, consideraba una agresión cualquier conversación antes de las nueve de la mañana.

Se pasó una mano por su cabello rojizo, intentando decidir si podía quedarse escondida en su habitación el resto del día.

La respuesta era no.

No cuando compartían baño.

No cuando compartían cocina.

No cuando James tenía la costumbre insoportable de aparecer exactamente cuando ella intentaba evitarlo.

Como si la hubiera invocado con el pensamiento, escuchó pasos acercándose por el pasillo.

Dos golpes suaves sonaron en la puerta.

—¿Sigues viva? —preguntó la voz de James al otro lado, divertida.

Elena cerró los ojos un instante.

—Estoy considerando seriamente fingir mi muerte.

James soltó una risa baja.

—Entonces el café sería un desperdicio.

Elena odiaba que esa voz le afectara tanto.

Sobre todo ahora, se supone que era su madre no su mujer ella solo debía de amarlo como madre no como hombre.

Anoche había sido fácil dejarse llevar. El vino, las luces tenues, la distancia segura del restaurante… Todo eso había permitido fingir que aquello era solo una cita cualquiera.

Pero este departamento era la realidad.

Las sudaderas olvidadas sobre el sofá.

Las discusiones por quién compraba leche.

Los domingos viendo películas absurdas porque ninguno quería cocinar.

James ya formaba parte de su rutina antes siquiera de convertirse en un problema.

Y eso era exactamente lo que la aterraba.

—¿Puedo entrar? —preguntó él después de unos segundos.

Elena miró hacia la puerta como si pudiera verlo a través de ella.

Sabía que debía poner límites. Actuar normal. Recordarle —y recordarse— que aquello no cambiaba nada que ella mandaba en la casa ella era la madre y el su hijo.

En lugar de eso, dijo:

—Solo si traes el café.

La puerta se abrió lentamente.

James apareció usando una camiseta gris y el cabello todavía desordenado por el sueño. En una mano llevaba dos tazas; en la otra, esa expresión tranquila que siempre parecía demasiado cercana a una sonrisa.

Y Elena supo inmediatamente que estaba en problemas.

Porque era mucho más fácil resistirse a una cita que a alguien que se sentía como hogar.

James dejó la taza sobre la mesa de centro como si no acabara de destruirle la estabilidad emocional con solo entrar en la habitación.

—Te ves fatal —comentó, echándose en el sofá.

Elena tomó el café para evitar responder demasiado rápido.

—Gracias. Qué considerado.

—Siempre doy feedback honesto.

Ella sopló la superficie de la bebida, aunque ni siquiera estaba tan caliente. Necesitaba hacer algo con las manos. Con la mirada. Con el pulso.

James estiró las piernas frente a él, completamente cómodo, como si no hubieran cruzado ninguna línea la noche anterior.

Y tal vez eso era lo peor.

Porque Elena sí podía sentirla.

Esa línea invisible.

La notaba en cómo evitaba mirarle demasiado tiempo.

En cómo era consciente de cada movimiento suyo.

En cómo recordaba perfectamente como fingió no darse cuenta de que la mirada de su hijo se desviaba a sus pechos en cada momento que podía y como eso le hacia emocionarse

Esa debió de ser una clara señal de lo que se acontecía, una pésima señal en realidad.

—Entonces —dijo él—, ¿vamos a fingir que no pasó nada?

Directo al corazón. Perfecto.

Elena levantó la vista despacio.

—Creo que sería lo más inteligente.

James asintió una sola vez, pero no parecía convencido.

—Claro.

Demasiado fácil.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué significa ese “claro”?

—Nada.

—James.

Él soltó una pequeña risa por la nariz y giró el rostro hacia ella.

—Significa que cada vez que dices “lo inteligente”, normalmente quieres decir “lo que menos miedo me da”.

Elena sintió el golpe de la frase exactamente donde él pretendía.

—No tengo miedo.

—No, por supuesto que no.

Ese tono suave iba a matarla algún día.

—Solo estoy siendo adulta.

James arqueó una ceja.

—Ah, sí. Olvido que anciana y sabia son sinónimos.

Elena abrió mucho los ojos.

—¿Acabas de llamarme anciana?

—Dije sabia. Tú te enfocaste en lo otro.

Ella tomó un cojín del sofá y se lo lanzó directo al pecho.

James lo atrapó riéndose.

—Violencia doméstica. Excelente ambiente para la convivencia.

Y ahí estaba otra vez eso.

La facilidad.

La costumbre.

La manera en que podían discutir y bromear como si llevaran años haciéndolo, porque técnicamente así era pero los sentimientos eran diferentes.

Elena todavía recordaba como el año pasado que James apareció con una caja de chocolates destrozada, dos plantas medio muertas y esa sonrisa imposible, diciendo que prometía “hacerle pasar el mejor san Valentín de su vida”.

Tenía justo dieciocho años entonces.

Demasiado joven.

Demasiado encantador.

Y Elena, en aquel momento, había pensado dos cosas:

Primero: este hombre va a romper muchos corazones.

Segundo: definitivamente tenia la sonrisa de su padre.

Había acertado con ambas.

—Te estás quedando muy callada —dijo James.

Elena parpadeó.

Él la observaba desde el otro extremo del sofá con una atención peligrosa.

—Estoy tomando café.

—Estás huyendo mentalmente.

—Eso también.

James sonrió apenas, pero esta vez había algo más contenido detrás de la expresión.

Algo serio.

—Elena.

Solo escuchar su nombre así debería ser ilegal.

—No quiero fingir que no pasó nada.

Ella dejó lentamente la taza sobre la mesa.

El departamento quedó en silencio excepto por el ruido lejano del tráfico afuera.

—James…

—No estoy diciendo que tengas que decidir algo ahora —continuó él, tranquilo—. Solo digo que yo sí quiero hablar de esto.

Elena sostuvo su mirada por un segundo demasiado largo.

Ahí estaba el problema real.

No era la diferencia de edad.

Ni lo que pudieran pensar los demás.

Ni siquiera el desastre potencial de salir con alguien con quien compartía sangre.

Era esto.

La forma en que James hablaba de ellos como algo posible.

Como si no fuera una locura querer quedarse y seguir con este juego imposible.

Elena apartó la mirada primero.

Siempre era ella quien lo hacía.

Se levantó del sofá con la excusa miserable de llevar la taza a la cocina, aunque apenas había tomado dos sorbos. Escuchó a James moverse detrás de ella, pero no la siguió inmediatamente, y agradeció esos pocos segundos para recomponerse.

Abrió el grifo.

Lo cerró.

Volvió a abrirlo.

Excelente. Comportamiento completamente normal.

—Vas a inundar el departamento —dijo James desde la entrada de la cocina.

Elena se giró apenas.

Él estaba apoyado contra el marco de la puerta, brazos cruzados, observándola con esa calma desesperante que parecía reservar únicamente para ella.

—Estoy pensando.

—Eso me preocupa un poco.

—A mí me preocupa más que estés tan tranquilo.

James inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Crees que estoy tranquilo?

—Pareces tranquilo.

Él soltó una risa baja.

—Mama, llevo aproximadamente doce horas intentando no pensar en besarte otra vez. Te prometo que tranquilo no es la palabra.

El aire se le atoró en los pulmones.

James notó el efecto inmediato de sus palabras y, para empeorar las cosas, sonrió apenas.

Idiota.

Idiota atractivo.

—No ayudes —murmuró ella.

—Lo intento. Muy mal, aparentemente.

Elena se apoyó contra la encimera y se cruzó de brazos, buscando recuperar aunque fuera una mínima ventaja emocional.

—Tú haces que todo esto suene muy simple.

—Porque para mí lo es.

—Claro, porque tú no eres el que tiene treinta y cuatro años y está considerando arruinar su estabilidad emocional por alguien menor.

James descruzó lentamente los brazos.

—¿“Alguien menor”? ¿Así vas a llamarme ahora?

—Sabes a qué me refiero.

—Sí. Lo sé perfectamente.

La suavidad desapareció un poco de su voz.

No estaba molesto.

Peor.

Estaba siendo sincero.

—No eres irresponsable por sentir algo por mí, mama.

Ella soltó una pequeña risa incrédula.

—Eso no lo decides tú.

—No, pero sí puedo decidir si me tratas como un niño, y honestamente ya estoy grande para eso.

Elena abrió la boca para responder, pero se quedó sin palabras.

Porque el problema era que James no actuaba como alguien inmaduro.

Nunca lo había hecho.

Era él quien recordaba pagar internet antes de la fecha límite.

Él quien cocinaba cuando ella llegaba tarde del trabajo.

Él quien notaba cuándo había tenido un día horrible incluso antes de que hablara.

Y quizá esa era la parte más injusta de todas.

Que enamorarse de él habría sido muchísimo más fácil si no fuera su hijo.

James dio un paso hacia ella.

Luego otro.

Sin prisa.

Dándole espacio para alejarse.

Elena odiaba que incluso eso fuera considerado.

—Anoche no me arrepentí —dijo él en voz baja—. Y esta mañana tampoco.

Ella sintió el corazón golpeándole demasiado fuerte.

—James…

—Pero si tú me dices que pare, voy a hacerlo.

Ahora estaba cerca.

Lo suficiente para sentir el olor a café y jabón en su camiseta.

—No voy a hacerte sentir incómoda en tu propia casa.

Casa.

Otra vez esa palabra, aunque él no la hubiera dicho directamente.

Elena tragó saliva.

Porque podía verlo intentando contenerse.

Intentando ser paciente.

Intentando darle una salida.

Y eso la hacía querer acercarse más.

Qué terrible idea.

—Esto puede salir muy mal —susurró.

James la observó durante un largo instante.

—Sí —admitió finalmente—. Pero también podría salir muy bien.

Y honestamente, Elena no sabía qué posibilidad le daba más miedo.

El resto del día transcurrió en una tensión extraña y silenciosa.

No incómoda.

Peor.

Demasiado consciente.

James salió un par de horas para “darle espacio”, aunque ambos sabían que probablemente también necesitaba respirar un poco lejos de ella. Elena intentó trabajar desde el comedor, pero pasó más tiempo leyendo la misma línea veinte veces que haciendo algo productivo.

A las siete de la tarde escuchó la puerta abrirse.

—Traje provisiones —anunció James.

Elena levantó la vista de la laptop.

Él sostenía dos bolsas de supermercado y una expresión sospechosamente casual.

—¿Qué clase de provisiones?

—Las emocionalmente saludables.

—Eso no responde nada.

James dejó las bolsas sobre la barra de la cocina.

—Helado, pizza congelada y demasiadas palomitas.

Elena entrecerró los ojos.

—¿Demasiadas?

—Compré tres sabores.

—Psicópata.

—Visionario.

Ella intentó no sonreír.

Fracasó un poco.

James la observó notar la sonrisa y algo en su expresión se suavizó inmediatamente, como si hubiera estado esperando ese pequeño gesto todo el día.

Y ahí estaba otra vez ese problema ridículo:

él parecía feliz simplemente porque ella no estaba huyendo.

—También pensé… —empezó él, abriendo el congelador— que podríamos hacer algo tranquilo esta noche.

Elena dejó la laptop a un lado.

—¿Tranquilo cómo?

James se encogió de hombros sin mirarla directamente.

—Ver películas. Aquí. Como siempre.

Como siempre.

Excepto que nada se sentía igual ahora.

Elena debería haber dicho que no.

Debería haber puesto distancia.

Debería haber tenido aunque fuera una decisión emocional inteligente en las últimas veinticuatro horas.

En lugar de eso preguntó:

—¿Quién elige la película?

James levantó una ceja.

—¿Estamos negociando términos?

—Necesito control en algún aspecto de mi vida.

—Entendible.

Sacó una caja de pizza del congelador y la levantó ligeramente.

—Acepto tus condiciones.

Una hora después, estaban instalados en el sofá con mantas, pizza y una discusión absurdamente intensa sobre qué película ver.

—No quiero ver algo triste —declaró Elena.

—Eso reduce el cine a aproximadamente cuatro opciones.

—Tampoco algo de acción donde explotan edificios cada ocho minutos.

—Qué difícil eres de complacer.

—Tengo estándares.

James soltó una risa baja mientras navegaba entre títulos.

Elena lo observó de reojo.

La luz del televisor iluminaba parcialmente su rostro; llevaba otra vez ropa cómoda, el cabello despeinado y esa expresión relajada que siempre hacía que el departamento se sintiera más cálido.

Demasiado doméstico.

Demasiado peligroso.

—¿Qué? —preguntó él sin apartar la vista de la pantalla.

Elena parpadeó.

—Nada.

—Me estabas mirando.

—No estaba—

James giró finalmente la cabeza hacia ella, claramente divertido.

—Mama.

Ella tomó una palomita solo para tener algo que hacer.

—Elige la maldita película.

Él sonrió lentamente.

Victoria absoluta en esa expresión.

Finalmente terminaron viendo una comedia ridícula que ambos habían visto al menos cinco veces.

A mitad de la película, Elena ya tenía las piernas recogidas bajo la manta y la cabeza apoyada contra el respaldo del sofá.

Y James estaba demasiado cerca.

No tocándola.

Solo cerca.

Como si estuviera esperando permiso incluso para respirar en su dirección.

Eso debería haberla tranquilizado.

En cambio, la hacía hiperconsciente de cada centímetro entre ellos.

En pantalla, un personaje empezó a dar un discurso dramático y completamente exagerado sobre el amor verdadero.

James resopló.

—Si alguna vez hablo así, por favor elimíname de inmediato.

Elena soltó una risa genuina.

—No te preocupes. Tengo métodos.

—Qué alivio.

El silencio regresó después, pero esta vez fue cómodo.

Fácil.

Y quizá por eso Elena bajó la guardia lo suficiente para no darse cuenta de lo cansada que estaba hasta que su cabeza se inclinó lentamente hacia un lado.

Terminó apoyándose contra el hombro de James.

El instante ocurrió tan natural que tardó dos segundos completos en procesarlo.

Se tensó inmediatamente.

—Perdón.

Intentó apartarse, pero James habló antes.

—No lo hagas.

Su voz salió baja.

Suave.

Elena levantó apenas la mirada.

Él ya la estaba mirando a ella.

No a la pantalla.

A ella.

Y había algo tan abierto en esa expresión que de pronto respirar se volvió un trabajo complicado.

—¿Sigues intentando ser inteligente? —preguntó James casi en un murmullo.

Elena debería haber dicho que sí.

De verdad debería haberlo hecho.

Pero, todavía apoyada contra él, terminó sonriendo apenas.

—Creo que me estoy cansando un poco de ser inteligente.

Elena vio de reojo como el pene de su hijo crecía en sus pantalones

— tienes que prestar atención a la pelicula te la estas perdiendo— dijo Elena mientras empujaba suavemente a su hijo.

— mis pantalones me incomodan un poco y no estoy seguro de poder concentrarme— dijo James con un tono seductor.

Recomiendo que vayas al baño para poder desahogarte, un brillo audaz paso por los ojos de James, no es necesario solo tengo que quitarme los pantalones de un rápido movimiento James se quito los pantalones antes de que su madre pudiera reaccionar.

— Que grande— Elena soltó antes de si quiera pensar que es lo que estaba diciendo ayer solo había podido sentir el gran pene de su hijo pero ahora incluso con la ropa interior puesta puede notar lo mucho que su hijo había crecido, Elena podía sentir claramente como se le hacia agua la boca.

— Te gusta lo que vez— dijo James con una sonrisa arrogante mientras lanzaba sus pantalones lejos

—si… las explosiones de la pelicula sin gigantes— menciono Elena mientras intentaba no ver el pene de su hijo, Elena juraría que podía verlo palpitar detrás de la tela.

La sonrisa de James desapareció pero no la malicia en sus ojos, se sentó lo mas cerca que pudo de su madre mientras fingía que empezaba a ver la televisión con ella, entonces el agarro la mano de su madre y la coloco en su muslo mientras el todavía la sostenía.

— James…. por favor compórtate —dijo Elena casi como un susurro, su mano le estaba quemando no sabia si era la piel de su hijo o la suya que la que estaba en llamas, pero tenia que admitir que esta situación le comenzaba a emocionar, sobre todo entre sus piernas podía sentir como su vagina empezó a producir líquidos y sus pezones se estaban poniendo cada vez mas duros.

— en serio quieres hacer esto— dijo Elena

—estas seguro de que no te vas a arrepentir— Elena le dijo a su hijo mientras su mano pasaba de su muslo a sobre su pene.

— mama jamás me arrepentiría de vivir esta experiencia contigo— Dijo James con el corazon a mil por hora, probablemente tu te arrepentirás de estar conmigo ya que todavía soy virgen.

— creo que te estas confundiendo jovencito, esto solo es una clase igual a la de ayer— dijo Elena mientras introducía su mano dentro del bóxer de su hijo y comenzaba a acariciar su pene, esto es algo normal entre madre e hijo te recuerdo que tu me pediste ayuda para salir con mujeres y yo como buena madre te estoy ayudando, la mano de Elena empezó a aumentar la velocidad, pero si no quieres que te enseñe entonces pararemos aquí, con un rápido movimiento Elena saco su mano del bóxer de su hijo y se disponía a marcharse.

James quien apenas podía entender lo que esta pasando se apresuro a tomar la mano de su madre —esta bien, si lo quieres llamar clases yo no me opondré—

¿si lo quiero llamar clases? respondió Elena esto solo puede ser una clase soy tu madre, no tu novia, no tu amiga ni una conocida, tu MADRE dijo Elena en un grito.

— nosotros dos no podemos tener ningún tipo de relación que no sea esa — Elena se iba ir a su cuarto pero escucho la voz de James con un tono seguro de si

—esta bien, solo serán clases, acepto tus condiciones, no esperare mas—

cuando terminen estas clases, tu buscaras novia y nunca mas hablaremos sobre este tema

—me parece bien — dijo James ¿Cuándo terminaran?— pregunto James

— cuando puedas enamorar a una mujer o yo determine que ya no serán necesarias, seras puesto a evaluacion despues de tus clases— Elena que aun no se volteaba a ver a su hijo hablo con voz firme.

— ¿cuando empezamos?— pregunto James

— aceptas todo lo que te e dicho— pregunto Elena

— si, acepto todo — dijo James

— entonces, empezamos ahora— dijo Elena con una sonrisa.

— vamos a tu habitación— Elena soltó un suspiro

— ¿es esto correcto?— Pensó Elena

— cierra todas tus ventanas — Elena también cerro la puerta de la habitación de su hijo aunque vivieran solos .

James escucha con atención , sabes que no me gusta repetirme —dijo Elena

la clase en esta ocasión será una probada del futuro solo por esta vez te dejare llegar al final pero en las siguientes clases como ya te había comentado se te evaluara con algunas pruebas, estas pueden ser académicas o cualquiera que yo considere pertinente si fallas esto se acaba, si no me obedeces y me sigues respetando como tu madre esto se acaba, quiero creer que esto queda entendido le dijo a Elena a su hijo con el tono mas autoritario que pudo.

—por supuesto madre, será como tu dices— James dijo sin dudar.

James que tenia el pene duro como roca y que aun no se creía que su madre haya accedido a seguirle el juego hubiera aceptado cualquier cosa con tal de volver a tocar a su madre

Elena que también estaba ansiosa por iniciar solo se limito a empujar a su hijo a la cama y ella se empezó a quitar la blusa, antes de que se pudiera arrepentir le dijo a su hijo

James ven empezaras por lo básico en mi quítame el sostén

—no se como—James admitió avergonzado

Elena se rio de la cara de su hijo, es por eso que vamos a hacer esto para que aprendas, es fácil en mi espalda veras el seguro de mi sostén, algunos los tienen enfrente en el área de los senos pero en este caso es a mi espalda, lo único que tienes que hacer es acercarte y liberar el seguro no es nada complicado,

James algo nervioso siguió las instrucciones de su madre aunque tardo unos minutos mas de los hubiera querido logro liberar los grandes pechos de la prisión de tela

— cuando quieras quitar un sostén es preferible que estés besando a tu chica eso ayuda a calmar el ambiente— dijo Elena.

—antes de que empieces a tener ideas raras eres mi hijo no voy a besarte — Elena le dijo a su hijo con un tono que no dejaba espacio a la duda

—esta bien— en ese momento no le importaba a James que esta hipnotizado por los pechos de su madre.

Los pechos de Elena colgaban sobre la cara James y al verlo con esa expresión en su rostro Elena tomo valentía y aprovecho el impulso a quitarse el pantalón y las bragas al mismo tiempo, el pene de James ya no podía mas y solo podía rogarle a su madre que lo ayudara

— mama por favor — necesito que me ayudes con mi pene seré un buen hijo pero hazlo rápido por favor, la voz de James sonaba entre suplica y excitación

—James, acomódate en la posición que te sientas mas cómodo

sin perder tiempo James obedeció a su madre y se sentó en la orilla de la cama.

anoche no pude ver bien su pene por la oscuridad que nos rodeaba pero ahora puedo decir con total seguridad que es hermoso

Mis manos agarraron su pene puede escuchar un pequeño gemido de James en el momento en que lo hice eso solo hizo aumentar mi excitación y lentamente comencé un movimiento de arriba hacia abajo, lento y suave quería que James disfrutara de su primera vez

—¿Te gusta como muevo mi mano, James?— dijo Elena

—¡Oh!, sí lo haces mejor que yo—

—Es grande y largo justo como me gustan—

—dime James, quieres que mama te enseñe algo que te va a gustar— le dijo Elena a su hijo con una mirada tierna

— no tienes que preguntar, por supuesto que si— dijo James absorto en el placer

— ese es mi chico— entonces sumergí mi boca sobre todo su pene y deje que mi lengua acariciara suavemente con su glande, estaba muy sencible asi que empece a aumentar la presion de mi boca poco a poco.

—madre sigue— mas fuerte por favor

Podía sentir como su pene palpitaba en mi boca, succionar el pene de mi hijo hacia que mi vagina goteara como un rio, empece a succionar con mas avidez y ver a mi James retorcerse de placer era algo único

—Tienes un gran pene vas a volver locas a las chicas—

— por favor no pares, sigue — dijo james a punto de venirse

—¿sabes? creo que me gusta escuchar como suplicas por la boca de tu madre

— te suplico déjame venirme—

por supuesto no me gusta ver a mi hijo sufrir ,comencé a aumentar el ritmo de mi succión tratando de engullir todo su pene. pude escuchar como la respiración de James se aceleraba y empezaba a gruñir

— mama me voy a venir, apártate— antes de que James intentara quitarme sostuve su pene en mi boca y empecé a succionar lo mas fuerte que puede no iba a permitir que la descarga de mi hijo se desperdicie entonces lo escuche un gruñido bestial y el sabor de su magnifico semen llenando mi boca saboreé fascinada el exquisito néctar fresco de mi hijo directamente de su pene. Rápidamente toqué mi clítoris velozmente mientras lo masturbaba para intentar correrme con el pero el orgasmo de James termino antes, una parte de mi quedo un poco decepcionada pero no duro demasiado al ver que la juventud de James le otorgaba una virilidad enorme, su erección no disminuía del todo

— mama, se que dijiste que solo seria hoy, pero el día aun no se acaba y yo quiero un poco mas—

Mi calentura tampoco disminuía, la madre dentro de mi me decía que esto estaba mal que debía de actuar como el adulto en la casa y parar esta locura pero mi vagina inundada en mis líquidos no se quería conformar con un orgasmo simple hecho con mis dedos la picazón en mi coño solo aumento y como mujer quería a gritos el pene de mi hijo dentro de mi,

 

— solo será una vez— pensó Elena

— mi amor, solo esta vez llegaremos al final, ¿estas de acuerdo?— le dijo Elena a su hijo mientras se levantaba y se subía a ahorcadas sobre su hijo

— cuando dices llegar hasta el final te refiere a que,¿ tendremos sexo? James no pudo ocultar la emoción en su voz, el quería llegar hasta el final pero quería que su madre se lo confirmara

— si, pero solo será hoy no esperes que se repita después recuerda que solo te estoy ayudando para que mejores tu relaciones con las mujeres—

— no creas que yo te deseo, solo lo hago para ayudarte sin otro motivo— entonces ¿Quieres continuar? pregunto Elena mientras se metía un dedo en su vagina y con otro de los que le quedaban libres se acariciaba el clítoris.

— no tienes que preguntar — dijo James sabes que si quiero, sin perder tiempo Elena miro a los ojos a su hijo y se incrusto el gran pene de su hijo dentro suyo

— ES GRANDIOSO— el gemido que soltó la madre sobre el pene de su hijo resonó por toda la habitación, las caderas de Elena empezaron un vaivén errático, como una madre devota Elena quería preservar cierto decoro pero el gran pene de su hijo le hacia querer moverse como una desquiciada dejando la vergüenza colgada, Elena se dejo llevar y empezó a subir y bajar sus caderas sobre el regazo de su hijo primero lento pero con el pasar del tiempo dejo te contenerse y empezó a follar a su hijo cada vez mas duro, saltando sobre James empujando su pene lo mas adentro que pudiera

— James eres fantástico— tu pene es el mejor que haya probado los gemidos de Elena seguían inundando la habitación, sus fluidos escurian por sus piernas y hacia que el sonido del pene de su hijo chocando con su coño la excitara mas.

— Mami esta disfrutando de tu pene, mi amor dime que todavía puedes durar mas—

— por…supuesto— James estaba cerca del limite pero sabia que hacerlo bien ahora le daría mas oportunidades con su madre en el futuro

Elena cerro los ojos y se dejo llevar pero no era suficiente sus pezones estaban necesitados de atención

—mmm James, cariño puedes chupar los pechos de mami— Elena se acomodo tocado la pared y acerco sus pechos a su hijo, quien sin dudar se lanzo a chupar los enormes pechos de su madre, utilizando todo el conocimiento que tenia del porno James ataco los pechos de su madre y no dejo área sin probar, con sus manos amasaban el pecho que quedaba libre y así iba alternando.

Los gemidos de Elena crecieron y ella sabia que un fuerte orgasmo estaba tocando la puerta, entre los mordiscos de su hijo a sus pechos y su gran pene destrozándole la vagina, Elena decidió dejarse llevar abrió los ojos y encontró los de sus hijo devolviendole la mirada,eso hizo que su coño se apretara aun mas sobre el pene de su hijo arrancándole un profundo gruñido de la garganta.

— OH,SI JAMES, mami ya se viene

—yo también, mama ya estoy por terminar, quítate me voy a venir dentro de ti—

—solo un poquito mas James, aguanta mami ya esta por venirse—

— se un buen hijo y dale un orgasmo a tu mami ya estoy por venirme— Elena quito la manos de la pared y las puso sobre los hombros de su hijo acelerando los movimientos de cadera

— mama, ya no aguanto—

— esta bien, puedes hacerlo adentro, mami recibirá tu semen—

con unos apasionantes movimientos de cadera que un novato como James podía soportar la cachonda milf, apretó los muslos sobre su hijo y con un profundo movimiento de cadera final ambos se vinieron al mismo tiempo

el cuerpo entero de Elena empezó a estremecerse sentir como su hijo la llenaba le causo otro orgasmo seguido.

Al terminar el calor en el coño de Elena bajaba, su moral volvía, la culpa empezó a atormentarla

— como pude tener sexo con mi propio hijo—

— me volví loca—

James se percató de mi lucha interior, intento decirme algo, pero yo hable primero

— esto es todo por hoy, necesito pensar me voy a mi habitación y no quiero que te acerques a ella—

— mañana hablamos— la madre sentencio y se fue corriendo a su habitación.

Amando la vida con mi hijo

Amando la vida con mi hijo I