Luli había terminado su relación con su novio hace dos semanas. Estaba lista para salir al ruedo nuevamente. Con su metro 62, su largo cabello negro y su figura bien marcada seguramente encontraba algún hombre que la satisfaga. Si algo le faltaba a su cuerpo, era tener algo de tetas. Ella se consideraba plana comparando su pecho al de otras mujeres. Pero sin dudas sus fuertes compensaban esa falencia: su cara hermosa, sus piernas trabajadas en el gimnasio y su abdomen plano eran armas letales. Por si fuera poco, su personalidad generaba vínculo con cualquier hombre, desde una cita cara hasta una cerveza en una vereda, ella se adaptaba a lo que sus machos le ofrecían.
Así fue como entabló relación con su nuevo hombre. Dos o tres mensajes y esa misma noche estaba en la casa de él cogiendoselo desesperadamente, deseosa de dejar atrás al pelotudo de su ex.
Su experiencia sexual era inigualable. Chupaba, cogía, agarraba y besaba toda parte del cuerpo masculino que a los hombres les generara placer. Dos horas de sexo y múltiples orgasmos después, cayó dormida en la cama de su hombre sin siquiera recordar su nombre.
No sabe cuanto tiempo transcurrió desde ese último recuerdo suyo. Despertó atontada, con su cuerpo adormecido y sus movimientos limitados. Tardó algunos minutos en reaccionar y entender su situación. Se encontraba en un cuarto oscuro, sin ventanas y con el aire algo apagado y pesado. Estaba sobre una silla de examen ginecológico, vestida solamente con una tanga y su pecho desnudo, con sus piernas apoyadas en los sostenes frente a la silla que los médicos utilizan para que la vagina quede expuesta a ellos. Esas mismas piernas que a tantos hombres atrajeron ahora estaban expuestas y atadas con correas a la estructura de la silla. Lo mismo pasaba con sus brazos y muñecas, apoyados en los brazos laterales de la silla. Su cabeza no corría mejor suerte: una correa sobre su frente y otra enroscada sobre su cuello impedían que su cuerpo se separe de la silla. Como detalle final, su boca tapada por lo que suponía era una cinta adhesiva.
– MMMMMMMMMMM MMMMMMMMM MMMM.
Intentos de gritos ahogados en la cinta. Su cuerpo se sacudía fervorosamente intentando liberarse sin éxito. Estaba unida a la silla sin escape.
De pronto una mano se posó sobre un hombro desde atrás de ella y sintió un beso en su frente. Tembló de miedo ante lo inesperado.
– Bueno bueno, mi princesita se despertó jajaja. Dormiste mucho pero llegaste justo para que te conozcan los muchachos.
– Mmmmmmm mmmmmmm.
– Tranquila que lo bueno ya llega.
Reconoció allí la voz de su hombre, con quien había mantenido desenfrenado sexo antes de caer dormida.
El hombre colocó una silla frente a ella y abrió una computadora portátil. Trabajó unos segundos en ella y se corrió para colocarse junto a Luli, de frente a la pantalla.
Una video conferencia se abrió en la pantalla, cientos de nombres empezaron a ocupar la lista de invitados y muchas pequeñas ventanas con cámaras se abrieron. Apareció de todo en ellas: hombres enmascarados, penes erectos, barrigas nauseabundas y llenas de pelo. Las cámaras más grandes enfocaban la situación de Luli: una de frente a ella, otra la mostraba desde arriba y la última desde un costado. Evidentemente, ese sótano era ocupado por más de una cámara.
-Bueno amigo, hoy les traigo a la nueva presa. Ella es LULIDESEO, lo que le pedimos al genio cuando frotamos la lámpara ajjajajaj.
-MMmmmmmmmmmm MMMMMMMMMMMM.
El hombre empezó a manosearla. La tocó por todos lados hasta que llegó a su vagina. Allí le cortó prolijamente la tanga con unas tijeras y comenzó a estimular su clítoris con los dedos. Ella se sacudía enérgicamente, pero las correas eran más fuertes que ella. Gritaba debajo de su mordaza solo para no sentir nada de lo que le hacía su captor. Cuando se acordaba, cerraba los ojos para no ver a la pantalla pero su hombre le hacía doler y gemir, lo que provocaba que involuntariamente los abra. Hombres masturbandose enérgicamente, la ventana de chat llena de comentarios que no paraban de aparecer y en el medio ella, totalmente expuesta siendo masturbada.
-Mmmmmmmmmmmmmmmm
El hombre metió un vibrador en su vagina y lamió su clítoris rigurosamente unos minutos. Ella no podía más. Tras media hora de luchar contra sus instintos internos su cuerpo cedió y su vagina comenzó a emanar impresionantes cantidades de fluído.
-Ahhhhh si que rico hermosa que rico Luli SIIIIII.
-Mmmmmmmmmm
Ya no podía luchar más. La vergüenza y la humillación la derrotaron. Estaba totalmente abatida de luchar contra las correas y su hombre. Cedió.
-Bueno amigos, los espero la próxima. LuliDeseo volverá.
Ese comentario le dió un vuelco al corazón. «Volverá?». El hombre apagó la computadora y soltó las correas de las piernas de Luli. Estas cayeron al piso sin fuerza, apoyando los pies totalmente rendidas. El hombre sacó dos cinturones negros y ató uno en sus muslos y otro debajo de sus rodillas, dejando sus piernas juntas y atadas como un prolijo paquete.
Acto seguido, soltó su cabeza y la acompañó para que su cuerpo quede erguido, alejándose del respaldo. Luli no tenía fuerzas. Esa energía característica de ella había sido drenada por su lucha contra la silla y su acabada descomunal.
Finalmente, el hombre soltó un brazo y rápidamente le esposó la muñeca. Luli instintivamente luchó. Trató de llevarse la mano a la boca para poder gritar. No hubo caso. Estaba muy débil y en cuanto intento algo fue fácilmente controlada por su captor, quien luego liberó el otro brazo para esposar esa muñeca a la otra, tras la espalda de la mujer.
-Bien dominada perrita.
-Mmmmmmm.- Bufó Luli en señal de protesta. En otra situación ese hombre habría caído ante ella, y no hubiera sido la primera vez que derrotaba a un hombre en una pelea.
-Vamos a casita.
El hombre la arrastro por el suelo hasta llevarla a un extremo del cuarto donde una jaula de animales vacía esperaba. La destrabo y Luli comenzó a sacudirse de nuevo. Entendió lo que iba a pasar y quiso luchar una vez más. Su cuerpo atado de piernas y con los brazos tras la espalda era un paquete perfectamente asegurado.
El hombre la tomó por debajo de las axilas y la depositó dentro de la jaula de forma violenta. La cerró, trabó y se agachó mirándola a los ojos.
-Ahora sos mía, y me vas a llenar de guita putita. Los suscriptores van a llegar volando y tengo muchas cositas preparadas para vos.
Una última mirada de odio fue lo que Luli le pudo dirigir.
Él se fue y ella quedó allí, recostada en una jaula, totalmente atada y dominada. Presa de su nuevo amo y su sádico juego sexual que prometía tener nuevos episodios.