Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.

Marco era un empleado ejemplar. Administrativo de carrera que no pudo llegar a recibirse de manera universitaria por haberse enamorado de una compañera de trabajo, Noelia.

Tan solo le faltaban dos años para ser uno de los más eficientes alumnos de la Licenciatura en economía, pero se cruzó en su vida Noelia. La secretaria del área de personal de la empresa en la que él trabajaba hasta terminar su carrera universitaria. Ella lo obnubiló, se transformó en un abnegado novio y meses después de conocerla, se casaron.

Noelia traía su historia a cuestas: había sido embarazada a los 18 años y fruto de esa locura nació Marcia. Siempre manejada por su madre Tiara, no dudó en aceptar la propuesta de matrimonio de Marco. El punto es que a los 32 años, se casaron, pese a que Marcia y Marco sabía que el combo era algo que no podría eliminar.

Al principio, Tiara se hacía cargo de Marcia, para que su hija consiguiera un buen partido la ayudase a salir de la situación en la que vivían.

Con la formación de la nueva familia, Marco aceptó a Marcia en su vida, aunque solía complicarle algunas decisiones. Tener una adolescente en casa no era nada sencillo, pero amaba a su esposa por lo que trató de llevar adelante la relación de la mejor manera posible.

Las cosas marchaban sobre rieles, hasta que Noelia sufrió un accidente casero y debió ser internada para afrontar una cirugía de menor importancia. Pero el destino le jugó a Marco una mala pasada: una infección intrahospitalaria afectó a Noelia y se la arrebató de las manos.

A los 40 años, Marco era un viudo joven, con una hijastra adolescente y una suegra muy tóxica (invasiva). Sufrió una depresión importante, pero con el apoyo de psicólogos, empezó a salir adelante.

Como tantas veces, Tiara tomó las riendas de la situación. Sabía cómo lidiar con su nieta, abortar sus berrinches y caprichos, por lo que sugirió a su yerno que fuera a vivir a su casa hasta que se recuperase de la situación, y alejara el fantasma de Noelia de la casa de la pareja.

Él accedió sin resistencia, entendía la situación y sabía que la suegra lo hacía de buena voluntad, aunque perdía buena parte de su intimidad y la posibilidad de llevar el luto por su pérdida.

La casa de Tiara era grande y brindaba comodidad a los tres integrantes: habitaciones individuales, dos baños, un amplio living, una cocina cómoda y luminosa, un patio de buenas dimensiones y ausencia de vecinos curiosos que pudieran molestarlo en ese momento.

Marco debió adaptarse a ciertas reglas de la casa: los horarios algo más estrictos con almuerzo y cena, el uso de la tv, y el mantenimiento personal de la habitación. Tiara se hacía cargo de cocinar, el lavado de ropas, despertar a su nieta para que fuese a clases y aprovechaba los tiempos sin la joven para hacer algo de actividad física que mantenía su cuerpo de buena manera.

La primera semana transcurrió sin mayor inconveniente, todos adaptándose al lugar y sabiendo que ya no tendrían algunas libertades.

La dueña de casa solía andar con prendas livianas, típicas al momento del aseo, Despreocupada, ya que vivía sola desde que se divorció hacía más de 20 años. Marco mantuvo el andar de shorts deportivos y remeras pero la que más sufrió fue Marcia, estaba acostumbrada a dejar todo fuera de lugar, pasearse por la casa con escasísimas ropas, sabiendo que eso inquietaba a Marco. Tiara, vieja zorra, lo notó prontamente y reconvino a su nieta en una brevísima charla.

Tiara: nena, dejá de andar en pelotas por la casa y ordená tus cosas. Marco no tiene que juntar tus tangas y corpiños de tu habitación

Marcia: Abue, ellos siempre me vieron así y se hacían cargo de la limpieza

Tiara: hay un cambio ahora. Está solo y tarde o temprano va a tener necesidades y verte así puede provocarlo.

Marcia: ¿crees que se puede calentar conmigo? Soy su hija

Tiara: sos la hija de su difunta esposa, no su hija y él es hombre.

Esa charla motivó a Marcia a saber qué tanto podría lograr utilizando sus encantos para que Marco cumpliera con sus caprichos: ropas, tecnología y demás. Mientras su abuela no estaba en la casa, probaría si era tan así lo que le había dicho.

Puso su plan en marcha, pero no obtuvo los resultados previstos en el primer mes de convivencia en casa de su abuela. “Se equivocó la vieja” pensó.

Marco deambulaba por la casa como alma en pena, y por eso un domingo por la tarde, Tiara aprovechó que su nieta salía de ronda con sus amigos para hablar seriamente con su yerno.

Tiara: Marco, no podés seguir así. Mi hija murió y yo sufro por eso, pero debes seguir adelante por Marcia.

Marco: ella se volvió rebelde desde la muerte de su madre, no sé cómo dominarla y no acepta mis reglas.

Tiara: eso déjalo por mi parte. Soy familia directa. Pero hombre, deja de llorar por los rincones.

La fortaleza de su suegra lo hizo resurgir de a poco. Fue abandonando el luto, volvió a ser el emprendedor que sus jefes reconocían.

En una determinación fuerte, tras una charla familiar, vendió la casa familiar y se instaló definitivamente en casa de su suegra, de ese modo ya no mantenía dos casas y colaboraba directamente con Tiara.

Marco solía quedarse en las noches, en la oscuridad de la sala recordando a su esposa con un vaso de whisky en mano. Una noche de tantas, mientras bebía, sintió pasos acercándose al lugar, era Tiara.

Tiara: Marco, vas mejorando pero no podés recurrir al alcohol para olvidar

Marco: lo sé, pero ayuda

Tiara: salí con amigos, sos joven. Conocé nuevas personas.

Marco: pero Noelia era tu hija, no podés pedirme eso

Tiara: no digo que la olvides, pero tu vida sigue

Marco se puso de pie, se acercó a Tiara, la abrazó, agradeciendo sus palabras. Aspiró el perfume dulce que siempre llevaba y se quedó prendido a ella. Tiara respondió al abrazo y se pegó al cuerpo de él.

Extrañamente, ambos sintieron algo raro: la proximidad de otro provocó una reacción de sus cuerpos. Él notó que tenía una incipiente erección (después de casi dos meses) y ella que su zona vaginal se encendía y comenzaba a humedecerse. Hubieran prolongado el momento un poco más, pero esa extraña sensación los separó.

Marco apenas pudo pegar un ojo durante la noche, no entendía la reacción de su cuerpo siendo su suegra, esa que siempre consideró una mujer entrometida y hasta perjudicial para la pareja con Noelia. Justo ella, a quien jamás había mirado como mujer y resultaba ser la madre de su fallecida esposa, todo le sonaba a traición para la memoria de su amada. Definitivamente era muy extraño.

A escasos metros, Tiara, tendida en su cama estaba sorprendida de la reacción de su cuerpo, pero a diferencia de su yerno lo tomaba como una bendición. Hacía tiempo que sus hormonas no se alteraban y su entrepierna respondía con flujos intensos. Como al descuido bajó una de sus manos y confirmó la humedad, ese líquido viscoso que, tibio, se desparramaba por su raja hasta quedar impregnado en la braga. No quiso desperdiciar el momento y completó una sesión de toques y penetraciones que la llevó a un orgasmo intenso, que pudo aplacar mordiendo sus labios para evitar que sus gemidos fuesen escuchados.

Cuando Marco despertó en la mañana, podía sentirse el aroma típico del café recién hecho, señal que Tiara había iniciado sus actividades diarias. Notó que había una erección matinal que lo hizo sonrojar y recordar el abrazo de la noche anterior. Se levantó y fue rápidamente al baño para tratar de bajarla y así poder encaminarse a la cocina a desayunar. Se dio una ducha rápida, que algo ayudó a sus intereses, se calzó su clásico short y la remera, aprontándose a beber la taza de café que lo despertase por completo y le dejara la lucidez necesaria para cumplir con su día de teletrabajo.

Se acercó a la cocina y escuchó a su suegra silbar una canción. Evidentemente ella se había levantado de buenas. Ingresó a la cocina y vio a Tiara aún en camisón, cubierta con una bata, que preparaba unas tostadas y acomodaba las tazas para servir el desayuno.

Marco: buenos días Tiara, te ves alegre

Tiara: hola Marco, algo así. No debí esforzarme para que Marcia se fuese a clases, cumplió bien con sus horarios y ya partió a la escuela

Tiara giró y lo observó con sorpresa. No recordaba que él no iba hoy a la oficina y el atuendo le llamó la atención.

Tiara: ¿no trabajas?

Marco: si, hoy hago teletrabajo desde casa. Adelanto escritos e informes.

Tiara trajo el plato con las tostadas a la mesa, junto con las tazas para el café; Marco tomó la jarra de café y la apoyó en el protector. Al sentarse ambos, él desvió un poco la mirada al escote de su suegra: adivinaba que aún no había brassier que sujetara los pechos de Tiara, ya que colgaban delicadamente en la tela del camisón, algo caídos pero no mucho, se notaban los pezones puntiagudos y quizá se traslucía un color oscuro que los coronaba. Aquella erección que había logrado bajar, renacía ante esa imagen.

Tiara notó la mirada, pero disimuló lo más posible. Su yerno estaba prendado de sus tetas, que si bien no eran gigantes, presentaban un tamaño acorde a su figura. Ser una mujer de 1,68 de altura, unos 65 kilos bien distribuidos y un culo (trabajado en gimnasio) que era su mayor atributo, la enorgullecía. Sintió como su entrepierna se entibiaba y decidió probar hasta donde llegaría la mirada de su yerno.

Tiara: ¡qué tonta soy! Olvidé el dulce para las tostadas, ya la traigo.

Se puso de pie y fue hasta la alacena donde guardaba el producto, se inclinó un poco como para poner su culo en una posición clave que le dio a él una vista justa: la braga se marcó plenamente y se ajustó a su carne, incluso un poco más de lo aconsejable, ya que empezó a meterse entre los cachetes.

Marco quedó embobado con la imagen y la erección fue indetenible, hasta dolorosa. Clavó la vista en el culo de Tiara y por primera vez la vio como mujer, no como su suegra y se deleitó con el espectáculo, que aunque breve, fue suficiente.

Ella se sintió abrazada por la mirada y esbozó una sonrisa: “lo excito y él a mí, deberé manejar el hecho para que esto me beneficie” pensó mientras se enderezaba y girando volvía a la mesa con el frasco en la mano. Marco tenía el rostro enrojecido, sus manos temblaban y su voz era titubeante.

Marco: Tiara, ¿dónde prefiere que trabaje, así no interfiero en las tareas de la casa?

Tiara: dos cosas, ya es tiempo que dejes de tratarme de usted, compartimos techo y vida de familia. ¿Lugar? ¿Qué tal el living?

Marco: ok, así será. Me cuesta un poco tratarte de tú, pero lo haré.

Tiara: muy bien, cuando termines, dejá las cosas en la pileta que luego las lavo. Voy a darme una ducha y cambiarme para empezar con la casa.

Se puso de pie, dejó su taza en la mesada y pasando junto a Marco, le dedicó un leve roce en los cabellos, antes de salir de la cocina. “Te tengo en mis manos” pensó mientras se iba.

Marco suspiró aliviado, pues ya no sabía cómo ocultar la erección, su suegra estaba haciendo revivir al hombre que él había dormido cuando su esposa falleció. Apuró el café, levanto los restos del desayuno, los dejó donde ella le había dicho y fue hacia su habitación a buscar los materiales de trabajo. Pasó frente al baño y sentía el agua de la ducha correr, se sorprendió al ver la puerta entornada solamente y lo invadió la curiosidad, se asomó apenas y por el reflejo del espejo observó dentro. El vidrio que separaba la ducha del resto estaba algo empañado, pero la figura de su suegra se notaba, las curvas pronunciadas del culo y las tetas. La posición en que Tiara estaba parada era sospechosa y mucho más el movimiento acompasado de una de sus manos entre las piernas no hacían prever que se estuviera enjabonando: se estaba masturbando, lisa y llanamente. Quiso aproximarse algo más, para tratar de oír que decía ella mientras lo hacía, pero si avanzaba algo más, sería descubierto. Se conformó con el espectáculo, mientras él también se tocaba. Ella llegó al orgasmo con un suspiro profundo y mantuvo firme y quieta la mano.

Eso lo trajo a la realidad y salió rápidamente del lugar. Buscó las cosas en su habitación, las dejó sobre la mesa del living y cuando escuchó a su suegra salir del baño, apuró el paso y se metió allí.

Tiara: ¡¡qué urgencia tenías Marco!! Hubieses ido al otro.

Marco: no llegaba suegra, era urgente.

Cerró la puerta y revisó el lugar con la mirada, vio ropas en el cesto del aseo y no dudó un segundo, buscó dentro y encontró las bragas de ella. Las retiró, las olió y recordó como era el perfume de una mujer excitada, la erección se hizo insoportable y decidió calmarla con una paja a la salud de su suegra, pero no se corrió en la braga, lo hizo en una toalla que abolló luego de limpiarse. Salió algo más calmado del baño y se ubicó frente a sus materiales, para ponerse a trabajar. Sabía que había superado un límite pero su esencia de hombre lo llevó a esa situación.

La mañana transcurrió sin mayores novedades, ambos parecían evitarse y solo volvieron a verse cuando Marcia volvió de clases a la hora del almuerzo. Tal la costumbre, saludó a Marco afectuosamente bajo la mirada de su abuela, luego la abrazó y le prodigó algún cariño y fue a cambiarse para volver a la cocina para almorzar.

La tarde fue intensa para Marco, su trabajo lo absorbía completamente. Al atardecer, Tiara y Marcia se mudaron de ropas y partieron rumbo al gimnasio, Marco estaría cerca de dos horas solo en casa y como si algo lo impulsara, fue a los dos baños a revisar el cesto de las ropas usadas.

En el principal, había prendas de Tiara, algo sudadas pero nada que lo intrigara, pero en el secundario, un par de hilos dentales de Marcia, manchados y muy fragantes lo atraparon. El brassier no le atrajo, aunque si las diminutas bragas: el perfume era muy distinto al de su suegra, algo más suave y las manchas eran típicas de una adolescente que alternaba excitación y escasa higiene. Un perfume que le recordaba a su esposa.

Ese pensamiento lo sorprendió y los arrojó nuevamente al cesto sin siquiera intentar algún manoseo íntimo.

Volvió al living y acomodó cada cosa en su lugar para ir al día siguiente a la oficina.

Cerca de las 21 horas, las mujeres volvieron a la casa, él estaba sentado frente a la tv viendo un programa deportivo. Marcia le dio un par de besos en la cabeza y le dejó sentir su aroma a hembra. Tiara fue mucho más discreta, pues se la notaba bastante más sudada, sus leggins estaban más oscuros en la entrepierna, las nalgas y la remera remarcaba las formas del corpiño deportivo que sujetaba los pechos. Ambas mencionaron que se ducharían y volverían para cenar.

Marco estaba ansioso de saber que aroma tendrían las ropas de ambas. Preparó la mesa, urgido por entrar a los baños para husmear entre las prendas de ambas. Tan pronto como una de ellas salió del lugar, el ingresó, cerró la puerta y fue directo al cesto de la ropa sucia. Fue Marcia, que bajo las órdenes de su abuela, daba un prelavado a sus prendas y las dejaba ya enjabonadas en el cesto: intento fallido para Marco.

Cuando Tiara salió, él ya había vuelto a la cocina, puso a entibiar la comida y fue al baño en busca de las ropas de su suegra. Allí si hubo éxito: Tiara no lavó sus prendas, las bragas eran un cambo de aromas, y el brassier destilaba un perfume único. Cerró la puerta con llave y estuvo un buen rato aspirando y tocándose, hasta oír la voz de su suegra llamándolos a cenar.

“Esta noche voy a esperarla, si viene intentaré ir sobre ella” pensó mientras se acercaba al salón principal. Nada más equivocado, tras la cena, su suegra se fue a dormir y al cabo de unos minutos dormía profundamente.

Vencido, se fue a descansar. Al día siguiente, partió antes que ninguna de ellas se despertara y el día lo obligó a concentrarse en sus labores y olvidar sus pensamientos.

Pasaron tres días, donde las rutinas se repetían. El recorriendo los baños de ambas, husmeando entre las prendas usadas, ellas concurriendo al gimnasio y dejando las mismas al alcance de él.

Viernes por la tarde. Marcia volvió de clases y anunció que iría a pasar el fin de semana en casa de una amiga, en las afueras de la ciudad. Rápidamente Tiara, desconfiada, tomó su celular y llamó a la madre de la anfitriona. Ésta le confirmó que irían en familia a la casa de fin de semana y Marcia estaba invitada. Tras las recomendaciones de rigor, suavizó la charla y otorgó el permiso a su nieta que ya estaba en su cuarto preparando una mochila con sus pertenencias. Un par de horas más tarde, Marcia se iba de casa con su amiga a disfrutar de un fin de semana fuera de esa cárcel.

La casa quedó en silencio, Marco completando su trabajo y Tiara a punto de ir al gimnasio.

Marco: suegra ¿preparo un asadito?

Tiara: buena idea, yo paso por la bodega y compro un buen vino

Mientras Tiara partía al gimnasio, Marco empezó a preparar la cena para ambos. El calor frente a la parrilla era mucha, por lo que destapó una cerveza para aplacarlo, preparó una pequeña ensalada con algo del refrigerador y dispuso la mesa para dos.

Cuando Tiara llegó, ya casi estaba lista la cena, por lo que no se dio el clásico baño y se sentó a la mesa, agasajada por su yerno.

Cenaron entre charlas vanas y las dos botellas de vino que había traído Tiara se vaciaron prontamente. El alcohol ayudó a que sus mentes se liberaran y de una charla superficial fueron avanzando a temas más álgidos.

Tiara: Marco, ¿Qué es lo que más extrañas de mi hija?

Marco: muchas cosas, las caricias, los abrazos y …

Tiara: ¿Y?

Marco: dormir con ella

Tiara: ¿sexo?

Marco: entre otras cosas, si el sexo.

Tiara: ¿por qué no buscas al alguien?

Marco: siento que la traicionaría

Tiara: No seas tonto, sos joven y no podes vivir de recuerdos

Marco: ¿y vos? ¿Por qué nunca volviste a formar pareja?

Tiara: es distinto, me engañaron

Marco: sos una mujer muy apetecible, a tus 50 das que hablar

Tiara: no seas tonto, ¿Quién se interesaría en mi?

Marco: te sobrarían pretendientes

Tiara: Claro a una vieja como yo, le sobrarían

Marco: yo te encararía

Tiara: ¿A si?

El alcohol los estaba descontrolando y ambos lo sabían, pero querían saber hasta donde el otro aceptaría el juego.

Marc: claro que si. Tenés un buen cuerpo, y vestis muy sugerente

Tiara: Apuesto que no te atreverías a nada conmigo

Marco: si no fueras mi suegra…

Marco se puso de pie y empezó a retirar las cosas de la mesa y llevarlas a la bacha para lavar, trajo una rejilla y limpió la mesa, Tiara lo miraba, le había tirado un par de líneas pero se había quedado allí. Mientras él completaba la limpieza, ella fue por una botella de licor, pasó por el equipo de audio y puso algo de música y trayendo dos vasos los ubicó en la mesa del living y lo llamó a compartir la última copa.,

Llenó los vasos, le hizo señas que se sentara a su lado y retomaron la charla.

Tiara: Marco, no voy a mentirte, ya hablé con Mayra y le aclaré que eras un hombre que vas a tener necesidades, ella es joven, no es tú hija y vive casi en pelotas. No me extrañaría que intentaras algo con ella.

Marco: ¿te pegó mucho el vino? Estás medio borracha Tiara

Tiara: para nada Marco. Entiendo cómo reacciona un hombre

Marco: no intentaría nada con ella Tiara

Tiara: ¿y conmigo?

Él la quedó mirando a los ojos, no daba fe de lo que oía. Ella giró y se puso de frente a él, lo miró a los ojos y se despachó sin reparos.

Tiara: antes que se te ocurra nada con la nena, me tenés a mi.

Marco: ¿qué decís?

Tiara: prefiero que te saques las ganas conmigo, no con ella

Dudó unos segundos y decidió probar que tan lejos llegaría su suegra, Extendió su mano derecha y se apropió de uno de su pechos, lo apretó y magreo a discreción. Ella cerró los ojos y emitió un suspiro, fue la señal que él esperaba. Se abalanzó sobre ella y sin dudar le comió la boca, la primer caricia sobre sus pechos se transformó en un acto desesperado y manoseos y ella le correspondió a cada beso y caricia, Se entregaron a una danza frenética de manos y lenguas, las prendas fueron desapareciendo de los cuerpos y quedaron regadas sobre la alfombra del living. Casi desnudos no paraban de comerse, rodaron sobre el sillón y cayeron al suelo. Ella sobre él, que rápidamente enredó sus dedos en el elástico de las bragas, para bajarlas hasta que una de sus piernas luchando la depositó entre los pies. El hierro candente que se había endurecido dentro del bóxer luchaba por salir y eliminar la tela que los separaba y entregarse a un roce piel a piel.

Con maestría, Tiara lo giró sobre ella y le retiró la prenda, logrando que ambos cuerpos entraran en contacto directo. Sin dejar de besarlo, encorvó un poco su cuerpo y lo guio entre sus piernas. Él sintió el calor de la cueva de su suegra y con suaves movimientos fue abriéndose paso entre los labios vaginales ardientes.

Ella lo sintió rodear la puerta de su sexo y con habilidad lo llevó dentro de su cuerpo. El momento fue único: hacía mucho que ella no era invadida y él quería volver a sentir el calor de una hembra.

Un movimiento brusco de ambos y la penetración fue total. Un gemido escapó de los labios de Tiara y un gruñido de la boca de él. Se quedaron inmóviles por unos segundos, hasta que ella comenzó una cabalgata intensa, feroz, que coronó con un grito agudo cuando sintió los chorros de semen llenándola.

Tiara: ¡cuánto tiempo sin tener leche adentro de la concha! ¡y una verga!

Marco: la vas a tener cada vez que la quieras, sos una puta espectacular

Tiara: tu puta Marquito, solo tu puta

Quedaron un buen rato tendidos uno sobre el otro, hasta que ella se retiró y meneando su culo se encaminó al baño.

Tiara: vení mi guacho, vamos a ducharnos que la cama nos espera

Rápido se ducharon y más rápido fueron a la habitación de Tiara para seguir con una noche descontrolada. Hubo mamadas, cogidas, besos negros, caricias y todo un repertorio de sexo hasta que el amanecer los venció.

Tiara fue la primera en despertar, la cabeza le dolía como si una batucada estuviera dentro de ella. Apenas pudo girar la cabeza y vio a su yerno desnudo, empalmado y con sus velos inguinales pegoteados con semen y sus jugos. Apenas si pudo recordar lo sucedido, se puso de pie y fue al baño a quitarse los restos de la batalla bajo la ducha.

¿Qué había hecho? Se había entregado y no pudo dominar la situación, ´pensó rápido y tras secarse volvió a la cama cubierta con un conjunto de ropa interior, su cabeza estaba a punto de explotar y volvió a dormirse. Unas 4 horas después, fue Marco quien despertó y ante el mismo panorama, sonrió y también tomó un baño. A diferencia de Tiara, corrió las sábanas y observó a la mujer que le había devuelto buena parte de su vida como hombre.

Desplazó el brassier de Tiara y sin dudar, comenzó a comerse una de las tetas de su suegra, que despertó sobresaltada.

Tiara: Marco, tenemos que hablar, urgente.

Marco: si suegrita, después de que me coma tus tetas otra vez.

Tiara: por favor, pará un poco

Marco: después de lo que pasamos juntos ¿qué te pasa?

Tiara: perdí la cabeza

Marco: yo también, dentro de tus piernas

Tiara: soy tu suegra

Marco: y desde hoy, mi putita

Recién en ese momento Tiara reaccionó como mujer. Él la había llenado de gozo y no estaba dispuesta a perder esa posibilidad, pero había que ser discretos.

Cuando sus pezones reaccionaron a la succión de su yerno, olvidó los detalles y se dejó hacer. Abrió las piernas y permitió que él la acariciara hasta empapar las bragas que ella misma retiró, tomó su mano derecha la enterró en su vagina, sintiendo como el dedo mayor la invadía otra vez. “Cogeme y después que me dejes llena de leche, hablaremos para que esto siga adelante” dijo Tiara mientras su voluntad la abandonaba y se entregaba por completo a una nueva sesión de sexo intenso.

Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.

Saludos,

Alejo Sallago – [email protected]