Cómo les cuento esto pasó al sur de México en plena juventud, cuando mi hermano mayor decidió casarse y vivir entre la familia. Mi cuñada era muy joven, de mi misma edad, con quince años. Ella tenía piel clara, lindo cuerpo, esbelta, de pechos grandes y buen trasero. Acostumbraba vestir de falda y blusa entallada.

Bueno, pasó el tiempo y un día mi cuñada salió embarazada. Fue cuando mi hermano se buscó un trabajo en la ciudad, porque vivíamos en un rancho donde no teníamos ni luz eléctrica. Bueno, como les cuento, mi hermano encontró trabajo de 24 x 24 horas: un día descansaba y uno trabajando. Así fue que mi cuñada se quedó sola.

Un día empecé a notar que mi cuñada me miraba muy sonriente y coqueta, pero no le ponía importancia. Hasta que un fin de semana mis padres salieron por la tarde a un convivio familiar. Yo sabía que llegarían muy noche y así sucedió.

Cuando empezó a anochecer, mis hermanos dijeron: “Juguemos lotería”. Contestó mi cuñada: “Lety, yo también juego”. Nos sentamos y mi cuñada quedó frente a mí. Cuando jugábamos, mi cuñada tocó sus pies con los míos y empezó a hacer cosquillas. Yo empecé a sentir un escalofrío que provocó mi erección. Traté de corresponder de la misma manera: levanté mi pie lentamente, tocando sus pies hasta llegar a sus piernas, y trataba de alcanzar su vagina. Ella trató de cerrar sus piernas, pero yo intenté hacer más caricias hasta que abrió sus piernas y dejó que tocara su vagina. Noté que ella se estaba poniendo cachonda porque se pegaba más a mi pie, presionando su vagina. Hasta que en un momento ella misma dijo: “Vamos todos a dormir”. Todos se levantaron y yo me quedé porque tenía una erección.

Cuando no había nadie, me fui a mi cama, pero pasé delante de mi cuñada. “¿Así te vas a dormir?”, me preguntó. Yo le aclaré que sí. Como usábamos pabellón por los moscos, yo siempre mantenía una lámpara de mano por si algún mosco entraba en mi cama. Esa fue la excusa de mi cuñada: “Préstame la lámpara, que se metió un mosco y no me va a dejar dormir, luego te la devuelvo”.

Bueno, yo me acosté en mi cama con ganas de hacerme una paja, pero traté de relajarme. Pasaron unos quince minutos y me estaba quedando dormido cuando escuché que alguien levantaba el pabellón. Era mi cuñada en sostén y su medio fondo. Dijo: “Traje tu lámpara, ya todos se durmieron”. Al mismo tiempo me agarró mi miembro sobándome. Al ver eso le dije: “Súbete a la cama”. No lo pensó dos veces, se acomodó sobre mi brazo izquierdo. Empecé a acariciar sus piernas y ella me empezó a jugar el pene. Yo hacía lo mismo hasta alcanzar su vagina. Metí mi mano tocando su cajita: estaba demasiado húmeda. Lo que hice fue quitarle su calzón, dejarla desnuda. Fue cuando ella me dijo: “No aguanto y quiero hacerlo”. Se me montó y de un chingadazo la tenía toda adentro. Solo me quedó viendo a los ojos y empezó a hacer movimientos de caderas lentamente. Su rostro cambiaba de placer. Yo estaba sintiendo lo rica que era mi cuñada haciendo el amor y que era con ella mi primera experiencia. Ella cada vez se movía más rápido, me abrazó, me dio un beso y dijo: “Cuñado, qué rico, lo estoy comiendo. La tienes grande. Ay, ay, ay, cuñado, dame tu leche, quiero que te corras adentro”. Yo ya no aguanté y me corrí. Ella decía: “Sí, sí, sí, cuñado, qué rico”. Luego se bajó, me dio un beso y me dijo en voz baja: “Vamos a mi cama, quiero más. Aprovecha que mis suegros no están”. Le contesté: “Adelante, cuñada, ve y espérame, ya voy”.

Cuando llegué, mi cuñada estaba acostada completamente desnuda. Cuando me acosté a su lado, empecé tocando sus lindos y hermosos pechos y acariciándola de arriba abajo. Mi cuñada hizo que mi pene se pusiera duro y dijo: “Súbete y cógeme porque tus padres no tardan”. Me abrió sus piernas dejando ver toda su vagina. Apenas tenía unos vellos. Se la dejé ir toda y cuando la tenía toda le di duro y moví su cadera. Tardé unos diez minutos y me volví a correr. Mi cuñada decía: “Cuñado, quiero que me folles cada vez que pueda ahora que estoy embarazada”.

Y así lo hicimos cada vez que mis padres y mi hermano no estaban. No perdimos tiempo, porque no esperábamos la noche. Solo que mis hermanos estuvieran entretenidos jugando y nosotros dentro de la casa echando un rapidín. Y así fue mi primera experiencia. Espero les guste.