Somos un matrimonio de apenas unos años de casados, mi esposo tiene 30 años y la verdad que no me puedo quejar, es lindo, tiene mucho dinero, ya que tiene un puesto muy alto en una empresa internacional y tenesmos sexo al menos 4 o 5 veces por semana.

Si hay algo de lo que me puedo quejar, es del tamaño de su verga. No es corto, sino tirando a largo, debe medir unos 17 o 18 centímetros, pero es finita…

Yo soy una mujer de 30 años, coqueta, con un físico de locos, que trabajo en el gimnasio a diario de lunes a viernes religiosamente, y me encanta que todos me lo digan. Tengo unas tetas grandes pero para nada caídas, y un culo bien duro y parado.

Me encontré una mañana de verano sola en casa. Sali a la piscina de mi casa a tomar el sol y darme un baño.

Estando en la reposera medio dormida, note movimiento en los setos que separa mi parcela con la del vecino. Me incorpore mire y no vi nada, pero seguí notando la presencia de algo o alguien. Debo decir que en mi piscina no se ve nada ni a nadie y solemos tomar el sol desnudos siempre, tanto mi esposo como yo.

Mi marido Diego me llamo por teléfono esa tarde y hablamos un rato. Él se encontraba de viaje en Abu Dabi por trabajo, la conversación se puso caliente ya que hacía varios dias que se marchó.

Yo me excite mucho, mi marido me dijo que debía colgarme ya que tenía cerca a un compañero y que jugaríamos a través de WhatsApp.

Diego: ve a buscar algún juguetito.

Yo_ ¿cuál quieres?

Diego: Sorpréndeme.

Entre a la casa y tomé mi cajita del placer, luego volví a la reposera de la piscina.

Yo: Listo cariño, ya tengo en mis manos la cajita del placer.

Diego: Tócate un poco y metete las bolas chinas.

Me acaricie la vagina con la mano y tome las bolas, una a una me las introduje… con las 4 bolas llenando mi vagina, me hice una foto y se la envié.

Diego: Si cariño, que bueno, me encanta.

Yo: ¿Te gusta cabron?

Diego: Si, me gusta mucho zorra, lubrica tu culo y metete el dildo.

Tomé el lubricante de fresa y lo desparramé en mi mano, me lo restregué en el ano e introduje un dedito en mi culo, llenándolo de lubricante. Todo esto lo estaba haciendo a 4 patas sobre la reposera.

Tomé el dildo y lo unté en lubricante, y poco a poco me lo introduje en mi culito. Lo mismo que antes, le tomé una foto y se la envié.

Diego: Dios… que puta eres, me encanta que seas así.

Yo: ¿Te gusta cabron?, quiero una pija en mi boca ya, la necesito con urgencia.

Diego: Esta es toda tuya – contesto mandándome una foto de su pija empalmada.

En 4 patas me gire y me tumbe levantando las piernas y empecé a acariciarme la vagina y a sacar y meter el dildo de mi culo, grabándolo todo, para poder enviárselo después a mi marido.

Diego: mmmmm como te lamería la vagina ahora.

En ese momento alcé la cabeza y vi a mi vecino mirar separando los setos. Mi vecino es Carlos, tiene unos 42 años, es bajito, 160 debe medir aproximadamente, regordete unos 95 kilos, canoso con bigote.

Yo: El vecino está mirándome entre los setos de la medianera.

Diego: Ahí tienes tu pija entonces, aprovéchala.

Yo: ¿Estás seguro?

Diego: Si, pero grábalo. Quiero ver lo que pasa.

A mí la verdad nunca me había llamado la atención mi vecino, que es amigo de mi esposo desde hace varios años, pero estaba ansiosa de verga después del calentón, además aun estaba con los juguetes en mi vagina y culo.

Coloque el móvil en modo grabar. Me incorporé y me puse mis sandalias de tacón, me acerqué hacia los setos. Tomé el bote de aceite corporal y me senté en el suelo, a escasos 2 metros de los setos, justo frente a mi vecino, abri las piernas para dejarle ver bien mi vagina y empecé a derramar aceite por mis pechos… me la restregué bien por todo mi cuerpo, vagina incluida.

Carlos no paraba de mirar.

Yo: ¿quieres pasar Carlos?

Al principio se quedó inmóvil, quizás no habría escuchado, o quizás simplemente no le interesaba que lo descubriera. Luego de unos segundos, con sus manos separo los setos y de mala manera consiguió entrar a mi parcela. Llevaba un bañador ajustado y corto, en el que se le notaba claramente su verga erecta.

Se acerco y se colocó frente a mí, le baje el bañador, dejando al aire la gorda pija, que si bien es algo más corta que la de mi esposo, era mucho más gorda. Sin mediar palabra, me agarró la cabeza y me la metió en la boca.

Carlos: Chupa cariño chupa.

Su verga me llenaba la boca. Jugué con su glande con mi lengua y le comí los huevos, mientras se masturbaba y yo hacía lo mismo con mis manos.

Carlos: Para que si no me corro. Gírate – dijo, colocándome a 4 patas.

Agarro el dildo y la cuerda de las bolas, y los saco poco a poco al mismo tiempo. Con el dildo fuera y las bolas a medio sacar, metió su lengua en mi ano.

Yo: Aaaaah mmmmm Siiiiii cabron Siiiii. – Gemí corriéndome en su boca.

Termine de correrme y lamio bien mi vagina, saboreando mis flujos. Yo me metí las bolas chinas de nuevo. Tomé el lubricante y me lo unté en el culo.

Yo: Metela por favor. – Dije entre gemidos de placer.

Se coloco detrás de mí, y noté su verga apretar en mi ano. Gluuup, noté como entro de golpe su glande.

Carlos: Ya está adentro puta ¿te gusta?

Yo: Siiii Aaaaah, despacio. – Gemí sacando y metiendo las bolas chinas en mi abierta y chorreante vagina.

Siguió apretando con fuerza, hasta sentirla totalmente adentro. Empecé a moverme yo despacio marcando un ritmo suave.

Él se quedó quieto, me dejaba a mí moverme.

De pronto, en medio de la enculada que mi vecino me estaba pegando, sentí ruidos nuevamente entre los setos, levanté la cabeza para tratar de ver quien era.

Yo: Carlos creo que hay alguien en los setos mirándonos.

Se giró y miró.

Carlos: Tranquila, es Blanco (su perro, es un dogo mezcla con mastín), un perro enorme…

El can se abrió paso por los setos hasta llegar a nosotros.

Empezó a olisquearme.

Carlos: Quieto Blanco.

Mientras tanto, yo seguí mi movimiento de caderas. Carlos me agarraba fuertemente de las caderas y empezó a moverse cogiéndome duramente el culo.

Yo: Siiii otra vez Siiiiii. Empecé a correrme de nuevo, sacando las bolas chinas por completo de mi vagina.

Blanco se acercó de nuevo, y pegó su hocico a mi vagina. Note su larga lengua darme lametones en mi raja, que placer.

Yo: Aaaaah Siiiiii aaaaaaaaa. Me corrí seguidamente de nuevo.

Carlos: Blanco, ¡quítate de ahí!

Yo: No, no, no… sigue Blanco sigue – Dije agarrándolo y acariciándole la cabeza mientras me corría.

Giré la cabeza mientras me corría, y pude ver como asomaba chorreante la enorme verga rojiza de Blanco, y como con su mano Carlos empezó a sacársela entera hasta la bola. Blanco chorreaba un líquido transparente.

Carlos saco su verga de mi culo y se acercó hacia mi cara para metérmela en la boca. Empezó a cogerme la boca, agarrándome de la cabeza. Me dio varias cachetadas en las nalgas.

Blanco se me acercó por detrás y se subió sobre mi espalda. Pude notar como su polla dura golpeaba sobre mis nalgas buscando mi vagina con su verga. En una de esas, la sentí entrar dentro de mi cuevita y empezó a acelerar sus embestidas.

Yo: mmmmm aaahhhh mmmmm. Me corrí de nuevo sin pensar que un perro me estaba culeando.

Empecé a notar como se hincho dentro de mí, lo que provoco alargar mi orgasmo como una perra.

Carlos: Muy bien chico, Cogete a tu perra. Parece que le gusta mucho que la poseas.

El perro empezó a correrse dentro de mi vagina, llenándome literalmente semen canino junto con su gran miembro. Blanco se frenó jadeando con la lengua fuera y se giró, poniendo su culo con mi culo.

Yo: aaaaahh me corro. – Grito Carlos corriéndose en mi boca.

Yo succione con fuerza tragándome su espeso y caliente semen y moviéndole los huevos con la mano.

Blanco empezó a tirar para sacármela y me hacía daño.

Carlos tomó agua de la piscina y la echo sobre nuestros culos. Y note como se deshincho y saco la verga de repente el can.

Caí rendida y agotada a el suelo, y Blanco acerco su hocico a mi vagina y empezó a lamerlo con ansias, para comerse su semen y mis flujos durante un ratito.

Eso provoco otra fuerte corrida en mí, ahí tumbada en el suelo, emanando semen canino de mi vagina.

Al terminar, Carlos tomó a Blanco y se marcharon, dejándome tirada en el suelo como a una perra usada por ellos. Entré a darme un baño. No pare de pensar en que me había cogido un perro, y la verdad no me sentía mal, ni mucho menos.

Todo lo contrario, su enorme verga, sus movimientos ultra rápidos y la cantidad de leche que me dejó adentro, me hicieron sentirme su perrita, y en el fondo, eso era lo que más me había gustado de todo esto.

El video no se lo enseñe a mi esposo ya que ese era mi caliente secreto, y Blanco seria mi amante a partir de ese momento.