Quiero por acá contar cómo fue mi vida sexual y lo que me atreví a hacer cuando experimenté el placer con otro hombre. Como muchos, esto inició un día de tragos cuando un primo (al que llamaré Y por la inicial de su nombre) y yo tuvimos un primer encuentro. Esto sucedió una noche cuando, después de varias cervezas, estábamos juntos orinando en el baño de la casa. Él apuntaba al WC y yo a la ducha, pero podíamos vernos los penes y el de mi primo estaba parado. Se veía grande y grueso y no sé qué me motivó a acercar mi mano para tocarlo. Él no hizo ningún gesto de rechazo y fue cuando le comenté: «¿Cómo puedes apuntar con ese bicho tan parado?». Jajaja. Él simplemente sonrió y volteó su cuerpo hacia mí, dejando su pene en mi mano. Por instinto comencé a sobarlo y a hacerle la paja. Él, apenado y todo, se dejó tocar y claro que fue recíproco, ya que él hizo lo mismo. Estuvimos un rato acariciando y masturbando uno al otro hasta que él acabó primero, llenando mi mano de leche. Aquella sensación fue suficiente para hacerme terminar. Quedamos súper bien ambos. Nos miramos y no dijimos nada, cada uno se lavó y salió del baño.
Al día siguiente mi primo Y fue a mi casa en la tarde. Mi mamá lo recibió y le dijo que yo estaba en el cuarto, así que él pasó directo y entró. Yo veía TV, pero cuando Y entró me vino a la mente lo que habíamos hecho y lo mucho que lo disfruté. Mi primo se sentó en la cama y nos pusimos a hablar de cosas sin importancia. Ninguno tocó el tema, hasta que mi mamá entró para decirnos que saldría y que nos dejó algo para comer y tomar en la cocina. Así que, cuando ella salió, se sintió todo tan calmado que ambos hicimos un comentario. Yo le dije que tenía el huevo muy grande y peludo y él me decía que mi huevo se paraba derechito… Así que nos sacamos los penes y nos los acariciamos al otro hasta lograr que se pararan. Yo le pregunté si le gustaba y me dijo que «sí». Él me preguntó lo mismo a lo que le respondí que «mucho». Recuerdo que le dije que acabara rápido pues no sabía cuánto tiempo mi mamá estaría fuera. Así que me mojé la mano con saliva y lo masturbé hasta que acabó y me llenó la mano de leche… De nuevo, cuando sentí su leche caliente acabé. Él se fue al baño a lavarse y yo lo hice en la cocina. Cuando regresamos al cuarto hablamos y quedamos en que a cada uno le gustaba el huevo del otro, así que cuando tuviéramos ganas lo haríamos. Ese día en la noche me hice la paja pensando en el huevo de mi primo.
Los días pasaban y cuando yo estaba solo en casa mi primo iba y jugábamos. Ya había mucha confianza, tanto que yo lo desnudaba y nos acariciábamos antes de hacernos la paja y acabar.
En uno de esos encuentros, mientras lo estaba masturbando, decidí mojar la cabeza de su huevo con mi boca. Así que me lo metí en la boca y comencé a mamarlo. Mi primo se sorprendió pero no dijo nada, así que se lo mamé hasta hacerlo acabar. Cuando estuvo a punto, cuando ya no podía más, lo sacó de mi boca y acabó en mi pecho. Fue la primera vez que sentí su leche caliente sobre mí y la verdad me encantó. Levanté mi mirada y le dije que estuvo muy rico. Yo me acosté y él me hizo la paja hasta que acabé sobre mi pecho y nuestras leches se mezclaron. Luego de lavarnos nos quedamos desnudos en la cama y hablamos de lo que estábamos haciendo y decidimos seguir, pero que haríamos mucho más.
Cuando estuvimos solos nuevamente nos desvestimos y esta vez nos mamamos los huevos uno al otro y se sintió genial. Tanto que, cuando él iba a acabar, no lo dejé sacarlo de mi boca y me tragué toda su leche. Su sabor me encantó. Él solo me hacía la paja, lo cual no me molestó ya que lo que quería era complacerlo a él. Ese día, como teníamos todo el tiempo para hacer lo que queríamos, yo, cuando fui al baño, me lavé hasta el culo. Cuando nos metimos en la cama lo empecé a acariciar y cuando lo tenía muy parado se lo mamé y se lo mojé tanto que cuando me le senté encima me entró todo. Tenía mi culo muy dilatado y mojado. Le dije que lo quería sentir dentro y que quería que me cogiera y acabara allí. Él se levantó, me puso en cuatro y comenzó a meter su huevo en mi culo cada vez más dentro y cada vez más duro. Me sentí increíble y con cada movimiento me gustaba más lo que estábamos haciendo, más aún cuando sentí un gran empujón y sentí su leche saliendo dentro de mi culo. Eso me volvió aún más adicto a él. Tanto que, cuando él quería, yo me bajaba los pantalones y le ponía el culo abierto para ser cogido y eso me gustó mucho.
Luego les contaré todo lo que llegué a hacer con él para disfrutar del sexo anal y que él me llenara de leche.