Sábado por la noche, fuimos a Pineda de Salou. Había fiesta hardcore que nos gusta bastante.

Yo, como he dicho en otros relatos, soy rubia, bajita, buenas tetas (no muy grandes, pero muy bien puestas), culo de melocotón y pelo rizado largo.

Aquel día me depilé entera. Me puse un tatuaje temporal de una lengua que ponía “lame aquí”.

Un vestido rojo de cuero, sin bragas, claro, como siempre que salíamos de caza, ja ja. Labios rojos y otro tatu que ponía “hotwife” y el as de picas.

Me pegué una fiesta de bailar que le tuve que decir a mi marido: “Vamos, que nos dé el aire”, y salimos a la calle.

Nos fumamos un cigarro y se sentaron al lado nuestro un grupo de skins que estaban de despedida de soltero.

Se acercó uno rapado, alto, con patillas grandes, tirantes de España y muchos tatuajes. Nos pidió un cigarro, se lo dimos y se fue.

Yo le dije a mi marido: “Estos estaban bailando al lado nuestro, me miraban y me decían cosas, pero no te he dicho nada”.

Yo me los miraba con cara de vicio y lo notaron.

Eran 10 y se acercaron todos. Venían riéndose con cara de malos.

Qué calientes me puse.

Se acerca uno y le dice a mi marido: “¡Nos vamos a follar a tu mujer!”.

Se levanta mi marido agresivo y le dice: “No, a que te parto la cara”.

Y le digo yo: “Relájate, que yo sí quiero. Me apetece, porfi”.

Ellos se ríen y dicen: “Vamos al parking”.

Fuimos al fondo del parking. Había solo sus cuatro coches. Cogieron a mi marido y lo encerraron en uno de los coches, y yo me quedé fuera con ellos. Pusieron música y bailaban conmigo, tocándome, besándome. Yo cada vez más mojada.

Mi marido miraba y me llamaba desde el coche. Yo me reía y con las manos le hacía el signo de los cuernos.

Ellos murmuraban y se reían. De golpe se sacaron sus pollas. Había de todos los tamaños. Yo me arrodillé y empecé a comérselas todas. Eran súper agresivos, pero me gustaba. Alguno hasta se corrió en la boca.

Me pusieron contra el coche donde estaba mi marido y se fueron turnando hasta que se agotaron.

Se entraron para la disco. Ellos, y les dije que aún no podía entrar, que me había de limpiar, y me quedé discutiendo con mi marido.

Las piernas me chorreaban, despeinada y medio desnuda, y nos fuimos para casa sin hablar.

Continuará…