Aquí tienes el relato completo y explícito con los nuevos nombres que pediste:

Era muy tarde en la noche. Mi esposa ya se había ido a dormir al cuarto de arriba, pero Jefferson y yo seguíamos en la sala de mi casa, bien pedos y calientes después de habernos pajeado juntos viendo fotos de su esposa Marlyn.

De pronto sonó el timbre. Jefferson sonrió con picardía y se levantó a abrir.

—Es ella. Le escribí hace rato que viniera… que estábamos muy calientes pensando en su cuerpo.

Cuando abrió la puerta entró Marlyn. Una morena de 28 años, cabello oscuro largo y ondulado, labios carnosos y esa cara de puta sexy que te volvía loco. Traía un short de jean muy corto y una blusa suelta. Apenas entró, se quitó la blusa de un tirón, dejando al aire sus tetas medianas, firmes, con los pezones oscuros ya duros. Luego se bajó el short y el tanga, quedando completamente desnuda frente a nosotros dos.

Ese cuerpo era una maravilla: culo grande, redondo y carnoso que se movía con cada paso, cintura estrecha y un coño bien peludo, negro y espeso, con los labios hinchados y jugosos ya brillando de humedad.

—Hola Kadel… —dijo con voz ronca y una sonrisa traviesa—. Jefferson me contó que se estaban pajeando con mis fotos. ¿Es verdad que quieres cogerme esta noche?

Jefferson se acercó por detrás de ella, le agarró las nalgas y se las abrió mostrándome ese culo perfecto y el coño peludo.

—Mírala bien, Kadel. Mi esposa está aquí para los dos.

Marlyn se arrodilló en el sofá, apoyó las manos en el respaldo y levantó ese culo grande hacia mí.

—Primero quiero ver cómo Jefferson te la chupa —ordenó con tono cachondo.

Jefferson no dudó. Se arrodilló frente a mí, me bajó el boxer y me agarró la verga gruesa y venosa. Se la metió hasta la garganta de una sola vez, chupando con ganas, babeando mucho mientras subía y bajaba la cabeza. Hacía ruidos húmedos y profundos.

Marlyn, todavía en cuatro, se metió dos dedos en su coño peludo y empezó a masturbarse viéndonos, gimiendo bajito.

—Qué rico se ve tu verga en la boca de mi marido, Kadel… Chúpala más profundo, Jefferson. Haz que se ponga bien dura para que me coja.

Yo le agarré la cabeza a Jefferson y le follé la boca un rato, metiéndosela hasta que le daba arcadas. Luego lo aparté.

—Ahora te toca a ti, Marlyn.

Me puse detrás de ella, le escupí en el coño y le metí toda mi verga gruesa de un solo empujón. Estaba empapada. Entré hasta el fondo y empecé a cogérmela con ritmo fuerte. Sus nalgas carnudas rebotaban contra mí con cada embestida.

—¡Sí! Métemela toda, Kadel… cógeme rico —gemía ella.

Mientras yo la follaba duro, Marlyn miró a Jefferson con una sonrisa perversa.

—Ven aquí, mi amor… hoy te toca a ti también.

Le hizo ponerse en cuatro justo al lado de ella, culo para arriba. Marlyn agarró un dildo grueso y negro que traía en su bolsa, lo escupió bien y, sin piedad, se lo metió a Jefferson por el culo apretado.

—Así, como te gusta, mi puto —le dijo mientras empujaba el dildo hasta el fondo.

Jefferson soltó un gemido ronco y largo, arqueando la espalda. Yo seguía cogiendo a Marlyn por el coño, metiéndosela con fuerza, mis bolas chocando contra su coño peludo. El sonido de carne contra carne llenaba toda la sala.

—Joder, Marlyn… tu coño aprieta tan rico —gemí—. Y tú, Jefferson… qué rico te ves con el dildo metido en el culo.

Marlyn follaba a su marido con el dildo al mismo ritmo que yo la cogía a ella. Cada vez que yo empujaba dentro de su coño caliente, ella empujaba el dildo más profundo en el culo de Jefferson.

—Quiero que te corras dentro de mí, Kadel —me pidió Marlyn entre gemidos—. Y tú, Jefferson, córrete mientras te follo el culo con el dildo.

Aceleré las embestidas. Le agarré fuerte las caderas anchas a Marlyn y empecé a cogérmela con todo, viendo cómo su culo grande rebotaba. Jefferson gemía como puta, el dildo entrando y saliendo rápido de su culo mientras su verga larga goteaba precum sobre el sofá.

No aguanté más. Le metí la verga hasta el fondo y empecé a correrme dentro de su coño, chorros gruesos y calientes llenándola por completo.

—¡Me vengo, Marlyn! ¡Toma toda mi leche!

Ella se corrió casi al mismo tiempo, apretando mi verga con su coño y empujando el dildo con fuerza dentro de Jefferson. Él soltó un grito ahogado y se corrió sin tocarse, disparando leche blanca sobre el sofá.

Los tres nos quedamos jadeando, sudados y con el olor a sexo puro en el aire. Marlyn sacó lentamente el dildo del culo de Jefferson y me miró con una sonrisa satisfecha y cachonda.

—Esto apenas empieza, Kadel… todavía quiero que me cojas por el culo mientras Jefferson te la chupa.

Jefferson, todavía recuperando el aliento, me miró con los ojos brillantes de deseo.

—Cuando quieras, bro… mi esposa y yo somos tuyos esta noche.