Mi memoria, siendo apenas un niño, me lleva al momento de ver a mi madre, levantándose del piso, chorreando sangre por boca y nariz, producto del golpe propinado por mi cobarde padre, cuando ella, al parecer, se negó a tener intimidad con él al verlo sucio, borracho y oliendo a perfume femenino de baja calidad.
Luego la veo salir de prisa, con una maleta improvisada, y con mi pequeño hermano, con rumbo desconocido.
Los años siguientes repitieron el mismo patrón, padre borracho, golpeándome bajo cualquier excusa y luego quedar profundo en su cama, inconsciente del mal que causaba bajo los efectos del licor. Evadía con violencia a la pregunta por el retorno de mi mamá.
No le volví a preguntar, ya sabía la respuesta.
Una denuncia ante la policía, hecha por la señora encargada de mi cuidado, le puso fin por mucho tiempo a los atropellos.
Ángela es un chica vendedora de calle, la conozco hace algún tiempo, es la que vende golosinas y preparados a la salida de mi colegio, viuda apenas con veinte años, madre de una niña de dos años y similar a ella, parecen dos gotas de agua, cabello color caramelo, ojos color miel, piel de porcelana blanca, Ángela es de cuerpo algo rellenito, lo que le aumenta su atractivo, es de mediana estatura y tiene una sonrisa perfecta.
A punta de halagos y regalos baratos, mi papá logró conquistar su noble corazón, viniendo a vivir con nosotros a los pocos meses.
Con mis diez años, pude volver a sentir el calor de un hogar, una comida digna y deliciosa, y mi ropa en perfecta limpieza. Además de la compañía de una hermanita que no tuve.
Mi papá dejó la bebida y se preocupaba por su apariencia, ella quedó embarazada muy pronto, no podía pedir más, a su vida llegó una mujer digna, y al parecer, se propuso cuidar de esta oportunidad que le daba la vida.
Fueron siete años de tranquilidad, yo la amaba y ella me demostraba lo mismo, fue como recuperar a mi ausente madre, Ángela es tierna, abnegada, una verdadera ama de casa trabajadora.
Fue de mucha ayuda para lograr culminar mis estudios.
Tuve que pasar unos pocos meses en casa antes de continuar mi formación académica, por lo cuál fui testigo de canalladas a causa de mi miserable papá.
El muy bruto aprovechaba que la niña y yo nos íbamos a estudiar, para llegar temprano y violentar de diversas maneras a Ángela.
Humillaciones, malos tratos, abusos, literalmente la violaba, pero el colmo fue un día que la intento golpear, yo con 17 años reaccioné, ya no me podía agredir, físicamente era más corpulento que él.
En medio del escándalo, ella amenazó con irse con los dos niños, pero yo ya no iba a permitirme quedar solo con el bruto, así que me interpuse y le dí a entender que ella no estaba sola y que tenía a un hombre de verdad que la iba a hacer respetar.
Mi papá se fue tirando un portazo y echando maldiciones.
Ángela me abrazó en gratitud, pero no todo quedó ahí. Ella, siendo de buena familia, fue educada para que nadie la maltratara. En cuestión de pocos días, traía en sus manos una citación para que mi papá rindiera versión por violencia doméstica, abuso sexual y maltrato psicológico… ¡Nadie esperaba eso!
Mientras tanto, tomó a sus niños y se fue a vivir a la casa de su hermana mayor.
Mi papá estaba abrumado, no solo perdió a una gran mujer, sino que estaba con un pie en la cárcel.
Perdí todo contacto con ella, fueron tres largas semanas, no me respondía llamadas ni mensajes, y había cerrado todas sus redes sociales.la iba a buscar pero nunca me dio la cara.
Pasado ese tiempo, el día de la audiencia, acompañé al bruto ese, no podía dejarlo solo por más que quisiera.
Ángela llegó en Uber sin mis hermanitos, pero acompañada de su cuñado, estaba bellísima, una completa reina, con una falda ancha un poquito más arriba de sus rodillas, cabello suelto, zapatos descubiertos, se le veían unos pies y unas piernas espectaculares, parecía otra mujer.
Tan pronto me vio, se abalanzó sobre mí y me dio el más delicioso abrazo y un beso en la mejilla, lo más rico me ha pasado en mi corta vida.
Su perfume me embriagó, y quedé de una sola pieza cuando me dijo: «Te he extrañado mucho!»
Luego de la audiencia, la juez fue clara: mi papá tenía prohibido acercarse a más de 500 metros a Ángela, mientras se dictaba sentencia definitiva.
Mi papá estaba devastado, por toda reacción, se fue a su trabajo, del que yo adivinaba el estado en el que iba a retornar.
Cae la noche, solo en esa casa, el fantasma de Ángela no se iba, mi cabeza era un mar de pensamientos locos.
Absorto en mis cavilaciones, ella me hace una videollamada, casi se me sale el corazón por la felicidad, es increíblemente hermosa, su voz es un oasis en medio de ese desierto, me saluda, sonríe y su boca es un manjar de lo perfecta que es.
Aunque muchas veces la vi en ropa de dormir, reconozco que es muy discreta y muy cuidadosa en su intimidad, sin embargo, esa noche estaba con una blusita corta junto a un short muy sexy, definitivamente es un monumento a la belleza, esas piernas y esas tetas son una tentación a pecar sin remordimientos.
En medio de la algarabía de mis hermanitos por verme, entre ella y yo se dio el siguiente diálogo:
Yo: «Te extraño muchísimo»
Ella: «Tú también me haces mucha falta»
Y: «Te pido perdón por el trato de mi papá»
A: «No te disculpes, eres muy especial para mí»
Y: «Siento que te debí haber defendido mucho antes»
A: «Hiciste lo correcto, no te puedes poner en contra de tu papá por causa mía»
Y: «Llévame contigo, no quiero vivir más acá»
A: «Cuando cumplas la mayoría de edad hablamos, mientras tanto, tu deber es acompañarlo»
Y: «¿No vas a vivir más con nosotros?»
A: «No, lo lamento, soy demasiada mujer para soportar maltrato de nadie»
La sentí firme y convencida, y a mí me faltaban tres largos meses para mi mayoría de edad, no me preocupaba mi papá, esta casa es suya y él está trabajando, así que solamente debía estar pendiente y de vez en cuando visitarlo.
No me equivoqué, llegó en deplorable estado, acompañado de una mujer, sin ninguna duda, trabajadora sexual, la delata el olor a perfume barato y su léxico vulgar.
La noche más larga de toda mi vida, los gemidos, los gritos y las vulgaridades fueron mi compañía en ese insomnio forzado.
Yo solo pensaba en Ángela, en sus piernas, su boca, su cabello, su voz, su presencia física, en la forma como llamó la atención de todos los varones de la sala de audiencias. Me sorprendí a mí mismo pensando en ella, no como mi madre, sino como en una mujer. Y me masturbé, delirando y repitiendo su nombre…
Continuará…