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«Todo queda en familia»

Fue la lánguida conclusión de mi papá cuando nos vio a Ángela y a mi llegar de una disco, atorados de la risa y muy enamorados.

Si muchachos, Ángela está feliz, mi ahora esposa encontró la felicidad, luego de un periodo de viudez y de soportar a un abusador y maltratador.

Hemos hecho DE TODO en materia sexual, ella mi maestra y yo, su único y más avanzado alumno.

Solo hay un tema tabú en nuestra relación, le propuse sexo anal, y se negó rotundamente, su primero y difunto esposo la forzó y le ocasionó un desgarro que la tuvo con medicamentos por un par de semanas. No podía ir al sanitario sin sentir dolor intenso, conclusión? el sexo anal está, o estaba prohibido en nuestra relación de pareja.

Nos enviamos fotos, ella desde la casa y yo desde mi oficina de auxiliar de un abogado.

Videollamadas calientes, videos hot, fotos muy explícitas, ella está explorando lo que por mucho tiempo no había podido y está exultante de la dicha, luego llego a casa y rogamos que caiga pronto la noche, que los niños se vayan a dormir, para darle rienda suelta a nuestra pasión y amor contenidos.

Está bellísima, radiante, no puede salir a la calle sin recibir una avalancha de piropos, halagos y hasta comentarios vulgares por cuenta de los fulanos que se encuentra en el camino. Yo estoy tranquilo, la manera en como se entrega a mí en cuerpo y alma en nuestro rinconcito de amor, me dan la paz que yo necesito.

Una noche de viernes salimos a bailar y a cenar, aprovechando que ya los niños se defienden solos, es un espacio que fortalece nuestro amor, y al menos dos veces al mes nos tomamos ese tiempo para hacer diversas actividades. Obviamente, el motel está dentro de esos tiempos de solaz. En nuestra alcoba, estando acostados, me dijo:

A- «Te amo, mi amor!»

Yo- «Y yo a tí, lo sabes!»

Cuando ella me declara su amor, que es muy frecuente, me basta meter la mano en su pantaleta y confirmar mis sospechas, está muy húmeda, hinchada y abierta como una flor en primavera, ya sé lo que quiere. Y sin demora, la hago mía, mientras ella disfruta sentirme dentro suyo.

A veces me sorprende enviándome fotos o videos, completamente desnuda, dándose amor y pronunciando mi nombre, eso me prende, y el tiempo en la oficina me parece eterno.

Me encanta la manera en la que me despierta, con una deliciosa mamada o metiéndome una de sus ricas tetas en la boca, solo hacemos una pausa cuando está en su periodo, tiempo que aprovecho para recuperar fuerzas y poder estar dispuesto para cuando ella me necesite.

Tenemos una carpeta privada con videos, fotos y audios de los dos, que no tiene nada que envidiarle a ningún portal porn* de internet.

Pero lo que me enamoró completamente, fue una noche, momentos antes de hacer el amor:

A- «¿En verdad me amas como me lo dices a cada momento?»

Yo- «Con toda mi alma, y lo sabes!»

A- » ¿Qué estarías dispuesto a hacer por mí?»

Yo- «Lo que me pidas!»

A- «¿Seguro?»

Yo- «Completamente seguro!»

En ese momento, saca un frasco de gel lubricante del cajón de la mesita de la lámpara…

Yo- «No necesitas lubricante, te mojas mucho y muy rico cuando te penetro!»

A- «¿Quieres algo que tengo guardado solo para tí?»

Yo- «Todo lo que venga de tí me encanta…!»

A- «Cierra los ojos solo un momento.»

Se levanta de la cama y me pide que los abra.

A- «¿Te gusta?»

Luce un conjunto de lencería negra, que resalta el tono blanco de su piel de porcelana.

Yo- «Me encanta, te ves preciosa!»

A- «Eso no es todo…»

El cachetero del conjunto se ve a calzas prietas para sostener el hermoso culo, pero adicional, trae una abertura atrás, que deja descubierta la línea que separa los dos cachetes.

A- «¿Te quieres comer esto?»

¡No lo podía creer!

A- «Quiero pedirte algo…»

Agacha su mirada, se ve nerviosa, se ruboriza, entrelaza sus blanquitos dedos y le tiembla la voz cuando me dice:

A- «Quiero que me hagas el amor por detrás…»

Hubo necesidad de que me lo repitiera, me tomó por la más deliciosa sorpresa…!

A- «No quiero dejar nada de lo que tengo para negártelo, no quiero que haya nada que nos separe…!»

Toda ella temblaba, no del frío sino de la excitación, su voz quedita, sus mejillas ruborizadas, sus ademanes de niña mimada, todo me volvía loco.

Nos besamos apasionadamente, como si ese fuera nuestro último beso, nos devoramos las bocas, con esa hambre que solo los que estamos en esa situación entendemos.

Yo- «Voltéate…!»

A- «¡No! Déjame a mí, quiero hacerte feliz, no hagas nada, déjame a mí sola…!»

Quedé impactado, desconocí por un momento a la mujer adulta con aires de niña, que ahora se comporta como una hembra en todo el sentido de la palabra.

Su mano se apoderó de mi rígida estaca y con su lengua empezó un recorrido, primero por la roja cabeza, luego descendió por el venoso tronco, los hinchados huevos no se libraron de ese excitante recorrido lingual, la dejé hacer, esa mamada me estaba llevando al nirvana y ella lo sabía, la calma con la que lo hacía era deliciosa, pero desesperante, yo quería clavarla ya, pero por toda respuesta, empezó a girarse, hasta quedaren posición inversa, subió una de sus piernas y me dejó a la vista su culo y su exquisito coño, la ideas era clara, un 69 apropiado para lo que venía, no tuvo necesidad de decirme, me comí ese manjar, con manos, lengua, uñas, dientes, dedos, con todo lo que tenía a mi mano.

Sus gemidos de placer me sacan de onda, y se come ese garrote con ansias locas, mientras me bebo sus jugos que brotan a raudales de esa provocativa fuente hecha de labios gruesos y dulces como la miel.

Perdimos el control, fueron varios minutos de frenesí, devorándonos y mojando nuestros sexos. como poseídos. Un par de orgasmos de Ángela, provocados por mi boca, me pusieron en el sitio añorado por un hombre, al lado de una mujer cachondísima.

Fiel a su mandar, dejo que sea ella la que tome el control, se siente maravilloso ver a una mujer que te desea como macho y te lo demuestra. Jadeantes, respirando con dificultad y sudorosos, nos tomamos unos minutos para recuperar el aliento y seguir adelante.

Se recuesta boca abajo en la cama, la pronunciada curva de su maravilloso culo resaltaba a la luz de la luna que entraba por la ventana.

Toma el frasco de lubricante, y boca abajo como estaba, empieza a aplicarse en cantidades generosas, hunde sus dedos, buscando que el espeso líquido ingresara profundamente.

La redención de un ángel

La redención de un ángel I