Hola gente linda… ¡¡!!
En realidad, este relato es dos en uno. Transcurría el año 2004 cuando mi abuela se enfermó bastante feo; tanto, que tuvimos que viajar hacia su casa mi mamá y yo para cuidar de ella unos días. Yo no quería ir, pero ella insistió debido a que se enteró de mi noviazgo con Matías (un compañero de colegio). Hacía poco que había cumplido mis 18 años, pero para ella siempre voy a ser su nena inexperta y se pasaba todo el día dándome consejos.
Para ese entonces yo ya no era virgen. Si bien lo había hecho de parada o en el vehículo de mi novio, siempre me masturbaba con zanahorias o algo que tuviera forma de pene. Al principio eran chicas, hasta que con el tiempo empezaron a ser cada vez más grandes y, como a veces me imaginaba que me lo hacía un hombre grande, empecé a desarrollar mi culito también, imaginando que me la metía hasta el fondo, abriéndome la concha y el culo, haciéndome acabar como una puta.
Pero todo era una fantasía, porque ni mi novio Matías ni mi amigovio Juan tenían experiencia en eso; además, sus penes eran pequeños y, apenas se paraban, acababan enseguida. Pero mi mamá tenía mucho miedo a que me fueran a embarazar, entonces nunca me dejaba sola; por eso, esos días que tenía que cuidar a mi abuela (su mamá), me llevó con ella.
Llegamos alrededor de las 14:00 hs a la casa de mis abuelos. Ellos viven en una zona rural donde las casas están muy separadas unas de otras. Al lado del terreno de mis abuelos están nivelando un terreno grande con un tractor grande y, en una casilla, vive un hombre grande que es el mismo que nivela con el tractor. Había mucho polvillo en el aire.
Alrededor de las 18:00 hs, mientras mi mamá se encargaba de la limpieza y el cuidado de mi abuela, yo con mi abuelo les dimos alimento a los animales: gallinas, cerdos, conejos, perros y dos caballos. El lugar es grande, con un patio inmenso.
Al rato, llega el hombre a pedirle un poco de agua a mi abuelo y, mientras le traen el agua, él me pregunta si estoy aburrida. Le digo que no. Luego me dice que si después me aburro, lo espere a las 23:00 hs en el último corral así conversamos un rato (ese corral está sin animales porque hay fardos de pasto, bolsas vacías y otras cosas). Me quedé mirándolo sin entender nada; en ese momento llega mi abuelo con el agua.
Después de cenar, mi mamá me ayudó a preparar el dormitorio que tenía ella cuando estaba soltera. Me dijo que ella va a dormir con la abuela y mi abuelo en el cuarto de los varones. A las 22:30 hs estábamos todos acostados y ahí fue cuando me empezaron a retumbar las palabras de ese hombre: a las 23:00 hs en el último corral.
Sin querer, me empiezo a mojar. No soy flaquita ni gordita, tengo unas lindas piernas con unas hermosas tetitas que, en estos momentos, tienen los pezones por reventar de lo duro que se pusieron. Empiezo a tocarme debajo de las sábanas. Sé que si voy no es para conversar. Me levanto despacio, camino disimuladamente hasta la cocina; están todos durmiendo. Voy nuevamente a mi dormitorio, me desvisto por completo y solo me pongo un remerón grande negro.
Él tiene unos 45 años o más. Es lo que siempre soñé, lo que siempre imaginé. Estoy temblando, tengo miedo, pero a la vez estoy muy excitada. No puedo respirar. Me dirijo despacio, sin hacer ruido. No puedo ver nada, está muy oscuro; mis piernas blancas y desnudas alumbran la noche.
Llego lentamente al último corral y, apenas entro, me toma del brazo, abrazándome fuerte mientras me apoya contra unos fardos de pasto que están justo a la altura de mis nalgas. Empieza a besarme fuerte, mientras me levanta la remera para apoderarse de mis tetas. Estoy desnuda y justo a su altura. Con una mano se baja una especie de pantalón corto, me separa las piernas y me hace sentir la dureza de su pija.
Trato de acomodarme abriendo bien mis piernas cuando me coloca su cabeza entre mis labios vaginales, abriéndolos para introducir su caliente pija. Empieza a empujarla hasta que se me empieza a resbalar e introducirse dentro mío. Grito en voz baja. Me la empuja fuerte, me duele, pero también me doy cuenta de que era lo que yo quería que me hicieran: quería saber qué se siente hacerlo con un hombre de verdad.
Él se sacó la remera y, automáticamente, mis brazos rodearon su cuello para seguir luchando para que me entre toda la pija. Se queda quieto mientras yo la siento muy adentro; me abrió la vagina al máximo. Me besa otra vez; el sabor de su boca es distinto al de mi novio. Un calor me quema desde adentro hacia afuera haciéndome acabar como nunca pensé que lo haría.
Grito despacio. Mis jadeos se apoderan de la noche. Él sigue con sus movimientos fuertes y profundos. Luego de varios minutos, empieza a jadear y, cuando estaba a punto de acabar dentro mío, me la saca despacio y, dándome vuelta para metérmela por atrás, me obliga a doblar mi cintura y, aferrándome fuerte hacia él, me la hace llegar hasta el útero haciéndome gritar otra vez.
Me tapo la boca con la mano; creo que voy a enloquecer. Un orgasmo gigante me hace correrme otra vez mientras sus movimientos son más fuertes y rápidos hasta que, acompañado con un grito, me la saca y descarga sobre mi espalda todo su semen. Se limpia rápido la pija con su remera mientras yo agarro la mía y me voy corriendo hacia mi dormitorio.
Continuará…