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Continuación del relato anterior…

Ya en mi habitación traté de calmarme y, con una toalla, empecé a limpiarme la espalda y la entrepierna sin hacer ruido para no despertar a nadie. Me dolía todo, pero no estaba arrepentida. El haber acabado tan intensamente con un hombre grande y con una buena pija me hacía sentir distinta. Tenía su olor impregnado en mi piel, ese olor a hombre grande que hasta ese momento yo no conocía. Estaba dolorida, un poco aturdida, pero por algún motivo algo en mí aceptaba esta sensación. Era como si mi cuerpo esperara esto, por eso no sentía ninguna culpa. Tenía en mi boca el sabor de sus besos, la fuerza con que me introducía su lengua. En un instante se apoderó de mi cuerpo, de mi ser como mujer.

Coloqué una toalla debajo de mí por si me salía algo durante la noche. Traté de relajarme hasta que unos ruidos me despertaron. Eran las 10 de la mañana. Había dormido profundamente durante toda la noche. Me levanté despacio y me dirigí al baño, donde me lavé con mucha agua. Luego me cambié de ropa y salí a desayunar.

Después nos pusimos a conversar mi mamá y mi abuela. Luego me fui a ayudar a mi abuelo con los animales y en una huerta que tiene ahí. Por la tarde, después de la siesta, mientras mi abuelo me enseñaba unos conejitos que habían nacido en esos días, me contó que ese hombre posiblemente mañana se fuera porque el trabajo que vino a hacer ya casi estaba terminado.

Mis ojos se depositaron en esa nube de tierra para ver cómo esa figura tan masculina se encontraba envuelta en tanto esfuerzo. Rápidamente llamó mi instinto de mujer a ofrecerle un premio. Además, posiblemente sería la última vez que lo vería. Otra vez esa sensación de estar con él, de ofrecerle mi cuerpo para que descargara en mí toda su hombría. Solo que para esta noche le tendría una sorpresa.

Trataba de parecer normal. Mi abuelo me hablaba, pero mi mente estaba en otra cosa. Era como si estuviera poseída en un mundo paralelo. Por momentos estaba aquí y en otro me estaba ahogando en un mar de nuevas sensaciones.

Luego de cenar con mis abuelos y mi madre, nos fuimos a dormir, cada uno en su habitación.

Llegó la hora del reencuentro íntimo con él y eso hizo que empezara a caminar dentro de mi habitación de un lado a otro. Había encontrado las pastillas antiembarazo en mi mochila; durante la mañana me había tomado una. Ese era el regalo que le iba a hacer. Además, quería saber si era cierto que se sentía riquísimo ese momento cuando descarga dentro de una toda su leche caliente y sentir cómo cabecea su hinchada cabeza junto a mi útero.

Al desnudarme me di cuenta de que mi vulva se había deshinchado y que estaba lista para él. Me coloqué un poquito de perfume, la remera negra, y empecé a caminar en la oscuridad hacia mi cita con el hombre que me había vuelto loca la noche anterior.

Una voz grave me dijo que me estaba esperando y, antes de que le pudiera contestar, me tapó la boca con un beso, aferrándome hacia él y metiéndome su lengua hasta la garganta. Ya sus dos manos estaban clavadas en mis tetas. Traté de sacarle la remera porque quería verlo, quería ver en la oscuridad su cuerpo. Me afirmó otra vez sobre los fardos de hierba y, como si fuera un papel, me levantó colocándome sobre el fardo a la vez que me abría las piernas para ubicarse ahí donde siempre quise tener a un hombre grande de esos que una siempre imagina.

Inmediatamente su lengua empezó a comerme el clítoris. Le agarré la cabeza y, abriéndome las piernas al máximo, empecé a convulsionar de placer. Los jadeos se escuchaban en silencio dentro del corral. No me podía contener. Traté de aguantar, pero era imposible y, clavando mis uñas entre sus cabellos, me dejé llevar con un orgasmo inmenso que me hizo acabar rápidamente sin previo aviso. Él se dio cuenta porque siguió haciéndome sentir su lengua cada vez más profundo.

Luego, sin perder tiempo, me deslizó hacia él, que ya tenía su pija afuera, y con toda la saliva que tenía encima y dentro de mi vagina no tuvo problema para metérmela despacio hasta el fondo, donde pude sentir cómo mi clítoris era atropellado por los pelitos de su cuerpo. Me tomó de la cintura y, mientras me apretaba fuerte hacia él metiéndome toda la pija, luego la sacaba un poco y así cada vez más fuerte y más rápido, a la vez que me besaba diciéndome que me amaba, mientras yo le susurraba que me acabara adentro.

Me miró y me preguntó si estaba segura. Le dije que sí. Apretando mis tetas y besándome con su lengua afuera, yo mientras lo recibía con mi boca abierta pero con los ojos cerrados, gozando esa pijota gorda y dura como nunca, que ahora empezaba a palpitar bañando mi útero con su leche caliente. Fue un momento sublime, una sensación de placer increíble. Lo tenía encima de mí a la vez que lo tenía abrazado con mis brazos y mis piernas. Ahora mis brazos rodearon su cuello mientras lo besaba y le decía que lo amaba. Le dije que no se fuera, que quería que me la dejara adentro un rato más.

Me agarró fuerte hacia él, apretando mi cuerpo contra el suyo. Estuvimos así varios minutos hasta que, con un movimiento lento, me la sacó y con su remera me limpió para luego limpiarse él. Me besó despacio, luego se fue en silencio perdiéndose en la oscuridad.

Me fui caminando hacia mi habitación donde terminé de limpiarme, para luego colocar una toalla debajo de mí y tratar de dormir después de otra sesión de máximo placer con un hombre grande… mi hombre.

Continuará…

Infidelidad sin querer queriendo

Infidelidad sin querer queriendo